El
Holandés errante
Ópera en tres actos del que Richard Wagner (1813 - 1883) es el
autor de la música y la letra. El libreto se basa en
una obra de Heinrich Heine (1797 - 1856) titulada "Las
Memorias del Señor Von Schnabelewopski" (1834) cuyo capítulo
VII contiene la "Historia del Holandés Errante", fue
estrenada en Dresde el 2 de enero de 1843.
Personajes
El Holandés Daland Senta Erik Timonel Mary |
Marino Maldito Marino Noruego Hija de Daland Cazador y prometido de Senta Timonel del barco de Daland Nodriza de Senta |
Barítono Bajo Soprano Tenor Tenor Mezzosoprano |
La acción se desarrolla en las costas de Noruega a principios del siglo XVIII
ACTO I.- La "tormentosa" obertura
prepara la atmósfera para la primera escena de la ópera, en la
que se ve a un barco noruego que acaba de llegar, tras una
violenta tempestad, a las abruptas costas de Noruega. E1 capitán,
Daland, se apercibe de que el lugar en que se ha visto obligado a
refugiarse no está muy lejos del puerto al que quería llegar.
Dejando a un timonel a cargo de la nave, él y los marineros
bajan a tierra en busca del necesario y merecido descanso. El
timonel trata de permanecer despierto, cantando una balada:
"Mit Gewitter und Strurm" ("A través de la
tempestad y la tormenta"), pero finalmente es vencido por el
sueño.
Se aproxima ahora un barco fantasma, con velas de color rojo
sangre y mástiles negros. Se coloca al costado del otro barco,
causando la inquietud del timonel noruego. El capitán del barco
fantasma, que no es otro que el legendario "Holandés
errante" salta a tierra y canta la terrible maldición que
pesa sobre él. En una ocasión, rodeando el Cabo de Buena
Esperanza, durante una terrible tormenta, invocó la ayuda del
Diablo para salir de ella, y en consecuencia, su destino es
navegar incesantemente hasta el Día del Juicio, a menos que
encuentre una mujer "fiel hasta la muerte"; por ello,
cada siete años puede volver a tierra y buscar la mujer que le
redima. Y uno de esos períodos se cumplía ahora. Su triste
relato es acompañado por el eco de la tripulación.
Daland vuelve a su barco y despierta al timonel, quien le muestra
el barco fantasma, en cuyo torno sólo hay un silencio espectral.
Entonces, Daland ve al propio Holandés. Los dos capitanes hablan;
el Holandés cuenta su tormento a Daland y le pide su amistad y
que le acoja en su casa, que está muy cerca de allí, ofreciéndole
a cambio un estuche con magníficas joyas. El Holandés averigua
que Daland tiene una hija y le solicita su permiso para hacerla
su esposa ("Sie sei mein Weib"), a lo cual Daland da su
consentimiento. En un dúo, Daland muestra su contento ante la
perspectiva de grandes riquezas y el Holandés ante la
posibilidad de encontrar por fin la paz de su alma. Entre tanto,
la tormenta ha amainado y el timonel anuncia un favorable viento
del sur ("Süd-wind!"). Daland y sus marineros levan
anclas y ponen rumbo a su puerto de destino, mientras que el
Holandés promete seguirlos tan pronto como su tripulación haya
descansado. Los noruegos cantan jubilosamente, mientras su nave
se pone en movimiento.
ACTO II.-En una
sala de la casa de Daland, Senta, sus amigas y la vieja nodriza
de Senta, Mary, cantan mientras trabajan con sus ruecas ("Coro
de las Hilanderas"). Solamente Senta, la hija de Daland, no
hila; su preocupación se centra en un cuadro colgado en la pared
y que representa al Holandés errante. Mary la regaña por su
ociosidad, y las amigas la embroman por su interés en el Holandés,
cuando tiene un pretendiente, Erik, el cazador. Senta pide a Mary
que le cuente el relato del Holandés, a lo que la anciana se
niega, por lo que Senta canta sobre la maldición y la esperanza
de redención ("Balada de Senta").
Las amigas se le unen en su canción. Finalmente a Senta le
asalta la idea de que ella podría ser la mujer que salvara al
Holandés, ante el espanto de todos los presentes, incluido Erik,
que acaba de entrar y ha escuchado la balada de Senta. Erik dice
entonces que el barco de Daland está entrando a puerto, lo que
causa la alegría de todas las muchachas, que esperan volver a
ver a sus amigos los marineros, en tanto que Mary les recuerda
sus deberes domésticos.
Salen Mary y las amigas de Senta y queda ésta a solas con Erik.
En un dúo, él pide a su amada que le prometa serle fiel, pero
ésta rehúye la respuesta y sólo manifiesta su deseo de salir
en busca de su padre. Habla a Erik de su compasión por el Holandés:
se siente profundamente preocupada y refiere el sueño que ha
tenido, en el cual vio a su padre que llegaba con el Holandés, y
que vio también cómo ella y el marino errante se abrazaban y se
marchaban juntos. Y termina diciendo que está segura de que su
destino le lleva a salvar al Holandés, lo que provoca la
desesperación de Erik.
Sola en escena, Senta canta delicadamente el estribillo de su
balada; se abre entonces la puerta y penetra en el escenario su
padre, acompañado del Holandés. Los ojos de Senta permanecen
clavados en los del marinero, mientras que su padre la saluda.
Daland se siente desconcertado al ver que su hija no corre a
abrazarlo, como solía hacer; después, hace un elogio del
huesped, pidiendo a Senta que lo reciba con afecto y que
consienta en ser su esposa. El Holandés y Senta siguen mirándose
fijamente el uno al otro, como embelesados, en un silencio
expresivo. Daland, perplejo y no demasiado complacido por su
aparente frialdad, se marcha, dejando solos a Senta y al Holandés.
Éstos, como fuera del mundo, apenas pueden creerse que sus sueños
van a poder cumplirse. Y su mutuo amor aparece sin duda alguna:
"Wie aus der Ferne" ("Como si de lejos").
Cuando Daland regresa muestra su satisfacción al ver que su hija
ha aceptado al Holandés como su futuro esposo y que podrá
anunciar el compromiso en una fiesta.
ACTO III.-En la bahía, visible desde la casa de
Daland, aparecen los dos navíos. El del Holandés envuelto en
una quietud espectral, el de Daland lleno de luces, bajo las
cuales los marineros cantan y bailan con entusiasmo: "Steuermann,
lass die Watch" ("Timonel, deja la guardia"). Las
jóvenes noruegas llegan portando alimentos y bebidas. Piensan
hacer también partícipes de ello a los marineros del silencioso
barco holandés (los noruegos atribuyen el silencio de los
tripulantes a que están sedientos), pero no obtienen respuesta
alguna a sus llamadas, que repiten una y otra vez, cada vez más
alto. Finalmente, se sienten llenas de miedo, especialmente
cuando los marinos noruegos sugieren jocosamente que este barco
recuerda el del legendario Holandés errante.
Cuando los marineros noruegos han saciado su hambre y su sed se
acercan al barco holandés. De repente aparece a bordo de éste
una siniestra llamarada azul; la espectral tripulación vuelve a
la vida, entonando un salvaje coro, mientras los vientos silban y
el mar se encrespa alrededor del navío. Los marineros noruegos,
confusos y asustados, reanudan sus cánticos. Finalmente,
pensando que aquello sea cosa del diablo, hacen la señal de la
cruz y se alejan, ante las carcajadas espectrales de la tripulación
del barco fantasma.
La calma renace en el momento preciso en que Senta sale de su
casa, seguida por Erik, muy agitado, que le reprocha su conducta
hacia él. Le pide que recuerde la promesa de eterno amor que
Senta le hizo y que ella recuerda con terror. Erik vuelve a
recordar a Senta sus solemnes promesas. Se acerca ahora el Holandés
(en el que Erik reconoce al hombre de los sueños de Senta, cuyo
rostro era el mismo del cuadro colgado en la pared), escucha la
conversación entre el cazador y la muchacha y cree que Senta no
es sincera con él, e inmediatamente determina hacerse de nuevo a
la mar. Cuando el Holandés la recrimina por su supuesta
deslealtad, ella le pide que se quede, mientras Erik ruega a
Senta que deje que el Holandés se marche.
Antes de partir, el Holandés comienza a decir a Senta quién es
él; ella le responde que ya lo sabía y que intenta salvarle de
la terrible maldición. Ante Daland, los marineros noruegos y las
muchachas, que han salido rápidamente, proclama su identidad
como el Holandés errante. Entretanto, su tripulación se prepara
para zarpar; él se sube al barco y éste inicia su salida. Senta
entonces, se sube a un acantilado y llama al Holandés; después
se arroja al mar. En ese instante, el barco fantasma es tragado
por un tremendo remolino. En la luz del atardecer, los espíritus
de Senta y del Holandés errante surgen de los restos del barco
naufragado y suben a lo alto.
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