La Forza del destino
Ópera en cuatro actos, con música de Giuseppe Verdi (1813-1901) con libreto de Francesco Maria Piave, compuesta por encargo del Teatro Imperial de San Petersburgo, se estrenó con la presencia del compositor el 10 de noviembre de 1862. Verdi no quedó demasiado satisfecho del libreto que había escrito Francesco Maria Piave, y encargó la versión definitiva a Antonio Ghislanzoni que se estrenó el 20 de febrero de 1869, en la Scala de Milán, y que es la que hoy se representa. El libreto se basa en la obra teatral "Don Álvaro o la Fuerza del Sino" del literato romántico español Angel de Saavedra, duque de Rivas.
Personajes
| MARQUÉS
LEONOR CURRA DON ÁLVARO DON CARLOS TRABUCO PRECIOSILLA FRAY MELITÓN PADRE GUARDIÁN MÉDICO |
El Marqués de Calatrava Hija del Marqués Sirvienta de Leonor. Pretendiente de Leonor Hermano de Leonor Buhonero Gitana Monje Franciscano Del monasterio Franciscano Cirujano militar |
Bajo Soprano Mezzosoprano Tenor Barítono Tenor Mezzosoprano Barítono Bajo Barítono |
La acción se desarrolla en España e Italia hacia mediados del siglo XVII
ACTO I.- Castillo de Calatrava, cerca de Sevilla. El marqués da las buenas noches a su
hija, Leonora, en la cámara de ésta. Se da cuenta de su mal humor y lo atribuye a que él
ha alejado de Leonora a su pretendiente, don Álvaro, considerado por el noble como indigno
de la mano de su hija. Cuando el marqués se retira, Leonora trata con su sirvienta, Curra,
el plan para huir con don Álvaro esa misma noche, a la vez que manifiesta su pesar por el
disgusto que va a causar a su padre y por tener que abandonar su hogar, y canta
tristemente: "Me, pellegrina ed orfana" ("Yo, peregrina y huérfana").
Llega don Álvaro. Sobreponiéndose a sus dudas, Leonora está a punto de marcharse con
él cuando se oyen pasos y aparece, con varios criados, el marqués, que ordena la detención
de don Álvaro. Éste se entrega sin resistencia y arroja su pistola a los pies del marqués
en señal de sumisión, con tan mala fortuna que el arma se dispara e hiere mortalmente al
padre de Leonora. El marqués, en sus últimos momentos, maldice a su hija, que huye con
don Álvaro.
ACTO II.- Una posada o taberna en las afueras de Hornachuelos, en la que se canta y se
baila. Los clientes se sientan a cenar: ("A cena") y un "estudiante", en realidad, Don Carlos,
hermano de Leonora, que busca a ella y a Don Álvaro, bendice la mesa. Llega Leonora, con
ropas de hombre, y reconoce en el estudiante a su hermano. Éste pregunta a un buhonero,
Trabucco, acerca de su compañero de viaje, pues ha llegado en compañía de Leonora, pero
en ese momento aparece Preziosilla, que entona una alegre canción patriótica, porque ha
estallado la guerra de españoles e italianos contra los alemanes, canción que es coreada
por todos los asistentes: "Al son del tamburro" ("Al son del tambor"). Carlos pide a
Preziosilla que le diga la buenaventura. La gitana predice un futuro trágico y añade que ve
que él no es realmente estudiante.
Se oye fuera un grupo de peregrinos que se aproxima; los presentes se les unen en sus
rezos; Leonora ruega por su salvación de manos del vengativo hermano y entra en una
habitación de la posada. El estudiante sigue preguntando a Trabucco acerca del joven,
pero éste soslaya la cuestión y se retira a dormir. Ahora Carlos trata de subir a buscar
al "joven" pero el alcalde se lo impide y a su vez le pregunta quién es él. Carlos dice que es
Pereda, un estudiante ("Son Pereda"), y que busca a un amigo llamado Vargas. Se
reemprende la diversión, hasta que todos se van marchando a dormir. Leonora ha podido
escapar de la posada.
La escena transcurre ahora en el atrio del monasterio de Hornachuelos. Luce la luna y
pronto amanecerá. Vemos de nuevo a Leonora, aún vestida con ropas de hombre, que ha
llegado allí exhausta. Pide perdón a la Virgen: "Madre, Madre, pietosa Vergine". Los
cánticos de los monjes suenan en el convento. El guardián, fray Melitón, no sabe si llamar
o no al Padre Guardián, pero finalmente se decide a hacerlo. El Guardián hace salir al
hermano Melitón y escucha la historia que le relata Leonora. Durante esta larga escena,
Leonora dice que la envía otro religioso, conocido del Padre Guardián, y descubre su
verdadera personalidad y los motivos que la han llevado hasta allí. El padre la exhorta a
la oración y al arrepentimiento y le dice que debe ingresar en un convento, pero ante la
negativa de ella ("Un chiostro? Un chiostro? No") ("¿Un claustro? ¿Un claustro? No")
conviene en que se retire a una gruta cercana al monasterio para hacer allí vida de
ermitaño. El Padre llama ahora a fray Melitón para que reúna a la Comunidad y todos dan
gracias a Dios por su misericordia.
En la capilla del monasterio, el padre Guardián dice a los religiosos que la gruta va a ser
ocupada. Quien perturbe a la persona que va a ocuparla o trate de averiguar quién es, será
maldito de Dios ("Maledizione"). Todos piden a la Virgen de los Ángeles que bendiga al
nuevo ermitaño.
ACTO III.- En la noche y en un bosque cerca de Velletri, en Italia; unos soldados están
jugando a las cartas. Su capitán es don Alvaro, que bajo nombre falso se ha unido al
ejército español que en Italia lucha contra los austríacos. Piensa en su infelicidad, y en
Leonora, a la que cree muerta: "Oh tu che in seno... " ("Oh tú, que en el seno..."). Se
escucha un grito de alguien que pide ayuda: Álvaro se apresura a acudir y vuelve con
Carlos, ahora oficial del ejército español, a quien ha salvado de ser asesinado. Los dos
hombres, que no se habían visto nunca antes, dicen sus nombres, ambos falsos, por
supuesto, y se prometen amistad eterna.
Suena un toque de alarma y los dos salen al combate. Hay un rápido cambio de escena a un
salón, en el cual un cirujano y sus ayudantes contemplan, a través de un ventanal, la batalla,
en la que han vencido los españoles. Entra Álvaro, vencedor al frente de sus hombres, pero
herido de gravedad. Carlos felicita al capitán por su valor y le anuncia que va a proponerle
para la orden de Calatrava. Al oír este nombre, Álvaro se llena de zozobra: es el apellido
familiar de Leonora; después, sintiéndose muy mal herido, ruega a Carlos que cumpla su
última voluntad y destruya sin abrirlo un envoltorio que le entrega: "Solenne in quest'ora")
("Solemnemente en esta hora").
Carlos, a solas, empieza a pensar si su nuevo amigo, que tanto se ha turbado al oír el
nombre de Calatrava, no será la persona que dio muerte a su padre. Y lucha entre la
promesa que ha hecho y el impulso de ver los documentos que don Alvaro le ha entregado:
"Urna fatale del mio destino" ("Fatal urna de mi destino"). Abre el paquete recibido de
Carlos y encuentra en él una cajita: en su interior hay un retrato de Leonora, lo que
confirma plenamente las sospechas de Carlos. Y se llena de alegría al saber por el cirujano
que Don Alvaro se salvará; así podrá él darle muerte y cumplir su venganza.
Ahora pasamos a un campamento. Una patrulla cruza la escena. Alvaro está solo, pensativo,
cuando entra Carlos. Declara su personalidad a Álvaro y le reta a un duelo. Álvaro se
resiste, alegando que fue el destino, y no él, quien mató al marqués, y reafirma su
verdadera amistad hacia Carlos. Pero éste, que ha tenido noticia, por casualidad, de que
Leonora vive, cosa que no sabe Álvaro, provoca deliberadamente a éste, y ambos se baten.
La patrulla, que entra de nuevo en escena, separa a los contendientes. Álvaro, lleno de
tristeza, decide retirarse a un monasterio.
Nos hallamos ahora en el campamento principal. Los soldados y las mujeres que los siguen
cantan alegremente, mientras Preziosilla les ofrece leerles el porvenir; después, tras
varios brindis, entra Trabucco, el buhonero, que compra y vende todo y seguidamente, unos
pobres campesinos, con sus niños, pidiendo pan ("Pan, pan per carita"); por último, un grupo
de reclutas, nostálgicos de su tierra. Preziosilla dirige ahora al conjunto, que canta y baila
una tarantela, interrumpida por un sermón burlesco de Fray Melitón, lleno de equívocos
y retruécanos: "Preferís las botellas a las batallas". El fraile, finalmente, es arrojado a
empellones por los soldados españoles e italianos. El acto concluye con otra canción de
Preziosilla ("Rataplán"), a la que acompaña el coro.
ACTO IV.- Estamos ahora en España, poco tiempo después de lo anterior. A las puertas
del monasterio de Hornachuelos, Fray Melitón está distribuyendo comida a los mendigos,
en presencia del Padre Guardián. Los mendigos dicen que en vez de Melitón prefieren al
Padre Rafael, lo que causa la airada indignación de aquél. El Padre Guardián le reprocha
su actitud a la vez que ensalza las virtudes y abnegación del Padre Rafael, que no es otro
que Don Álvaro.
Suena la campanilla del convento y el Padre Guardián ordena a Fray Melitón que abra.
Aparece don Carlos: ha seguido las huellas de don Alvaro y dice a Fray Melitón que lo
llame. Mientras espera, reafirma su propósito de dar muerte a Don Álvaro, y en efecto,
cuando aparece, le reta. El "Padre Rafael", que no siente ningún odio hacia Don Carlos y
sólo desea vivir en paz en el convento el resto de su vida, se resiste a luchar: "Le minaccie,
i fieri accenti" ("Las amenazas, las fieras palabras"); sin embargo, Don Carlos le provoca
una y otra vez y finalmente le abofetea. El orgullo de caballero de Don Álvaro no puede
resistir más y finalmente sale a batirse.
Leonora aparece en su cueva; reza: "Pace, pace, mio Dio" ("Paz, paz, Dios mio"), pidiendo
a Dios que ponga fin a sus sufrimientos. Se oye un ruido cerca y ella se retira al interior
de la cueva; son su hermano y Don Álvaro, que luchando se acercan a aquel lugar. Don
Carlos, mortalmente herido, pide un confesor, y Don Álvaro, acercándose a la cueva, llama
al "ermitaño". Leonora hace sonar la campanilla para pedir ayuda y cuando sale, reconoce
a Don Álvaro. Desesperado, él cuenta a Leonora todo lo sucedido y que su hermano ha
muerto. Leonora corre hasta Don Carlos; éste, moribundo, al ver a su "culpable" hermana,
tiene fuerzas suficientes para asestarle una herida mortal. Sostenida por el Padre
Guardián, Leonora vuelve con Don Álvaro, quien maldice furioso a las fuerzas que gobiernan
su destino. En un trío, el Padre Guardián y Leonora le reconvienen por ello. En su agonía,
Leonora piensa esperanzada en reunirse con Don Álvaro en el cielo.
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