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La Batalla de Lepanto.Por Fodoron |
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"La más grande ocasión que vieron los siglos". Miguel de Cervantes.
La pintura de la Batalla de Lepanto más antigua que se conserva. Es un óleo sobre tabla veneciano, de finales del XVI, y está basado en un grabado aparecido en 1572.
I. Las Tácticas de la Batalla. Tras su llegada a Mesina, Don Juan de Austria se tomó una semana para inspeccionar cuidadosamente sus fuerzas. No estaba contento con el estado de muchas de las galeras Venecianas, almacenadas demasiado tiempo sin un mantenimiento adecuado. Pero lo único que podía hacer era reforzar las galeras Venecianas con tropas Españolas, puesto que los Venecianos andaban muy escasos de soldados. Básicamente todas las galeras de la Liga Santa andaban escasas de remeros, hasta el punto de que muchos remos que requerían cinco hombres, sólo disponían de tres. Ambos bandos conocían muy bien los puntos fuertes y débiles del enemigo, y tanto Don Juan como Alí Pachá hicieron el mejor uso táctico de sus fuerzas mucho antes de que comenzara la batalla. El 9 de Septiembre, una semana antes de su partida, Don Juan había establecido ya el orden de marcha, y la disposición de las galeras en éste era casi idéntica a su posición en la batalla un mes después. La disposición de las galeras no podía estar más alejada de una distribución al azar e indica que Don Juan y el mando cristiano habían ya decidido como querían presentar batalla. Don Juan tenía varios problemas tácticos que resolver. El primer problema era la distribución de las fuerzas de varias naciones que ya estaban enfrentadas entre ellas, y que tenían distintas agendas. La deserción en masa de un evitarlo dispuso que todas las galeras de las diferentes naciones se mezclaran en la línea de batalla, y que las capitanas de Venecia, comandada por Sebastian Veniero, y de los Estados Pontificios, comandada por Marcantonio Colonna, flanquearan su Real a su izquierda y derecha respectivamente, y donde las pudiera mantener todo el tiempo a la vista durante la lucha. El otro problema que Don Juan debía resolver era reducir la importancia de la maniobrabilidad inherentemente más baja de las galeras Cristianas, y especialmente de las galeras Occidentales (Españolas) y de las grandes galeras de fanal, mientras debía jugar con su ventaja táctica intrínseca en un choque frontal. Don Juan dispuso su flota en las cuatro divisiones tradicionales: un centro - el "cuerpo de batalla" - con las alas izquierda y derecha y una reserva. La organización en cuatro escuadrones, observada por ambos bandos, venía dictada por las limitaciones inherentes de las galeras y las flotas de galeras. La naturaleza simétrica de las disposiciones cristiana y musulmana tal y como atestiguan los números desnudos, es evidencia de éste hecho. Cada una de las alas cristianas en el día de la batalla tenía 53 galeras; ésto representa el máximo número de galeras que podían maniobrar en una línea pareja sin perder la integridad de formación. El ala derecha musulmana tenía 54 galeras, probablemente por la misma razón. La izquierda Musulmana tenía no menos de 87 galeras, pero hay razones para creer que se pretendía que doblaran el flanco cristiano individualmente, como buenamente pudieran, sin ninguna pretensión de que mantuvieran la formación. El centro Cristiano, con menor necesidad de maniobrar que las alas, estaba compuesto de 62 galeras, una disposición reflejada por el centro musulmán que tenía 61 galeras en línea. El escuadrón de reserva de Don Juan tenía 30 galeras - aparentemente las que sobraron tras disponer el mayor número de galeras en la línea que era tácticamente posible. Tanto Don Juan como Müezzinzade Alí Pachá basaron sus planes tácticos en un centro de 61 ó 62 galeras flanqueado por escuadrones de cubierta de un tamaño marginalmente menor. Pero mientras Don Juan concentró el resto de sus galeras en un escuadrón de reserva tras la línea principal de batalla como "tapón" defensivo, Müezzinzade Alí Pachá, con más galeras bajo su mando, mantuvo una reserva de 32 grandes galeotas y le dió el grueso de las restantes galeras musulmanas al comandante de su ala izquierda, Uluj Alí, un maestro de la maniobra, con la evidente esperanza de que usara su superioridad numérica y su maniobrabilidad para doblar el flanco Cristiano.
El orden de batalla, que se conserva en el Escorial, ha demostrado a los investigadores que Don Juan sabía muy bien el tipo de batalla que iba a librar un mes antes de llevarla a cabo, y que su comprensión táctica de los puntos fuertes y débiles propios y del adversario era completa. Los datos también indican que el enemigo poseía un nivel similar, si no superior dadas sus pasadas victorias, de competencia. Don Juan había decidido en Mesina mantener el ala izquierda contra la orilla, y su principal preocupación era evitar que los Musulmanes le doblaran los flancos de las alas y tornaran la batalla en una lucha desorganizada que resolverían rápidamente en su favor. En tanto que sus alas fueran capaces de mantener la línea de batalla, su centro de batalla sería finalmente capaz de triturar y superar a las galeras Musulmanas más bajas y menos fuertes. Por ello las galeras más rápidas y maniobrables le fueron asignadas al ala izquierda bajo mando de Agustino Barbarigo, que recibió una mayoría de galeras Venecianas, y las pocas galeras Occidentales y galeras de fanal bajo su mando fueron asignadas por Don Juan al lado interno del ala izquierda. Claramente las galeras más ligeras y con menos fondo de Mohamed Suluk, quien conocía la costa, iban a intentar doblar el flanco del ala izquierda Cristiana manteniendose pegadas a la orilla, y la misión de Barbarigo era difícil, debía impedir que eso pasara. En contraste con la izquierda, la organización interna de la derecha Cristiana, bajo mando de Gian Andrea Doria, era simétrica. Como lo era la fuerza de reserva bajo mando de Alvaro de Bazán. Pero el centro de batalla era tan asimétrico como el ala izquierda, con la mayor movilidad hacia la izquierda, y las galeras más pesadas a la derecha. Juan de Cordona mandaba siete galeras rápidas en la vanguardia, con funciones de reconocimiento y de asistencia donde fuesen requeridas. Don Juan claramente señaló sus intenciones de luchar sólamente en una bien ordenada línea al ordenar que se cortaran los sobresalientes "espolones" de las proas de las galeras Cristianas, para que sus cañones se pudieran apuntar hacia abajo sobre las bajas cubiertas de los barcos Musulmanes a la distancia más corta posible. Los "espolones", utilizados para romper la estructura de remos enemiga y para servir después como puente de abordaje en un ataque sobre el flanco, tenían claramente poco valor en la clase de lucha que él tenía en mente. Para los Musulmanes el problema era casi insuperable. La lucha embarullada era su fuerte. Si se les daba ocasión de coger a la flota Cristiana desorganizada, se la comerían con patatas, como habían hecho en Prevesa en 1538 cuando el gran Barbarroja había desbordado al viejo Andrea Doria en un brillante juego logístico, y en Djerba en 1560, cuando Piali Pachá había cogido al joven Doria con los pantalones bajados. Pero contra un comandante de la competencia de Don Juan no se podía contar con ello. Cualquier enfrentamiento parcial se inclinaría seguramente hacia las más pesadas galeras Cristianas en tanto en cuanto mantuvieran su formación. Era por lo tanto un todo o nada. Müezzinzade Alí Pachá tendría que planear para un choque frontal pleno sabiendo que su centro lucharía con una seria desventaja. Por ello, para llegar al centro Cristiano, Müezzinzade Alí Pachá tendría que disponer primero de las alas Cristianas. Eso significaba que debería atraerlas fuera de posición, doblarles los flancos, o maniobrarlas tan fuertemente como para destruir su integridad táctica y producir la lucha desorganizada - puesto que los escuadrones Musulmanes sufrirían de las mismas desventajas tácticas en un choque frontal en las alas como lo harían en el centro. Tendría que eliminar rápidamente al menos una de las alas Cristianas como factor táctico, puesto que no se podía esperar que su centro se mantuviera mucho tiempo. Con ésto en mente, su plan básico estaba claro. Sabía que sufriría graves pérdidas en el centro, pero debía dar a sus alas una base sólida para sus maniobras. Poseía además una ventaja sobre Don Juan, ya que podía permitirse darle a sus alas una cierta independencia de funcionamiento. La capacidad de maniobra de los escuadrones de los flancos Musulmanes era indudablemente superior a la de sus oponentes Cristianos, incluso si las galeras Venecianas eran individualmente más rápidas. Por ello Müezzinzade Alí Pachá respaldó a las galeras de su centro con no menos de 8 galeras y 24 galeotas bajo mando de Murat Reis, para despachar refuerzos - reemplazo de bajas en la terminología aséptica de la guerra moderna. Estas debían darle además una cierta protección a los flancos del centro además de la que proveía el pequeño escuadrón de reserva, para que las alas pudieran correr más libres todavía. Alí Pachá les dió entonces sus órdenes de marcha a sus alas: Mohamed Suluk en la derecha se aprovecharía del menor fondo de las galeras Musulmanas para forzar el flanco Cristiano en la orilla. Esta era la clave del plan Musulman. Si Barbarigo, al mando de la izquierda Cristiana, le dejaba el más mínimo espacio por el lado de la orilla, él podría forzar rápidamente tantas galeras como fuera posible en la retaguardia Cristiana. Puesto que una galera estaba efectivamente inerme si se la atacaba por el flanco o la retaguardia (bajo tales circumstancias una galeota podía medirse con una galera de primera clase, y a menudo lo hicieron), ello rompería la línea Cristiana. A Uluj Alí en la izquierda, con ilimitado espacio de mar, se le dió la fuerza principal, al menos 30 galeras más de las que podía poner en línea. Debió tener intención de forzar el flanco Cristiano abierto al mar en una bandada suelta. Como mínimo ésto forzaría a Doria a jugar un juego extremadamente precavido; en el mejor de los casos lo extraería de la lucha liberando a la mejor parte del escuadrón de Uluj Alí sobre la retaguardia Cristiana. La reserva Cristiana tendría entonces que ser neutralizada, por supuesto, pero en ese punto las probabilidades de confusión - un factor que beneficiaría a los Musulmanes - serían grandes. Un poco de error de cálculo o una decisión prematura de comprometer a la reserva Cristiana, y lo hubiera conseguido, tanto si Mohamed Suluk tenía éxito con su gambito en la derecha como si no. Por ello las dos flotas opuestas se vieron forzadas a avanzar con precaución la una hacia la otra, los Cristianos desde el Norte, los Musulmanes desde el Sur. Cuando la avanzadilla Cristiana rodeó Punta Scropha en la entrada Noroeste del golfo de Patras temprano en la mañana del 7 de Octubre para descubrir a la flota Musulmana al fondo del Golfo hacia el Este, ambos bandos estaban bien preparados. Hay evidencia de que los escuadrones de orilla de ambas flotas se encontraban muy avanzados con respecto a los centros y a los escudrones de mar abierto, las fuerzas opuestas avanzaban en escalera con los flancos abiertos al mar rehusados. Esto puede haberse debido a un diseño táctico deliberado; avanzando a los escuadrones de orilla puede haber conferido a los centros mejor protección en su propio flanco de orilla y darles la capacidad, a su vez, de apoyar mejor a las fuerzas que cubrían la orilla. O puede haber sido el resultado inevitable del momento y lugar del enfrentamiento; la curvatura de la orilla dictaba que el centro y en particular la derecha Cristiana, tuvieran que cubrir una distancia considerablemente mayor entre el avistamiento inicial y el enfrentamiento. Esta posición viene apoyada por el hecho de que no todas las galeazas Cristianas que Don Juan tenía intención de desplegar por delante de la línea Cristiana para desordenar la carga de las galeras Musulmanas llegaron a su puesto. Las dos galeazas asignadas a la izquierda llegaron claramente a su puesto por delante de las galeras de Barbarigo e inflingieron considerable daño a Mohamed Suluk; las dos galeazas asignadas al centro parece que también se enfrentaron con algún efecto. Pero las dos galeazas asignadas a cubrir la línea de Doria estaban muy atrás cuando la acción comenzó, y parece que nunca lucharon. Por contraposición, una de las dos galeazas de la izquierda, probablemente la de Antonio Bragadino, se las apañó para reentrar el combate tras haberse enfrentado inicialmente a las galeras Musulmanas que la sobrepasaron para atacar a la izquierda Cristiana.
2. La Banda de la Orilla Temprano por la mañana, la flota Cristiana estaba doblando Punta Scropha cuando avistaron a la flota Turca que se aproximaba con viento favorable a unas 15 millas de distancia. Un cañonazo Turco proveniente de la sultana de Alí Pachá invitaba a los Cristianos a la batalla. La respuesta fué otro cañonazo de la Real aceptando la invitación. El grupo de vanguardia de Cardona estaba formado por 8 galeras, 6 de ellas formalmente asignadas a la reserva, mientras que su capitana y su patrona pertenecían al ala derecha. Aparentemente no tuvieron tiempo de ocupar sus posiciones. Mientras tanto las galeazas comenzaron a avanzar para tomar su posición, remolcadas por barcos más pequeños. Ambas flotas comenzaron sus maniobras mientras se acercaban lentamente. Mientras los curas daban la absolución, y los soldados preparaban sus armas, los carpinteros terminaban de serrar los espolones. Los convictos de las galeras Españolas fueron liberados de sus cadenas. El odio a los Musulmanes tras cien años de razzias en las costas de España e Italia estaba tan firmemente enrraizado, que Don Juan sabía que en esta ocasión los convictos estarían ansiosos de participar en la lucha. Se les prometió la libertad si se alcanzaba la victoria. Hacia las once de la mañana el viento cambió, favoreciendo ahora la aproximación de los Cristianos. Se interpretó como un buen presagio. Uluj Alí había obtenido permiso de Müezzinzade Alí Pachá para intentar una diversión. Sus barcos comenzaron a dirigirse hacia el Sur, en paralelo a lo que iba a ser la línea de batalla, y Andrea Doria le imitó, quizá para evitar el ser doblado en el flanco que daba al mar abierto, quizá para distanciarse él mismo de la batalla que se aproximaba. En la guerra en el mar, el honor dictaba que los capitanes de cada flota se señalaran a sí mismos con un gran y elaborado fanal en la popa. Ello servía para concentrar el combate y a menudo para decidir el resultado de la batalla antes de que las pérdidas fueran demasiado elevadas. Siendo una flota internacional, todas las capitanas de la Santa Liga llevaban su fanal, la capitana Maltesa de los Caballeros de San Juan, al mando de su Prior, el Veneciano Pietro Giustiniani, las capitanas de la flota Pontificia al mando de Marcantonio Colonna, y de la flota Veneciana al mando de Sebastiano Veniero, y la capitana del ala izquierda, al mando de Agostino Barbarigo. La Real venía señalada por tres fanales para indicar su mando supremo al enemigo. Todas menos la capitana del ala derecha, al mando de Gian Andrea Doria, quien retiró su fanal antes del combate con la excusa de que era un preciado regalo de su esposa. Esto fué interpretado por el resto de los comandantes de la flota como señal de cobardía por esconder su presencia al enemigo. Al mediodía la línea frontal Turca alcanzó la posición donde esperaban, casi inmoviles, las galeazas a media milla de la línea principal. No sabían que pensar de aquellos monstruos que veían por vez primera, así que decidieron abrir sus líneas y dejarlas atrás sin atacarlas, lo que hubiera roto su línea de batalla antes de enfrentarse a los Cristianos. Pero los cañones de las galeazas, más grandes y numerosos que los de una galera, fueron capaces de causar un daño significativo a la flota Turca en un tiempo breve, hundiendo dos galeras y dañando alguna otra, y sin duda afectando a su moral antes de la batalla. Un disparo de la galeaza mandada por Francesco Duodo en el cuerpo central destruyó un fanal de la sultana de Alí Pachá, otro mal presagio para los Turcos.
La galeaza San Lorenzo (?) según ilustración del artista eslovaco Avor. Está basado en un grabado Veneciano. Es probablemente la galeaza de Antonio Bragadino que ha hundido una galera Turca. A su altura se ve otra galeaza, y por detrás las galeras de la línea Cristiana, que probablemente no usaban las velas. Al fondo se ve la torre de vigilancia Turca en Punta Scropha. La mañana estaba despejada aunque el humo de los cañones y los incendios se alzaba sobre la flota. Así, aunque las flotas opuestas se habían divisado poco después del amanecer, fué alrededor del mediodía cuando se intercambiaron los primeros disparos. Ello sucedió en la banda de la orilla, donde las galeras de Mohamed Suluk, probablemente manteniendo la línea por tanto tiempo como les fué posible para mantener ocultas sus intenciones, rompieron hacia las aguas someras de la orilla para tratar de rodear a los Cristianos y alcanzar su retaguardia. A punto estuvieron de conseguirlo. La lucha fué confusa y rabiosa en algunos puntos, aproximándose a la lucha desorganizada que los Musulmanes deseaban ardientemente. Sin embargo se vieron frustrados cuando Barbarigo consiguió, bajo dificultades que solo podemos imaginar, pivotar su escuadrón como una puerta, tirando hacia atrás de su flanco izquierdo y cambiando su frente casi 90 grados, para clavar a los Musulmanes contra la orilla. Las pérdidas Cristianas fueron grandes puesto que la arquería Musulmana parece haber sido particularmente eficaz en los momentos tempranos de la lucha, pero el resultado fué que la derecha Musulmana no consiguió doblarle el flanco a la izquierda Cristiana. Esto se consiguió sólo a través de la habilidad de las galeras de la izquierda Cristiana para maniobrar de forma efectiva como una formación bajo condiciones de extrema dificultad. Las galeras del extremo de la orilla de la línea tuvieron que retroceder, ciando y girando al tiempo que cubrían su movimiento retrógrado lo mejor que podían con su artillería de proa, preservando sus poderes de combate y maniobra lo mejor que pudieran a la espera de que su comandante determinara si podían lanzarse al ataque y cuando. La historia militar atestigua de pocas maniobras más intrínsecamente dificiles que el movimiento retrógrado bajo el fuego enemigo. Que fueran capaces de conseguirlo habla bien de ellos, y de la habilidad y previsión del mando Cristiano en disponer las fuerzas de modo que hicieran ésta maniobra posible. Sin embargo, las seis galeras mandadas por Siroco (Suluk) cayeron sobre la capitana Veneciana, donde Barbarigo fue alcanzado por una flecha en el ojo izquierdo y fué llevado a su camarote mortalmente herido. Su sobrino Gian Marino Contarini vino a su rescate desde la banda interior del ala izquierda, que lo estaba teniendo más fácil, sólo para caer muerto él mismo por el ataque combinado de las galeras de Siroco. En ese momento pareció que los Venecianos iban a ser derrotados en la banda de la orilla. Alvaro de Bazán decidió no comprometer sus fuerzas de reserva, que podían ser requeridas más tarde, confiando en que los Venecianos pudieran todavía tornar la batalla, puesto que los Turcos no habían conseguido romper su línea. Federico Nani tomó el mando de la galera de Gian Marino Contarini y consiguió el respiro necesario al capturar una de las seis galeras de Siroco. Pronto Antonio da Canal y Silvio de Portia unieron sus galeras a la de Federico Nani para atacar a Mohamed Suluk, hundiendo su galera. El mismo Suluk fué rescatado del mar, pero tan gravemente herido que Giovanni Contarini le cortó la cabeza con su espada para dar fin a su sufrimiento. Al inclinarse la batalla de la banda de la orilla a favor de los Venecianos, varias de las galeras Musulmanas embarrancaron sus popas en la playa, desembarcando muchos de sus hombres mientras continuaban la lucha. Cuando la batalla se perdió, muchos de los Musulmanes del ala derecha Turca se refugiaron tierra adentro, algunos tras nadar desde sus galeras.
3. El Grupo Central. La batalla en el centro se luchó como los Españoles querían, un duelo de artillería seguido de un choque de infantería. Mientras Don Juan esperaba ganar la batalla antes de que sus alas fueran vueltas del revés, Müezzinzade Alí Pachá esperaba resistir lo suficiente hasta que sus alas alcanzaran la retaguardia Cristiana. Al final ninguno de ellos acertó, pero cuando se rompieron las líneas Cristianas, la esperiencia y cautela de Alvaro de Bazán dispusieron a la reserva Cristiana en el lugar adecuado en el momento preciso. El centro Cristiano se enzarzó con los Musulmanes quizá media hora más tarde que el contacto inicial del flanco de la orilla, y probablemente cuando la cuestión estaba todavía en duda allí. De nuevo las galeazas parecen haber desordenado e inflingido alguna pérdida en las galeras Musulmanas que las sobrepasaban en su ataque. No hay evidencia de que la formación Musulmana se desintegrara, por lo que las fuerzas de Müezzinzade Alí Pachá deben haber reordenado su formación antes del contacto, utilizando galeotas de refuerzo para rellenar cualquier hueco en la línea. La lucha fué particularmente encarnizada en el centro, alrededor de la Sultana de Alí Pachá y la Real Cristiana, con galeras y galeotas Musulmanas tratando de forzar su paso a través de pequeñas aperturas en la línea Cristiana tratando de flanquearla internamente. Al final los Cristianos consiguieron mantener su formación y derrotar a los Musulmanes con su mayor peso. Como requería el honor, ambos almirantes dirigieron sus galeras la una contra la otra. El choque fué terrible, y el "espolón" de la Sultana penetró la proa de la Real hasta el cuarto banco. Pero incluso más terrible fué el efecto de la artillería Española en la cubierta de la Sultana. Pero no era posible recargar los cañones. La Real y la Sultana se habían unido en un abrazo mortal que sólo podía terminar con la pérdida de una de ellas. La Sultana tenía el apoyo de las galeras de Kara Hodja y Mohamed Saiderbey, y siete galeras y dos galeotas más. Sus Jenízaros abordaban la Sultana por la popa y se unían a la batalla. La Real tenía 300 soldados de los Tercios Españoles a bordo, y los supervivientes de la lluvia de flechas vaciaron sus arcabuces y saltaron a la Sultana desde su cubierta más elevada. Algunos marineros los cubrían con su fuego desde la arrumbada, la sobrecubierta elevada. La Real debía estar soportada por las Patronas de Luis de Requesens y Juan Bautista Cortés, y las Capitanas de Sebastiano Veniero y Marcantonio Colonna, pero las Capitanas de Venecia y los Estados Pontifícios se habían enzarzado con otras galeras Musulmanas y Veniero y Colonna sólo podían ofrecer un fuego parcial de apoyo a la lucha entre la Real y la Sultana. El viejo almirante Veneciano de 76 años tenía a un marinero recargándole arcabuzes para poder disparar constantemente sobre los Turcos. Era amigo personal de Bragadino, y quería vengarle lo mejor que pudiera. Mientras el combate continuaba entre Don Juan y Alí Pachá, cuyas galeras se veían envueltas con un constante fuego de artillería y mosquetería. Por primera y última vez se enfrentaban las dos mejores unidades de infantería del siglo XVI, los Tercios Españoles y los Jenízaros Otomanos. Los Tercios no podían utilizar las tácticas de formación que los habían hecho invencibles hasta que sus enemigos las adoptaron, puesto que la lucha tenía lugar en una plataforma de nueve metros de ancho por 120 de largo. Ambos bandos lucharon con igual espíritu pero con desigual fortuna. Dos veces los Españoles habían abordado a su enemigo, y ambas veces habían sido repelidos con graves pérdidas. Sin embargo su superioridad en el uso de sus armas de fuego les hubiera dado una decidida ventaja sobre sus oponentes, si las pérdidas que les inflingían no hubieran sido rápidamente repuestas por refuerzos de refresco que la Sultana tenía en mayor cantidad. Durante todo el enfrentamiento ambos comandantes se enfrentaron al peligro tan alegremente como cualquier soldado. Alí Pachá era un tirador de fama con el arco compuesto, y disparaba flecha tras flecha contra los Españoles. Don Juan dirigía la lucha desde la arrumbada, con su gran espada en la mano, recibiendo una herida en el pie. Fué una herida leve sin embargo, y no permitió que le atendiesen hasta que concluyera la acción. Aunque a lo largo de toda la línea de batalla del cuerpo central los Cristianos estaban ganado la ventaja, la lucha en el crítico punto medio se estaba inclinando hacia el lado Musulman debido al mayor número de soldados con que contaba el grupo de la Sultana.
A la izquierda podemos ver arcabuceros españoles. Los arcabuces tenían una mecha perpetuamente encendida durante el combate que debía aplicarse al cajetín de la pólvora al mismo tiempo que se mantenía apuntada el arma. Delante está un mosquetero Español, con los elementos de cada disparo en una bolsita independiente. Los Jenízaros, a la derecha, constituían un cuerpo de élite y estaban equipados durante los siglos XV-XVI con el mejor armamento. Debemos ir ahora a los sucesos que estaban teniendo lugar en la banda de mar abierto, entre el ala derecha Cristiana de Andrea Doria y el ala izquierda Musulmana de Uluj Alí.
4. La banda de mar abierto. Mientras los centros se abrazaban en combate mortal, los escuadrones de la banda de mar abierto entraron en una competición posicional, una competición que ganó Uluj Alí. Debemos recordar que tanto Gian Andrea Doria como Uluj Alí habían recomendado a sus comandantes respectivos rehusar el combate, puesto que ambos luchaban con barcos propios. Sacando partido del mayor número de galeras y galeotas grandes bajo su mando (93 frente a las 52 de Doria más las ocho de la vanguardia bajo mando de Juan de Cardona), Uluj Alí estaba extendiendo su línea desplazándose hacia el Sur en vez de avanzar al encuentro de los Cristianos. Podía permitirse el separar más sus barcos, puesto que los Cristianos no buscaban una lucha desorganizada. Gian Andrea Doria decidió acompañar a Uluj Alí en su maniobra, a pesar de un mensaje de Don Juan de que estaba dejando al cuerpo central al descubierto. Al crecer más y más la abertura que separaba al ala derecha del centro, Cardona se preocupaba más y más. El centro claramente tenía problemas, y sin embargo Doria rehusaba entrar en combate. Cardona tenía muchas razones para pensar que Doria se comportaba traicioneramente como su tío antes que él en Prevesa en 1538. Así que Cardona, con las siete galeras del escuadrón de vanguardia se dirigió hacia la lucha central, mientras el ala de Doria continuaba separándose más y más. Una vez Uluj Alí tuvo a Doria donde le quería, se lanzó al ataque. Para entonces el ala derecha Cristiana se hallaba fragmentada, y los más numerosos piratas Norteafricanos cayeron sobre ellos. Esto fué lo más cercano a la lucha desorganizada que los Musulmanes buscaban y cuando lo consiguieron demostraron por qué. En un corto espacio de tiempo los Cristianos perdieron 11 de las 52 galeras. Seis de ellas fueron Venecianas. Benedetto Soranzo hizo estallar su galera antes que rendirla, y al hacerlo evitó el destino que aguardaba a quien se rindiese, porque los piratas no tomaban prisioneros y le cortaban el cuello a todos los que se rendían o eran capturados, incluso a los remeros. Antonio Pasqualigo murió de sus heridas en los brazos de su hermanito de doce años, al que había traído en su galera para enseñarle como se servía a la Serenísima República. Saboya perdió las dos galeras, de las tres que contribuyó, que se encontraban en el ala derecha, una hundida y la otra con todos los que se encontraban a bordo masacrados. España perdió una, y el Papa perdió una de las galeras proporcionadas por Cosimo de Medici, donde los caballeros de San Esteban murieron hasta el último de ellos. Es como mínimo curioso que Gian Andrea Doria, que dirigía desde la posición más peligrosa en la última galera en la posición más a la derecha, no sufriera grandemente. En una posición simétrica, tanto Barbarigo como Mohamed Suluk habían perdido la vida. Está claro que todas las maniobras del ala derecha antes de la batalla por lo menos habían tenido éxito en ponerle fuera de peligro. Si Uluj Alí hubiera tenido éxito en doblar el ala derecha, la galera de Doria hubiera sido la primera en caer. Las maniobras de Doria, sin embargo, habían descubierto las galeras a ambos lados de la abertura que dejó con el centro Cristiano, creando dos puntos de peligro en vez de uno.
5. La victoria. El lado izquierdo del cuerpo central Cristiano estaba lentamente ganando la partida, especialmente después de que Juan de Cardona llegara al rescate de Paolo Giordano Orsino con su grupo y hundiera la galera de Pertev Pachá, quien herido, fué capaz de escapar en un barco más pequeño. Libre de tener que mantener la línea de batalla, Juan de Cardona se giró de nuevo y se dirigió en auxilio del ala derecha, cuando vió las galeras de Uluj Alí dirigiendose hacia la abertura en su intento de alcanzar el flanco del cuerpo central Cristiano. Para Cardona era casi un sacrificio, puesto que sus ocho galeras no eran rival para las 16 de Uluj Alí en combate desorganizado. Los hombres en las cubiertas del grupo de Cardona fueron diezmados en minutos. Juan de Cardona recibió dos disparos de arcabúz y perdió a todos sus oficiales y a las nueve décimas partes de sus soldados. En la enfermería de la galera San Juan de Sicilia, el sargento Martín Muñoz abandonó su cama diciendo que no quería morir de fiebres y saltando a la galera pirata mató a cuatro Musulmanes. Consiguió pasar el palo mayor con nueve heridas de flecha, cuando una bala le cortó la pierna. Sentándose a morir dijo: "Caballeros, que cada uno haga otro tanto". A pesar del sacrificio de Cardona, siete de las 16 galeras bajo mando de Uluj Alí calleron sobre la exhausta banda derecha del cuerpo central. La galera del extremo derecho era el objetivo de Uluj. La capitana de Malta era claramente identificable, pintada de negro, con su fanal y el estandarte de los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan. Un estandarte que Uluj había aprendido a odiar con rabia cuando, bajo el mando de Dragut y con todo el poder de la flota del Sultán, había asaltado la fortaleza de Malta seis años antes. A pesar de la diferencia en número de más de 10 a 1, los caballeros resistieron, pasándoles una elevada factura a los asaltantes, hasta que con la llegada de una flota Española los Otomanos tuvieron que levantar el sitio habiendo perdido 15,000 hombres incluyendo su comandante Dragut. Ahora su venganza estaba al alcance de la mano. A su señal sus siete galeras atacaron a la galera Maltesa, comandada por el Prior de Mesina, Pietro Giustiniani, con quien había luchado en Malta. Los caballeros lucharon como leones repeliendo los abordajes vez tras vez, pero fueron rápidamente diezmados por las flechas y los disparos de arcabúz. Giustiniani recibió cinco flechazos, y cuando los piratas abordaron la galera solo 36 hombres se mantenían en pie. Fueron asesinados immediatamente después de rendirse. Las otras dos galeras Maltesas también sufrieron un fuerte ataque con grandes pérdidas, y una de las galeras de Doria fué hundida por el grupo de Uluj Alí. Finalmente La Fiorenza de Tommaso de Medici, bajo bandera Pontificia, fué atacada por cuatro galeras piratas, y todos los hombres a bordo, incluyendo los Caballeros de San Esteban, fueron masacrados. Mientras la batalla estaba teniendo lugar, Alvaro de Bazán al mando de la reserva estaba decidiendo cuidadosamente dónde se le necesitaba más. Sólo tenía 30 galeras en una batalla que implicaba a más de 400. Estubo acertado en no comprometerse demasiado pronto en la batalla de la orilla de Barbarigo, puesto que ahora se le necesitaba en dos sitios simultáneamente. En la lucha central entre ambos almirantes se necesitaban tropas desesperadamente, y el ala derecha de Doria, que estaba siendo cortada en pedacitos por los piratas, necesitaba barcos desesperadamente. Afortunadamente Cardona había ayudado a reducir el peligro en la abertura entre el centro y el ala derecha. Alvaro de Bazán envió 26 galeras a reforzar el ala derecha, mientras que él mismo fué en socorro del almirante con tres galeras más y las mejores tropas. La llegada de las galeras de reserva alivió la desesperada situación del ala derecha, nivelando la batalla. De los refuerzos, la Veneciana La Donna de Giovanni Bembo fué hundida, y la Española La Marquesa sufrió grandes bajas. En la enfermería de la Marquesa se encontraba un joven soldado de 24 años con el nombre de Miguel de Cervantes. Se había unido a los Tercios Italianos seis meses antes, atraído por la buena paga y la cómoda vida que disfrutaban los Tercios en Italia. Padecía de fiebres, pero solicitó de su capitán de infantería Francisco San Pedro el unirse a la lucha en el puesto más peligroso. Se le asignó la lancha. Todas las galeras liberaban lanchas llenas de soldados que atacaban a las lanchas enemigas y a las galeras desde puntos débiles, incluso abordándolas cuando se presentaba la ocasión. Las lanchas eran lugares extremadamente peligrosos si una galera les dirigía su fuego, y muchas iban a la deriva llenas de cadaveres. La Marquesa sufrió 40 bajas, incluyendo su capitán Juan de Machado, y 120 heridos, entre ellos Miguel de Cervantes, quien recibió dos disparos de arcabúz en el pecho y uno en el brazo izquierdo que le ocasionó la pérdida de movimiento de la mano izquierda "para mayor gloria de la derecha".
La Marquesa en lucha con una galera de fanal Norteafricana. Entre los Cristianos que luchan desde la lancha contra dos lanchas piratas destaca un joven soldado con el brazo izquierdo en cabestrillo que reparte mandobles a diestro y siniestro. Es Miguel de Cervantes, que tan orgulloso se sintiera de su servicio a la patria, y que se amargaría al final de sus años ante la eterna ingratitud de España para con sus soldados, alabando en El Quijote cómo el Sultán Otomano reconocía mejor los méritos de gentes nacidas en otra religión, como Uluj Alí, que el Rey Español los de sus propios súbditos. Para el centro de batalla, la llegada de Alvaro de Bazán y sus cuatro galeras fué providencial. Marcantonio Colonna se había unido al combate de la Sultana, cuando una galeota Turca avanzó hacia el flanco de su galera. Giovanni Battista Contarini le salvó chocando contra la galeota Turca y hundiéndola. Menos suerte tuvieron las otras dos galeras que acompañaban a Alvaro de Bazán en ayuda de la Real. Las galeras Venecianas de Giovanni Loredano and Caterino Malipiero fueron hundidas por los refuerzos Turcos. Pero la Loba de Alvaro de Bazán hundió una galera Turca con sus cañones, y él personalmente dirigió el abordaje de otra, capturandola. Pronto los soldados de la Loba se unieron a los de la Real en un tercer intento de tomar la Sultana. Con los descansados refuerzos, el tercer asalto tuvo éxito. Los Jenízaros resistieron hasta la muerte, como era su costumbre, pero el castillo de popa fué conquistado al fin, y el capitán Andrés Becerra capturó la enseña Turca que pertenecía al Sultán. Entre los cuerpos de la cubierta se encontraba Müezzinzade Alí Pachá que había sido herido de un disparo en la cabeza. Fué descubierto y extraído por unos soldados Españoles, quienes reconociéndolo lo hubieran despachado al momento. Pero el almirante herido, habiendose recuperado parcialmente de su herida, tuvo la suficiente presencia para distraerles de su propósito indicándoles dónde estaban depositados su dinero y joyas, y los soldados se precipitaron a beneficiarse del descubrimiento antes de que el tesoro cayera en manos de sus camaradas. Alí Pachá no tuvo tanta suerte con el siguiente, un convicto de los liberados por Don Juan y armados para la batalla. No pensó que hubiera tesoro que valiera tanto como la cabeza del Kapudan Pachá. Sin vacilar le asestó un mandoble y se la separó de los hombros. Volviendo a su galera le presentó el sangriento trofeo a Don Juan. Su comandante lo contempló con una mezcla de horror y pena, pensando tal vez que su rival hubiera merecido mejor destino. Friamente le preguntó "¿Para qué puedo querer yo semejante regalo?", y le ordenó arrojarla al mar. En lugar de ser obedecido, un soldado tomó la cabeza y la clavó en una pica, elevándola sobre la galera cautiva. Al mismo tiempo el estandarte del Creciente fué arriado y se izó la Cruz en su lugar, entre los vítores de los soldados. La noticia corrió de barco en barco en ambos bandos. Los Turcos reconocieron la derrota y se rindieron. Kara Hodja había muerto de un disparo de arcabuz, y su galera se rindió a Juan Bautista Cortés con su botín del verano de 40.000 ducados. Mustafá Esdrí se rindió a la Toscana Pontificia bajo el mando de Metello Caracciolo, quien tuvo una doble alegría, porque esta galera era la antigua Capitana Pontificia perdida ante Pialí Pachá en Zerbi en 1560, y porque Esdrí era el pagador de la flota Turca, con todos los cofres de oro a bordo. Otra galera capturada por los Tercios llevaba a bordo a los dos hijos de Müezzinzade Alí Pachá, Mohamed Bey de 17 años y Sain Bey de 13. Ambos fueron llevados ante Don Juan, llorando, quien los tomó bajo su protección y tras darles algún consuelo por la muerte de su padre, los envió para que los alimentaran y cuidaran según sus costumbres. Su secretario, Juan de Soto, hubo de cederles su alojamiento. Uluj Alí se retiraba remolcando las galeras capturadas hacia la retaguardia de su grupo que todavía luchaba contra el ala de Doria. Podía ver a lo lejos las galeras de Mohamed Suluk embarrancando, habiendo fallado claramente en doblar a los Venecianos. Vió que la Sultana había sido tomada y el centro Turco derrotado. Quizá vió la cabeza de su comandante en una pica. Tras un comienzo prometedor, sus galeras Norteafricanas no habían conseguido romper el ala derecha Cristiana, y la llegada de la reserva estaba invirtiendo la marea rápidamente. Incluso ahora, algunos de los barcos de Don Juan a los que les había ido mejor estaban iniciando su persecución, como hizo Alvaro de Bazán. Uluj Alí se vió forzado a abandonar sus capturas y a buscar su salvación en la huida. Cortó las amarras que arrastraban la Capitana Maltesa atada a su popa y la abandonó a la deriva, cargada con trescientos cadáveres que atestiguaban su desesperada defensa, y liberó también las otras galeras capturadas. Comprendió que nada quedaba por hacer mas que escapar de la fatal escena de acción, y salvar tantos de sus propios barcos como pudiera. Un promontorio rocoso que se extendía en el mar se encontraba en su camino, y sus enemigos se hacían ilusiones de interceptarlo allí. Alguno de sus bajeles encalló en las rocas. Pero el resto, 25 galeras y 20 galeotas, todas ellas dañadas por el combate, doblaron a salvo el promotorio, refugiandose en Lepanto, antes de dirigirse a Constantinopla con el único botín que pudieron tomar de la batalla, la enseña de la Capitana de Malta. Por este botín se le nombró el nuevo Kapudan Pachá de una flota que pronto reconstruiría Selím, cuyo único comentario fué: "Me han afeitado la barba pero crecerá de nuevo". A las 4 de la tarde la batalla se había terminado. Varias galeras iban a la deriva llenas solo de cadáveres. Cuando se abordó la Capitana de Malta, se encontraron tres supervivientes, inconscientes de sus heridas y dados por muertos por los piratas. Uno de ellos era el capitán, Fray Pietro Giustinniani, quien tras recuperarse, viviría aún durante un año con el honor de ser el único hombre que había derrotado por dos veces a la flota principal del Sultán Otomano.
6. Tras la batalla. El paisaje tras la batalla era espantoso. Las aguas del Golfo de Patras estaban teñidas de rojo. Había tantos cuerpos y despojos humanos flotando en las aguas, que parecía que los barcos hubieran encallado en ellos. El cielo que había permanecido sin una nube todo el día, empezó a cubrirse, mostrando signos de la llegada de una tormenta. Antes de buscar un lugar de refugio para sí y sus capturas, Don Juan reconoció la escena de la acción. Encontró que varios de los barcos estaban demasiado dañados para continuar en servicio. Puesto que la mayoría de ellos pertenecían al enemigo, tras rescatar cualquier cosa de valor a bordo ordenó que se quemasen. Eligió el cercano puerto de Petala como la bahía más segura y accesible para para pasar la noche. Antes de que llegaran allí la tempestad se desató y las aguas se cubrieron de oscuridad. A la siguiente mañana continuó el mal tiempo. En la seguridad de la bahía, los Cristianos contaron sus pérdidas y capturas. Se echaron en falta 15 galeras, aunque 30 más hubieron de ser finalmente desmanteladas en puerto por el gran daño recibido. Entre ellas la Real, aunque una réplica puede ser visitada hoy en el Museo Marítimo de Barcelona. La galera más decorada de todas, con bellas pinturas y esculturas. Ninguna galera se perdió en el ala izquierda, mientras que en el centro Gian Andrea Doria perdió una y España otra. Los Venecianos perdieron 6 galeras en el ala derecha y 3 en la reserva, mientras que Doria, España y Saboya perdieron una galera cada uno en el ala derecha. Cardona perdió una galera Española en su grupo. ¿Por qué soportaron los Venecianos el 60% de las pérdidas? Recordemos que estaban sobre-representados en el ala izquierda, donde no perdieron ninguna galera. En el ala derecha sólo constituían el 42% de las fuerzas, y el 40% en la reserva. Hay tres explicaciones posibles de factores que probablemente contribuyeron a este hecho. Como Don Juan había notado en Mesina, muchas galeras Venecianas no estaban en buena forma. Su prolongado almacenamiento en el Arsenal probablemente era sub-óptimo, y mostraban señales de madera podrida en los cascos. Un factor adicional fué que estaban faltas de infantería embarcada, como consecuencia de la falta de recursos humanos de Venecia y su dependencia en mercenarios, y debido a la falta de refuerzos en Corfú. Finalmente el diseño de las galeras Venecianas las hacía menos aptas que las galeras Españolas para el tipo de lucha que tuvo lugar en Lepanto, si bien eran mejores en ello que las galeras Musulmanas. A bordo de las capturas se encontró un gran botín en forma de oro, joyas y brocados. Se ha establecido que sólo la galera del comandante en jefe debía contener ciento setenta mil cequíes de oro. Una gran suma, pero no lo suficientemente grande, parece, como para comprar su vida. Se capturaron 170 barcos Musulmanes, aunque sólo 130 se mantuvieron a flote, 117 galeras y 13 galeotas. 67 barcos Musulmanes se hundieron durante la batalla y 40 más tras ella, de ellos 80 galeras y 27 galeotas. El total de las pérdidas Turcas fué por tanto de 237 barcos, o el 84% de su flota de galeras. Probablemente mayor incluso, puesto que se dice que Uluj Alí hubo de quemar muchos de los barcos supervivientes en Lepanto. En contraste, los Cristianos perdieron el 7% de su flota en la batalla, y otro 14% tuvo que ser desmantelado en puerto. A pesar de estos números increíblemente altos, es el número de hombres perdidos el que es astronómico, debido a su apretujamiento en las galeras durante la batalla y la poca protección que tenían, junto con la facilidad con que las galeras se hundían con todo el mundo a bordo. Las pérdidas humanas del Imperio Otomano se calculan en 25.000 muertos y 5.000 prisioneros, mientras que 12.000 esclavos Cristianos fueron liberados de los barcos capturados. Los Venecianos perdieron 5.000 hombres, 2.000 los Españoles, 800 las fuerzas Pontificias y 400 las de Malta. 14.000 más fueron heridos. El 7 de Octubre de 1571, en tan sólo cuatro horas murieron 32.000 hombres. Para hacerse una idea de su magnitud, podemos compararlo con los 3.000 que murieron, entre Franceses, Ingleses y Españoles en Trafalgar. Es muy difícil incluso encontrar batallas terrestres donde muriera tanta gente en tan poco tiempo. En Gettysburg, doscientos años más tarde, murieron 48.000 hombres en el curso de tres días. Durante tres días permaneció la flota en Petala, y se convocó un consejo de guerra donde una vez más aparecieron las diferencias entre los aliados. Algunos querían volver a puerto, otros querían atacar Constantinopla, los Venecianos querían atacar Morea (el Peloponeso) e incitar insurrecciones en Albania y Grecia como habían hecho en otras ocasiones, sólo para dejar a los Griegos y Albaneses abandonados para ser masacrados por los Turcos cuando no era ya conveniente continuar las hostilidades. Finalmente la propuesta de Don Juan de atacar los castillos del Golfo fué aceptada.
Lepanto era una fortaleza muy bien fortificada y controlaba los Golfos de Corinto y Patras y el estrecho entre ambos. Era clave si se quería dominar la Morea, al otro lado del Golfo. A menudo servía de refugio a la flota Turca que asolaba las costas de Italia y el Adriático. No hubiera sido fácil tomarla en cualquier caso y menos en invierno. Fué rendida por su comandante Veneciano en 1499, tras la batalla de Sapienza, cuando perdió la esperanza de recibir los suministros que se requerían para defenderla. Al siguiente día, 11 de Octubre, Gian Andrea Doria y Ascanio de la Corna fueron a conquistar Lepanto, pero cuando llegaron allí, como no podía ser de otra manera estando implicado Doria, decidieron que no valía la pena el esfuerzo de conquistarla y defenderla de los Turcos. Finalmente todos decidieron regresar. El 22 llegaron a Corfú y dividieron el botín. Tres semanas más tarde, Don Marcantonio Colonna, comandante del escuadrón Pontificio, escribió al Dogo de Venecia: "Sólo mediante un milagro y la gracia de Dios nos fué posible luchar tal batalla y vencerla; y otro milagro igual de grande impidió que la codicia y envídia imperantes no nos precipataran los unos contra los otros en una segunda batalla." Felipe II recibió la mitad del total, 58 galeras, 6 galeotas, 74 cañones y 1740 esclavos. La otra mitad fué dividida entre el Papa y los Venecianos, pero una décima de esta mitad fué para el comandante de la flota, Don Juan de Austria. En la división del botín, los jóvenes príncipes hijos de Alí Pachá fueron asignados al Papa. Pero Don Juan consiguió obtener su liberación. Desgraciadamente el mayor murió en Nápoles. El más joven fué enviado a casa, con tres de sus sirvientes por los que tenía especial estima. Don Juan declinó el regalo, enviado con una solicitud para su liberación por su hermana Fátima. En su carta a la princesa Turca, Don Juan destacó que lo había hecho, "no porque no estimara tan bello regalo, sino porque siempre había sido costumbre en su real estirpe libremente el conceder su favor a quienes tuvieran necesidad de su protección, y el no recibir nada a modo de recompensa." Selim II reaccionó a las noticias de Lepanto ordenando la ejecución de cuantos Españoles o Venecianos se hallasen en su imperio; pero el Gran Visir Sokollu, que no era Turco sino un devshirmeh Croata (uno de los niños Cristianos recaudados como impuesto), anuló tan horroroso edicto. El borracho Selim II se cayó y se rompió el craneo, muriendo en 1574. Sokollu fué asesinado por sus enemigos en 1579. La Santa Liga prosiguió una agotadora campaña el siguiente año en las costas de Morea, durante la cual sólo capturó un barco Turco, porque Uluj Alí rehusó la batalla en varias ocasiones durante los meses de Agosto y Septiembre. Venecia era consciente de que al siguiente año la flota de la Santa Liga se dirigiría contra el Norte de Africa como Felipe quería, por lo que ese invierno firmó un tratado de paz reconociendo todas las conquistas de Selim II y acordando pagarle 300.000 ducados en tres años, para que sus mercaderes pudieran continuar su comercio en Alejandría. Al final, la suma pagada era menos que el coste de mantener la flota activa y el comercio cerrado. La pérdida de Chipre, sin embargo, era un gran paso hacia la decadencia de la antigua potencia del Mediterraneo Oriental. Felipe II se puso furioso cuando se enteró de la deserción Veneciana. La Liga se disolvió y Don Juan ordenó que se sustituyese su emblema por la insignia Española. Al año siguiente Don Juan de Austria conquistó Túnez en su última lucha contra el Islam antes de ser destinado a los Paises Bajos.
7. Las consecuencias de Lepanto. Las pérdidas Musulmanas en barcos, cañones y hombres en Lepanto fueron enormes. Pero como John F. Guilmartin Jr. sostiene, la pérdida más incapacitante fué en expertos. Sabemos que estos hombres eran un componente esencial y virtualmente irremplazable de las potencias marítimas Mediterraneas y eran reconocidas como tales. Sabemos que ésto era un hecho, porque los victoriosos aliados tomaron la extraordinaria medida de identificarlos y ejecutarlos, incluso en la confusión tras la victoria (a partir de las comunicaciones Españolas y entre Venecianos y Españoles que se han preservado). Y de hecho, aunque los Turcos fueron capaces de botar un número enorme de galeras en los siguientes años, evitaron asíduamente el combate con la flota Cristiana, y por buenas razones, puesto que la falta de expertos convertía a sus galeras en inciertos instrumentos tácticos. El número preciso de expertos muertos o capturados es objeto de especulación. Los Cristianos capturaron por encima de 3.486 Turcos; el número es el que se menciona en las comunicaciones que detallan la distribución del botín entre los vencedores y por ello seguramente está por debajo del total. De estos la inmensa mayoría serían expertos, timariotes, jenízaros y arqueros navales, éstos últimos funcionalmente incluidos dentro de la categoría de expertos puesto que sus habilidades requerían toda una vida de experiencia. La única otra categoría apreciable de Turcos sujeta a captura eran los galeotes, y estos hubieran probablemente sido esclavizados y encadenados al remo sobre la marcha, sin registrarlos; como simples villanos no poseían valor de rescate. La medida de comparación es la pérdida de oficiales Españoles en Djerba, donde los Españoles y sus aliados perdieron 28-30 galeras y 600 oficiales y 2.400 marineros-arcabuceros. Esto nos da una media de unos 20 expertos y 80 marineros-arcabuceros por galera. Si asumimos que la proporción entre expertos y otros entre los 3.486 cautivos Turcos era la misma que se producía para los Españoles en Djerba, y consideramos que los Cristianos capturaron 117 galeras y 17 galeotas en Lepanto, obtenemos sólo una media de cinco a seis expertos capturados por galera. Pero a la luz de la ferocidad de la batalla, la proporción de muertos a capturados debe haber sido alta, seguramente tres o cuatro a uno como poco, así que la pérdida total debió haber sido mucho más alta. Hay que destacar también que ochenta o noventa galeras Turcas fueron además hundidas, con sus expertos con ellas presumiblemente. Si Djerba dañó a España, Lepanto incapacitó a los Turcos. Y el daño fué permanente. Por supuesto que Uluj Alí consiguió hacer prodigios como Kapudán Pachá, esquivando a la flota aliada en 1572 y reconquistando Túnez de los Españoles en 1574. Pero la reconquista de Túnez fué la última hazaña marítima Otomana; la flota de galeras basada en Constantinopla cayó en decadencia tras el regreso triunfante de Uluj Alí y nunca se regeneró. La flota de galeras Otomana nunca lucho otra gran batalla tras Lepanto. Para España, el Imperio Otomano era un enemigo periférico más, y estaba relativamente abajo en la lista de prioridades. Muchos en España habían hablado en contra de la Santa Liga, y fueron el problema morisco y el factor religioso los que finalmente inclinaron la balanza. España fué la última en unirse a la Liga. Para España una victoria significaba tener unas costas más seguras y las manos libres para atacar los nidos de piratas en el Norte de Africa. Es absurdo pensar que España pudiera dañar seriamente al Imperio Otomano, como lo es pensar que España pudiera ser seriamente dañada por el Imperio Otomano, puesto que estaban tan lejos la una del otro. Por supuesto siempre se podía perder prestigio y ello causar efectos secundarios en otras partes. Venecia dependía totalmente de su comercio. Para Venecia, la victoria era la forma de negociar un pacto de negocios más favorable. No se hacían ilusiones de que pudieran derrotar completamente a un imperio del tamaño del Turco. Incluso la recuperación de Chipre estaba fuera de su capacidad, una vez perdida. España podría haber recuperado Chipre, pero ¿por qué habían de hacerlo? España no estaba interesada en Chipre incluso si pudieran quedársela, y obviamente no iban a hacerle el trabajo a Venecia. Para Venecia era importante disuadir a los Turcos de más agresiones, y negociar un trato que fuera aceptable incluso si tenían que pagar una compensación. Ambas cosas fueron obtenidas. Por tanto las consecuencias de Lepanto fueron las mejores que se podían esperar por las dos naciones que estaban a la defensiva, Venecia y España. Examinemos las posibles consecuencias si la batalla se hubiera decantado hacia la nación que se encontraba a la ofensiva. ¿Qué hubiera supuesto para los Cristianos semejante catástrofe? Es imposible pintar un escenario rosado. Recordemos que Don Juan, con al menos el apoyo implícito de sus superiores y sin objeciones notables por sus subordinados, lo había arriesgado todo a una sola tirada de dados. En el día de la batalla, el total de las reservas Venecianas comprendía catorce galeras ordinarias y dos galeazas en el Adriático superior. Si Venecia hubiera perdido casi todos sus expertos en Lepanto, poco se habría interpuesto entre Venecia y los victoriosos Turcos al año siguiente. Venecia se hallaba bien fortificada y hubiera resistido sin ser capturada por supuesto, pero ¿qué futuro comercial y político hubiera tenido sin flota de galeras? Los Turcos se beneficiaban del comercio Veneciano y sin duda hubieran permitido su continuación... en sus propios términos, quizás con Venecia reducida a una dependencia efectiva, como Ragusa. Y con Venecia neutralizada, ¿que hubieran hecho los Turcos después? Hubieran esperado un año o dos para incrementar su fuerza, pero el tiempo hubiera estado de su parte. Llevó más de cinco años regenerar el cuerpo de expertos perdido por los Españoles en Djerba, y si Lepanto hubiera caido del otro lado la pérdida de expertos Cristianos hubiera hecho que Djerba pareciera insignificante. Creta hubiera sido un blanco obvio, una conquista que habría cortado más profundamente en la fuerza Veneciana. Un nuevo intento sobre Malta se habría barajado también, un nuevo asedio montado con mucha menos preocupación por un rescate Español como el de 1565. Y con Malta en manos Turcas, el Mediterraneo Occidental hubiera estado sujeto a un contagio de ataques Musulmanes. Las Baleares hubieran estado en peligro y la posibilidad de conceder ayuda significativa a los Moriscos Españoles enteramente plausible. Debemos recordar que los Sultanes Osmanli se habían arrogado a sí mismos el derecho de conquista sobre el Imperio Romano. Mohamed II se llamaba a sí mismo Kayser-i Rum (César Romano), y reclamó el derecho a todas las tierras que los Emperadores Romanos habían gobernado. La conquista de Constantinopla cumplió la promesa de Mahoma el Profeta que cuando le preguntaron cual de las dos ciudades, Constantinopla o Roma, sería liberada primero, contestó: " La ciudad de Heraclio (Constantinopla) será liberada primero." [Ahmad, autentificado por Al Albany]. Tras ello, la ciudad de Roma se convirtió en el siguiente objetivo de los Otomanos: "A Roma! A Roma!" fué el constante grito del bisnieto de Mohamed II, Solimán el Magnífico. La conquista de Otranto cien años antes de Lepanto, en 1480, dejó claras las intenciones de Mohamed II de conquistar Italia; tan claras que Roma fué evacuada. Solo la muerte de Mohamed al año siguiente detuvo esa ofensiva. Otranto fué atacado de nuevo en 1537, 1614 y 1644. Sicilia fué también el blanco de las agresiones imperialistas Turcas, habiendo sido antes territorio Musulman. La visión tradicional Musulmana es que tienen el derecho de recuperar cualquier territorio que haya sido una vez Musulman. Una conquista de Italia por los Otomanos era quizá demasiado para ellos, dados los primeros estadíos de su declive interno, pero ciertas partes de Italia pudieron haber caído bajo el Imperio Otomano durante muchos años. Debido a Lepanto, por supuesto, ninguna de tales cosas ocurrió. Las galeras Cristianas navegaron el Levante con impunidad en los años que siguieron, y hasta los 1640, copiando la ventaja Musulmana adquirida tras Prevesa. La atención de España se volvió al Norte, un cambio de prioridades estratégicas hecho posible por la neutralización de la amenaza Otomana en Lepanto, y Venecia permaneció viable comercial y militarmente por otros dos siglos. El Imperio Otomano también cambió su atención a Persia, y el Mediterraneo fué olvidado y dejado en manos de mercaderes y piratas, su papel estratégico central desaparecido para siempre. ¿Salvó Lepanto a la Cristiandad? Depende por supuesto de lo que entendamos por "salvar". Venecia hubiera probablemente preservado su independencia, aunque en los términos del Sultan, y una inversión de la reconquista Española parece improbable. Sin embargo, claramente, una victoria Turca en Lepanto hubiera sido una catástrofe de primera magnitud para la Cristiandad y Europa hubiera seguido un curso claramente diferente del que tomó. Lepanto puso fin a la expansión del Imperio Otomano en el Mediterraneo, que solo vería muy limitadas conquistas Turcas tras él. Como dijo Alejandro Dumas padre en su novela "Alí Pachá", "La raza Osmanli, criada solo en conquistas, demostró no valer para nada cuando las conquistas fallaron." Los fallos en Malta, Lepanto y Viena eran las señales del declive Otomán.
Pintura de la batalla de Lepanto de la
escuela holandesa basada en la célebre tabla veneciana que encabeza este
relato. Está firmada con la letra
H. En ellas se identifican muchos de los barcos participantes por ambos
bandos, como los de Caracoz (Kara Hodja) y Ochialli (Uluj Alí). Destaca la presencia
de una mujer en en el tercer barco de la banda Cristiana, pero es
inapreciable en esta toma
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Fuentes documentales |
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Nota del Autor
Este artículo bebe
de muchas fuentes: cerca de un 25% es originalmente mío y el resto está
copiado (a menudo literalmente) de varios artículos, algunos de ellos sin
firmar. Entre los firmados se encuentran dos artículos de John F.
Guilmartin, JR. (LT COL, USAF ret. Professor of History at Ohio State
University), uno de José R. Cumplido Muñoz (Profesor de Historia de la
Universidad del País Vasco), otro de Paul Fregosi, y otro de José Miguel
Buján.
- Sobre la Historia de España, sus gobernantes, guerras, batallas y otros eventos, consultar: hhttp://perso.wanadoo.es/remilitari/cronolog/hispana.htm
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Resolución: 1024 x 768 |
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