La Señera, la señora de Alberti y el futbolista Albelda
Ricardo García Moya
En 1957. Ma Teresa León y Rafael Alberti eran aclamados por la multitud en la plaza de Tian´anmen o "de la paz celestial" (más tarde entenderíamos su tétrico significado). Oleadas humanas dejaban paso a la prosista y al poeta, saludándolos con un reverencial "Tiíto soviético... Tiíta soviética" (León, Mª Teresa: Memoria de la melancolía, Madrid. 1999, p. 471). La antifascista quedó enamorada de una sociedad perfecta, con masas de obreros coreando consignas poéticas como "Que se abran las mil flores". Pero, en 1957, lo que se abría eran miles de cabezas de recién nacidas, al valorar más al hijo por la extrema situación de miseria que, sorprendentemente, no atisbaron Mª Teresa y Alberti, pese a recorrer China hasta la frontera tibetana. Es la ceguera del que viaja a lomos de una ideología y con gastos pagados. Fue, decía Alberti, el "maravilloso viaje a China", a la China popular del austero Mao Tse Tung que, más tarde, se descubrió su condición de hábil follador de campesinas, glotón e inventor del fusilamiento con la bala pagado por la familia del fiambre.
Mª Teresa y Rafael eran turistas revolucionarios. En 1932, preocupados por la situación del proletariado español -víctima de inhumano horario laboral, diezmado por la tuberculosis, hambre y miseria-, logran una subvención para estudiar el teatro europeo, viajando por Bélgica, Holanda, Alemania, Unión Soviética, Noruega y Dinamarca, "donde cantábamos y gritábamos en idiomas distintos", Tras este safari antifascista, el dúo regresó en 1934 al paraíso de Stalin para asistir al Congreso de Escritores Soviéticos; aunque, para recaudar fondos contra el capitalismo, viajan a Estados Unidos. Más tarde, en 1937, vuelven a Rusia y son recibidos en el Kremlin por un amable Stalin que, según Ma Teresa, "nos pareció delgado y triste, abrumado por algo. La entrevista duró dos horas y media, "nadie estuvo más" (p, 180), y la parejita de avezados intelectuales -igual que en la China de Mao-, no se enteró de la sangrienta depuración que el camarada Kaganovitch (con perdón) y papichulo Stalin cometían con sus camaradas.
En octubre de 1936, mientras los obreros defendían las trincheras en el frente de Madrid, Ma Teresa y Alberti se alojaron en un palacete de la calle Marqués del Duero, ¿sufrían mucho al ver cómo España se desangraba? Nostálgica, Mª Teresa lo recordaba: "Días felices ¿Felices los días de guerra? Los mejores de nuestra vida" (p. 380). Ma Teresa cuenta qué bonito era ir por las calles de Madrid denunciando y deteniendo a ciudadanos con aspecto de fascistas (p, 289). La aventura comenzó meses antes, al encontrarse en Ibiza cuando les sorprendió la sublevación fascista de 1936. La escritora participó en la toma del castillo ibicenco junto a las tropas republicanas; pero aquí está la novedad, todo indica que María Teresa León izó la Real Señera en la toma de la fortaleza. Analicen lo que cuenta; "...me encontré en medio de una columna de milicianos que avanzaba. La mandaba el capitán Bayo.
No sé quién iba preguntando por nosotros. He olvidado el nombre de aquel valenciano que nos abrazó en aquel momento. Al iniciar la subida a la ciudad vieja nos dijeron: "Vamos a poner la bandera valenciana en el castillo". Y me dio la señera con las valientes barras amarillas y rojas y lo rat penal en el remate del asta. Así subimos a lo alto y la izamos y la vimos batida por la virazón del mediodía" (p. 278), Recuerda Ma Teresa que, mientras permanecía guardando la Real Señera, "oímos gritos. Era Rafael", que trataba de evitar la destrucción de objetos de arte.
Olvidando fariseísmos inherentes a la militancia en el PC y 'algú que atre desunglat, capat o desorellat" al matrimonio Alberti les debemos mucho, desde su literatura a la defensa de los tesoros del Museo del Prado, De formación humanística envidiable, María Teresa León conocía el valor simbólico de la Real Señera valenciana, de ahí que participara en su izamiento en el castillo de Ibiza, No obstante, algún coleóptero catalanero dirá, en octubre de 2003, que la descripción no alude a la corona ni al azul, por lo que aclararemos el asunto: "Memoria de la melancolía" es una autobiografía escrita en el exilio argentino, donde la niebla del tiempo borra perfiles y disipa vivencias. Lo advierte la autora en la primera página: "Habréis de perdonarme en los capitulos que hablo de la guerra,,., ahí dejo lo que vi, lo que sentí, todo pasado por una confusión de recuerdos". En consecuencia, suponemos que la ausencia de referencias a la corona y la franja azul de la Real Señera enarbolada en el castillo de Ibiza fue involuntaria, y no consecuencia de la ceguera parcial que afectó a Ma Teresa en las visitas a la China de Mao y la Rusia de Stalin, Pero, por suerte, los periódicos de agosto de 1936 ofrecieron información fotográfica de lo narrado por Mª Teresa.
Con enormes titulares, la prensa republicana testificó la presencia de "la Senyera sobre el castillo de la ciudad de Ibiza" (La Correspondencia, 11 de agosto de 1936). María Teresa León estaba allí y, probablemente, con su formación teatral ayudó a componer o escenificar la famosa fotografía donde dos milicianos despliegan la Real Señera de enorme franja azul, mientras un tercero toca la corneta rindiendo honores a la ensena. Los periodistas republicanos describieron la toma del castillo, citando a los mismos protagonistas que recordaba Mª Teresa León: desde el capitán Bayo a las columnas de comunistas y anarquistas valencianos. Rubia, de gran belleza y adorada por los milicianos, la esposa de Alberti empuñaba su fusil y, según cuenta, se encargó de que la Real Señera ondeara destacada, sin tolerar que otras banderas -incluida la republicana-, ocupara lugar más privilegiado. Enfadada contra un camarada, relata; "No sé quién trajo una bandera republicana y, usando nuestro tradicional malhumor intransigente, pretendió colocarla más arriba. Intervine para decirle: Déjala" (p. 278).
Mª Teresa, morta, esta en el parais al costat de Stalin y Mao; per lo que no pogué vorer el carchot que li dona el Valencia al Madrit l´atre disapte. D'haver estat en Mestalla haguera guipat cóm Albelda (sustituit en el minut huitantasís), ficava la veta de capitá en el braç de Baraja; pero, per corruixes, amagá la franja blava y transformá la Real Senyera en el pencholl catalá (furtat a Aragó). Clar que Albelda no volia fer catalanisme ¿veritat? Son fets involuntaris, lo mateix que quan Ma Teresa no va vore la jagantesca franja blava de la Real Senyera que portava en la ma. Per cert. Albelda, en la Bib. Nacional de París (Res. Ge. B. 8268), tens la image de la Real Senyera en corona y blau damunt del Reyne de Valencia, y es del 1400. Mosatros no tenim que avergonyirmos de tindre una de les banderes més antigues d'Europa; ni fer com la publicitat dels rellongers de Viceroy; tot el dia donant la llanda en les quatre barres per Canal Noi.
Diario de Valencia 5 de octubre de 2003