Las consonantes y el 118
Ricardo García Moya
En debate celebrado el pasado 15 de enero de 2004 en la Universidad de Barcelona, los Badía Margarit y compañía chocaron aceros de erudición dentro de un límite (el del fascismo expansionista catalán), hasta que un sonriente contertulio habló de la “mafia valenciana”, aludiendo a Antoni Ferrando. ¡Vaya! ¿Se dedica Toni al contrabando de perniles polacos? ¿Es capo de los rusos de Guardamar? No. El académico de Ascensión trafica con “sin papeles”; es decir, facilita la entrada de vocablos catalanes sin documentación y les da falsos “papeles” que los acredita como valencianos. Por ejemplo, si la locución “a frec” nace en el catalán del siglo XIX (en prosa barcelonesa de los Oller, Vayreda, etc.), y jamás había formado parte del idioma valenciano, Ferrando la introduce como habitual en la falsa gramática valenciana de la Generalidad bromeresca (p.188). Así que desconfiemos de las voces que no hablaban nuestros padres o que no procedan de transmisión voluntaria; no por repetición del tío de los crímenes de Canal 9 (“Punt de mira” de les 17,20), o los comisarios de Camps.
En tiempos de la Roma imperial ya capturaban pájaros (no aludo a Ferrando) con el “viscum” (tampoco aquí), un pringue elaborado con zumo de muérdago. La costumbre permaneció bajo los invasores que, lógicamente, procuraban no espantar a los nativos que aportaban mano de obra y, lo más interesante, eran fuente de ingresos para gobernantes visigodos y árabes. Tampoco les preocupaba el bilingüismo e incluso la religión, pues ni en el Egipto coetáneo de las Cruzadas desapareció el culto a Jesucristo, permaneciendo el copto como lengua litúrgica. Rota la cohesión cultural del Imperio, los mozárabes fueron modelando el latín vulgar hasta llegar al romance medieval y por ejemplo, del “viscum” latino se formó el “visc” valenciano; presente en el diccionario de Jacme March (a.1371), y en versos de Ausias March: “lo visc on amor cau” (c.1445). En catalán surgió la corrupción “vesc” irrespetuosa con el étimo.
Ante la evidencia, Corominas reconocía que: “las dos formas están separadas por una línea que coincide con la del comienzo riguroso del substrato mozárabe” (DECLLC. t IX, p.181). Es decir, el mozarabismo etimológico “visc” corresponde al valenciano clásico y actual; aunque la “mafia valenciana” está imponiendo los catalanes “vesc, vescós, envescar”; burlando la documentación de “visc” y derivados: “visc” (Marc, J.: Dicc. 1372); “superflua viscositat” (Alcanyis: Regiment, 1490); “la sanc es un humor viscós” (Pou: Thesaurus, 1575); “lo visc... s’apegue lo pardal” (BUV Morlá: Ms. 666, c, 1649); “ni cassar en visc” (Llibre de establiments de Peniscola, 1701); “quedará enviscat” (Archiu Mun. Elig. Romans del pleit del pollastre, 1776); “visc: liga, materia viscosa para cazar pájaros” (Escrig: Dicc. 1887). Tendríamos, por tanto, el arcaísmo castellano “visco”, el valenciano “visc” y el catalán “vesc”; aunque si los condales usaran el cultismo “visc” sufrirían anfibología con “jo visc”. Problema ausente del valenciano, al diferenciar morfológicamente el pegajoso “visc” de la la p. “yo vixc”. Lamentablemente, como no hay medios de comunicación que se opongan a la inmersión (salvo, en ocasiones, el del dostoievskino Carrascosa) nos alteran todo, sea con el “vesc” o las consonantes barcelonesas.
Y aquí vuelve el valenciano Antoni Ferrando, número 118 del IEC y, además, areopagita de Ascensión (¡Qjo, areo, no aéreo!, que no significa que Ferrando haga cochinadas a bordo de los Boeing o planeando desde un árbol, ¿eh?). El 118, identificado como uno de los que perpetraron la gramática de Bromera y la Generalidad, vive hoy plácidamente del catalán y para el catalán, siendo frecuente sus dentelladas en medios como el Avui, donde despelleja a los “sectors secessionistas del País Valencià”, principalmente por “excloure formes cultes”. El 118 es tan culto que da como valenciana la partícula negativa “pas”, fabricando butifarras morfoléxicas dignas del Pitarra barcelonés del 1870: “Aquesta pixer vessa; no es pas badat?” (Gramática, 195). Da la impresión de que existe un desequilibrio de categorías entre el IEC y la AVL. Así, el 118 del Instituí d´Estudis Catalans equivaldría al 1 ó 2 de Ascensión; y si en el IEC el 118 apenas podía dictaminar sobre la textura del paperet del comú, o si el cafenet en llet está dolç o amarc (ell diría amarg, atre “sinse papers”), açí en lo Reyne pot aufegar paraules valencianes y fermos engolir a mosatros les catalanes.
Los del IEC y el 118 prohiben la fonética y grafía de las consonantes valencianas “el, ele; ef, efe; em, eme; en, ene; er, erre...”; imponiendo las “sin papeles” catalanas “efa, ela, ema, ena, erra, essa .„”. Lo que no explica Ferrando son las razones para imponerlas salvo la obediencia al IEC. Ya en el siglo XVIII, el gramático Carlos Ros dejó su testimonio sobre las consonantes del “Alphabet del idioma valenciá”, su grafía y fonética: “ef, el, em, en, er, es...” (Breve explicación de las cartillas valencianas. Valencia 1750). Por otra parte, en el manuscrito “Controversia sobre la perfecció del idioma catalá”, comprobamos que en la Barcelona de la Ilustración trataron de valencianizar su lengua, proponiendo formas que, por cierto, ya se habían impuesto por tierras de la ruta valenciana a Lérida. Alejadas de esta influencia culta, los de Gerona y Barcelona abrían vocales aumentando la pastosidad fonética hasta degenerar fonéticamente en las citadas “ela, ema, ena, erra, essa...”. Horrorizados, los miembros de la Academia de Buenas Letras trataron de imponer las grafías consonanticas valencianas, como muestra el citado manuscrito “ef, el, em, en, er” (Bíb. Universitat de Barcelona. Ms.42, S. XVIII, f.21). Hoy, en el 2003, el PP de Camps, Ascensión y el 118 imponen en los colegios y universidades la morfología ordenada por Cataluña: “efa, ela, ema, ena, erra, ícs,...”. (Gramática de Bromera y Generalitat p.21).
Hay numerales devoradores de nombres propios. Quizá Ferrando –fiel a los que le asignado el 118-, acabe como leyenda urbana, igual que el 007 o el preso número 9, La progresista Joan Baez, ¿recuerdan?, fue la musa de la actual violencia de género al ensalzar al que “mató a su mujer y a un amigo desleal”. Los asesinos deben tener grabado aquel mensaje que la Baez repetía una y otra vez: “los maté, sí señor, y si vuelvo a nacer, yo los vuelvo a matar ,,.ay, yayayayayyyy”. Falta una voz sensual que cante la gloria del 118, que mataba léxico valenciano por amor al catalán; quizá el trío Gloria Marcos, Ferrussola y Rita Barberá –partidarias de la catalanización-, podría entonar: “El número 118 ya lo van a galardonar, ay, yayayayyyy.!”. El membre 118 mereix un premi del filólec Carod, per voler fer creure als chiquets que els “sotamá, gaire, noi, lleure, febre, mentida...”, son tan valencians com “baixmá, molt, chic, llícit, febra, mentira”. Y el 118 está dins l´academia, Ascensió y la Universitat, en tot 1’amparo de la Generalitat de Campspons iAy yayayayyy!
Diario de Valencia 8 de febrero de 2004