Fray Antonio Canals y la Selectividad
Ricardo García Moya
La Gran Enciclopedia Catalana difunde que “la sorprendente distinción entre lengua valenciana y lengua catalana (manifestada por Canals en 1395), no responde a ninguna realidad hoy detectable y sobre la cual los filólogos no han encontrado ninguna explicación”. Quizá, pero los catalaneros que esta semana han examinado de catalán en la Selectividad a nuestros hijos, suspenderían a Canals por usar en 1395 unas singularidades idiomáticas que, tras 600 años, se mantienen vivas en el valenciano; no en el catalán.
Los cuadernos Gripau (sapo, en catalán) que regala la Generalidad del PP a los alumnos, impone la prohibición catalana del “lo”; pero Canals usaba el valenciano y en su prosa leemos: “fama lo dit, lo qual...”. El humanista perfilaba la pluralización en “termens, vergens, jovens, homens...”. ¿Lo ven? Existía diferencia. Hay más. Los sustantivos abstractos en ea (que tanta empeño ponen Radio y Canal 9 en aniquilarlos) abundan en Canals: infantea, bellea, durea, noblea, fortalea y granes (grandea), con simplificación consonántica: “cubert per la granea de les aigues”. Los del IEC pasan por alto más detalles. Canals escribe colps (no cops), darts (no dards), perdua de sanch (no sang) tempestat (no tempesta), madastra (no madrastra) y no rehuye grafías como “desijosa”(no desitjosa) el sustantivo “maestre” o la adjetivación de “experiencia maestra”. Como metáfora moral alude a “les falles del foch” La morfología verbal tendía a diferenciase del catalán y castellano; así, de la 2ª conjugación usa los pendre, apendre, contendre, entendre, defendre compendre...; y el modelo clásico en “sapia, sapies...” (no sápiga, sápigues...) Hay sustantivos entrañables como “isla” voz clásica valenciana que hoy -destrozados por la inmersión catalana del PP- nadie se atreve a pronunciar, igual que su derivado “isleta”. En 1395, la traducción de Canals decía “en la isla dita de Epidauri” Siempre fue viva esta palabra. En el manuscrito valenciano de Poblet (a. 1590), conservado en la Biblioteca Nacional, leemos: “pasá acompanyat de sos vasalls a la isla de Cerdenya” (f. 15); en 1671, Branchart trataba sobre la “Albufera, isles limits”; y tampoco falta en, Llombart: “isla, isleta, islot” (1887) o Fullana: “isla, isleta” (1921). Los diminutivos que aportan flexibilidad y riqueza a la lengua figuran en la traducción: “gran so de tamborets”.
Los comisarios ordenan a los alumnos que en las relaciones circunstanciales de lugar -donde uno se encuentra o sucede algo- jamás se use la preposición “en”. Es decir, para aprobar la Selectividad deben construir “estic a València”. En 1395, Canals lo hace correctamente en idioma valenciano: “en Valencia, lo primer dia de deembre”, “en lo mercat”, “caure en terra”, “en Roma”, “en Africa”. La clásica y griega no podía faltar en la prosa humanística valenciana, “dels temples de Troya”. Por evolución desde el hiato latino, Canals escribe “ley, rey, juy, huy...”, que darían los valencianos lley, rey, jui, hui; y los catalanes llei, rei, judici, avui...
Además de asesor lingüístico de Joan I, Canals fue epicentro de la actividad idiomática desarrollada en la curia valenciana del cardenal Jaime de Aragón. Las labores de traducción al valenciano, promovidas por el prelado, eran acompañadas de estudios gramaticales sobre las lenguas románicas y clásicas, como demuestra una de las joyas de la Biblioteca de Cataluña, el “Lexicón latino-valenciano del obispo Don Jaime de Aragón”. En sus folios hay un interesante conglomerado de adverbios valencianos, provenzales e incluso castellanos con su equivalencia latina: feelment, huy, alarredor (sic), poquetament, ubertament, pereosament (de perea, pereós), etc.
La lengua medieval marcaba diferencias. En el “Libre de les erbes” ( Bib. Nac. París.) un anónimo valenciano escribía “piques esta erba ab sal e u fas ampastre” (f. 15) No se asusten, no me invento la morfología. Allí aparece el demostrativo “esta”, el verbo picar (no capolar), el pronombre supuestamente invariable ho en su forma valenciana “u”, y la vocal abierta en “ampastre”, algo inusual: “mals empastres” (Spill), “empastre” (S.Vicent. Sermons I, 173) La voz permanece viva; pues, entre mosatros: ¿a quí no se li ha empastrat l’arrós en clóchines y cigales? Hay más. En el “Libre de les erbes”, coetáneo de Canals, leemos: “les rahils desta erba”, con el sustantivo valenciano “rails” que el IEC arrinconó por arrels a principios del XX. Más voces del idioma valenciano surgen entre la prosa farmacéutica del manuscrito: enfermetat, uberta, sanch, homens, ix, molt joyoses, embriaguea, vert, colp, redones, durees, aderredor, febra, etc.
Canals escribe “cambi” en 1395, y en el lexicón del obispo de Valencia leemos “entrecambiadament”. El verbo “cambiar” llevaba bilabial (del latín “cambiare”), y así se mantuvo hasta el XIX, cuando la miseria económica y moral hizo prostituirse literariamente a más de un valenciano en los Jocs Fíorals de Barcelona. Los denostados sainetistas, fieles a la lengua, siguieron la grafía culta de Canals, “yo en cambi Ii hu deixe” (Millás: Els microbios, 1884). lo mismo que Escrig, “cambi d’una moneda per atra” (Dicc.1871). Estuvo presente en la lengua renacentista de Esteve, “taula de cambi” (Liber, 1472); y en la popular de la comedia valenciana “Cambiar d’estat”, estrenada en El Dorado de Barcelona en 1901. El idioma valenciano de Canals estaba alejado del actual, pero en él aparecían singularidades que motivaron la distinción respecto al catalán. Nuestro humanista regularizó voces como “elefant”, que aparecían en otras lenguas con morfologías erráticas (aurifant, orifany...) y amplió el léxico con derivados latinos (optar, adoptiu...)
Los catalaneros, al no poder clasificarlo como blavero, no saben qué hacer para anular el testimonio de Canals sobre la distinción entre lengua valenciana y catalana. Un tal Marcet i Salom, para hacer méritos, da a entender que Canals fue un falsario y sugiere que la “seva versió del Valeri Máxim fou la primera i única en catalá” (História de la llengua catalana. Barcelona l987, p.156). Olvida el mequetrefe que la versión fue en valenciano, no en catalán, y que a los Consellers de Barcelona les pareció tan modélica -incluida la alusión a las lenguas- que recompensaron a Canals con 50 florines; detalle impensable si hubiera mentido. El panfleto de Salom se estudia en las universidades de Elche y Alicante, antros donde accederán los que superen la Selectividad y los comentarios que han salido este año: “Introducció a la dialectologia catalana. Barcelona, 1985”, y “El catalá entre les llengues romániques”. Este es el valenciano que impone, con nuestras pelas, el PP de San Zaplana y de la Fura dels Baus.
Diario de Valencia 17 de junio de 2001