Olvidado ya el mal día anterior, salgo a la carretera para retomar la ruta en Orea. Un largo pero suave ascenso por un asfalto serpenteante que culmina con la llegada a la provincia de Teruel. Descenso rápido hasta Orihuela del Tremedal y asalto definitivo a los Montes Universales. Sigo por carretera, pues las indicaciones que tengo de los “municipales” no me parecen muy precisas y la sierra de Albarracín no es como para aventurar perderse como en ocasiones anteriores. Teruel es una provincia en la que las distancias entre pueblos son muy grandes. La subida al denominado “Alto de Orihuela” es larguísima y de una pronunciada pendiente. El paisaje es muy bello, encerrado completamente entre un bosque de pinos piñoneros y grandes helechos. En dos ocasiones unos ciervos cruzan la carretera delante de mí. El tráfico es muy escaso y el ascenso ha de tomarse con mucha tranquilidad. Finalmente se alcanzan los 1.700 metros de altitud, el techo de la “Ruta del Destierro”.
Tras un continuado y largo descenso llego a Noguera. Se llanea por caminos entre fértiles huertas, Tramacastilla, Torres, hasta adentrarnos en un largo cañón, espectacular que nos lleva hasta Albarracín por carretera, siempre entre impresionantes cortados de roca y bordeando el río Guadalaviar. Albarracín es de una gran belleza, con dos castillos, uno a cada lado del cañón, uno de cristianos y otro de árabes y cuenta con numerosos edificios blasonados y casas colgadas sobre riscos, al estilo de Cuenca o Frías. Los 35 kilómetros que quedan hasta Teruel son prácticamente un paseo, ya que desde Gea de Albarracín son siempre en ligero descenso y con viento a favor entre rastrojos de cereal.
Una vez en Teruel hay que subir a al parte antigua de la ciudad, cuesta un poquito. Son fiestas, no hay ningún comercio, salvo bares y cafeterías, abierto. Teruel bulle en algarabía, música y jolgorio, es sorprendente esta ciudad aragonesa. Busco un hostal junto a la populosa plaza de “El Torico”, que uno piensa encontrar un monumento de un toro grande y es una pequeña figura de un toro sobre una alta columna en medio de la plaza. Hace un calor tan axfisiante durante la noche que entre eso y la juerga... no pego ojo.