Salvador Poveda: tintorros y banderolas
Por Ricardo García Moya
El financiero Eliseu Climent, con todas las subvenciones del orbe, defeca semanalmente su revista catalana El Temps en los centros de enseñanza valencianos controlados, por Inmersiomán y, hasta hace días, con esta oferta: “Subscriu-t´hi. El Temps regala dues ampolles de vi de Salvador Poveda”. En la publicidad que observan los menores -incitándoles al alcoholismo-, vemos “les dos botelles de vi” con etiquetas donde aparece una mujerona de hacia 1900 arrastrando la márfega de cuatro barras. La tetuda y el banderol enmarcan el texto: “Vinya Vermeta. Reserva 1990. Monastrell. Salvador Poveda. Monòver. Alacant”. El montaje, ingenioso, asocia el vino valenciano de Monóvar (como diría Azorín), a la lengua y bandera catalana (por cierto, en su último número, El Temps trata sobre el reino “catalá” de Murcia).
Abajo, toneles y garrafas; arriba, en el despacho, Salvador Poveda trabaja como un currante. Son las 10 de la mañana y, en Monóvar sólo tenemos 4 grados en este lluvioso 19 de febrero. El rostro del triunfante bodeguero -exporta tres millones de botellas-, recuerda el pintado por Picasso a Gertrude Stein, la norteamericana que optó por invertir en óleos del malagueño en 1906, cuando era un desconocido. Salvador está desconcertado y, sonriendo, dice: “Vosté es d’eixos que escriu llibres... “. Piensa que soy pluma enológica de las que, frecuentemente, busca recompensa por halagar caldos bodegueros. Aclaro el equivoco: “Yo parle be del vi de vosté, pero no de les quatre barres del anunci... “. El empresario, serio, contesta: “Es una opció”. Una opción difícil la del mercado condal, allí siempre escogerán el tinto Empordà o el blanco Penedés, por mucho que envuelva el Vinya Vermeta en bandera ajena. El diseño de la etiqueta, me dice Salvador, es iniciativa de su hermano Rafael, detalle que confirma la Imprenta V “congelat que truca a lidal de Monóvar. Frente al mercado, los rótulos de una furgoneta: a porta. Nou catàleg, tardor”, me hacen comprender que la culpable de estas salvajadas es la Generalidad del PP y su locura de catalanizar “etiquetatges i rètols”.
El genio y copropietario del vinorro es Rafael Poveda, que ampara en su web a gente como los de la “Associació Cívica El Bull de Monòver”, defensora de la bandera catalana que usa Poveda y del idioma norteño: “Com es diu aquesta llengua?: Llengua catalana” (web. Rafael Poveda/elbull). Entre los adoradores de Baco está Pedro González Prats (Valencia, 1945), autor de “El fondillón” (Ed. Aguaclara. Alicante, 1995), donde encumbra a Rafael Poveda y se hace con las citas un lío al considerar más antiguo “El espill que el Crestiá. Valenciano de raíz burgalesa, se siente “levantino” (p. 17), y copia a historiadores que catalanizan hasta la uva monastrell, “traída décadas atrás por los soldados de la expedición catalana a Oriente” (p. 101). ¡Ay, lo que tenemos que leer! La pandilla de asesinos sodomitas que viajó a Grecia era llamada “Compañía de los francos”, luchaba por el rey de Aragón y también iban valencianos; aunque los cronistas medievales catalanes se la apropiaran.
Divulgador de las excelencias de los vinos de Rafael Poveda, escribe en catalán “Mutxamel”, grafía inexistente (“Muchamel” en todos los textos valencianos: Archivo Mun. de Alicante, Ms. del Loreto de Muchamel, etc.), pero es cauto respecto al nombre del territorio donde nació: Reino de Valencia o Comunidad. Miembro de “El cau del vi d’Alacant”, a Pedro González le gusta más lo de País Valenciano; y es que, en ambientes de progresía tintorra alicantina (con mucho manchego y murciano), es mejor hablar de cultura mediterránea, levantina, catalana o mandinga, pero no valenciana. De su Valencia natal selecciona una reciente traducción al catalán del viaje de Casanova (Prensa Catalana, S. A. Barcelona, 1989); que, casualmente, es la que más despreciativamente juzga a la capital del Reino en todo el siglo XVIII. Pese a lo dicho, el libro de Pedro es interesante y documentado; incluso recoge que “fondillón” derivaría de fondo, voz valenciana perseguida por esa leyenda urbana llamada Tarancón Inmersiomán.
La web de Poveda incluye un texto de Consuelo Payá en catalán (“caputxins, altra, fons, aquestos...), donde analiza un “Fons antic” parroquial. La voz era válida en función locativa: “fondo d’un sequiol”; valor económico: “els fondos que tens en la vedriola”; o documental: “fondo antic del archiu” (no el arcaísmo y catalán “fons”), siendo de procedencia mozárabe valenciana, según Corominas. Su uso ya era patrimonial en el lejano 1400, al utilizarla Sant Vicent Ferrer: “lo vall fondo” (Sermons, I, 247, 31), y Roig “fondo com pou” (Espill, 1460); ampliando su campo semántico posteriormente: “mils de duros dels fondos municipals” (Semanari El Pare Mulet, 1877, p. 69). El vocablo, como reconoce Corominas “comença a passar l’Ebre” en el XV; es decir, se propaga desde el Reino de Valencia al País Catalán por la ruta valenciana a Lérida.
Los derivados de fondo abarcaban desde la toponimia a la enología: “la vianda devalIada al fondo” (Alcanyis: Regiment, 1490); “clots fondos” (Martorell: Tirant, 1490); “aquell riu fondable” (Obres llaors St. Cristofol, 1498); “lo més fondo” (Pou: Thesaurus, 1575); “al moro a fondo llançau” (Gómez: Fiest. S. Luys Bertrán, 1609); “en ton fondo el Deu Neptú” (Salzedo: Vida de H. Simón, 1614); “en lo mes fondo del cor” (Mendoça: Fiestas Conv. del Carmen, Valencia. 1622); “vi fondollolet” (Rahonament Jurat de Vinalesa, 1643); “molt fondellol sol tornarseli vinagre” (BUV Morlá: Ms. 666, h. 1649): “Mconeixes ben a fondo... pera poder fondechar” (Conv. de Saro, 1820); “tindrás fondos” (Bernat: Un ensayo fet en regla, 1845); “dels seus fondos” (Boix: S. IV St. Vicent 1855); “un fondo fará” (Llorens: Tona y Toni, Alcoy 1871); “llibrell fondo” (Escrig: Dicc. 1887); “fondellol, vino de Alicante” (Escrig: Dicc. 1887); “el fondo de la part de Benalúa” (Semanari El Cullerot, Alacant, 17 abril 1898); “fondellol, vino rancio de Alicante” (Fullana: Voc. valenciá, 1921); “fondellol: vi ranci d’Alacant” (Dicc. GAV, 1983); “fondellol, vi vell d’Alacant” (Dicc.. Real Academia Cultura Valenciana, 1997) De momento, los del Institut d’Estudis Catalans todavía no nos han chorizado la voz valenciana “fondellol”, al no figurar en su diccionari (Ed. 1995).
¡Ah, el fondellol! ¿Cuál es el secreto? Según los expertos, estaría en “los elaboradores” (González: El fondillón, p. 1), y su “esfuerzo cotodano” (sic) ¡Che, qué misteris! Esta boirosa paraula, “cotodano”, mos fa compendre a mosatros lo que patix el que fa una botelleta de fondellol y, ademés, la utilitat que pot tindre el llançol de quatre barres pera raere d’eixé esforç. Y encara diu algú que el fondellol de Salvador Poveda es car ¡Home, per favor, tingam caritat!
Diario de Valencia 2 de marzo de 2003