Una fresca tarde de noviembre en Zaragoza, después de la lluvia, el fotógrafo aprovecha para probar una cámara digital que le han dejado. Escoge la zona más tópica de la ciudad. Entre los conocidos monumentos, y con luz ya escasa, se encuentra con un universo de reflejos en los charcos y las fuentes de las más conocidas plazas del lugar. Estas son algunas de las impresiones recibidas. Si tienes algún comentario lo puedes remitir aquí.
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