GLASTONBURY por tierras del Grial
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Los apacibles y cuidados jardines que enmarcan la abadía son motivo de peregrinaje de miles de turistas atraídos por la leyenda y el mito del Grial

Glastonbury alberga diversas tradiciones, la más conocida hace referencia al Santo Grial, supuestamente traído hasta aquí por José de Arimatea.

LA SOMBRA DEL GRIAL

El pueblo de San Pantaleón se encuentra a 18 kilómetros al norte de Trespaderne, perfectamente enlazado por la BU-550. La iglesia, que corona el extremo del espolón rocoso, está al otro lado del río. Conviene, por tanto, dejar el coche en la carretera, y hacer el resto del recorrido a pie, bien calzado con botas de montaña. En una de las primeras casas del pueblo se recoge la llave de la ermita; después, el camino se inicia hacia la izquierda, rodeando la espectacular peña. Cuando alcance el segundo tramo del sendero, no dude
en girar la cabeza, porque tendrá a su alcance uno de los más bellos parajes que haya contemplado: el valle del Losa, con el río Jerea como protagonista natural.
La ermita de San Pantaleón está agarrada a la plataforma superior del acantilado fluvial, a modo de altar o ara sagrada, donde los caballeros templarios, recogiendo toda la sabiduría de los pueblos de la protohistoria, oficiaron sus ritos en lugares próximos a las estrellas. Ya frente a la iglesia, lo primero que le llamará la atención es la peculiar planta que ofrece el templo, con una altiva fachada rematada en su parte superior con una espadaña que se alza sobre la zona central del tejado, delimitando el área de la cabecera. Se trata de una iglesia románica de solo 10 metros de longitud en su única nave. El edificio fue concebido por los maestros canteros medievales de forma que pudiese resolver el fuerte declive de la pendiente rocosa sobre la que se asienta. La portada de acceso a la iglesia está protegida, en el lado derecho, por un atlante o gigante de piedra, que muy bien podría representar a un caballero templario; en la jamba opuesta, una columna en zig-zag, en clara evocación al líquido elemento, que sustenta la vida de personas, animales y plantas, y que se halla tan próximo como es el río Jerea, que discurre en la falda del acantilado. Toda esta modesta ermita de peregrinaje está llena de símbolos que el Temple dejó grabados en piedra a modo de mensajes ocultos. El erudito José Fernández Palacios sugiere que esta apartada iglesia de romería bien pudiera ser el sepulcro del santo, san Pantaleón, cuyos restos estuviesen enterrados bajo el altar mayor.

EL MÍTICO 'MONT SALVAT'

Entre los elementos ocultos que la iglesia de San Pantaleón, consagrada el 7 de junio de 1206, esconde, está la leyenda del Santo Grial. A solo 3 kilómetros de distancia, aguas abajo, se halla el pueblo de Criales, nombre que evoca el cáliz sagrado; y, hacia el norte, ya en los límites con Euskadi, tras las sierras de Losa, Mena y Orduña, se alza la poderosa contrafuerte de la Sierra Salvada, que muy bien podría corresponderse con el mítico Mont Salvat, del poema del trovador templario alemán Eschenbach, marco de la acción de la búsqueda del Santo Grial, que por simple transposición en la evolución literaria del relato pudo convertirse en el cáliz, o el Graal, que conservaba la sangre.
En la cima de esta empinada montaña, la Peña Salvada, los caballeros templarios guardaron el Santo Cáliz, en defensa contra los hispano-musulmanes. El monarca asturiano Alfonso II el Casto (791-842) sería el Parsifal de esta leyenda. Muy cerca se halla el templo escondido de Valpuesta, próximo al curso del río Omecillo. Y la culminación de este gran tema lírico sería fruto de la fantasía de un peregrino que, a comienzos del siglo XIII, procedente de un país del norte de Europa, pasó por estos recónditos valles burgaleses, en su caminar hacia Compostela. El peregrino en cuestión pudo muy bien desembarcar en Bilbao, puerto de acceso protegido por los templarios y muy empleado en las peregrinaciones y, en lugar de seguir el ramal jacobeo que bordea la costa, se internaría tierra adentro hacia Castilla por el valle de la Losa. Era una ruta, aunque poco frecuentada, muy directa, amparada por los castillos de Aranguren y Llantero, y seguía al arrimo del de Tejeda, cerca de Trespaderne, y el de Poza de la Sal, donde los templarios explotaban la valiosa sal mineral procedente de sus salinas. Este peregrino, al pasar por el valle de la Losa, se enteraría de la existencia del milagroso cáliz de san Pantaleón. Con este y los restantes elementos (Criales, Sierra Salvada,, los templarios, el marco naturalístico del lugar, etc.), es fácil deducir que el peregrino quedaría inmerso en un mundo onírico, y de aquí a formar una leyenda hay solo un paso. Actualmente, aquel sagrado recipiente se encuentra en Madrid, concretamente en el convento de la Encarnación, donde fue llevado durante el siglo XVI, lugar donde aún se conserva y en el que, según se afirma, continúa licuándose el día de su fiesta (el 21 de julio), como lo hacía antes en el valle de Losa.

Más información: 
España y el Santo Grial.
El Grial en Burgos.


GLASTONBURY por tierras del Grial

Glastonbury, antigua Glastonia, pertenece a la categoría de esos lugares repartidos por el mundo en los que la historia y el mito se entremezclan para crear una extraña atmósfera de misterio y espiritualidad donde todo es posible. Situada en el suroeste de Inglaterra, en las cercanías del canal marítimo de Bristol en torno al territorio fronterizo inglés y galés, es un pequeño enclave de la región de Somerset. Glastonbury, también llamada Ineswitrin en los textos galeses, abarca un sinfín de enigmas y leyendas.

Entre ellos destacan el paradisíaco Avalón, el culto a la gran diosa Madre Tierra, las míticas Siete Islas, el hallazgo de las tumbas del Rey Arturo y su esposa la reina Ginebra, así como la legendaria Mesa Redonda con su extensa y conocida saga del Santo Grial, el misterioso personaje José de Arimatea, la sacra colina Tor y su sorprendente alineamiento con otros arcanos recintos meridionales de Inglaterra y, cómo no, los restos de su antigua Abadía, lugar de continua peregrinación.

Todos estos variopintos temas se dan cita en esta pequeña población que actualmente no llega a superar los 8.000 habitantes.

Siglos antes de la era cristiana, el mar bañaba esta región llegando sus aguas al pie mismo de la famosa Tor (colina). El territorio era una zona pantanosa, donde los celtas fundaron un primitivo asentamiento lacustre conocido con el nombre de Avalon en honor a su semidios Avalloc o Gwyn ap Nudd, antiguo guardián del mundo invisible.

JOSÉ DE ARIMATEA, EL MITO

De esta época se supone la existencia de un antiguo santuario pagano detentado por druidas que, con el paso del tiempo, serían suplantados por la cristianización del lugar en plena época de conquista romana y por la implantación de la leyenda de José de Arimatea, junto con 12 discípulos, de quienes se dice que trajeron consigo la custodia del Santo Grial o la Sangre de Cristo, muerto en el Gólgota.

Algunas modalidades de esta leyenda aseveran que José, además de traer consigo hasta aquí el Grial, también trajo la famosa lanza de Longinos, que abrió el costado de Jesús en la cruz. Una vez en Britania, José de Arimatea fundó la abadía de Santa María de Glastonbury e inició su apostolado en estas remotas tierras.

Objetivamente, hay que pensar que fueron los propios monjes de la abadía quienes elaboraron y difundieron esta leyenda, para otorgar así un halo de importancia y trascendencia histórica a los orígenes de su convento, reforzado con el mito de que José, además, escondió las santas reliquias en algún punto secreto de los alrededores de Glastonbury. Con ello, el lugar se investía de una importancia preeminente para la cristiandad británica, sin menosprecio de que, en efecto, Glastonbury sea reconocido como el edificio cristiano más remoto en el tiempo erigido en Gran Bretaña, sobre un centro druídico.

El celtismo sufrió en las islas una interesante mutación, pues acabó aceptando el cristianismo ante la invasión romana, pero lo hicieron a su manera, al margen de la posterior ortodoxia cristiana de Roma. Esta corriente se ha conocido en la historia como Iglesia Celta o Cristianismo Céltico.

LA LLEGADA DEL GRIAL

Esta variante del cristianismo sirvió no solo para convertir a las paganas Irlanda y Escocia, sino que también hizo apostolado en el continente europeo en pleno auge medieval (a través de la orden monástica céltica de San Columbano), hasta que acabó suplantada por las órdenes de los cluniacenses y cistercienses, más afines a la rígida ortodoxia romana. Con todo, el cristianismo celta perduró hasta bien entrado el siglo XI, y protagonizó episodios de una trascendencia importantísima en la historia de Europa. Fue precisamente la iglesia romana quien, como en tantas otras ocasiones, se encargó de minimizar de la memoria histórica los hechos que protagonizaron los cristianos celtas.

Pero volvamos a los apacibles jardines que rodean las ruinas de la abadía. La historia de José de Arimatea como portador del Grial hasta este lugar la mítica Avalon celta también conocida como isla Blanca, no es sino la interpretación cristiana del mito griálico en tierras inglesas. José es un personaje bíblico del que muy poco se conoce, por lo visto permaneció encarcelado en Palestina durante más de cuarenta años por ser seguidor de Jesús. Durante su cautiverio (siempre según la leyenda), Jesús se le aparece para entregarle el milagroso cáliz, siendo precisamente su custodia lo que le permite sobrevivir a tan prolongada y penosa situación. Saber cómo José se liberó de su pena y llegó a Inglaterra es algo tan misterioso como el propio Grial, aunque no faltan explicaciones a la cuestión.

Sin duda, la epopeya de José de Arimatea es la piedra de toque de la asimilación por parte del cristianismo del mito céltico del Grial. Para ser más precisos, William Nitze, especialista en temática griálica y arturiana, insiste, en su obra Glastonbury and the Holy Grau (Glastonbury y el Santo Grial), que en pleno siglo XII la tradición local glastoniense desconocía la leyenda de la visita de José de Arimatea a Inglaterra, y que, en consecuencia, el monasterio de Glastonbury no podía reclamar la posesión de ninguna reliquia que sugiriese la leyenda del Grial. Fue el clérigo Robert de Boron quien en su obra Roman de l'Estoire dou Graál (finales del siglo XII y principios del XIII) quien uniría por primera vez las leyendas celtas y el mito del Grial cristiano en la Abadía de Glastonbury.

Robert de Boron no pudo, por tanto, inspirarse en ninguna tradición anterior ni tuvo que aguardar a que tal tradición surgiera en la región de Soinerset. Por el contrario, fueron su Roman de la 'Estoire dou Graal' y los posteriores textos de él derivados los que ayudaron a propagar la leyenda de la importación de la sangre de Cristo a Glastonbury.

FUNDACIÓN INCIERTA

No hay fechas concretas para determinar el momento preciso en que se fundó la abadía. Probablemente debió ser hacia el siglo VII, sobre un conjunto de edificaciones muy precarias de madera que ya funcionaban como rancio monasterio cristiano. Al rey sajón me de Wessex se atribuye la iniciativa fundacional en base a una pequeña iglesia de piedra; al menos así lo corrobora la arqueología, ya que se han encontrado restos de aquella época en los fundamentos de la actual nave oeste.

Desde su asentamiento más remoto hasta el siglo XV, todos los edificios que se fueron erigiendo sobre los anteriores sufrieron toda clase vicisitudes: incendios, terremotos, saqueos... hasta su irremediable y progresiva destrucción en 1539 a manos de Enrique VIII para demostrar su poder sobre la Iglesia de Roma.

Así Glastonbury, con toda su fuerza mística y legendaria, no ha podido resistir los avatares del paso de los años, y presenta hoy el aspecto de una ruina; eso sí, enmarcada en un cuidado y apacible jardín, motivo de peregrinaje de turistas de todo el mundo que aquí acuden atraídos por el halo de la leyenda.

Esta vuelve a entrar en escena cuando nos presenta de nuevo a José de Arimatea, quien, al clavar su bastón en esta tierra, lo ve transformado en una zarza, señal de que se hallaba en un lugar sagrado sobre el que debía edificar una iglesia dedicada al culto de la Virgen María, es decir, a la Gran Diosa Madre transmutada ahora en la Madre de Cristo.

TOR DE GLASTONBURY

Junto a la población de Glastonbury se alza la Tor, un montículo de unos 160 metros de altura, desde el que se domina, a simple vista, buena parte del precioso condado de Somerset. Su presencia y la de la Abadía, son el gran atractivo de la visita a Glastonbury. Este promontorio fue, hace miles de años, la parte visible de la legendaria isla de Avalon, pues este condado se hallaba moteado de zonas pantanosas, siendo el elemento agua muy predominante en la zona, no solo por la proximidad del canal de Bristol, sino por la profusión de zonas 
inundables, fuentes y manantiales.

Este factor fue determinante durante el período celta para que la región tuviera la consideración de mágica. Es sabido que en su mitología, las fuentes, manantiales y las llamadas damas de agua que los custodiaban eran de naturaleza sagrada. En ellos reside, probablemente, el origen más remoto de la leyenda de la copa mágica que con el tiempo se convertiría en el mito del Grial.

El agua era considerada una manifestación de esa Gran Diosa Madre, y por ende, tenía propiedades mágicas. Tanto Glastonbury, con su fontana rojiza subterránea de Chalice Well (al pie mismo de la colina Tor), que se asocia a la sangre vertida y recogida en el Santo Grial, como la región de Somerset han disfrutado desde siempre de una gran profusión de esas fuentes naturales, cuyo máximo exponente es la actual ciudad de Bath, la antigua Aquae Sulis de los romanos, probablemente uno de los baños públicos mejor conservados de los que todavía permanecen en pie y en muy buen estado, legado magnífico del pasado romano en Britania.

Así pues, disponemos en Somerset de toda una serie de elementos que son los indicios de que durante el período celta esta fue una región sagrada, tanto como durante el neolítico lo fue el vecino condado de Wiltshire, con sus máximos exponentes megalíticos en Avebury, Stonehenge y Silbury Hill como elementos destacados de esa sacralidad (ver La Espiral Nº 1 y 2).

La torre medieval que hoy podemos apreciar en la colina es cuanto queda de un pequeño monasterio ubicado en la misma. Un terremoto acaecido en 1275 destruyó tanto dicho monasterio como la actual abadía, situada en pleno centro de la ciudad de Glastonbury.

También aquí el cristianismo se apresuró a desproveer el lugar de sus antiguas connotaciones celtas, pues consideraba que en este punto se hallaba la entrada a una especie de submundo (como se recoge en la leyenda de la Vida del santo ermitaño Cohen) que denominaban Annwn (Avalon), dominio del mítico rey Gwyn ap Nudd, un remoto arquetipo del rey Arturo. Así, mediante la edificación cristiana sobre tan pagano acceso, se cegaba la supuesta salida de cualquier ser diabólico que turbara el proceso cristianizador de la zona. Como ocurre en la mayoría de promontorios paganos, aquí san Miguel también hizo su trabajo como evangelizador de enclaves elevados y montículos, siendo el mencionado pequeño monasterio puesto bajo el patrocinio del arcángel.

ZODÍACO Y LABERINTO

No podemos pasar por alto el mito de la Mesa Redonda que muy acertadamente desveló la escultora canadiense Catherine Maltwood en el año 1925, cuando realizaba los dibujos que iban a ilustrar una nueva edición de la Alta Historia del Santo Grial, escrito en época medieval en la misma abadía de Glastonbury. La citada autora concluyó, tras analizar el relieve geográfico de las proximidades, que dentro de una circunferencia aproximada de 30 millas, las figuras de los personajes míticos del rey Arturo, Ginebra, Merlín, Perceval, etc... estaban perfectamente rotulados sobre el terreno en forma de círculo que rodea Glastonbury. Y que, en definitiva, estos míticos personajes eran la exacta representación de los signos zodiacales escampados entre el relieve de las colinas, los cursos de agua, túmulos, terraplenes, caminos y sendas peatonales. He aquí, en Glastonbury, en la Tierra del Santo Grial, el misterio desvelado de los Caballeros de la Mesa Redonda. Y cómo no, ¿qué mejor sitio, sino, para captar esta espléndida visión que la magnífica atalaya de la colina Tor?

Una peculiaridad de este montículo, al que algunos autores consideran artificial, es que en el pasado fue motivo de peregrinaciones y rituales paganos, pues en sus laderas estaba trazado en forma de sendero el recorrido de un laberinto que ascendía hasta siete niveles (hecho que recuerda al mito local de las siete islas de Somerset) hasta alcanzar la cima. Con el tiempo, los monjes disimularon este trayecto practicando sobre él una serie de terrazas que usaron como campos de cultivo. Hay razones fundadas para creer que este trazo enmarañado fue construido en tiempos contemporáneos en los que se construyó asimismo Stonehenge, Avebury y Silbury Hill.

En la actualidad, todo el mundo asciende en pocos minutos, a través de unos peldaños, pero las tradiciones hablan de un recorrido de carácter iniciático y ritual de no menos de tres horas, tiempo que se necesitaba para recorrer el laberíntico sendero, hoy difícilmente perceptible por el lógico desgaste causado por el paso del tiempo.

Pero en nuestros días, este significativo y aislado monumento no ha perdido su trascendencia mística, pues sigue siendo objeto de peregrinaje en determinados días del año para católicos, protestantes, neopaganos o neodruidas. Sin duda, el lugar posee un magnetismo especial, ya sea por la bella panorámica que ofrece o por las arquetípicas ideas que lo señalan como un lugar de confluencia de supuestas energías telúricas. En sus inmediaciones, brotaron los que probablemente sean los dos robles más famosos del mundo: Gog y Magog, guardianes de la antesala a ese ascenso iniciático que en épocas precristianas practicaron miles de peregrinos.

EL CÍRCULO Y LA SERPIENTE

Quien ascendía por la vieja senda laberíntica, lo hacía trazando círculos serpenteantes, una elocuencia más de algo que se halla muy presente aquí, en el sur de Inglaterra, evocación clara y nítida de lo que en la antigüedad fue idolatrado a través del paganismo.

Mágicas corrientes de agua serpenteando entre bosques sagrados, fuentes y copas de las que manaba agua de virtudes sobrenaturales, piedras erigidas en forma de círculo, lugares de concentración de poder donde se manifestaban las fuerzas telúricas que emanaba la Gran Madre; todo ello, desde el lejano neolítico hasta nuestros días, pasando por los celtas y romanos que también, y cada uno a su manera, veneraron estas manifestaciones, para ellos evidentes, de las fuerzas y energías que surcaban el mundo.

De todo eso apenas nos queda el recuerdo, vestigios pétreos de un pasado de comunión y conocimiento de la tierra, donde el agua, el Sol, los astros y los dioses eran los encargados de moldear el destino de los hombres.
Con esta entrega finaliza la tríada de trabajos que hemos dedicado al mágico Sur inglés y a esos símbolos que nos evidencia su paisaje: la conjunción del círculo zodiacal (celestial) y la serpiente telúrica (terrenal); elementos vitales e indisociables de quienes han habitado esta preciosa tierra a través de los siglos y las eras.



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Año 2005

La revista Espiral del conocimiento, en el número 3, ha publicado dos artículos con temática griálica: "Glastonbury por tierras del Grial", firmado por Jaume Cluet y Josep Mª Roselló y otro más: "Mitos y leyendas del Temple en el Camino de Santiago" de Jesús Ávila Granados, reproducimos los citados artículos.
UN MITO NOVELADO

Un mismo objeto y similar simbolismo aparecen en distintas leyendas del Grial y diversos puntos de la geografía europea: Inglaterra, Irlanda, Gales, la Bretaña francesa y Aragón en plena época medieval, hasta llegar a nuestros días, donde una pieza de orfebrería de estilo bizantino que es reconocida por el Vaticano como el Santo Grial se halla custodiada en la catedral de Valencia, procedente del antiguo monasterio de San Juan de la Peña, en la provincia de Huesca.
Hacia el siglo Xl, Chrétien de Troyes inicia la primera redacción conocida de El Cuento del Grial -recogida de un misterioso libro, nunca hallado- recopilando las últimas tradiciones celtas de los bretones franceses que dejaron sentir su influencia en distintos territorios franceses norteños y en las tierras provenzales del sur. A su muerte, Chrétien dejará el texto inconcluso.
Tras él, varios autores retoman la obra: Robert de Boron: Wolfram von Eischenbach, que se basa en un hipotético autor occitano; Kiot de Provence -acaso el más enigmático-: Scharfenberg o Thomas Malory. Durante tres siglos (Xll.XV), el mito griálico vive una efervescencia en forma novelada y transformada al cristianismo en sus distintas versiones: Parzival, Titurel o La muerte de Arturo, donde aparecen elementos cargados de simbolismo, cuyo significado se hace a veces inescrutable y, necesariamente, hay que buscar en las fuentes de la mitología y los cuentos celtas para hallar un sentido más claro a dichos relatos novelados. No obstante, lo que sí logró el cristianismo es incorporar un mito pagano más a su elenco, como si de un antiguo dios transmutado en santo se tratara.
Como otros textos iniciáticos, la lectura de las distintas versiones del mito del Santo Grial requiere un conocimiento profundo en otras disciplinas más allá de la mera lectura de una obra caballeresca, si es que queremos comprender toda su dimensión, significado y mensaje trascendente.
Baños romanos de la antigua Aquae Solis, la actual ciudad de Bath (Somerset).
El agua estuvo íntimamente ligada a todo tipo de creencias mágicotelúricas desde épocas anteriores a los celtas, quienes mantuvieron esta tradición de la que los romanos fueron continuadores.

 

Dion Fortune- Glasrtonbury, Avalon del Corazon - Editorial Kier, Buenos Aires.

 

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