Tranquilo amanecer en Cáceres y desciendo por sus empedradas calles para tomar la carretera de Casar de Cáceres, por el asfalto se llega rápido, es un pueblo bonito para ver pero yo no me detengo y así tomo la cañada real que a lo largo de 22 km y siempre entre vallados, vacas, ovejas y cancelas nos llevará hasta el embalse de Alcántara. El paisaje está continuamente salpicado de jaras y grandes afloramientos de roca granítica, algunos corros de encinas adornan este tranquilo paisaje. Justo antes de el comienzo del descenso al pantano me encuentro con dos peregrinos a pie, Paco de Viladecans y Josep de El Pont de Suert. El camino les ha hecho amigos y compañeros de viaje. Como casi todos los que recorremos esta vía, antes han hecho el “Camino de Santiago”. Mantenemos una prolongada charla y nos despedimos dedicandonos los mejores parabienes.
Por la transitada N-630 se bordea este embalse del Tajo. Junto a un restaurante de carretera se retoma el camino y se asciende de nuevo al monte superpoblado de jaras. Portillos a montones, toros y vacas de finas astas. Con la debida precaución y sin asustarles no hay problema, son mansos... aunque como bien advierte la guía de El País, cuidado, porque ellos eso no lo saben. Tras unas cada vez más duras subidas y rápidas bajadas se llega a la estación de Cañaveral y después de un pequeño tramo por carretera da comienzo el ascenso al puerto de Los Castaños, la subida es fuerte y con el máximo desarrollo subo sufriendo por el camino, pero unos metros más allá la misión es imposible y hay es tal la inclinación que hasta subir a pìe es un tormento bajo un sol de justicia. Una vez alcanzada la cima se desciende por un encinar hasta Grimaldo donde espero a Rosa que viene en mi ayuda con un excelente bocadillo y bebida fresca. Un largo descanso a la sombra de unos chopos y de nuevo a pedalear.
Se sale de Grimaldo por carretera y al llegar a un amplio y faraónico canal se sigue un camino que va continuamente bordeándolo durante casi 20 km. Calor y viento son siempre los peores enemigos. A la altura de la carretera de Riolobos se abandona el canal y comienza una fuerte subida por asfalto hasta coger un desvío a la izquierda e internarse en una loma despoblada. El ascenso es penoso y el calor infernal, así que me despojo de la camiseta y se nota cierto alivio. Una vez encumbrado se inicia un rápido descenso hacia los maizales regados por los faraónicos canales y acueductos del “Plan Badajoz”. Ya cerca de Galisteo se comienza de nuevo a subir para llegar a un pueblo que yo esperaba amurallado, pero he debido despistarme en alguna flecha y estoy en San Gil, a dos km de Gaslisteo. Los cubro por carretera y en la entrada de este pueblo una empinada calle me conduce a la entrada del recinto amurallado. Ligero paseo por el pueblo y un chapuzón en la fuente de la plaza para ya por carretera acercarme hasta Carcaboso entre grandes extensiones de tabacales, pasando por Aldehuela del Jerte, donde Rosa me adelanta con el coche para en el final de esta etapa cargar la bici en la baca y desviarnos 10 km hasta Plasencia, ciudad monumental.
Ya estaba la habitación preparada, así que guardamos la bici en un local y tras la ducha decido que no tengo ganas de andar, estoy bastante cansado y el sol me ha quemado un poco la espalda. Rosa visita la ciudad por los dos y vuelve encantada de todo lo que ha visto, habrá que volver a Plasencia con más calma.