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El Gentilicio Perdido

Francisco Javier Galbeño

 

 

 

 

 

 

 

Cruz del Humilladero, Calle Málaga

 

 

Entrega de las llaves de la ciudad de Marbella a Fernando el Católico. Obra de Rodrigo Alemán (Siglo XV), Catedral de Toledo.

 

 

Han transcurrido algunos siglos desde que el 11 de Junio de 1485 Mohamed Abuneza entregara sin ninguna oposición la ciudad de Marbella a las huestes de Fernando el Católico. Desde entonces y hasta nuestros días, antiguos viajeros, investigadores y estudiosos de la historia local de Marbella no han logrado llegar a un acuerdo para determinar con exactitud el verdadero topónimo de Marbella a la llegada del ejercito cristiano.
Afortunadamente, hoy día podemos presumir de conocer acertadamente el actual nombre de esta ciudad.
Sin embargo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿No hay un asomo de duda en muchos habitantes de Marbella al referirse al gentilicio? Marbellero, Marbellí o Marbellense.
Es notorio y palpable la división de opiniones entre la población local cuando se trata este tema. Y es habitual encontrar debates entre los defensores de algunos de estos gentilicios que solo logran confundir aun más a los propios del lugar.
Quizás debamos hurgar un poco en la historia para encontrar datos que nos aporten algún esclarecimiento y nos ayuden a desvanecer nuestras dudas en este intento de encontrar el gentilicio correcto. Así pues, volvamos de nuevo hasta aquel mes de Junio de 1485, en los días previos a la llegada del rey Fernando.
Probablemente y como afirma Alcalá Marín en “Marbella musulmana” el nombre de la ciudad en aquel entonces podría haber sido el de MARBIL-LA.
Si analizamos fonéticamente “MARBIL-LA”, observaremos que existe una cercana similitud al pronunciarla, con la palabra “Marbella”; siendo muy probable que una vez conquistada la ciudad, los cristianos adoptaran esta ultima por su parecido fonético. Haciendo de este modo honor y justicia a la belleza de sus aguas.

 

 


 

 

 

 

 

 

Por aquella época y según el historiador malagueño Guillén Robles en “Historia de Málaga y su Provincia”, los musulmanes que habitaban Marbella eran llamados marbellíes.
Este adjetivo, quizás pudo haber sido utilizado durante años, por los nuevos pobladores cristianos para designar a los musulmanes que después de la reconquista seguían habitando la ciudad.

 

 

Lógicamente, los cristianos que quedaron en Marbella después de la toma del lugar no aceptarían compartir el mismo gentilicio que los musulmanes, lo que hace suponer que utilizaran otro distinto, quizás marbellero ó marbellense.
Gentilicio este último, que es usado por Vázquez Clavel en su libro “Conjeturas de Marbella”, publicado en 1781.
Castillo musulmán de Marbella

De ese modo, el uso del gentilicio marbellí, habría quedado exclusivamente destinado para designar a estos musulmanes nacidos en Marbella, cuya religión y costumbres se encargaría el paso del tiempo en sumergirla dentro de la cultura cristiana.
Es muy seguro que después de algunos siglos, tras la desaparición de las prácticas musulmanas, el adjetivo marbellí, corriera la misma suerte y dejara de existir como gentilicio.
Aunque es probable que el único recuerdo que habría quedado de la palabra marbellí, quizás logró sobrevivir gracias a las uvas de Marbella.
Desde aquellos tiempos de dominación árabe, Marbella producía unas sabrosísimas uvas llamadas marbellíes. Estas uvas eran muy apreciadas y fueron inmortalizadas por Salvador Rueda en algunas de sus obras y poesías.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salvador Rueda (1857-1933)

 

 

 

 

 

“ Lo que en sus viñas coloreadas cría
la andaluza y prolífica Marbella.
De suelo generoso como Chipre,
de cielo esplendoroso como Atenas
y cuyo dulce nombre “ marbellíes ”
encanto es del oído y de la lengua.”


 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero estas deliciosas uvas a las que se refería el poeta y que se cultivaban en las numerosas huertas que existían en Marbella, también fueron desapareciendo. La llegada del turismo y de la especulación, acabó con ellas.
Los más antiguos del lugar, aun las recuerdan.
Aunque también recuerdan, que antes de que desembarcara la Jet-Set, los de Marbella eran marbelleros. Ellos dicen que lo de marbellí, es un invento tan moderno como el turismo, pero que no es auténtico.
Hay quien piensa que los marbellíes son los habitantes de Marbella que llegaron de fuera y los marbelleros los que nacieron en ella. Pero los propios del lugar aseguran que lo correcto en ambos casos es marbellero. Que se puede ser marbellero de nacimiento o de corazón.
El que fuera cronista oficial de Marbella, Dr. Antonio Maíz Viñals, publicó en su libro “Geografía medica de Marbella” (1976) que los nacidos en Marbella son marbelleros o marbellenses.
También, Don Fernando Alcalá Marín actual cronista oficial de la ciudad, utiliza ambos gentilicios en algunos de sus libros sobre historia local, al referirse a los naturales de Marbella.
Incluso, los pocos descendientes de aquella Marbella pequeña y recoleta que tuvieron la suerte de conocer La Jaula en la Alameda ó de jugar en las calles del casco antiguo cuando aun estaban empedradas con guijarros. Ellos, también defienden su condición de marbelleros ante cualquier intento de intrusismo que pueda arrebatarles su preciado gentilicio.
Entonces. ¿Que pudo ocurrir? ¿Por qué esa insistencia popular de reemplazar marbellero por marbellí?
Don Fernando Alcalá Marín, explica en su libro “Marbella, los años del turismo” (1997), que el célebre periodista y escritor Don Víctor de la Serna, durante la última etapa de su vida (Murió en 1958), pasaba largas temporadas en Marbella. A veces, escribía artículos sobre los pueblos de la Costa del Sol, de modo que al interesarse por su historia, leyó a Guillén Robles (“Historia de Málaga y su provincia”). Don Víctor encontró el gentilicio “marbellí” que Guillén usaba como sinónimo de musulmán de Marbella y le gustó.
A partir de entonces, lo utilizó para suplantar marbellero y lo popularizó.
Aunque según el periodista Juan Carlos Reina, fue nuestro desaparecido profesor José Manuel Valles quien impulsó definitivamente el término marbellí al propagarlo entre sus amistades famosas como: Camilo José Cela, Alfonso Canales, Gonzalo Torrente Ballester y otros.
Después, comenzaron a llegar los años del boom turístico y Marbella empezó a llenarse de famosos. Con ellos, fotógrafos y periodistas siguieron usando el gentilicio marbellí para designar todo aquello que tuviera relación con Marbella. La televisión y los medios de comunicación se encargaron de universalizar una palabra que estaba en desusó en detrimento del verdadero gentilicio que usaban los propios del lugar.
A pesar de eso, los marbelleros han seguido en su sitio. Se puede decir que incluso algunos intelectuales y asociaciones locales defienden el gentilicio marbellero, haciendo uso de él públicamente en cuanto tienen ocasión.
El carismático escritor Antonio Burgos, decía en uno de sus artículos: “lo marbellero es lo auténtico del pueblo y lo marbellí es lo del chufleteo de pintar la mona...”.


 

 

 

Busto de Don Victor de la Serna en calle Málaga
A Don Víctor de la Serna el Ayuntamiento de Marbella le dedicó un busto que se encuentra en los jardines de la calle Málaga, cerca de la cruz del humilladero. La lucha continúa y la batalla por el gentilicio se muestra ardua y dura. Sobre todo después de que la Real Academia de la Lengua halla excluido de su Diccionario las palabras marbellero y marbellense (hasta no hace mucho aceptadas por la Real Academia) y hacer figurar en las últimas ediciones del mismo el término marbellí, para designar a los naturales de Marbella.Un auténtico golpe bajo para los intereses de los marbelleros que ven como parte de su identidad histórica deja de ser reconocida.
Acaso, ¿En lugar de investigar la historia de la ciudad para determinar su gentilicio, los señores académicos se dedicaron a leer la prensa del corazón?
Esperemos que alguna vez se haga justicia y que los marbelleros recuperen el gentilicio perdido.