El día es desapacible a más no poder, llueve y sopla un fuerte viento, ¡como no...! en contra. La salida de León es pésima, por un camino de tierra rojiza en obras que con el agua me barniza de ese color la bici y las piernas. A partir de Fresno del Camino, éste mejora, aunque el tiempo no. A partir de Villar de Mazarife se toma carretera para llegar a Puente y Hospital de Orbigo, una población de gran belleza. Aquí se coge un desvío y se obvia un tanto el viento ya que hasta Astorga iremos imbuídos entre maizales y después entre los robles de un monte en el que a pesar de que ha dejado de llover se sufre mucho por su dureza, hasta llegar al crucero de Santo Toribio, desde donde supone un alivio divisar Astorga. No se puede dejar de visitar en Astorga la ciudad romana, su catedral y el palacio de Gaudí.
Al salir de Astorga comienza de nuevo a llover y al llegar a Murias de Rechivaldo decido tomar una variante hacia Castrillo de Polvazares, un pueblo que esta fuera del camino pero que merece la pena visitar por el empedrado de sus calles y sus casas blasonadas. Este desvío me cuesta sufrimiento porque desde Murias se comienza a subir ya hacia los montes de León y sin embargo para ir a Castrillo he seguido llaneando, lo que supone que para retomar el Camino en Catalina de Somoza tengo salvar un gran desnivel en pocos kilómetros, con viento en contra y una fina lluvia que hace daño dando en la cara. En El Ganso se calma la lluvia y paro a quitarme el chubasquero, se pasa del frío a sudar con abundancia en un santiamén. Un burro atado en una era me mira con asombro, así que me relajo y le acaricio y tomo unas fotos con los montes leoneses al fondo, más allá El Bierzo.
Poco después de El Ganso el camino deja paso a la carretera, que siempre en continuo ascenso me lleva a Rabanal. Me uno a una cuadrilla de siete ciclistas, con coche de apoyo, que son de Murcia y sigo con ellos, sopeso si ascender la Cruz de Hierro con ellos, pero todas las dudas las disipo cuando al llegar a Rabanal veo que llevo pinchada la rueda delantera, me despido de los murcianos, aunque me encontraré con ellos en numerosas ocasiones ya hasta Santiago, incluso en la cola para recibir la Compostela, al igual que ocurrirá con tantos otros que no reseño aquí por falta de espacio. Decido descansar aquí y al día siguiente afrontar la dura subida al Monte Irago, el punto más alto del Camino de Santiago.
Rabanal es un pequeño pero precioso pueblo a base de piedra y en el que se respira tranquilidad por todas partes, así que después de la pertinente ducha y reparación del pinchazo doy un largo paseo por el pueblo y el monte en la apacible tarde que ha quedado, incluso luce el sol. Guy y Pablo no han llegado, les llamo por el móvil. Pablo ha tenido que abandonar con un desgarro en el gemelo y están en León. Ya no los volveré a ver. Duermo en un colchón en el suelo.