|
Si
notable era la Virgen de la Misericordia, venerada en el templo de San
Agustín, no menos célebre era Nuestra Señora de Valvanera, que
contaba con probada devoción y una lucida cofradía que realizaba sus
cultos y difundía su devoción en la Ciudad de los Reyes.
En el Convento Grande de San Agustín de Lima el provincial Fr.
Pedro de San Martín, natural de La Rioja, construyó el primer altar
de la Virgen de la Valvanera, Patrona de su tierra, entre los años
1695 a 1697, que fueron los de su provincialato. Consta la noticia en
la crónica manuscrita del P. Juan Teodoro Vázquez cuyo ejemplar autógrafo
se conserva todavía en Lima.
Este
primitivo altar de Valvanera se labró al mismo tiempo que los otros
del templo, y cuando se construyó el subterraneo gran parte de la
iglesia y casi todo el convento, pues todo lo había destruido el gran
terremoto de 1687. Dicho altar era entonces el segundo a la izquierda
del coro bajo, frente al del Carmen, y antes dedicado a Sta. Rita.
Desde
que se colocó la imagen tuvo nuestra Virgen culto y fiestas lucidas
en Lima; pero cincuenta años más tarde se derrumbó todo el edificio
e iglesia de los padres Agustinos con el segundo y total terremoto del
28 de octubre de 1746. Poco después vino a Lima el coronel D. Domingo
Ramírez de Arellano, Caballero de Calatrava, natural de la Sierra de
Cameros, en España, y del linaje de los condes de Aguilar de
Inestrillas, antiguos señores feudales de los Cameros. Este señor,
que fué Capitán de la guardia de Alabarderos de los Virreyes era,
como todos los de su sangre, muy devoto de la Virgen de Valvanera, y
en unión de los pocos cameranos que entonces había en el Perú,
reedificó el altar de Nuestra Virgen en Lima, contribuyendo él con
la mayor parte de los gastos. A fin de que hubiéra siempre dinero
para el culto donó una casa situada en la calle de marqués de
Castelbravo, hoy General Lapuente, en la acera oriental de la misma.
Aunque
contribuyeron otros riojanos a la compra de esa casa, siempre
perteneció en don Domingo y en su descendencia el patronato y
exclusiva administración del culto de Valvanera. A la muerte de don
Domingo y su mujer, que era hija de los condes de Vistaflorida,
siguieron enel cuidado del altar sus cuatro hijas Dña. Mariana, Dña.
Ignacia y Dña. Josefa Ramírez de Arellano. Las tres primeras
quedaron solteras y Dña. Josefa casó con el Oidor don Gaspar de
Osma, natural de Nalda (La Rioja), y llegó a heredar el condado y
mayorazgo de Vistaflorida.
Todas
estas señoras de las más opulentes de la colonia y herederas de la
ardiente devoción que su padre profesaba a nuestra Virgen, dieron el
mayor brillo y esplendor al culto de Valvanera en Lima. Trasladaron la
imagen a otra parte mas central del Templo de San Agustín e hicieron
allí nuevo altar que por desgracia, se abrasó en 1867, después de
muertas las cuatro. Fué entonces reemplazado por otro modesto que
perseveró hasta la recienta y completa reedificación del Templo.
Los Ramírez
de Arellano adornaron la imagen con muchos y ricos mantos y joyas;
fundaron grandes sermones y músicas para la fiesta principal que se
celebraba el 8 de septiembre, en la que siempre oficiaba de Pontifical
el Arzobispo, haciendo con todo una de las más principales y
concurridas festividades Limeñas.
Muertas
las cuatro hermanas a mediados del siglo XIX se encargaron del altar y
de la fiesta sus sobrinas Dña. Manuela y Dña. Rosa de Osma y Ramírez
de Arellano, hermanas del conde de Vistaflorida residente en Nalda y
del Marqués de la Puente Sote, residente en Madrid. Al fallecimiento
de esta ultima correspondía el Patronato a su sobrina doña Rosa
Julia de Osma y Sancho Dávila pero esta, lo renunció en su prima
hermana Dña. Isabel del Valle y Osma, la cual desempeño con celo
diligencia.
Por
haberse suprimido como Fiesta de guardar la de la Natividad de la
Virgen, la Novena de Valvanera en Lima en día variable para terminar
en el domíngo segundo de septiembre.
Mientras
estuvo en construcción la Iglesia de San Agustín, la fiesta se
celebró en la inmediata iglesia de la Merced, después volvió a su
templo primitivo.
Había
antes dos imagenes, una en el altar dicho, que pereció en el incendio
de 1867, y otra que sólo se sacaba para la novena y se colocaba
entonces en el altar portátil que figuraba un roble entreabierto; el
resto del año la guardaba la Patrona en su casa. Es ésta la única
que queda y está colocada en el altar nuevo.
Nunca
se ha interrumplido en Lima el culto de la Virgen de Valvanera. La
casa en que radica el patronato fue arreglada y modificada con un
donativo de D. Manuel de Osma y Ramírez de Arellano, el mismo que
hizo construir el puente de Nalda (La Rioja). Este señor envió desde
Lima un lienzo grande de la Virgen de Valvanera y lo mandó colocar en
la iglesia parroquial del mismo Nalda, donde todavía se conserva.
El
culto a nuestra Virgen alcanzó en Lima popularidad tan grande que se
conservan dos novenas impresas y habla del mismo D. Luis Benjamín
Cisneros en una novela de costumbres limeñas. Dan tambien datos muy
interesantes sobre este culto en la mitad del siglo XIX D. Manuel
Anastasio Fuentes "Lima antigua" y la "Geografía
del Perú" por D. Mateo y D. Mariano Felipe Paz Soldán.
Después
de la guerra del año 1880 la fiesta de Valvanera decayó algo por el
abatimiento general del país y porue los agustinos, capellanes
tradicionales de nuestra Virgen, vinieron muy a menos. Hoy,
reorganizados éstos con los que fueran de San Lorenzo del Escorial,
el culto ha vuelto a reflorecer, y la novena de la Valvanera, si no la
principal, es de las primeras de Lima.
Su Fiesta se celebra el
8 de Septiembre.
Fuente:
- URCEY PRADO, Agustín. Historia de Valvanera.
|