Turandot
Ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini (1858 - 1924) que dejó al morir la partitura inconclusa. Por esta razón el final de la ópera fue encargada a Franco Alfano quien disponía de los esbozos de Puccini para acabarla. El libreto fue obra de Giuseppe Adami y Renato Simoni, basado en la obra teatral homónima de Carlo Gozzi.El estreno tuvo lugar el 25 de abril de 1926 en el Teatro de la Scala de Milán.
Personajes
| TURANDOT ALTOUM TIMUR CALAF LIÙ PING PANG, PONG |
Princesa China Emperador de China Rey Tártaro Destronado Hijo de Timur Esclava de Timur Ministro Ministros |
Soprano Tenor Bajo Tenor Soprano Barítono Tenores |
La acción tiene lugar en Pekín, en una época indeterminada
ACTO
I.- Junto a la
muralla de Pekín, un mandarín da lectura a un decreto ante el
pueblo allí congregado. Según la ley, dice, la princesa
Turandot sólo se casará con el príncipe de sangre real que sea
capaz de resolver las tres adivinanzas que le propongan; el
fracaso en la empresa supone a la vez la muerte, y ésta es la
pena que aguarda al príncipe de Persia, que ha fracasado en su
intento. El pueblo pide la sangre del príncipe; los guardias
empujan a la multitud, que a su vez va en tropel hacia el palacio,
gritando el nombre del verdugo, Pu-Tin-Pao.
En el tumulto ha caído un anciano. La esclava Liu, su devota
compañera, pide ayuda a un hombre, el Príncipe Desconocido.
Este reconoce en el anciano a su padre, Timur, y Timur a su hijo
(son fugitivos de su país, huyendo de un usurpador al trono, y
han de permanecer incógnitos). Mientras sigue oyéndose como
fondo la sed de sangre de la multitud, Timur cuenta a su hijo cómo
ha sido cuidado por Liu, y ella, a su vez, explica su actitud: en
una ocasión el Príncipe le dirigió una sonrisa.
Se inician los preparativos para la ejecución. La cuchilla es afilada ante los ojos de la multitud, que no cesa en sus salvajes cánticos. El tono violento desciende cuando empieza a caer la noche, en espera de que salga la luna, pero de nuevo vuelven a reclamar a Pu-Tin-Pao. Se oyen voces infantiles y después aparece el cortejo. Ahora el pueblo, al ver el pálido semblante del joven Príncipe de Persia, pide piedad para él, y a estas voces se une la del Príncipe Desconocido. Aparece Turandot en un balcón del palacio. Todos los presentes inclinan sus cabeza, menos el verdugo y los dos prmcipes. Turandot hace un gesto expresivo, indicando que se cumpla la sentencia, sin pronunciar una palabra.
El Príncipe Desconocido ha quedado deslumbrado ante la belleza de Turandot. Cuando pasa el cortejo, con los sacerdotes, el Príncipe decide quedarse allí a pesar de las súplicas de Timor y de Lius. En la lejanía se escucha la voz del Príncipe de Persia: "¡Turandot!" y el vocerío de la multitud cuando ha sido ejecutado. El Príncipe decide presentarse a la prueba y hace sonar el gong ceremonial para anunciarlo.
Ping, Pang y Pong, tres de los ministros de Turandot, vestidos con grotescas máscaras, interceptan el paso del Prmcipe y tratan de disuadirle de su propósito. Ping dice que Turandot no es más que una mujer como las otras y que no merece la pena arriesgarse por ella, ya que su suerte será la misma que la de los otros pretendientes. Su charla es interrumpida por las sirvientas de Turandot, que les ordenan silencio.para no turbar el descanso de su dueña. Pero pronto los ministros reanudan su charla. La sombra de los pretendientes de Turandot, muertos en el intento de conseguirla, vuelan sobre ellos. Finalmente, el Príncipe ahuyenta a las "máscaras", pero su padre y después Liu ("Signore, ascolta" "Escucha, mi señor") tratan de disuadirle, diciéndole que los dos morirán si el Príncipe persiste en su actitud. Él se conmueve ante los ruegos: "Non piangere, Liu" ("No llores, Liu"), pero sigue firme en su resolución, por lo que los cinco le piden que abandone su empresa, petición reforzada por voces ocultas que le advierten de una muerte segura. En el momento más elevado, el Príncipe llama por tres veces a Turandot y golpea, también por tres veces, el gong, comprometiéndose como pretendiente a la mano de Turandot o a la muerte.
ACTO II.- En un pabellón, Ping, Pang y Pong están haciendo los preparativos necesarios para unos esponsales o para un funeral; recuerdan tranquilamente los días felices anteriores al sangriento reinado de Turandot. Ping recuerda su casa junto al lago de Homan; Pang sus bosques de Tsiang, y Pong su jardín en Kiu. Y piensan en los innumerables pretendientes de Turandot que han sido ejecutados, imaginando los felices que serían si llegara el momento en que tuviesen que preparar un lecho nupcial en vez de un cadalso para la ejecución. Los rumores que llegan desde palacio y la multitud que empieza a congregarse les hacen volver de nuevo a sus tareas.
La escena es ahora en una plaza
ante el palacio, mientras la multitud se congrega para presenciar
el desarrollo de la nueva pretensión. En lo alto de una
imponente escalera aparece el anciano emperador Altoum, sentado
en un alto trono; la multitud se postra ante él. Con voz débil
y temblorosa, trata también de disuadir al Príncipe, pero
tampoco lo consigue. Como en ocasiones anteriores un mandarín da
lectura al decreto y se oyen voces infantiles llamando a Turandot,
que entra, ahora vestida de oro. En su aria "In questa
reggia", explica las razones de su bárbaro edicto: lo hace
en venganza de lo que acontenció hace muchos miles de años,
cuando una princesa fue raptada y violada cruelmente por un bárbaro.
Con aire amenazador aconseja al príncipe que no siga adelante,
pero él insiste en su propósito con aire determinado.
Turandot plantea la primera adivinanza; el Príncipe responde rápidamente:
"Esperanza". Los ancianos abren sus rollos y comprueban.
La respuesta es correcta. La segunda adivinanza tiene también la
respuesta adecuada: "Sangre". La expectación de los
asistentes sube de grado. Ante la tercera pregunta: "Gelo
che ti da foco?" ("¿Cuál es el hielo que te inflama?"),
el príncipe duda un momento, pero pronto responde: "Turandot".
Ante la alegría de todos, el Príncipe ha triunfado. El
emperador y el pueblo declaran que el juramento obliga y Turandot
debe aceptarlo.
Ella protesta ásperamente y pregunta al príncipe si la quiere
conseguir por la fuerza, a lo que él replica que no y le ofrece,
a su vez, una oportunidad de quedar libre: si descubre su nombre
antes de la siguiente mañana, el Príncipe está dispuesto a
morir. El Emperador ruega para que esa mañana el príncipe se
convierta en su hijo. Cuando la corte se retira, el pueblo vuelve
a postrarse ante ella y canta en su honor.
ACTO III.-
Estamos en el jardín del palacio. En la distancia se oye a los
heraldos que proclaman una orden de Turandot: "Nessun dorma"
("Que nadie duerma"); el nombre del Príncipe debe ser
descubierto bajo pena de muerte. El Príncipe recoge las palabras
en una aria a la que se une un coro de voces entre bastidores. Se
acercan Ping, Pang y Pong, tratando de persuadirle de que
abandone su intento, que está llenando de terror a Pekín, para
lo que le ofrecen bellas muchachas y cofres de oro y joyas. También
el pueblo se une a la petici6n de los tres nobles, pero el príncipe
sigue firme en su pretensión.
De repente, entra un grupo de
soldados llevando con ellos a Timur y a Liu, que habían sido
vistos antes con el príncipe: "Eccolo il nome" ("Aquí
está el nombre"), exclaman. El Príncipe dice que ellos no
saben nada, pero el pueblo no hace caso. Se pide la presencia de
Turandot. Ping se ofrece para arrancarles el nombre; entonces Liu
se adelanta y dice que sólo ella lo conoce. El pueblo pide que
sea torturada; Ping pregunta el nombre una y otra vez, pero a
pesar de ser sometida a crueles torturas Liu no responde. El Príncipe,
presente e impávido, no interviene.
Turandot pregunta a Liu qué es lo que la hace tan fuerte; ella
responde: el amor. Prosiguen las torturas y aparece el verdugo.
Entonces Liu dice que hablará. En su aria "Tu che di gel
sei cinta" ("Tú, que estás rodeada de hielo")
predice que Turandot cederá finalmente ante el príncipe, así
como su propia muerte. Y sacando un puñal se da muerte, cayendo
a los pies del príncipe, sin haber revelado su nombre. Timur,
desesperado por la pérdida de la muchacha, toma su mano: "Liu,
bonta. Liu, dolcezza" ("Liu, bondad; Liu, dulzura").
La multitud, ahora arrepentida, pide al espíritu de Liu que los
perdone.
(Aquí termina la música
compuesta por Puccini).
Salen todos, excepto el Prmcipe y Turandot. É1 recrimina a
Turandot por su dureza, y Turandot, que al principio rechaza al
pretendiente, diciendo que ella es sagrada y que no debe
profanarla, acepta que él la bese apasionadamente. Mientras se
escuchan a lo lejos unas voces femeninas, Turandot empieza a
ablandarse. Un coro infantil entona un himno a la mañana.
Profundamente consternada por haber sido vencida por el Príncipe,
Turandot llora por primera vez. Y le pide que la deje, victorioso,
pues aún no ha podido conocer su nombre, pero él entonces se lo
dice: Calaf, hijo de Timur; ahora ella, si quiere, puede matarlo.
La breve escena final ocurre ante el palacio en donde la mutitud
rinde homenaje al Emperador. Turandot trae a Calaf, y dice a su
padre que ya conoce el nombre del extranjero: "Il suo nome e
Amor" ("Su nombre es Amor"). El pueblo canta lleno
de júbilo.
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