La religión de los cazadores

La religión de los cazadores

 

En el parque temático francés PREHISTOPARC se puede hacer un recorrido contemplando escenas cotidianas de muy buena calidad.
Foto: www.hominids.com/donsmaps/prehistoparc.html
Según el arqueólogo Johannes Maringer ya se puede hablar de religión desde el tiempo de los neanderthales, que dejaron muchas huellas, pero pocas que aclarasen cuáles eran sus prácticas e ideas religiosas, lo que no quiere decir que no las tuvieran. Los esqueletos son los que más pistas ofrecen, apareciendo sobre todo cráneos, que parecen indicar una especie de culto a los mismos, dice Maringer. Esta idea la asocia por similitud a los cráneos aparecidos en las cuevas de Chu-ku-tien (Pekín) y con las costumbres de pueblos actuales. Personalmente puede ser muy interesante hacer estas analogías, pero no dejan de ser arriesgadas por las pocas pruebas, el gran lapso de tiempo transcurrido y por tratarse de una especie diferente a la nuestra.

  Realmente lo desconocemos todo sobre este tema, aunque si es cierto que H. Breuil constató que los australianos y otras tribus primitivas solían exhumar los cráneos de sus muertos cuando quedaban limpios y los veneraban como reliquias familiares.  

También los andamanenses (las islas Andamán se encuentran frente al golfo de Bengala) y los tasmanos tienen por costumbre llevar colgados los cráneos de sus muertos como amuletos. Los kurnainos de Australia hacen lo mismo con las mandíbulas. Se piensa en que podrían tener la creencia de que la posesión de los cráneos aseguraba protección de su comunidad por parte de los difuntos, pero hay que considerar siempre que existen enormes espacios de tiempo que nos separan de ellos y grandes cambios geológicos que han tenido lugar desde entonces, y por ello hay que aceptar el que no se pueda negar ni afirmar nada con respecto a estos temas.

Los primeros en dejar trazas de su religión, según Maringer, fueron cazadores neanderthales que poseían un ritual específico de caza según los restos encontrados. 

Aquellas personas habitaban en extensas regiones muy próximas a los Alpes y durante sus incursiones veraniegas penetraban hasta las cumbres de las montañas para cazar, sobre todo al oso de las cavernas.   Para instalar sus campamentos escogían cuevas hasta alturas de 2.500 metros, colocaban losas a la  entrada y construían hogares, como en la cueva Drachenloch (Suiza), donde abundan los huesos de osos y poco los de  otros animales, por lo que Maringer dice que el objetivo de estos cazadores era fundamentalmente  la captura de este animal. 

Acumulación de cabezas de oso en una cueva de Drachenloch, Suiza.

http://platea.pntic.mec.es/~macruz/neander/ritual.html 

Grizzly esperando la merienda (Alaska)

Foto: www.fotonatura.org

Cuando lograban dar caza a algun oso lo despedazaban y se llevaban las partes más nutritivas a estas cuevas. En una ocasión se encontró un cráneo de oso cuidadosamente colocado al fondo  de estas cavidades, detrás de las salas habitadas, en cajas de piedras en forma de altares. En otras ocasiones han aparecido cráneos completos junto con varios huesos largos intactos entre las grietas de la roca. Se piensa que quizá fueran ofrendas a alguna divinidad a fin de conseguir éxito en la caza o tuvieran relación con otras prácticas de carácter mágico. 

Pueblos circumpolares actuales también ofrecen este tipo de ofrendas dirigidas  a un ser supremo de quien depende el éxito de la caza. Pero, como en el caso anterior, no podemos demostrar nada.  

Sólo se puede hablar  de un acto de canibalismo, con respecto a sus muertos, practicado por el Homo Anteccesor en Atapuerca. Y tímidamente se puede hablar de "enterramientos" en el caso de la Sima de los Huesos (también en Atapuerca) donde tuvo lugar una acumulación deliberada de cadáveres hace 300.000 años. Los neanderthales sí enterraban a sus muertos y, como los sentimientos no fosilizan, no sabemos si la pérdida de un miembro del clan repercutía en ellos o si tenían alguna idea o creencia con respecto a este hecho. 

Por otro lado, los cazadores del Paleolítico Superior dejaron muchas huellas de sus tendencias religiosas y prácticas mágicas. Se movían  por las regiones próximas a las zonas recubiertas por los hielos por lo que, para poder subsistir, la caza era muy importante. En las frías estepas los veranos eran cortos y apenas crecía vegetación para lograr un complemento dietético recogiendo plantas silvestres. Se tuvo que hacer frente a esta situación mejorando las armas y métodos de caza. Meringer cuenta que la preocupación por la caza debió ser mayor que las de sus antepasados. De aquí se piensa que surgió otro tipo de culto en el que las prácticas mágicas cobraron mayor importancia en forma de pantomimas y danzas. 

Se disfrazaban de animales, tal y como muestran algunos grabados y pinturas, imitándolos para apropiarse de fuerzas ocultas que les permitieran dominar mágicamente la caza, aunque puede que esas pinturas de seres "disfrazados" sean producto de alucinaciones producidas por un estado alterado de la consciencia, tal y como se explica en el apartado de "Arte". El parecido con la futura  víctima era clave para capturarla.   El arte es el instrumento más eficaz para crear semejanzas y fue puesto al servicio de un fin tan importante como este y por este motivo se desarrolló tan espectacularmente. Estas prácticas se difundieron por amplios territorios, penetraban en lo más recóndito de las cuevas para cubrir sus paredes de estos animales, e incluso los moldearon en arcilla. Delante de estas figuras, a la luz de las antorchas, simulaban escenas de caza y danzaban al son de instrumentos musicales primitivos. No se salía de caza sin estos preparativos, sobre todo si requería compenetración y la expedición era larga o se amenazaba peligrosa. 
   Su religión es muy distinta a la de los cazadores de osos cavernarios del paleolítico inferior, parecen convencidos de que mediante estos ritos consiguen una fuerza oculta que les dará éxito. Los hechiceros, como el de la cueva de Trois Frères, son una evidencia de que estos hombres creían en espíritus que se personificaban a través de la magia.
Foto: Vienna Natural History Museum

  Las prácticas  religiosas no se centraban solo ahí. Existen pruebas de otro culto igual de importante que se extendía desde los Pirineos hasta Siberia. Se trata de unas figurillas de mujeres de atributos femeninos muy exagerados. Por su importancia y trascendencia a lo largo del tiempo se explica en otro apartado de esta web su significación:las diosas madre.

Cuando el clima cambió y la fauna hasta ese momento existente se extinguió o emigró, los hombres del mesolítico tuvieron que adaptarse, como consecuencia su vida y su sistema de creencias también se modificó. Sus vestigios, como figuras esquemáticas en las rocas (Levante español) o en cantos rodados (guijarros de Mas d'Azil) parecen indicar que practicaban el culto a los antepasados buscando una comunicación con ellos para asegurarse su protección.

Por otro lado en Baviera, al sur de Alemania, realizaban caza de cabezas para apropiarse de los servicios del espíritu de sus víctimas.  Más tarde ya, en el neolítico, el antiguo culto de los cazadores  perduró únicamente en el norte, donde siguieron grabando y pintando animales, pero se duda que fueran acompañadas de prácticas de magia. Las armas y las herramientas siguieron decorándose con figuras de animales y estas prácticas de los cazadores árticos han llegado hasta nuestros días en ciertas regiones eurasiáticas del norte.

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