El Macu de Alcoy
Por Ricardo García Moya
Hacia 1890, Martí Gadea recordaba al Tío Pep que vivía en la última casa “del Postiguet, tota negra, fumosa y mal arreglá” (Ms. Tipos d’espardenya y sabata, h. 1890). El Postiguet aludido no era el de Alicante, sino el de Balones, población cercana a la textil Cocentaina. En consecuencia, los de “la manta al coll (...) mon anirem al Postiguet”: ¿iban con la manta al cuello a la cálida playa de Alicante, o a un Postiguet de la fresca montaña? La otra tonadilla similar habla del Tío Pep que va a Muro, villa tan cercana a Cocentaina como Balones. En realidad, más que la ubicación del lugar, lo interesante es la presencia de pronombres contractos valencianos como “mon” (mos + en), que tanto desconciertan a catalanes y castellanos. El IEC y su mascota, ante esta dificultad, optaron por prohibirlos; pero ahí están -sin apóstrofos ni guilindaines-, proclamando la vitalidad de la lengua valenciana: “nemon” (En lo mig del Mercat, 1884); “anemon dins” (Tafalla: Un defensor de Melilla, Alacant 1893); “anemosne” (Ros: Coloqui de les dances, 1734); “nemon” (Millá: Retratos al viu, 1884); “némone a casa” (Ballester: El tío Sech, 1870); “nemsen” (Escalante: Les barraques, 1900).
La condena de pronombres contractos valencianos contrasta con la aceptación de voces como “maco”, adjetivo al que algunos confieren misterioso pedigrí catalán. En tiempos de la Transición, cuando asociábamos las cuatro barras y el catalanismo a la libertad y lucha contra la Dictadura, un amigo de Alcoy se sentía Salvador Espriu usando los “nosaltres”, “avui” ,“noi” y , especialmente, la expresión “¡qué maco!”, cerrando la vocal para que admiráramos su refinada pronunciación catalana. Lo que ignoraba el Macu (así le llamaron), era la procedencia mesetaria de su mote. En los siglos XVIII y XIX, la “j” de algunas palabras castellanas la tornaban burlescamente en oclusiva los valencianohablantes, transformándose en “c” siendo recurso cómico en los sainetes: “Desde hui mude de vida y seré Don Cuan Tinorio” (Campos: El gallet de Favareta. 1892); “Ya que no poguí en lo pare, avecham si coco al hico” (Liern: Telémaco en l’Albufera, 1868). El “maco” es, simplemente, una caricatura morfológica del “majo” castellano, igual que Juan, cojo e hijo se convertían en “Cuan, coco, hico”. Por ejemplo: “Y mos tocareu la cota” (por jota), “ben vestit y molt maco” (por majo); “tan maca (por maja) y tan guapa” (Vercher: En la velá d’un albat, 1865, pp. 20, 11, 13).
Hay voces que surgen una vez y desaparecen. Así, hacia 1660, al cascarrabias Gregori Riudaura (alcoyano como el Macu), le ofrecieron los sastres valencianos un plato de “mongana” guisada. El propio Gregori, que siempre hablaba en idioma valenciano, nos indica su equivalencia a “bedella” o becerra, la variable bilabial valenciana del latino vitulus: “bedella: becerra, ternera” (Escrig: Dice. 1871). De posible evolución mozárabe valenciana (Corominas), también originó el sustantivo “bellmarí”, bedell marí o foca: “son bellmarí” (Roig: Espill, 1460). Y de la rara “mongana” guisada, Gregori no quedó satisfecho: “Aquella bedella dels sastres me ha fet mal. Riéronse y replicaron: Ahora, después de dos meses se acuerda de la mongana? Sí, respondió: Tant com aixó he menester pera parila” (Dolç: Oración a Gregorio Riudaura, 1706). El sustantivo lo usó una vez Góngora, “si vitela no mongana”; mientras que Mira de Amescua llamó Mongana a un criado. En realidad, era un italianismo que llamaba a la puerta del valenciano y castellano, pero fue rechazado. Hoy, en Perugia o el Véneto puede degustarse “fegato di mongana” o “controfiletto di mongana”.
Hay, por el contrario, palabras valencianas con solera, como “monjoy”. Su origen estaría en “mont joya”, montículo de las piedras que los cruzados y peregrinos depositaban al ver el lugar de destino, acción acompañada con gritos de “joya o alegría” (Escrig: Dicc. 1887). La primera documentación aparece en el valenciano Jacme March, “montjoya” (Dicc. 1372), perdiendo la “t” en época clásica por la ley fonética de simplificación de grupos consonánticos: “seguint monjoyes” (Roig: Espill, 1460); “falses monjoyes” (March, A., XCVIII, c. 1440). Como legado léxico tenemos el verbo valenciano “monjoyar” que, según Chabás, era: “designar por medio de montoncitos de tierra el nivel del terreno..., monjoyes son hitos, mojones”. En “monjoyar”, que también alude a los montones de hierba segada, observamos la invariable presencia de la y griega (prohibida por Inmersiomán), más la simplificación consonántica por supresión natural de la “t”. Los cambios también surgen por la tendencia a dar significado a voces oscuras, como el valenciano prerromano Nompot (Corominas) que, sin tener relación con “monte forte”, acabó convertido en Monforte.
Otra causa es la ultracorrección que, en valenciano, hace que se añada una t epentética en topónimos como el Mongó de Denia; cuando no hay razón que ampare la grafia Montgó; pero: ¿quién se atreve a escribir Mongó, y que los progres te llamen cateto? La documentación es taxativa: “en la montanya de Mongó” (Beuter: Hist. de Valencia, 1538); “derivado del latín Mons Iovis, daría Mongó” (Diago, 1600); “Mongó significaría Mons Agón” (Escolano. 1608); “a pres en la montanya del Mongó” (Ll. Albar. 322, a. 1622); “en Mongó se troben” (Esteve: Storia del Sant Sepulcre, h. 1645); “en Denia empiezan las raíces del Mongó” (Cavanilles: Obs. 1797); “de Mongó vullch ser” (Barreda: La cara de Mongó, 1873); “Mongó, monte de Denia” (Escrig: Dicc. 1887); “Els collons del Mongó” (DECLLC, 1992). El etimólogo Corominas habla de los peñascos al pie de la gran montaña de Denia, y no tiene reparo de usar la forma culta Mongó, añadiendo que los navegantes castellanos llamaban a estas formaciones rocosas “Los compañeros”. Hoy, hasta los valencianistas pata blava se sienten más cultos al escribir Montgó con la “t” que equivale a una ultracorrección como el Bilbado o bacalado del chiste.
En otro frente, la ministra de Cultura mantiene (¿) la clasificación en idioma valenciano en la Bib. Nacional; lo contrario que aquí hace Inmersiomán. Ejemplo: en 1625 copiaba Gaspar Soler la consueta del Misteri d’ Elig, puntualizando que lo hacía en “nostra llengua valenciana” (Soler: Ms. Cons. Festa de Elig, 1625). Hoy, en todas las bibliotecas -como la Universitaria de Alicante-, cuyo sultán es Inmersiomán, catalogan como “catalá” y “Teatre religiós catalá” el “Món i misteri de la Festa d’Elx. Generalitat. Conselleria de Cultura”. Para rematar la faena, Camps amenaza con otro canal “cultural” de TVV
Diario de Valencia 13 de abril de 2003