La Bohème
Drama en cuatro actos. Música compuesta por Giacomo Puccini (1858-1924), con libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en la novela "Scènes de la vie de Bohème" de Henry Murguer. Estreno el 1 de febrero de 1896.
Personajes
| RODOLFO MARCELO SCHAUNARD COLLINE MIMÍ MUSETTA ALCINDORO BENOÎT |
Poeta, Amante de Mimí Pintor, Amante de Musetta Músico Filósofo Modistilla, Amante de Rodolfo Amante de Marcelo Viejo Protector de Musetta Casero de los Bohemios |
Tenor Barítono Barítono Bajo Soprano Soprano Bajo Bajo |
La acción se desarrolla en el Barrio Latino de París en el año 1840
ACTO
I.- Buhardilla en una casa del Barrio Latino de
Paris. Dos artistas bohemios, Marcello, pintor y Rodolfo,
poeta, se hallan trabajando la tarde del día de Nochebuena. Hace
frío, ambos deciden quemar algo en la estufa pero no tienen
combustible; piensan quemar una silla, y después, los últimos
cuadros que ha pintado Marcello; pero finalmente se deciden por
el manuscrito de la última obra que Rodolfo está escribiendo.
Marcello ofrece su lienzo, pero Rodolfo cree que es mejor quemar
el manuscrito de una obra de teatro que ha escrito y juntos van
introduciendo, poco a poco, en la estufa el texto del poeta.
Cuando entra Colline, un filósofo que también vive con ellos,
quejándose de no haber podido empeñar sus libros por ser
Nochebuena, está ardiendo el acto primero de la obra de Rodolfo.
Schaunard, el músico que también forma parte del grupo, parece
haber tenido más suerte, y entra con comestibles, leña, vino de
Burdeos y tabaco. Schaunard les explica cómo ha conseguido el
dinero a cambio de dar clases de música a un inglés, pero los
tres bohemios, sin escucharle, se disponen a iniciar el banquete.
Schaunard los detiene
diciéndoles que el dia de Nochebuena no deben quedarse en casa,
sino que deben celebrarlo en el Café Momus, al que acaden
asiduamente. En este momento, mientras beben una copa antes de
salir, llaman a la puerta: es el casero Benoît, que viene a
cobrar el alquiler de la buhardilla. Los bohemios tienen dinero
ahora, pero no quieren "malgastarlo" pagando el
alquiler. Benoît, consigue con algunas dificultades que lo dejen
entrar y los bodemios lo sientan en una silla desviando pronto la
conversación hacia la vida privada del casero, que a pesar de su
edad, parece que hace poco ha sido sorprendido con una mujer.
Benoît confiesa a los bohemios que todavía se siente joven y
que no le gustan las mujeres delgadas como la suya, porque suelen
estar enfermas. Éstos, ante sus palabras, fingen una sana
indignación moral y expulsan al casero sin haber pagado el
alquiler.
Una vez que han echado
al casero, se disponen a bajar a cenar, pero Rodolfo les anuncia
que no puede ir todavía porque tiene que escribir un artículo
para una revista en que colabora. Y les dice que estará con
ellos en unos minutos, en cuanto acabe lo que está escribiendo.
Se van todos y Rodolfo se dispone a escribir; apenas avanza en su
trabajo. De pronto llaman a la puerta: esta vez es una vecina que
viene a pedir lumbre para su vela. Rodolfo siente nada más verla
una atracción hacia ella, a pesar de que parece enferma. La
vecina tiene la intención de irse, pero una corriente de aire le
apaga otra vez la vela justo cuando se da cuenta de que se le ha
caido la llave de su casa. Rodolfo también apaga disimuladamente
la suya y pronto encuentra la llave, pero en vez de entregarla a
la muchacha se la guarda en el bolsillo. Se acerca a ella y, de
una forma inesperada, toma su mano. El poeta se sorprende de lo
fria que está y exclama: "Che geli da manina!"
("!Qué mano tan fría!") y mientras la calienta entre
las suyas, puesto que se han quedado a oscuras, decide
presentarse a su vecina y cuenta a Mimí quien es él y qué hace.
La vecina hace lo mismo, explica que se llama Lucia, a pesar de
lo cual siempre la llaman Mimí, ella entona su aria: "Si.
Mi chiamano Mimi" ("Sí, Me llaman Mimí"); cuenta
que vive, en el último piso del edificio, y trabaja sola, es
costurera y haciendo flores artificiales, pero que son las flores
naturales las que a ella le entusiasman.
Desde fuera los amigos
de Rodolto le llaman para que baje pronto. Éste responde que no
tardará. Y les pide que le guarden un lugar en el café. En el dúo
"O suave fanciulla" ("Oh, adorable muchacha")
Rodolfo y Mimí se dan cuenta de que se han enamorado. Rodolfo
propone a Mimí quedarse juntos en la buhardilla, pero ella
sugiere acompañarle para que no falte a la cita con sus amigos.
Ambos se van abrazados y sus voces se escuchan mientras bajan por
la escalera.
ACTO II.- Una plazoleta del Barrio Latino
frente al Café Momus. Es de noche y una multitud de
vendedores compiten con sus diversos productos, mientras
numerosas personas, entre las que abundan los estubiantes y los
niños, pasean frente al Café Momus. Mientras, Schaunard compra
una trompa, Colline observa la nueva levita que ha adquirido en
la tienda de un zurzidor. Rodolfo entra en una sombrerería para
comprarle un gorrito a Mimí. Marcello se lamenta de estar solo
en medio de tantas mujeres. Poco después Rodolfo entrega el
gorrito a Mimí y se quedan juntos mirando un collar de coral que
está expuesto en el escaparate de una joyería. Cuando sus
amigos ya están sentados, llega Rodolfo, que les presenta a Mimí,
y todos se preparan para la cena.
Entretanto se produce un
revuelo en la plaza: pasa Parpignol, un vendedor de juguetes, con
un carretón cargado de juguetes creando en torno suyo un revuelo
de niños y niñas acompañados por algunas personas mayores, que
imponen el orden entre los pequeños. Los bohemios están
sentados a la mesa y Mimí les enseña el gorrito que le ha
regalado Rodolfo. Todos se disponen a brindar, cuando entra
Musetta ataviada con un lujoso vestido y acompañada por su
amante, el viejo y rico Alcindoro, a quien ella trata como a un
perrito faldero, y que va cargado con varios paquetes. Las
tenderas comentan el vestuario de Musetta y ésta, al ver a los
bohemios, insiste en que le pongan una mesa junto a ellos y, ante
el azoramiento de Alcindoro, trata descaradamente de atraer la
atención de Marcello, cantando el vals "Quando m'en va"
("Cuando yo voy"). Mientras Alcindoro se queja de que
Musetta haya elegido un sitio tan concurrido. Marcello, que aún
está enamorado de esta mujer, con la que tuvo relación en otro
tiempo, apenas puede contenerse, porque Musetta parece sólo
preocupada por provocar sus celos. Este es el momento que Rodolfo
aprovecha para declarar a Mimí que es un hombre muy celoso.
Musetta está decidida a hacer una escena: pide primero varios
platos, pero cuando ya está cenando rompe uno para llamar la
atención de Marcello pretextando que huele mal. Alcindoro
eorojece, pero ella en vez de callar se pone a cantar una canción
que Alcindoro considera del todo indecorosa. Sin embargo, puesto
que aún no ha quedado plenamente satisfecha, suelta de pronto un
tremendo grito y se queja de un clavo que tiene en el zapato,
mandando al ya agotado Alcindoro a comprar otro par. El viejo
accede con tal de que ella no continúe con el escándalo. Apenas
ha partido Alcindoro, Musetta abraza a Marcello y se une al grupo.
Un desfile militar pasa
por allí y los bohemios se añaden a él, mientras Musetta encarga
a un camarero que la cuenta de todos se sume a la de Alcindoro.
Finalmente aparece éste, con el tiempo justo para pagar ambas
facturas.
ACTO III.- La "Barriere d'Enfer"
en las afueras de Paris. La escena reproduce uno de los
antiguos puntos de entrada a Paris, donde se cobra un impuesto a
quienes traen víveres Es una madrugada de febrero y está
nevando. Cercana a una de las puertas de la ciudad hay una
taberna, en el interior de la cual se oyen risas y voces, entre
las que se puede distinguir la de Musetta. Unos barrenderos
gritan y golpean con sus escobas la verja desde el exterior, para
que el oficial de aduanas les abra. Éste les deja paso franco y
poco después entran también unas lecheras. Entra Mimí
vacilante y con aspecto de enferma, y pregunta a un sargento por
la taberna en la que trabaja un pintor.
Logra que una mujer
entre en la taberna y avise al pintor. Éste no es otro que
Marcello, que no tarda en aparecer. Mimí lo ha venido a ver
porque, según ella, Rodolfo no la deja vivir porque, a causa de
sus celos, cualquier cosa le infunde sospechas. Marcello le
explica que, en cambio, la relación que él mantiene con Musetta
es mucho más libre. Mimí le pide ayuda y Marcello acepta,
diciendo que hablará con Rodolfo, que en ese momento duerme en
un banco de la taberna.
Precisamente ahora
Rodolfo ha despertado y sale del local. Ella se esconde para que
Rodolfo no la vea. Marcello habla con él y no tarda en descubrir
la realidad: Rodolfo confiesa que debe dejar a Mimí porque está
muy enferma y necesitaría cuidados que él no puede pagar y
siente remordimientos por retenerla en su sórdida vivienda. Mimí,
que ha oído la conversación, no puede evitar las lágrimas y
tose; Rodolfo al oirla, se precipita hacia ella tratando de
convencerla de que se pondrá bien. Mimí a pesar de todo, decide
separarse de él.
Marcello, al oir unas
risas de Musetta en el interior, entra precipitadamente en la
taberna. Rodolfo y Mimí aunque reconocen la necesidad de
separarse, deciden seguir juntos hasta la primavera, para hacer
la separación menos dolorosa. Mientras, Marcello y Musetta han
salido, estableciéndose entre ellos una pelea que contrasta con
el éxtasis amoroso de Rodolto y Mimí, que se abrazan mientras
empieza a nevar pausadamente.
ACTO IV. - En la misma buhardilla del acto I.
Ya ha llegado la primavera. Marcello está trabajando, tal como
es habitual en él, ante un caballete, mientras Rodolfo permanece
sentado a una mesa, escribiendo. Ambos parecen sumidos en un
intenso trabajo, pero en realidad no hacen otra cosa que hablar.
Rodolfo comenta a Marcello que ha visto a Musetta en un lujoso
coche de caballos, provocando de esta forma los celos del pintor,
que responde que él también ha visto a Mimi en una carroza,
vestida como un reina. Los dos fingen indiferencia ante tales
noticias, pero en el fondo se sienten heridos por verse
abandonados por sus respectivas amartes. Tanto Rodolto como
Marcello acaban por confesar que siguen enamorados de ellas.
Llega la hora de comer y
Rodolfo comenta que Schaunard todavia no ha vuelto y esta vez
apenas tienen nada. F¡nalmente aparece Schaunard y Colline con
una sardina salada incomible y algo de pan, que es todo lo que
han encontrado. A pesar de ello bromean sobre el tema, imaginando,
que celebran un gran banquete en el que beben champán y pueden
elegir entre truchas y salmón. Schaunard amenaza con interpretar
una canción, oferta que rechazan violentamente sus amigos, que
prefieren ejercitarse en la danza. Marcello se disfraza de mujer
y baila junto a Rodolfo, mientras Schannard y Colline discuten
sobre el tiempo de la danza. Se inicia entre estos últimos un
simulacro de combate, con el que continúa la broma. De pronto
interrumpe la escena la llegada de Musetta, jadeante, anunciando
que Mimí está en la escalera gravemente enferma y que no puede
subir. Rodolfo y Marcello se precipitan hacia la puerta, y
Colline y Schaunard le preparan el camastro que hay en la
habitación. Entran Marcello y Rodolfo con Mimí y la meten en la
cama. Musetta comenta que había oído decir que Mimí se había
ido de la casa de un vizconde, que estaba terriblemente enferma y
que ahora la había encontrado por la calle casi arrastrándose y
diciendo que se moría. Ante la falta de todo lo que hay en la
casa, Musetta decide vender sus pendientes y envia a Marcello a
por un poco de cordial y un médico.
Mimí parece recuperarse
un poco, pero tiene frlo en las manos y Musetta cree oportuno
irse con Marcello para comprar un manguito. Colline, que se da
cuenta de la grave situación, decide empeñar su gabán, del que
se despide con gran afecto. Antes de irse aconseja a Schaunard
que deje solos a los enamorados y ambos se van juntos. Cuando
todos han salido ya, Mimí, que parecia dormida, abre sus ojos y
confiesa que había aguardado hasta quedarse a solas con Rodolfo.
Ambos recuerdan su pasado y Rodolfo le enseña a Mimí el gorrito
que le regaló aquel primer día en el Café Momus.
Poco después van
regresando todos excepto Colline. Musetta le entrega el manguito
a Mimí, fingiendo que es un regalo de Rodolfo, y se pone a rezar,
preparando el cordial que ha traído Marcello. Mientras, Mimí
parece adormilarse confortada por el calor de la cómoda prenda.
Rodolto cierra las cortinas, pero Schaunard observa que Mimí no
se mueve; viéndola muerta se lo comunica a Marcello. Aparece
Colline con el dinero del empeño en la mano y pregunta por la
enferma. Rodolfo la mira y, dándose cuenta de la situación, se
acerca al cadáver de Mimíi. Sin poder evitar un grito de
desesperación, estalla en sollozos. El telón cae cubriendo la
triste escena del dolor de los bodemios.
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