Richard Wagner
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Richard Wagner.

Parsifal y el Grial

Su obra cumbre "Parsifal" es una síntesis de arte, de religión y de ciencia filosófica. La opera llena de conotaciones esotéricas y simbólicas constituye uno de las manifestaciones modernas del misticismo tradicional.

Se inspiró en el poema Parzival de Wolfram von Eschenbach, que Wagner leyó en Marienbad en 1845. La primera ópera que resultó de su lectura era Lohengrin mas tarde Parzival. De las muchas versiones del mito de Parsifal, por lo menos tres estaban disponibles para Wagner: Parzival de Wolfram, Perceval de Chrétien de Troyes y el Peredur anónimo.
Durante su estancia en París en 1860. Leyó el Percebal de Chrétien (o li Contes del Graal o Perceval le Gallois), en una versión francesa moderna. Sin embargo Wagner se mantuvo callado en relación a sus fuentes.
Algunos autores han querido ver una influencia budista en las fuente del Parsifal, en principio quiso titularla "La tribulaciones del Buddha para lograr la suprema liberación", Wagner había mostrado un interés en el pensamiento y literatura orientales. Influido por la filosofía de Schopenhauer, Wagner fue un profundo admirador del budismo.

A continuación reproducimos la traducción de una carta de Wagner en la que el mismo intenta explicar su visión del significado de Parsifal.

"SOBRE EL SIGNIFICADO DE PARSIFAL
Por Richard Wagner



Carta escrita a Mathilde Wesendonck el 30-5-1859

Me he dispuesto de nuevo desfavorablemente con respecto al poema de Parzival. Considerando bien las cosas, tengo la convicción de que se trata de un trabajo difícil en alto grado.
Amfortas es el centro sobre el que gira el asunto principal. Meditando sobre él, se me hizo de pronto muy claro, cayendo en la cuenta que es semejante a mi Tristán del tercer acto, pero con una progresión de intensidad no imaginada aún. La herida ocasionada por la lanza y la otra que tortura su corazón, le causan tales sufrimientos que sólo aspira a lograr la muerte. En vano ha esperado la cura por medio de la adoración del Gral, mas el Gral no sólo no remedia sus torturas, sino que las aumenta, porque la contemplación le recuerda la inmortalidad.

A mi juicio el Gral es el cáliz de la Cena, en el cual José de Arimatea recogió la sangre del Salvador crucificado. ¡Qué terrible significación adquiere así la situación de Amfortas con respecto a ese cáliz milagroso!
El sufre una herida, ocasionada por la divina lanza en una pecadora aventura y debe seguir consagrando la sangre que manó un día del costado del Salvador al morir en la cruz, renunciando y sufriendo por la salvación del mundo. ¡Qué abismo entre un sufrimiento y otro!

En éxtasis ante el maravilloso cáliz que enrojece con sublime y dulce resplandor, Amfortas siente renovarse en él la vida y alejarse la muerte anhelada. El vive y se reanima en su vitalidad, aunque la herida fatal le abrasa más que nunca. La adoración misma se ha convertido en dolor. ¿Cómo lograr el fin? ¿Cómo conseguir la liberación? En esa forma lleva sobre sí, como una carga, los sufrimientos de la humanidad entera por toda una eternidad. Es por eso que desea alejarse del Gral, desentenderse de él, en la locura de su desesperación. El lo desea para poder morir, mas, ha sido elegido para guardar el Gral. Y esta elección no la ha realizado un poder ciego, sino que recayó en él porque era digno. Nadie como él, reconocía la fuerza milagrosa del cáliz y su alma anhelaba como la de ninguna, contemplar el Gral, que le sobrecogía de admiración, proporcionándole el poder de vivir, al mismo tiempo que el sufrimiento eterno.
¿Deberé escribir todo esto y la música correspondiente? ¡Ah! no, gracias. Que otro intente tal empresa. Yo no llevaré sobre mis espaldas carga tan pesada.

Quien pueda realizarlo, lo hará seguramente al gusto de Wolfram (. Es posible que pueda tener así alguna apariencias y hasta buena forma. Mas yo tomo estos asuntos más en serio. Y os referiré cómo el amigo Wolfram lo realizó a su manera, sin llegar a entender su verdadero sentido. El reúne un suceso con otro, encadenando aventura tras aventura. Asocia al asunto del Gral, hechos e imágenes curiosas y extravagantes, avanza por tanteos dejando a oscuras a quien quiere profundizar. Si alguien tratara de interrogarle seguramente hubiera contestado: Si yo mismo no lo sé. Se asemejaría a un sacerdote que celebrara su cristianismo en el altar mayor sin saber de qué se trata. Wolfram hizo su prematura aparición en una época bárbara y confusa, que oscilaba entre las antiguas creencias y las nuevas. En esa época nada podía madurar; cuando el poeta pretende ahondar se pierde en fantasmagorías desprovistas de sentido.

Yo estoy completamente de acuerdo con Federico el Grande que al recibir la edición de Wolfram dijo al editor que no debía importunarle con semejantes futilidades. Es cierto que para ello es necesario haber vivido el verdadero sentido de la leyenda del Gral y estudiar luego la forma como la concebía un poeta como Wolfram. Esto es lo que yo he hecho hojeando vuestro libro, para llegar a indignarme de la incapacidad del poeta (yo hice la misma experiencia con Godofredo de Strassburgo, para Tristán).
En todas las fuentes primitivas de la leyenda, el cáliz maravilloso es una piedra preciosa, particularmente en las narraciones árabes de España.

Desgraciadamente hay que convenir que todas nuestras tradiciones cristianas tienen un origen exótico derivado del paganismo. Los cristianos supieron con gran sorpresa que los moros veneraban en la Kaaba de la Meca una piedra milagrosa (un cuerpo solar, caldo del cielo, un meteorito). Las leyendas de estos objetos misteriosos, fueron bien pronto interpretadas por los cristianos a su manera, relacionándolas con el viejo relato extendido en la zona meridional de Francia, según la cual, José de Arimatea había huido allí llevando el sagrado cáliz de la Cena. Esta tradición concordaba perfectamente con el entusiasmo por las reliquias de las primeras edades del cristianismo. Desde entonces, la leyenda adquirió su significado. Yo admiro mucho este bello rasgo de la tradición cristiana, de ideas así, el símbolo más hermoso de la esencia representativa de una religión. ¡Quién no se encontraría invadido de los sentimientos más intensos y sublimes, al conocer la existencia de ese cáliz, en el cual el Salvador, bebió al despedirse de sus discípulos y en el que no sólo se sentirá reconfortado sabiendo que él existía, sino que estaba destinado a que los justos pudieran contemplarlo y adorarlo. Por eso, la leyenda de que el Gral (corrupción de Sangre Real) sustentaba únicamente a los caballeros piadosos, proporcionándoles bebida y alimento, es de una belleza incomparable, por el doble significado que adquiere ese sublime receptáculo de ser, además del cáliz de la Santa Cena, el emblema del sacramento más sublime del culto cristiano.
Todo esto resulta incomprensible para nuestro poeta, cuya narración estaba influenciada por los mediocres romances de caballería franceses que eran imitados servilmente. Saque Vd. ahora conclusiones para el resto. Tan sólo existen algunas descripciones bellas, en las que sobresalen los poetas de la Edad Media, y tan sólo allí se encuentra una atmósfera de contemplación bien sentida. Pero el conjunto, a pesar de ello, es siempre confuso y estúpido.
¿Qué hacer ahora con Parzival? Porque Wolfram tampoco lo supo...

Su alejamiento de Dios es tonto y mal justificado y su conversión satisface aún menos. La idea de la interrogación está presentada con muy poco gusto y carece de significado. Aquí, yo tendría que inventar todo. Y aún se presenta otra dificultad para Parzival; él resulta indispensable para desempeñar el papel de redentor en la salvación anhelada por Amfortas. Pero si el personaje de Amfortas es presentado bajo la nueva forma, adquiere un interés trágico muy grande, hasta tal punto, que se vuelve imposible colocar a su lado una segunda figura de interés principal. A pesar de ello debe encarnarla Parzival, si no se quiere estar obligado a hacerle aparecer, exclusivamente en la escena, como una especie de “deux ex machina” indiferente. De modo que es necesario colocar en primer plano el desenvolvimiento de Parzival, su sublime purificación, su espíritu predestinado por su naturaleza contemplativa y profundamente compasiva. Y como no imagino un plan tan extenso como Wolfram, debo concentrar todo en tres situaciones principales, de un contenido profundo, de tal suerte, que el complejo personaje sea tratado clara y distintamente, porque tal es la característica de mi arte. ¿Y yo emprenderé un trabajo semejante? ¡Dios me guarde!
Por ahora renuncio a tan insensato proyecto. Que Geibel lo versifique y que Liszt escriba la música. Cuando mi antigua amiga Brunilda se precipite en el fuego, yo haré lo mismo, con la esperanza de un fin feliz. He ahí todo y amén.
El Graal no me hará emprender un camino tan intrincado (2). Considere ésto como una conferencia para lo cual no ha tenido necesidad de acercarse a la ciudad de Zurich. "


El lugar de la acción son los dominios y el castillo de Montsalvat,, ocupado por los caballeros templarios custodios del Santo Grial, en las montañas septentrionales de la España gótica.
Las vestiduras de los caballeros del Grial y de sus escuderos son túnicas y mantos blancos, semejantes a las de los templarios, pero en vez de la tau roja de éstos, ostentan una paloma en vuelo cernido en las armas y bordada en los mantos.Vemos en Parsifal en germen, conciliador del mundo antiguo con el espíritu de la cristiandad.

Sinopsis de Parsifal.

Parsifal es el último drama musical de Wagner, estrenado en Bayreuth, bajo su propia dirección, poco antes de morir en 1882; en él se narra un pasaje de la historia mítica del Santo Grial, custodiado por castos caballeros en la montaña Monsalvat, en los Pirineos. El argumento es sencillo, si bien la obra tiene una estructura bastante más compleja. Todo empieza tras el intento de Amfortas, líder de los Caballeros del Santo grial, de destruir a Klingstor, un malvado enemigo, antiguo caballero que quiere apoderarse del grial; Amfortas es seducido por una bella mujer y en ese momento le arrebatan la Lanza Sagrada, con la que va armado, y le hieren con ella..

Acto I

Bosque a orillas de un lago en los dominios del Santo Grial. Rezan los caballeros y es traído el rey Amfortas, cuya herida, que le produce horribles sufrimientos, ningún remedio puede curar. Según la tradición, solamente podrá salvarle un espíritu simple y puro de corazón, a quien la piedad haya hecho prudente y sabio. Entre gritos airados es traído un cazador furtivo que, habiendo penetrado en el sagrado coto, acaba de matar un cisne. Los caballeros exigen su pronto castigo. Reconoce el cazador su falta y, dolorido, rompe su arco; es reconocido por Kundry, que sabe en detalle la vida del joven Parsifal. Gurnemanz cree ver en Parsifal el elegido para salvar a Amfortas, y le invita a presenciar la ceremonia de la consagración del Santo Grial, pronta a celebrarse. El telón de fondo va deslizándose, dando lugar a los cambios de paisaje que cruza Parsifal en su marcha al castillo donde se guarda el Sagrado Cáliz. Los caballeros se hallan reunidos para conmemorar la Santa Cena, y allí es traído el doliente Amfortas. La visión luminosa del Sagrado Cáliz precede a la consagración, que tiene lugar entre un emocionante coro de los caballeros. Terminada la ceremonia desfilan los asistentes y Parsifal queda anonadado por la intensa emoción que la escena le ha producido, y si bien se conmueve ante el dolor de Amfortas, no comprende todavía por qué su corazón sigue ajeno a la piedad. Decepcionado, Gurnemanz le expulsa.

Acto II

Castillo de Klingsor. El mago, para conseguir la perdición del joven héroe, trata de servirse de Kundry. Se oye la llamada de Parsifal anunciando la iniciación de la lucha contra el maléfico poder de Klingsor y, en un momento, murallas y torreones se abaten, dejando al descubierto un lujuriante jardín mágico, nido de placeres, poblado por muchachas-flor. Parsifal se ve asaltado por la tentación de las doncellas, que le ofrecen una vida deliciosa e intentan despertar en él deseos sensuales. Pero él sabe triunfar sobre las carnales tentaciones y recordando el Santo Grial se dispone a huir, cuando le detiene Kundry, para hablarle de su madre Herzeleid y despertar en Parsifal anhelos amorosos. Este dúo grandioso y patético se termina al besar apasionadamente Kundry al héroe. Al despertar los sentidos de Parsifal, nace también en su espíritu la comprensión, y se da cuenta del dolor de Amfortas, sintiendo deseos de contribuir a la curación de su vieja herida. Kundry, despechada al verse repudiada, maldice a Parsifal y pide a Klingsor que le mate.

El mago arroja fieramente la lanza sagrada contra el joven caballero, mas el arma queda suspendida en el aire sobre la cabeza de Parsifal. Éste la empuña y al trazar con ella el signo de la cruz, el mágico jardín queda súbitamente destruido. Parsifal se aleja llamando a Kundry a seguir la senda del bien.

Acto III

Gurnemanz pide al cielo su muerte, desesperado ante la tragedia de Amfortas. Es el día de Viernes Santo y en él se espera que el Santo Grial opere grandes maravillas. Al salir de la cabaña halla a Kundry sumida en mágico sueño y, merced a sus cuidados logra que la mujer vuelva en sí. Se acerca entonces un caballero vistiendo negra armadura y cubierto el rostro. Al levantar la visera, Gurnemanz reconoce en él a Parsifal, el salvador que vuelve. Son evocadas las correrías del héroe y éste oye de labios del anciano que se hallan en los dominios del Santo Grial y que en el Día Santo han de celebrarse fiestas de gran trascendencia.

Entre la música de los ‘Encantos del Viernes Santo’, recordando escenas bíblicas, Gurnemanz unge al héroe y éste bautiza a Kundry. Luego se encaminan los tres al castillo en que se guarda el Sagrado Cáliz. A su llegada, un cortejo de caballeros trae el cuerpo exánime del difunto Titurel. Entre las lamentaciones de los que forman el cortejo descuella el dolor de su hijo Amfortas, quien, víctima de los remordimientos, se niega obstinadamente a descubrir el cofre que cierra la preciada copa, se arranca las vendas de la sangrante herida y suplica a sus compañeros que le den muerte. llega entonces Parsifal y tocando la herida del rey con la lanza, logra instantáneamente una milagrosa curación. La música alcanza una sublime elevación en el momento en que Parsifal alza el cáliz resplandeciente, y Kundry cae redimida a sus pies, mientras se oye el coro que, desde la cúpula del templo, canta el milagro de la redención. Desde la altura desciende la Santa Paloma, que viene a posarse sobre la cabeza del héroe.

Biografía.

(1813-1883), Conocido compositor alemán, nació el 22 de mayo de 1813 en Leipzig y estudió en la universidad de esta ciudad. Entre 1833 y 1839 trabajó en los teatros de ópera de Wurzburgo, Magdeburgo, Königsberg (actual Kaliningrado) y Riga. En estos años escribió sus óperas Las hadas (1833) y La prohibición de amar (1836), y varias obras orquestales, entre ellas una sinfonía compuesta a los 19 años. En 1836 residiendo en Königsberg contrajo matrimonio con la actriz Minna Planer. En Riga finalizó el libreto y los dos primeros actos de su primera ópera importante, Rienzi.

En 1839 Wagner se trasladó en barco a Londres. Durante el tempestuoso viaje por el Mar del Norte concibió su segunda ópera importante, El holandés errante (1841). A la semana de estar en Londres se trasladó a Francia y se instaló en París, donde entró en contacto con la música de Hector Berlioz. Permaneció en París, a veces sumido en la mayor pobreza, hasta abril de 1842. El 20 de octubre de 1842 se representó su ópera Rienzi en el Hoftheater de Dresde, Alemania. Su éxito propició que se representase en la misma ciudad su ópera El holandés errante el 2 de enero del siguiente año y que fuera nombrado director del Hoftheater.

La ópera romántica Tannhäuser se estrenó en Dresde el 19 de octubre de 1845. Esta obra, innovadora desde el punto de vista técnico y estructural, asombró a una audiencia acostumbrada a la ópera convencional del momento y produjo una gran avalancha de críticas. Sin embargo, el compositor húngaro Franz Liszt, gran admirador de la música de Wagner y unido a él por una amistad que duró toda la vida, decidió representar la ópera Tannhäuser en Weimar, Alemania, tres años después. Este mismo año Wagner finalizó su ópera romántica Lohengrin, pero la dirección del Hoftheater de Dresde, presionada por la reacción crítica del público, rechazó la obra. De nuevo llegó Liszt en su ayuda y estrenó esta ópera el 28 de agosto de 1850 en Weimar.

Wagner era un entusiasta político. Participó en el conato de revolución de 1848 en Alemania, a causa de lo cual tuvo que huir a París y después a Zurich. Allí amplió la estructura de su famosa tetralogía de dramas musicales conocida como El anillo del nibelungo basada en Das Nibelungenlied, poema épico alemán del siglo XIII. Los textos de este drama fueron escritos en orden inverso. Pensando que algunos episodios narrativos de El crepúsculo de los dioses, la obra final de la tetralogía, requerían una mayor elaboración y exposición dramática para hacer comprensible al público el conjunto de la historia, Wagner decidió escribir otra parte, Sigfrido, que la precedería. Pero aún no se sentía satisfecho y escribió La Valquiria y después, y a manera de otro preludio aclaratorio El oro del Rin. Wagner comenzó a trabajar en este último en noviembre de 1853, completándolo en mayo del año siguiente. A finales de diciembre de 1856 quedó finalizada la La Valquiria.

Entretanto, en 1852, Wagner había conocido al rico mercader Otto Wesendock y a su esposa Mathilde, quienes pusieron a disposición de los esposos Wagner el Asylum, una pequeña casa de campo en Wesendock cerca de Zurich, estancia que inspiró al compositor algunas de sus mejores obras. La relación entre Wagner y Mathilde pronto se convirtió en amor imposible, al que se vieron obligados a renunciar. Su romance quedó plasmado en la apasionada obra Tristán e Isolda (1857-1859), uno de los dramas musicales wagnerianos más largos y difíciles de representar. Su estreno se produjo el 10 de junio de 1865 en Munich bajo los auspicios de Luis II de Baviera, que había decidido proteger a Wagner. De este periodo también datan las Wesendock Lieder, obras para voz y orquesta o piano (1857-1858) sobre cinco poemas de Mathilde Wesendock, que presentan la génesis armónica de Tristán e Isolda.

En 1861 Wagner fue amnistiado en Prusia. A su vuelta el compositor se estableció en Biebrich, donde comenzó a trabajar en su única ópera cómica Los maestros cantores de Nuremberg, que La Valquiria.
Inmediatamente después del estreno de Los maestros cantores, Wagner volvió a trabajar en Sigfrido hasta finalizarla en febrero de 1871. Al mismo tiempo había comenzado a componer El crepúsculo de los dioses. Entretanto, el 25 de agosto de 1870, el compositor, que llevaba separado de su primera mujer nueve años, contrajo matrimonio con Cósima von Bülow, exmujer de Hans Guido von Bülow e hija de Liszt y de la condesa d'Augoult. La obra orquestal El idilio de Sigfrido (1870) fue escrita por Wagner para Cósima cuando nació su hijo Siegfried. En el verano de 1872 Wagner compuso la última parte de El anillo del nibelungo y en noviembre de 1874 finalizó la orquestación de El crepúsculo de los dioses. Entre el 13 y el 17 de agosto de 1876 se estrenó la tetralogía completa en la Festspielhaus de Bayreuth, teatro diseñado y construido especialmente para representar las obras wagnerianas. En 1877 Wagner comenzó a trabajar en Parsifal, drama basado en las leyendas del santo Grial. Este drama musical, el último que escribió Wagner, se estrenó el 26 de julio de 1882.

En 1882 la salud del compositor se debilitó. Pensando que podría favorecerle un cambio de clima, Wagner alquiló el Palazzo Vendramin en el Gran Canal de Venecia. Allí falleció repentinamente el 13 de febrero del año siguiente. Cinco días después su cuerpo fue enterrado en el mausoleo de su villa de Bayreuth.finalizó en 1867. La obra se estrenó el 21 de junio de 1868 en Munich, ciudad donde más tarde, en 1869 y 1870, se estrenaron por deseo del rey El oro del Rin y la La Valquiria.

Inmediatamente después del estreno de Los maestros cantores, Wagner volvió a trabajar en Sigfrido hasta finalizarla en febrero de 1871. Al mismo tiempo había comenzado a componer El crepúsculo de los dioses. Entretanto, el 25 de agosto de 1870, el compositor, que llevaba separado de su primera mujer nueve años, contrajo matrimonio con Cósima von Bülow, exmujer de Hans Guido von Bülow e hija de Liszt y de la condesa d'Augoult. La obra orquestal El idilio de Sigfrido (1870) fue escrita por Wagner para Cósima cuando nació su hijo Siegfried. En el verano de 1872 Wagner compuso la última parte de El anillo del nibelungo y en noviembre de 1874 finalizó la orquestación de El crepúsculo de los dioses. Entre el 13 y el 17 de agosto de 1876 se estrenó la tetralogía completa en la Festspielhaus de Bayreuth, teatro diseñado y construido especialmente para representar las obras wagnerianas.
En 1877 Wagner comenzó a trabajar en Parsifal, drama basado en las leyendas del santo Grial. Este drama musical, el último que escribió Wagner, se estrenó el 26 de julio de 1882.
En 1882 la salud del compositor se debilitó. Pensando que podría favorecerle un cambio de clima, Wagner alquiló el Palazzo Vendramin en el Gran Canal de Venecia. Allí falleció repentinamente el 13 de febrero del año siguiente. Cinco días después su cuerpo fue enterrado en el mausoleo de su villa de Bayreuth.

Los aspectos más oscuros de la personalidad de Wagner se refieren especialmente a su antisemitismo, expresado en el panfleto El judaísmo en la música (1850), que, junto con la fuerte identidad germánica de los temas de sus óperas y la grandiosidad de su música, lo convirtieron en un compositor de atractivo único para los nazis en la década de 1930, factor que por asociación de ideas ha empañado su música y ha dificultado seriamente su aceptación durante mucho tiempo.
Lamentamos desde La Búsqueda que personas tan geniales como pudo ser Richard Wagner, se dejaran cegar por ideologías nacionalistas totalitarias, como esta ocurriendo hoy en día en algunas regiones de Europa.

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