A las 5 de la mañana me despiertan, nos despiertan, los fortísimos truenos y el cielo se ilumina como si el fin del mundo se hubiera adelantado a este 6 de agosto y no al 11 como estaba pronosticado. De momento no llueve, pero a las 7 de la mañana se abre la puerta del cielo y el agua cae a mares. No hay más remedio que partir y cubriendo todo lo que se puede me echo al camino.
El trayecto nada más salir de Hontanas es un lodazal, pero ya no importa mancharse de barro, llueve menos pero todo el agua del mundo está en el suelo. A 5 Km de Castrojeriz la carretera es obligatoria y el paso bajo el impresionante Arco de los Antonianos, conocido así por ser las ruinas del convento de San Antón. La salida de Castrojeriz hace ver lo que será uno de los tramos más penosos que he pasado, el fango y el Alto de los Mostelares, a menos de la mitad de la subida ya me es imposible dar pedales y ni siquiera llevar la bicicleta andando, porque el barro se ha metido en todas partes y no permite que las ruedas giren. Tenemos que quitar el barro que se ha metido entre el cuadro y los platos con la mano y aún así la bici no anda, a duras penas llegamos al Alto y emprendemos el descenso de la misma manera. Al llegar abajo hundo la bici en una acequia y se deja, más o menos, decente para al menos proseguir el camino sobre ella.
No deja de llover y ante la dificultad del camino decido seguir hasta Frómista por la carretera. Aquí empiezo a sellar mi segunda credencial. A partir de Frómista la lluvia ya solo cae a ratos, ahora es el fortísimo viento de la llanura Palentina, la Tierra de Campos, el que dificulta la marcha. ¡Menos mal que ahora el camino está perfectamente cuidado y es de gravilla que circula siempre paralelo a la carretera hasta Carrión de los Condes! Guy y Pablo optan por ir por carretera, pero yo fiel a mi intención sigo por el Camino.
Ahora espera uno de los tramos más desoladores del camino, son los 17 kilómetros hasta Calzadilla de la Cuerza por un camino de tierra, todo recto, sin árboles ni poblaciones y con un castigador viento de cara que hace de esta antigua calzada romana "Burdeos - Astorga" un verdadero infierno. Al fin, Calzadilla aparece ante mis ojos como una salvación. El camino hasta Terradillos alterna con la carretera y aunque es llano, el Dios Eolo se encarga de que no parezca tal. Los de Madrid llegan dos horas más tarde al albergue privado en que nos hemos alojado. Hoy duermo en cama.