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   Las pinturas de la cueva de Altamira tienen 14.500 años. El tipo de trazado está presente en todas las figuras y su particular forma de resolver distintas partes anatómicas muestran, según Matilde Múzquiz, que fueron realizadas por un único autor. Su trazo es firme y sin rectificaciones y éste se repite en todas las figuras siguiendo el mismo recorrido en los bisontes, en el sentido en que podríamos acariciar al animal, según explica esta autora. Es una obra pensada y planificada de antemano de manera que pueda ser contemplada desde la entrada mirando el techo hacia su caída.