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-------- CLAN MARBELLA - REVISTA DIGITAL DE MARBELLA - ARTE, CULTURA Y ACTUALIDAD - --------------

Historia Del Tostón

 

 

 

 

Francisco Javier Galbeño

 

 

 

 

 

 

 

La clásica tradición marbellera de asar castañas la noche del 31 de Octubre o en las primeras horas del 1 de Noviembre, acompañados con amigos o familiares y que todos conocemos con el nombre del tostón, es tan antigua que se pierde en la noche de los tiempos. Aunque en los últimos años esta costumbre ha tenido momentos de auge y otros de escasa participación, si preguntáramos a nuestros abuelos ellos nos dirían que siempre la conocieron. Pero no creamos que esta fiesta llena de magia y de misterio es autóctona de Marbella, ni mucho menos. Nos sorprenderíamos si supiéramos en cuantos sitios se asan castañas la víspera del 1 de Noviembre, día de Todos los Santos.

 

La fiesta de Todos los Santos tuvo su origen durante la persecución de los cristianos por el emperador Diocleciano, murieron tantos que era imposible conmemorarlos uno por uno y santo por santo. Por esa razón no hubo más remedio que organizar una fiesta común en la que se pudieran recordar a todos.

 

 

 


En agosto del 608 fué consagrado papa Bonifacio IV a quien por motivo de su elevación al pontificio recibió del emperador Focas el permiso para transformar el Panteón de Roma en una iglesia cristiana.
El Panteón fue construido por Agripa en el año 27 antes de Jesucristo en honor de todos los dioses, pero Bonifacio IV lo convirtió en iglesia y el 13 de Mayo del 609 consagró el templo a Santa Maria de los Mártires en recuerdo de todos los que dieron su vida defendiendo la fe cristiana. Fue entonces cuando se instauró la fiesta de Todos los Santos.

 


 

 

 

 

Aunque inicialmente esta celebración se hacía en Mayo, fué el Papa Gregorio III (731-741) quien la cambió al 1 de Noviembre, fecha que ha seguido celebrándose hasta nuestros días.

 


El motivo de este cambio fue debido a los intentos por parte de la Iglesia de convertir al Cristianismo a los pueblos con ritos paganos que no querían abandonar sus tradiciones y fiestas. Después de que los romanos conquistaran a los celtas y tras la llegada de la fe catolica estos pueblos aún conservaban las costumbres ancestrales de la religión celtica.
Los católicos creían que al establecer fiestas nuevas en las mismas fechas y de características similares a las antiguas o propias de los celtas, no les sería tan difícil a estos nuevos practicantes de la fe cristiana, abandonar sus antiguas costumbres religiosas sin que ello conllevara erradicar su cultura. Así pues, los cristianos comenzaron a adaptar y santificar las fiestas de los celtas convirtiéndolas en celebraciones cristianas.

 

 

 

 

 

 

 

De ese modo, la noche del 31 de Octubre se convirtió en la víspera del día de Todos los Santos (All Hallow¨s Eve).
Para los celtas, que habitaron la Península Ibérica, Escandinavia, Irlanda, las Islas Británicas y gran parte de Europa Occidental, la religión formaba parte de las costumbres diarias y ellos jamás aceptaron totalmente los ritos cristianos, es por esa razón que aun sobreviven entre nosotros algunas de las tradiciones de la víspera del 1 de Noviembre, sobre todo en la cultura anglosajona en la que es una noche de magia, brujas y hechizos.




 

 

 

Los celtas dividían en dos partes el año, verano e invierno. La noche del 31 de Octubre celebraban el Samhain que era el festival de la muerte, esta fiesta pagana marcaba el término del estío y el inicio del año nuevo con la llegada de los días de frío y oscuridad. Este cambio de estaciones tenía un carácter muy especial en la que el Samhain era la fiesta más notable pues además de significar el final de la cosecha dándose gracias por los frutos recogidos, se preparaban para recibir a Samhain, el dios de la muerte.

 

 

 

 

 

Los celtas creían que esa noche y con el consentimiento de Samhain los espíritus de los muertos regresaban para despedirse de sus familiares o para comunicarse con ellos. Los obstáculos que separaban la vida de la muerte se desvanecían y todos los espíritus entraban en una dimensión muy cercana a la nuestra, desde la que podían pasar al mundo de los vivos.

 

En todas las aldeas, los druidas se disfrazaban esa noche con cueros y cabezas de animales, visitando todas las casas del vecindario y exigiendo a sus habitantes ofrendas para Samhain. Si los druidas no quedaban satisfechos con estos obsequios, ellos les hacían un truco o treta a estas familias maldiciéndoles con enfermedades o haciéndoles alguna fechoría. Este es el origen de la frase “trick or treat” (trato o travesura). Los druidas eran muy temidos por el pueblo y cuando conseguían todas las ofrendas que necesitaban las dejaban para los espíritus iluminándolas con grandes fogatas y ofreciendo a veces sacrificios animales o humanos.

 

 

Los druidas solían llevar consigo un nabo el cual habían ahuecado en el interior y con una cara tallada en el frente que representaba al espíritu diabólico del cual recibían su poder y sabiduría. Dentro del nabo colocaban una vela o trozos de carbón que le servían para iluminarse a modo de linterna en las noches en las que se internaban en el bosque o cuando se acercaban a las aldeas a solicitar las ofrendas.

 

 

 

 

La llegada de los romanos al mundo celta significo que los nuevos conquistadores adoptaran esta celebración y la propagaran por todo el imperio, mezclándose con las fiestas de Pomona que los romanos dedicaban a la diosa de la fertilidad y de las cosechas.
Estas costumbres fueron importadas a Norteamérica por los colonos llegados desde las islas británicas e Irlanda durante los siglos XVIII y XIX. Al no encontrar nabos en el Nuevo Continente lo suficientemente grandes los inmigrantes optaron por sustituirlos por calabazas, siendo al día de hoy la figura más representativa dentro de la cultura anglosajona de la víspera de Todos los Santos (All Hallow¨s Eve), que con el paso del tiempo y después de varias transformaciones paso a denominarse noche de “Halloween”.

 

 

 

 

 

 

Esta tradición de origen celta ha experimentado un gran auge en los últimos tiempos en el mundo occidental y nos ha invadido a través del cine y del medio televisivo, conviviendo en España junto con otras costumbres más autóctonas y cercanas a nosotros que aunque procediendo quizás del mismo origen celta, sufrieron algunas modificaciones con el transcurrir de los siglos.

 


 

Para los druidas, el roble y el castaño eran arboles sagrados, pues incluso el poeta griego Homero dejó constancia entre sus escritos que en la religión celta, los druidas veneraban el árbol de las castañas, por creer que era un fruto donado por los dioses y que las castañas eran el símbolo de la inmortalidad.
En las tribus celtas, el castaño era el árbol del pan pues elaboraban harina con las castañas que luego utilizaban para alimentarse durante todo el año. Esta costumbre fue continuada después por los romanos que con la harina de castaña, agua y sal, fabricaban el bullote, una especie de torta con la que se alimentaban los legionarios en sus campañas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La castaña fué el alimento principal, en forma de fruto fresco, seco o molido en harina, hasta el siglo XVI. Después, con el descubrimiento de América los españoles trajeron al viejo continente los tomates, las patatas y el maíz, desplazando poco a poco la importancia que hasta entonces tenia la castaña en la dieta europea.

 

 

Las castañas siguieron estando presente a lo largo de los siglos en las costumbres y tradiciones que se celebraban en la vieja Europa durante la víspera del 1 de Noviembre y fechas próximas a la llegada del invierno, atribuyéndosele siempre a este fruto un carácter mágico y espiritual que aun se conserva en gran parte de España.

 

 

Hoy día, podríamos recorrer la península ibérica cualquier víspera de Todos los Santos y contemplar por toda nuestra geografía la cantidad de tradiciones que se celebran en la que la castaña es la principal protagonista.
En Cataluña se celebra la castanyada, en la que después de la cena familiar y en recuerdo de los muertos se suelen comer castañas asadas, así como los panellets y otros dulces propios del lugar. Esta tradición, aunque generalizada incluso por todos los países mediterráneos, se celebra también en Valencia, Aragón, Navarra y Castilla donde se consumen los famosos huesos de santo acompañados de vino dulce o moscatel, sin olvidar los tradicionales buñuelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Euskadi celebra en estas fechas el Kastañarre Eguna, día de las castañas, tradición en la que grupos de amigos se reúnen en torno a una merienda en la que además de las castañas asadas se degustan caracoles y chorizos.

 

 

 

 

 



En Galicia esta celebración se llama mangosto o magosto y esta relacionada con el culto a la fecundidad y la honra a los difuntos, en este caso la castaña se convierte en símbolo del alma de los fallecidos por lo que por cada una que se comía significaba la liberación de un alma del purgatorio. Aunque no olvidemos la creencia de que al final de la noche, tras la celebración, las animas se acercan a los rescoldos del fuego por lo que siempre se deben dejar algunas castañas en su honor.
En Castilla y León a esta tradición también se le denomina magosto, teniendo bastante arraigo en la zona del Bierzo y de Sanabria donde además de consumir las castañas asadas se acompañan con vinos de la zona. En el suroeste de esta comunidad autónoma, Ávila y Salamanca les llaman calvotes a las castañas asadas y la fiesta de la calvotada es muy famosa en Bejar.
En Asturias a esta costumbre se le denomina magüestu donde como es lógico pensar se beben grandes cantidades de sidra dulce, sobre todo en el festival de la castaña de Aces.
En Canarias el día de los finaos (finaos significa finados, persona muerta o difunta), es una fiesta popular que se celebra la víspera de Todos los Santos donde la gente sale a la calle a reunirse con amigos y disfrutar de una noche mágica en la que degustan castañas asadas entre sorbos de aguardiente y en la que se recuerda a los finaos, aquellos que finalizaron su vida en este mundo pero que aun viven en nuestro recuerdo.

 

 

 

 

 

 

En la alpujarra granadina se celebra también la fiesta de la castaña con gran devoción, pero se le llama la mauraca y las castañas asadas se acompañan con el chapurrao que es el mosto aun sin fermentar mezclado con anís o aguardiente.
Dentro de la provincia de Málaga, es en el Valle del Genal donde el castaño es la especie más característica y por ello en todos estos pueblos de la Serranía de Ronda como son Parauta, Pujerra, Cartajima, Jubrique, Igualeja, Faraján, Júzcar o Genalguacil, son muy populares los tostones de castaña el primero de Noviembre, al igual que en otras localidades del Valle del Guadiaro como Montejaque, Benaoján, Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera.
En algunos municipios de la Axarquia también tienen la costumbre de asar castañas en estas fechas de recuerdo a los fallecidos, como hacen en Maro y Alcaucin donde además suelen consumir los boniatos, otro producto muy común del otoño.
Los pueblos de la comarca de Marbella, Casares, Manilva, Benahavis, Istán, Ojén y la propia Marbella, conservan aun la tradición de los tostones, donde cada año al llegar la víspera de Todos los Santos muchos habitantes de estos lugares (sobre todo los más jóvenes) organizan excursiones nocturnas a los campos cercanos de cada municipio dispuestos a pasar una velada mágica en la que sus principales provisiones son las castañas y el aguardiente.
Antiguamente, cuando los cementerios estaban bastante alejados del núcleo urbano, como en el caso del cementerio de Marbella los tostones se hacían en las cercanías al campo santo. Se hacían hogueras y en viejas ollas agujereadas en su base y puestas al calor de la lumbre se asaban las castañas.
El aguardiente constituía otro de los elementos importantes de esta tradición, pues se le atribuían poderes sobrenaturales y de purificación que hacían que al beberlo delante del fuego donde se tostaban las castañas y tras comer alguna de ellas, quedáramos libres de los males de nuestra alma y de cualquier obscura intención e influencia que pudiera traer contra nosotros alguna de las animas que aquella noche nos visitara. El anís que se fabricaba en Marbella y en Ojén durante el pasado siglo sirvió para estos menesteres y sobre todo de remedio contra el frió a muchas generaciones de marbelleros que con el crecimiento desmesurado de la ciudad tuvieron que emigrar con las castañas hasta otros lugares menos poblados, no ya de muertos sino de los vivos, que con sus viviendas habían engullido el cementerio y todos sus alrededores.
Actualmente, las zonas de Puerto Rico, Puente Palo y lugares aledaños a la falda de Sierra Blanca, en Marbella y el Vivero en San Pedro de Alcántara, acogen cada víspera del primero de Noviembre a los nuevos practicantes de esta tradición, herencia de la antigua celebración celta del Samhain.
Recordemos la creencia de que las castañas son el símbolo del alma de los difuntos y que al comerlas se liberan las animas del purgatorio, por eso hay que dejar en su honor algunas castañas cerca del rescoldo de la hoguera, pues tras su liberación se acercaran al calor de la lumbre,
siendo en esta víspera el único momento en que a los difuntos se les permite visitar sus hogares y estar con los suyos por lo que se les debe encender velas y mariposas en aceite para guiarles en su camino y que encuentren su propia luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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