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Hasta que en 1930 el astrónomo francés Bernard Ferdinand Lyot (1897-1952) inventara el coronógrafo, una instrumento que permite reproducir un eclipse en cualquier momento, era necesario esperar a que la Luna obscureciera totalmente el disco solar, de forma que al desaparecer la brillante fotosfera se observara a simple vista la corona solar, y con la ayuda de cámaras fotográficas registrar su estructura así como las protuberancias y la cromosfera solares.
Las protuberancias son una manifestación energética de los procesos que se suceden en la atmósfera solar, concretamente en la capa llamada cromosfera que está por encima de la fotosfera, la superficie visible del Sol. La temperatura en la fotosfera disminuye desde los 10 000 K a los 4000 K a lo largo de sus 500 km de espesor, mientras que en la cromosfera la temperatura llega a alcanzar hasta los 60 000 K en sus 2 000 km de grosor.
La cromosfera y las protuberancias brillan menos que la fotosfera, por este motivo no son visibles a menos que de forma natural se produzca un eclipse de Sol total, o de forma artificial mediante el uso de filtros adecuados como el de hidrógeno alfa y de un coronógrafo.
Roberto Palmer 2006-05-30