El `arriot´ del idioma valenciano
Ricardo García Moya
Al regreso del estival exilio sintonizo la academia de catalán Canal 9 y, estupefacto, veo una especie de meló d´Alcher en dents de conillet que fingix defendre la llengua valenciana en el parlament autonómic; pero el homenet, ademes de parlar en la preposició catalana "amb", amaga que'1 PP d'Apocalipsis Camps seguix imposantmos el catalá en coleges , Administració y mijos de comunicació. Estos sanguangos fan lo mateix que faria l'arriot Carod Rovira. Per eixemple, la web "Buscam'm. Generalitat Valenciana" mos advertix que es "imprescindible" per al que vullga ser funcionari el estudi de llibres del IEC. Siguiendo el consejo de Apocalipsis consulto la voz "arriot" en los diccionarios catalanes de su web. Allí, en el Alcover, leo que significa "asno gordo y hombre grosero", siendo voz mallorquína (¡uuum!, ¿no fue horneada esta ensaimada por el pastelero Sanchis Guarner en Mallorca?) ¡Ojo! No debemos ingerir la cicuta idiomática de Apocalipsis Camps. Para empezar, "arriot" es creación del idioma valenciano, aunque proceda de "arri", voz prerromana de padres desconocidos que pululaba desde Italia hasta las mezquitas del integrismo marroquí. Mientras que el arriot supuestamente mallorquín aparece en el siglo XIX, el polisémico arriot valenciano ("estaca", según Escrig) lo documentaba Peñarroja en 1611. ¿Pudo llegar con los emigrantes mallorquines tras la expulsión de los moros en 1609? No, ya que era anterior en valenciano, como demuestra el proceso celebrado en Oriola en 1603 contra Pascual Almodóver "y els quatre arriers" que, mediante un "billet scrit per lo Notari als Justicia y Jurats de Oriola", debían llevar "uns arriots carregats de forment y civada a Oriola" (AHO, Llib. 2236, 16 setembre 1603). Tanto "arriot" como "arrier" eran voces valencianas creadas a partir del preexistente arri (y variables urri, arre, etc.), usual en viejos textos italianos, castellanos y franceses (Rabelais, hacia 1530, aún usaba "arri"; y Lope de Vega escribe urri por el 1600). El sagaz Coromínas reconocía que "arrier" era sólo valenciano, no catalán; aunque lo consideraba "recent" (DECLLC), pero ya vemos que en 1603 estaba arraigado.
Nos hallamos cercados por una plaga de filólogos fascistas que manejan el idioma como arma del expansionismo catalán, aunque los celos entre ellos venteen su hediondez. Así, en relación al tema, hagan un esfuerzo por entender esta denuncia de Corominas contra el diccionario Alcover que recomienda Apocalipsis Camps: "Es un error de Alcover poner en el artículo arriot un hápax con significado de burla o jarana que encuentra en un libro de Pous i Pagés, y a base de ello decir que la voz balear arriot se pronuncia tal o tal en los dialectos oriental, resellonés y occidental, donde no ha existido jamás en absoluto. En el libro de Pous se trata de una variante poco conocida y sin comprobar de "riota", derivado de reír y sin relación con aquello" (DECLLC). Hasta aquí la cita del Corominas. Es decir, que Alcover y Sanchis Guarner localizaron en un libro de 1904 -escrito por el colaborador del Avenç y protofasciata Pagés- la voz "arriot", a la que atribuyeron valor de hápax (palabra que se documenta una sola vez), cuando en realidad valía menos que un tampax usado, al ser vulgarismo derivado del catalán "riota" (carcajada, en castellano; "carcallá", en valenciano). Con el valioso hápax como banderola, Alcover y Sanchis Guarner comenzaron a disparatar -según denuncia Corominas- y a inventar que arriot se pronunciaba de tal o cual manera en Lérida, Barcelona, Perpinán, etc. Todo era fantasía fascistoide. Se equivocó Alcover, sí, pero también patinó Corominas al desconocer que "arriot" era voz valenciana que, como otras tantas, se incorporó al mallorquín siglos después, quizá por las relaciones entre los emigrantes del Reino de Mallorca llegados a Valencia hacia 1617. Muchos eran marineros y pescadores que, con sus barcos, mantendrían contactos con los familiares que dejaron en las islas. Por cierto, "arriot" también figuraba en el Llibre del Mustasaf d'Elig. Los disparates de Alcover, Sanchis Guarner y Corominas no son excepciones. Por todas partes aparecen asnos o arriots con birrete diciendo mil sandeces que, casualmente, adulan a catalanes y denigran a valencianos. Así, la parnasiana revista Insula dedicaba este verano un erudito número a "Las letras en tomo al trono" en la época de Isabel I (1451-1504), donde citaban al papa Borja ocultando su valencianía, pero destacaban que el catalán "Pere Miquel Carbonell pasa a convertirse en bibliotecario de Alejandro VI; escribe en catalán" (Codoñer, C.: Insula, Agosto 2004, p. 4). Esta codonyera catedrática ignora que el archivero Carbonell jamás salió de Barcelona y, por ende, no pudo regir la biblioteca romana del lujurioso pontífice. El no menos áureo Diccionario de Literatura Popular Española (Salamanca, 1997), obra colectiva de sesudos catedráticos universitarios, también relincha al tratar sobre la literatura popular barroca: "Coloquio. En valenciano: col-loqui, col-loquier" (p. 63). ¡Qué cuadrúpedos son! Jamás ha existido en idioma valenciano la puñetera grafía del puntito y la ele geminada, gilipollez barcelonesa que llegó a lomos de los floralistas de fines del XIX. (Por cierto, en el citado diccionario colabora la procelosa Evangelina Rodríguez). ¡Y qué me dicen de la Historia de España de El Mundo! Mejor sería llamarla Historia fantástica de Cataluña. En el tomo regalado, el 5°, además de usar ilustraciones catalanas, está plagado de putaditas hirientes: hablar de "payeses" valencianos (p. 214); cambiar a San Vicent Ferrer por el catalán "Vicens" (p. 552), Giner Rabaça por Gener (p. 88), etc.
También dicen que consumíamos fideos llegados de Italia (p. 198). ¡Cómo rebuznan estos tíos de El Mundo! Ignoran que éramos fabricantes de fideos en el siglo XIV y que el sustantivo "fídeu" fue creación del idioma valenciano y de procedencia mozárabe; luego pasó al castellano, portugués, catalán, italiano, etc. (Lo reconoce hasta el mangante Corominas: DECLLC, t. III, p. 1014). Es delirante. ¿De dónde saca El Mundo la existencia de un "florín catalán" (p. 62) en la Edad Media y Renacimiento? Hasta la fecha nadie ha encontrado ninguna pieza acuñada donde aparezca el nombre de Cataluña en tales siglos. Y todos callan ante estas agresiones. Quizá esto explique que la gente "progre" desprecie hasta su nacimiento en Valencia, como hace la grasienta escritora Lucía Etxebarría en El Mundo, cuando reafirma que "nació casualmente en Valencia, pero vitalmente en Bilbao, 1966". No la voy a llamar arriot, aunque no sé por qué la apodaron en el colegio "Lucía la Puta" (p. 39) y, su propia hermana, "comenzó a llamarme Mariquita" (sic), según confiesa la bilbaína de Valencia. Ya lo ven, Apocalipsis Camps baila alegre la danza macabra del Reino junto a Inmersiomán Pons, mientras nos destruyen los arriots, filólogos fascistas, mariquitas y melons d'Alcher.
Diario de Valencia 26 de septiembre de 2004