El `chorret´ de Julio de España
Por Ricardo García Moya
Subiendo al Chorret de Catí, junto a Castalla, sentí asco. El día anterior (26/02/ 03) había estado el presidente de la Diputación de Alicante, Julio de Eapaña, inaugurando el Monumento al Ciclista, en una jornada a la que llevaron niños de 40 colegios. Los alumnos aprendieron que, en catalán, se debe escribir “Xorret”, gracias a los rótulos que la Diputación ha distribuido por la ruta ciclista. No queda espacio topográfico, lúdico, pedagógico o virtual que el PP no haya catalanizado desde que, hace cuatro años, obtuvo la mayoría. Los cartelistas de las instituciones regidas por el PP han saturado el paisaje urbano y rural de léxico y morfología del Institut d’Estudis Catalans; de ahí que afirmen que la “ch” no existe en “la nostra llengua”; es decír, la lengua catalana de Camps, Pla, Canut y el esclafa-bicicletes del Bloc.
Hace años, Corominas daba a conocer un manuscrito de Guadalets, fechado en 1589, donde la “ch” de “chorro” hacía acto de presencia: “bancalets del chorro” (DECLLC). El etimólogo se sorprendió, ya que el verbo valenciano “chorrar” no existe en catalán, salvo en puntos de la ruta valenciana a Lérida. La traducción de “chorrar” al catalán es “rajar”, verbo que el dúo Tarancón-Lacreu ha metido en el traductor de falso valenciano SALT, para “dignificar la llengua”, que equivale a obedecer al IEC. Así, la dignificación de “chorret” consiste en cambiar la “ch” por la “x”, olvidando que nuestros dignos antepasados la usaban: “la sanc estava chorrant” (Porcar: Ms. Coses, 1615); “una font de vi, dos o tres chorrolls” (Mendoça: Festes del Conv. Carme, 1622); “per lo chorro” (Exulve: Praeclarae, 1643); “lo cel chorrant” (Serres: Academia a Carlos II, 1669); “tot chorrant” (Sansano: Una sublevació en Jauja, Elig 1896); “de hui e chorrant sanch” (Sentiment y aconhorts de Mon Senyor, 1755); “du sempre chorrant el dit” (El Tabalet 1847); “chorrar més sanc”(Lier: La mona de Pasqua, 1862 ); “chorren com dos canals...em cau a chorros” (Campos: El gallet de Favareta 1896); “com chorrosos els tens ara” (Bellido: Un francés de Rusafa 1876); “d’oli, pósali una chorritaeta” (Llombart: Abelles, 1878); “chorrar, chorro, chorroll, chorrollós” (Fullana: Voc. 1921); “li caiguen els chorritons damunt” (Peris: La bolcheviquí, 1932), “chorrar, chorro, chorret” (Dicc. RACV, 1997); “chorrar” (Castellano, Miquel: La conjugació verbal valenciana. 2001).
La que no existe es la grafía “xorrar” que imponen los políticos como Canut, Camps, Pla o Rita (valencianista de mascletá y fútbol, pero más catalanera que la Ferrussola en el idioma). En consecuencia, el verbo valenciano “chorrar” (¿onomatopéyico?), equivale al castellano “chorrear” y al catalán “rajar”. Algún día, recobrada la dignidad, leeremos Chorret de Catí cuando los de la Vuelta a España escalen la atroz pendiente. Al topónimo Chorret de Catí, por la ch, asocio el valenciano “Chinchilla”. En 1573, las órdenes para la custodia de la costa del Reino mencionaban las torres de Sant Vicent y Colomer, cercanas a Castellón; construcciones que son llamadas “fortalees”; desde ellas, los soldados valencianos vigilaban hasta el “Barranc de Chinchilla” (Ord. Cust. R. Valencia. 1573, p.34). Eran tiempos en que Cervantes ensalzaba la “melosa lengua valenciana” y, por suerte, no existían los cartelistas de la Generalidad, que habrían escrito “fortalesas i Xinxilla”, como dicta el amo IEC.
En estas ordenanzas se exigía que los soldados indignos devolvieran lo cobrado y, lógicamente, eran apartados de la milicia: “perden tot lo que haurán guanyat, y sien despedits” (Ord. p. 8). No era mal sanción. Si hoy gobernaran las autoridades de 1573, cuando alguno miembro de la AVL (pagados para defender el idioma valenciano), despreciara voces como “despedit, chorret, fortalees, Chinchilla, tot lo que...”, sustituyéndolas por catalanismos como “acomiadat, xorret, fortalesas, Xinxilla, tot el que...”, le aplicarían la sanción citada. Un escrito de la Generalidad, actualizado léxicamente con delicadeza y educación, le comunicaría al colaboracionista su cese. Esta podría ser la fórmula protocolaria: “iChe, Safanoria, agarra la porta, tórnamos els millons y vesten a catalanisar la figa de ta tia”. Igual medida debiera adoptarse con las joyas catalaneras de Canal 9 y Punt 2.
Respecto a los mozarabismos “chinche, chincha, chinchilla” (del latín cimex), a mediados del XV ya presentan la morfología valenciana: “chinches, menjant” (Roig: Espill, 1460), manteniéndose hasta nuestros días: “chinches” (Pou: Thesaurus, 1575); “puses, chinches” (Coloqui del tio Pelut, Sardineta y Polsera, 1801); “polls, llémenes y chinches” (Conv. de Saro. 1820); “chinches” (Lamarca: Dicc. 1839); “chinches i caparres” (DRACV, 1997). La fijación morfológica de un topónimo como “barranc de Chinchilla” en el 1500, apoya la tesis mozárabe de Corominas. El femenino “chincha” también fue usual hasta nuestros días: “la pusa, la chincha” (Baldoví: El virgo de Visanteta, 1845); “chincha” (Fullana: Voc. 1921); “chincha” (DRACV, 1997); incluso el apellido aparece con la palatal africada sorda: “no mos falta así un Chinchilla” (La nit que venen els musics. Alcoy, 1855). Los funcionarios CCCC (comen, cagan, copulan y catalanizan), imponen “xinxa” o, por ejemplo, el catalán “cursa de braus i cavalls”, despreciando el valenciano “correguda de bous y carrera de cavalls”. Casualmente, en las ordenanzas de 1573 leemos que el caballo valenciano de guerra debía tener “bona carrera y que paren be” (Ord, 1573, p.8), cualidades para el ataque y defensa. Un CCCC lo cambiaría por “bona cursa i atura”; en contra del idioma valenciano, como refleja este texto renacentista: “Fet haveu carrera vana, cavall sou que mol se toca de llauger” (Milá: El Cortesano, 1561); o en esta metáfora sobre la velocidad en la carrera: “fet aguila en la carrera” (Gonçalez: Sacro Monte, 1687).
Respecto a “cursa de Graus”, Corominas decía: “correguda, voz que permanece vigorosa en el Reino de Valencia, especialmente en acción de correr en competición...sería recomendable desprestigiar el uso del galicismo cursa, en beneficio de la unidad de la lengua” (DECLLC). Estos tíos del lEC son casi más retorcidos que el Carrascosa, pues desprestigian o dignifican vocablos por motivación política ¿entienden de dónde viene lo de “dignificar” el idioma? Los CCCC cambian “chorret” por “xorret”, “baix” por “sota”, “despedit” por “acomiadat” y, al final, tras miles de “dignificaciones”, obtienen la unidad de la lengua y, a la vuelta de la esquina, la Gran Catalunya. Como información confidencial ¡chisss!, les revelo el texto completo de cierto cartel de un ex Inmersiomán: “Cumplimos (con CIU) y avanzamos (con el catalán)”.
Diario de Valencia 23 de marzo de 2003