Como la ropa no se me ha secado y la mañana amenaza lluvia tomo la opción de ir por Samos hasta Sarria, casi todo por asfalto. El tiempo mejora y en Sarria recupero de nuevo el Camino. Las subidas y bajadas serán ya constantes hasta Santiago. La multitud de gente es ya casi insoportable. Familias enteras con coche de apoyo ocupan por completo la vía, desde el niño de cuatro años hasta el abuelo de ochenta o más.
Desde Portomarín y a pesar de todo, el camino es precioso. Siempre con alta vegetación, sobre todo eucaliptos, y caminos casi siempre asfaltados, aunque muchas partes son de tierra, piedras y con mucha agua que corre por ellos, si bien muy bonitos para andar en bicicleta de montaña. Además, las numerosas vacas hacen más llevadero el trayecto. La gente que se encuentra por los pueblos es más fría y retraída que el resto de los lugares. La tarde ha quedado espléndida y luce un sol maravilloso.
Así llego a Melide. Como está también todo ocupado nos alojan en el gimnasio de un antiguo instituto. Al igual que en Triacastela, la ducha es de agua fría, pero ducha al fin.