Gran riada en el Ebro - Febrero 2003

El Ebro se ha configurado desde antiguo como una columna vertebradora de los pueblos que han habitado el Valle del Ebro. Sin embargo, Zaragoza ha vivido siempre un poco de espaldas al ríó, y sólo, con la expansión de la ciudad por la orilla izquierda del Ebro, los zaragozanos se han empezado a plantear recuperar el río.

En febrero de 2003, una importante avenida ha devuelto la curiosidad a los maños sobre esa arteria fluvial que tanto reivindica Aragón, y que tan poco pinta en la vida de la "urbanita" capital aragonesa.

Era curioso ver cómo las noticias de los medios de prensa esperaban con impaciencia las consecuencias de la riada en la capital. Vana espera. Así como al paso por las comarcas de la Ribera, los destrozos han sido importantes, en la capital las consecuencias son siempre leves o moderadas. Algún parque y algún centro deportivo sumergido, algunos garages inundados; poco más. Zaragoza, ciudades íbera, romana, visigoda, árabe, cristiana, construidas unas sobre otras, se ha elevado de forma notable sobre el río.

     

En mi adolescencia, incipiente pescador deportivo que abandonó la afición, tomé conciencia de las potencialidades del río desbocado. No hay lugar para sorpresas en la ciudad; aunque ahora poco frecuente, el espectáculo ya había sido contemplado y admirado.

Ahora, esperaremos la llegada de la primavera y el estío, cuando los guijarros del fondo asomarán presagiando una nueva sequía que esperemos no sea tan pronunciada como las de años atrás.

       

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