Cerezo me despide con una mañana nublada, pero poco después de Belorado el cielo queda al descubierto. En Villambistia alcanzo a Guy y Pablo y seguimos juntos por el camino los tres. Llegados a Villafranca comienza la primera dificultad, La Pedraja. Nada más salir del pueblo hay una rampa que además de la inclinación, presenta mucho barro, por lo que es necesario subir andando durante unos 300 metros. Después la pendiente es muy fuerte pero con el máximo desarrollo, fuerzas y mucha calma, logro ir ascendiendo y dejando atrás a otros ciclistas que han tenido que bajarse, también mis dos compañeros. Ya casi en el alto se atraviesa uno de los paisajes más bonitos de todo el camino, flanqueado de robles jóvenes y grandes helechos. Después se pasa por el monumento a los fusilados en este puerto en la Guerra Civil y ahí da comienzo un tobogán con una fuerte bajada y posterior subida por una pista de tierra que es la que se divisa desde la carretera.
Una vez pasado esto ya solo nos resta un prolongado y rápido descenso hasta San Juan de Ortega, sin temor a equivocarme puedo decir que es el tramo de todo el Camino en que el ciclista más disfruta. A dos kilómetros del pueblo me doy cuenta de que he pinchado la rueda trasera, pero prosigo un poco más despacio hasta llegar y reparar la avería. Subsanado el problema seguimos hacia Burgos, por preciosos caminos entre robles y encinas hasta llegar a Atapuerca, donde nos sorprende la ascensión a la sierra del mismo nombre, sobre todo por su dureza a la que se añade la dificultad del camino, salpicado de rocas que afloran del suelo y que hacen que la rueda delantera, debido a la inclinación y el peso en la parte de atrás, se levante y pierda contacto con el suelo, obligando a echar momentáneamente pie a tierra. Una vez superada esta dificultad y con Burgos ya en el horizonte, descendemos por sendas que bordean sembrados para entrar, por Villafría, en la ciudad.
Hasta llegar al albergue de peregrinos el trecho se hace largo, ya que este se encuentra al otro extremo, en el lugar conocido como El Parral, junto a las Huelgas. No quiero ni pensar el martirio en que se puede convertir este tramo para el peregrino que yendo a pie vaya mal de fuerzas, el pensar que ha llegado ya a Burgos y tener que atravesar toda la capital. La salida hasta Rabé, por Tardajos, no ofrece ninguna dificultad.
Después se comienza a circular ya por páramos inhóspitos, sin un sólo árbol, y se asciende la loma de Matamulos (no confundir con el Mataburros navarro), conocida así por que su descenso hacia Hornillos del camino es casi un barranco. Hasta Hontanas nos esperan de nuevo el subir y bajar de lomas, que junto al calor que hace este día y la mucha distancia acumulada hacen que estos diez kilómetros parezcan muchos más. Hontanas aparece de improviso ante el peregrino, ya que se encuentra en una hondonada y no se ve hasta estar justo encima. El albergue es magnífico, aunque la ducha es de agua fría. Las literas son nuevas y están en la antigua escuela que ha sido arreglada y adaptada.