Antonin Gadal.
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Antonin Gadal

Un buscador del Grial

Antonin Gadal (1877-1962), se familiarizó desde muy joven con la historia de su región natal y el papel que en ella desempeñaron los cátaros. Su maestro fue el historiador Adolphe Garrigou, vecino suyo en Tarascón (Francia), quien le transmitió la herencia del antiguo catarismo que seguía viva en su persona.

Gadal dedicó toda su vida al estudio y la investigación de la vida de los cátaros, con el fin de dar a conocer al hombre de nuestra época la riqueza espiritual de la religión cátara. Gran conocedor de los santuarios de Ussat-Ornolac -las grutas donde los creyentes recibían la iniciación en los misterios cátaros para convertirse en "perfectos", "puros", "bonshommes"-, Antonin Gadal practicó una vida sencilla, austera y laboriosa, ejemplo perfecto del modo de vida cátaro. Él recibió la herencia espiritual -el tesoro cátaro- que, siglo tras siglo, fue transmitida de hombre a hombre. Por ello afirmamos, plenamente convencidos, que él fue el último patriarca Cátaro.

Escribió un interesante libro titulado: "En el camino del Santo Grial", hay una traducción al castellano editada por la Fundación Rosacruz, en el cual se describe el camino que ha de recorrer un creyente para ser iniciado en los Misterios cátaros, mas concretamente en la búsqueda de un maravilloso tesoro, El Santo Grial.

Reproducimos la Introducción de la obra citada:

INTRODUCCIÓN

A finales del siglo XI, Europa Occidental comenzó a despertarse paulatinamente de los "siglos oscuros" que siguieron a la caída del Imperio Romano. Este despertar supuso una verdadera renovación del mundo y de los hombres en muchos aspectos de la vida. Eran tiempos de grandes cambios.

Desde el punto de vista religioso, los hombres se volvieron conscientes de sus necesidades espirituales; surgió un anhelo por una vida interior más profunda e intensa. La iglesia romana se había convertido en un poderoso baluarte político, en una institución muy próspera, orientada hacia el poder exterior material, pero que no reflejaba la esencia espiritual del Cristianismo vivo.

Por esta razón, aparecieron multitud de movimientos religiosos que, en mayor o menor medida, diferían de la religión oficial impuesta por Roma.

En el sur de Francia, en la llamada Occitania, en la región de Albi, nacieron y florecieron diversas comunidades religiosas, conocidas más tarde con el nombre de "los albigenses".

El grupo más conocido, y uno de los de mayor influencia en todo el mundo occidental, fue el de los Cátaros (palabra que proviene del griego "Katharoi", que significa "puro"). A pesar de que se confesaban a sí mismos como cristianos, muy pronto fueron separados de la iglesia de Roma y declarados herejes.

Los Cátaros basaban su fe en la Biblia y, principalmente, en el Evangelio de Juan, el cual interpretaban de forma puramente espiritual. No había entre ellos ninguna jerarquía, todos eran hermanos. Él, el Cristo, había prohibido todos los títulos: sólo Él era el Maestro y únicamente Dios era el Padre; el más grande debía ser el servidor de todos.

El Cristianismo significaba para los Cátaros: "Gnosis", el conocimiento interior de que la única verdad es Dios. Y Dios es Amor. Todo lo demás, el mundo, es una ilusión.

Según sus enseñanzas, el hombre debía anhelar elevarse por encima de la materia para llegar a Dios. Todos los lazos que unían al hombre con el mundo perceptible, debían ser rotos. Y el único medio para conseguirlo era distanciándose de este mundo y sobre todo de sí mismos, no poseyendo nada para sí. Sólo de esta manera era posible alcanzar un corazón puro e inmaculado que pudiera recorrer el Camino del Santo Grial, el Camino de las Estrellas.

Los Cátaros denominaban a este proceso de ruptura como Ia Endura". Para realizar esta purificación del ser era necesario pasar por una larga y difícil iniciación. Durante cuatro años de austeridad -durmiendo, trabajando, comiendo y orando en las grutas de Ussat-Ornolac-, los fieles se iban transformando, como una oruga que, tras su metamorfosis en crisálida, se convierte en una bella mariposa.

Quienes llevaban a buen fin la Endura recibían el "Consolamentum", el bautismo de fuego, que sellaba la ruptura definitiva con el mundo. Los hombres que habían recibido este sacramento fueron llamados 'perfectos', "puros", "bonshommes".

A causa de esta visión gnóstica del Cristianismo, los Cátaros se enfrentaron abiertamente a la doctrina de la iglesia romana. En el seno de su comunidad religiosa, el Espíritu ocupaba un lugar central en la Trinidad de la Esencia Divina: el Paráclito, el Consolador, el Renovador del mundo. Para ellos, el mundo es salvado por el Espíritu, que es Amor, y no por el martirio y la expiación. Por esta razón, la Iglesia de los Cátaros fue llamada también la "Iglesia de la Consolación", la "Iglesia del Amor".

La comunidad de los Cátaros estaba formada no sólo por perfectos, sino también por una gran multitud de fieles -los creyentes- que habían podido experimentar la fuerza del Amor del Paráclito pero que todavía no habían realizado la Endura. Algunos de estos creyentes recibían el sacramento del Consolamentum poco antes de morir.

La religión cátara colmaba en tan gran medida el corazón anhelante de los hombres que ansiaban la renovación de la fe, que a mediados del siglo XII la mayor parte del sur de Francia se había convertido al Catarismo. La influencia de la iglesia de Roma se redujo extraordinariamente en aquella región. Pero también en otras partes de Europa fue creciendo y manifestándose, de diferentes modos, el anhelo por un desarrollo espiritual.

La respuesta de Roma frente a estos desarrollos fue aplastante. Basádose en la idea de que esta "herejía" amenazaba el poder de la iglesia romana y que por ello debía ser extinguida por completo, se comenzó a perseguir a todos los inconformistas de Europa. Había comenzado la época de la inquisición. Miles y miles de personas, en toda Europa, fueron llevadas a la hoguera.

También los Cátaros sufrieron este destino. Con la promulgación de una "cruzada contra los albigenses" en el concilio de Letrán de 1215, el papa Inocencio III proscribió todo el movimiento cátaro. Se organizaron ejércitos enteros. Ciudad tras ciudad, aldea tras aldea, cayeron en manos de los padres de la cruzada. Después de largos interrogatorios, los Cátaros fueron quemados en masa o emparedados vivos. Su último gran refugio, el castillo de Montségur, cayó en 1244.

Y no fue hasta 1329 cuando Roma logró extinguir todas las huellas del tan pacífico y espiritual Catarismo. Al menos eso fue lo que se creyó. Pero el Espíritu no se puede matar, quemar, emparedar. El Espíritu es eterno y omnipresente.

El camino hacia el Santo Grial permanece abierto para cualquier buscador verdadero. Oculta a los ojos del mundo, la herencia de los Cátaros fue transmitida durante siglos, de hombre a hombre.

Así nos llega hasta nuestros días esta herencia, de la mano de Antonin Gadal, el último patriarca Cátaro, discípulo a -su vez del historiador Adolphe Garrigou.

Antonin Gadal nos relata en este libro, de una forma extraordinariamente bella y en la persona del joven Mateo, el camino que recorrían los creyentes que deseaban ser iniciados en los Misterios Cátaros.

Que este libro pueda ser un faro para el buscador moderno y que, guiado por su luz, pueda encontrar también en esta época el maravilloso tesoro del Santo Grial.

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