La rodilla sigue inflamada, pero menos, y el dolor es soportable, de modo que a las 7,30 de la mañana reemprendo mi viaje. Durante muchos kilómetros no paro de adelantar peregrinos a pie, todos los que el sábado 31 de Julio comenzaron el Camino en Roncesvalles.
La salida de Puente la Reina nos saluda con unos repechos bastante largos y duros por una tierra roja que atraviesa los sembrados hasta llegar a Mañeru, se desciende de nuevo para volver a subir hasta Cirauqui. En este pueblo se toma una calzada romana bastante bien conservada que desciende hasta un maltrecho puente de la misma época. Mi osadía me hace descender por un lugar poco apropiado y doy con los huesos en el suelo, y me golpeo en la rodilla izquierda (menos mal), la sangre mana y la herida es grande pero poco profunda y aunque escuece no impide el pedaleo, me lavo un poco con agua del bote y prosigo con el eterno sube baja que los montes navarros nos deparan.
Así tras un cansado ascenso se llega a Lorca y después de unas estrechas sendas que transcurren por frondosos huertos a Estella. Son las fiestas de la ciudad y aunque son las 9,30 de la mañana, el bullicio y la gente que vuelve del encierro lo llenan todo. Visita y fotos al puente, las Iglesias de San Pedro de la Rúa y la de San Miguel, así como al convento de Santo Domingo. La salida de Estella nos conduce por unas calles asfaltadas, que muy empinadas, nos llevan por Ayegui hasta el monasterio de Irache. Y uno, que no bebe alcohol, rompe esta norma personal para echar un trago de una fuente que de un grifo mana agua y de otro vino. A partir de ahí el camino transcurre por unas agradables pistas forestales que se acaban antes de llegar a Villamayor de Monjardin, al que hay que subir por empinados caminos que discurren entre viñedos.
De ahí hasta Los Arcos nos esperan 20 kilómetros de descenso por unos anchos caminos. En este pueblo nos recomiendan seguir hasta Viana por carretera debido a la extrema dificultad que entraña para los ciclistas. Pero haciendo uso de la "fama" de brutos que los de Cerezo tenemos yo sigo el camino. No es camino, es senda por la que hay que ascender a "mataburros", realmente hace gala de su nombre y el Alto de la Virgen del Poyo. Este tramo no se puede describir, hay que hacerlo para saber cómo es. Hubo momentos en que ni siquiera me quedaban fuerzas para empujar la bici. Para mí lo más difícil y duro de todo el camino.
Al fin se llega a Viana, ciudad afamada y que cuenta con imponentes monumentos dignos de ser visitados. Sello en el albergue. Como amenaza lluvia coloco los plásticos y entablo amistad con dos chicos de Madrid, Guy y Pablo, con los que de ahora en adelante iré, bastante a menudo, en compañía. De ahí diez kilómetros de descenso hasta Logroño, donde a los ciclistas nos mandan a dormir en el suelo de un polideportivo. La herida de la rodilla está bastante bien y la otra rodilla se encuentra mejor. El calor dentro del pabellón es muy grande y la mayoría dormimos sobre el saco.