Nuevamente la mañana nos guarda una sorpresa y la niebla es la dueña de todo, ya no nos dejará hasta Santiago. El camino está en perfectas condiciones, todo por asfalto y muy bien señalizado. Cada vez el agobio de gente es mayor. Se alternan descensos casi verticales con rampas en las que hay que emplearse a fondo para poder subirlas, con los dientes apretados y completamente de pie para imprimir la mayor fuerza posible sobre los pedales. En Arzúa pierdo un tornillo de la maneta del freno trasero con lo que me queda suelta, son las 8,30 de la mañana y no hay ninguna tienda ni taller abierto, así que encuentro un alambre fuerte y salvo la situación, chapucera pero eficazmente. Las subidas son de órdago, aunque muchos echan pie a tierra, logro subir todas montado sobre la bici pero con el pecho a punto de estallar.
Así se llega al Monte do Gozo, desde donde se supone que se ven las torres de la catedral, pero sólo se supone ya que la niebla lo impide. Así pues la foto de rigor y hasta Santiago. Llegados a la ciudad se callejea durante un rato y ¡al fin .... la catedral!, la Plaza das Praterías, donde recibiremos la Compostela. Allí me encuentro con mucha gente que he visto a lo largo del camino, algunos incluso desde Roncesvalles, gente de Madrid, Vitoria, Bilbao, Murcia, La Coruña, Logroño, Valencia....
Son las once de la mañana, una inmensa cola para recibir la acreditación de la peregrinación realizada ocupa la plaza. Dan las doce del mediodía, ¡eclipse de sol!, ¿fin del mundo? La niebla permite ver el fenómeno sin ningún artilugio de por medio. ¿Nos llegará la muerte tras tan larga peregrinación sin haber conseguido la Indulgencia Plenaria? Ha terminado el eclipse y seguimos ahí, en la cola. A menos que el fin del mundo haya llegado y no nos hayamos dado cuenta. A las dos y cinco de la tarde al fin recibo la Compostela. Estos doscientos metros han sido sin duda la etapa más larga y penosa de todo el Camino. Abandono la bici, que tengo atada a una farola, y me dirijo a la catedral, entro por el Pórtico de la Gloria. De dar el abrazo al santo... ni pensarlo, la cola es aún mayor que para la Compostela.
Empaqueto la bici en una agencia de transporte urgente y busco el primer billete en cualquier medio para salir de aquel maremágnum de gente que es Santiago de Compostela. Ha sido lo más desagradable de todo el viaje, el amontonamiento y la total desorganización reinante por parte de los encargados del punto final de la Autopista de Europa. Como español sentí vergüenza de la imagen que allí se da ante la gran cantidad de gente de todo el mundo que nos visita.
A pesar de esto último, recomiendo a cualquiera que alguna vez se haya planteado el hacer el Camino, que lo haga.