Un escritor caló-valenciano en el siglo XVIII
Por Ricardo García Moya
El idioma valenciano no existe para los estudiosos del caló, sea en revistas de la Unión Romaní dirigida por Juan de Dios Ramírez Heredia, en Barcelona; en Arakerando, de Alicante; o en los ensayos de Ulas Doroshevich, en Rumanía. Todos citan a Cataluña, País Vasco, Andalucía y Madrid como crisoles idiomáticos donde el vasco, catalán y castellano adoptarían influencias mutuas. No hay duda de que los gipsy, egipcianos, calés, gitanos, etc son inteligentes; ninguna Comunidad les publicaría un folio si trataran sobre el prohibido idioma valenciano. En consecuencia, rehuyen citar incluso el Reino de Valencia, pese a que mantuvo y mantiene una inmensa población calé, incluido el primer escritor caló-valenciano (¿hubo otros en caló-castellano, catalán...?), que enriquecería culturalmente tan singular etnia.
En Valencia, el 28 de octubre de 1772, nacía Pasqual Martínez García, hijo de un cordelero. Ya adolescente, aparte de trabajar con su padre, destacó por el ingenio para componer coloquis como el de “Chusep Patricio Vint ungles”, que Escorihuela copia en manuscrito de 1795. ¿Fue Martínez García hijo de matrimonio gitano, o mixto de payo y gitana? Por la profesión del progenitor pudiera ser; el trabajo con esparto, mimbre y similares permite el nomadismo, aunque el dominio del idioma valenciano indicaría arraigo de generaciones en el Reino. Lo que hace singular a Martínez es el uso del caló en “La novela de Cañorra” y “Baltasariyo er gitano”; pero el cordelero también usó el romaní en otras obras. Así, en 1792, Martínez se inspiraba en los ladronzuelos que rondaban por el mercado de Valencia para crear el personaje de Nelo el Tripero; anacrónico pícaro cuya vida transcurre entre pequeños hurtos, oficios efímeros, encarcelamientos en Sent Arcís y condenas en galeras reales. El ambiente social de Nelo es marginal, conviviendo con “morenos” (sic) y calés similares a las “gitanas cezinas” (sic) que, en 1711, vestidas de valencianas y con la excusa de hacer la buenaventura, engañaron a “Sor Manuela Bellvis, carmelita de 27 años, del convento de la Encarnación” (AHN. Inq., leg.527) La simbiosis idiomática se producía en ferias y mercados, o en los calabozos de Sent Arcis; aunque Pasqual procedía de una honrada familia donde, evidentemente, se usaba el caló y el valenciano.
El léxico de Nelo es valioso para la historia del caló. Cuando escribe: “he estat en guajo, o en l’estaribel tancat”, usa el sustantivo “estaribel” (cárcel) en 1792, anticipándose al castellano en un siglo (a.1886), y aún más al catalán (h.1910). Respecto a “guajo” (cárcel, escondrijo o guarida del guaja), al figurar en un coloqui, indica que no era extraño al valenciano del XVIII; anticipándose también a otros romances, igual que sucedió con “guaja” (granuja), no documentado hasta 1896 en castellano, siendo adjetivo frecuente en la literatura festiva en lengua valenciana: “así está el guaja” (Arnal: L’agüelo del colomet,1877); “eixe guaja” (Millás: Els microbios, 1884). Hay quien niega a “guaja” su procedencia caló, atribuyendo origen mejicano; o el de ser arabismo convertido en voz de germanía, incorporada al dialecto gitano en el XIX. Aunque estos etimólogos no tenían en cuenta al calé-valenciano Martínez, que anticipa “guajo” a 1792.
Integradas en la sintaxis valenciana, en Nelo aparecen voces del calé jamás impresas en España. Los gitanos del Reino, merced al decreto de Carlos III (a. 1783), eran reconocidos como súbditos, aliviando el sempiterno estigma de extranjería ¿Motivó esta sensación de libertad la aparición de la literatura caló-valenciana? Martínez fue el primer valenciano que cultivó este idioma, y no sé si el vasco, gallego, catalán y castellano tendrán una figura equivalente. Así, Martínez usa “choro” (lladre), derivado del sanscrito “çorayati”, en versos que no admiten duda sobre el significado: “escomensí carrera / y ixquí un choro tan probat, / quem feren entre atres pillos...”. El “choro” describe su botín: “agulles, pintetes... les bolchaques en redó / en monedes y dinés”. Otra voz insólita en las neolatinas, “churi”, equivalía a cuchillo: “el churi desembainat, / pera asustar a les dones”; igual que “terne”, joven temerario en caló, presente en esta obra maestra de la literatura de cordel: “el terne que ha de ser terne / ha de traguelar el pa”. Hay otras voces dudosas: “naste, nasterá; machalala, playante, etc. Esta última podría relacionarse con “playero: cante parecido a la seguidilla gitana” (DRAE), o “playi”, terquedad.
Aunque no tuviéramos la “Rondalla de rondalles” de Galiana, el coloqui de Nelo llenaría de calidad la Historia de la literatura valenciana del XVIII (sin equivalente en la catalana), aunque las reediciones del XIX, incluida la barcelonesa, catalanizaron su morfología. Desde el acomplejado Llombart al astuto Martí de Riquer, pasando por mi admirado Simó Santonja (que jamás lo haría por catalanismo), hirieron el original; si Martínez escribe “amprar y no tornar”, lo convierten en “emprar i no tornar”; y el “més chulo”, en “més julo”. Hay otros vocablos interesantes en Nelo, como la “granotera”, o vendedora de “granotes”; sustantivo oriundo del Reino y presente en la prosa que Montaner utilizó en su alquería valenciana, o en S.Vicent: “granotes” (Serm. I, 201, h. 1400), o Roig: “granotetes” (Espill, 1460). En catalán, la rana era la “granolla”, voz que fue sustituida por la valenciana en el XV aunque la toponimia recuerda el cambio: Granollers, Granolleres, etc.
A principio del XX, por razones políticas, el calé Tineo Rebollo escribía: “el dialecto valenciano y el catalán se derivan de la lengua madre española” (Gitanos y castellanos, 1909, p. 5). Ahora, por idéntica motivación, el idioma valenciano lo denigran a dialecto de otra lengua. Espero, queridos gitanos, que en la Historia de la Literatura caló dediquéis algún párrafo a nuestro antepasado común, el calé-valenciano Martínez. Y, aunque los comisarios de Inmersiomán os den pelas para que digáis que escribía en catalán, no os vendáis. El coloqui acaba con unos versos sobre el oficio de Nelo en la plaza de toros, la de ir tapando “en arena els charquets de la sanc”. Daos cuenta de que ni “en” es la catalana “amb”; ni “arena”, “sorra”; ni “charquets”, “tollets”; ni sanc, “sang”. Ya acabo, estoy extenuado. Me han regalado 20 ejemplares de “Lletres valencianes”, revista dedicada a promocionar la lengua catalana y en la que figura como máximo responsable Inmersiomán Tarancón. El papel de lujo es muy pesado, y el contenedor más próximo estaba a 200 metros. Hay mucho terne choro vendido al bengue parné. Un riló para ellos.
Diario de Valencia 5 de enero de 2003