La religión de los agricultores

La religión de los agricultores

 

Primeros agricultores. Orígen ilustración desconocido.

  Con la aparición de los agricultores neolíticos cambió completamente el panorama religioso de la prehistoria. Aquellos hombres deseaban ante todo que lo que habían sembrado creciera y diera fruto. Lo más importante para ellos era la tierra, el sol, la lluvia y el viento. Por los vestigios encontrados parece ser que aquellos primeros labriegos adoraran al cielo bajo la forma de una divinidad que era al mismo tiempo el dios del sol y del rayo. También se les asocia el culto a los antepasados y al espíritu de los muertos, realizando sacrificios y construyendo grandes monumentos de piedra. También se siguen realizando pinturas de carácter esquemático en el sur de la Península Ibérica que ponen de relieve la continuidad de esta práctica desde la época del mesolítico. 
 Según las regiones por las que nos movamos hay cultos diferentes, pero se influenciaron mucho unos a otros superponiéndose muchas veces. Como puede verse a partir de estas épocas hay cultos más elaborados que rompen la barrera del tiempo y nos describen la complejidad de sus prácticas religiosas.

En la región que rodea al Danubio, en el sudeste europeo, existía un culto muy fuerte a la diosa de la fecundidad, la Magna Mater, muy en relación con el que ya se le venía dispensando en épocas glaciares y también muy unido al de la diosa oriental de la tierra. Todos los campesinos danubianos guardaban en sus cabañas una estatuilla de la diosa groseramente modelada por ellos mismos y, a su juicio, aseguraba la fertilidad de los campos, la fecundidad del ganado y la prosperidad del hogar. Este culto se extendió por toda la cuenca del Mediterráneo encontrándose santuarios en Malta y Gozo. Así mismo también adoraban a su equivalente masculino que representaban (como sus contemporáneos de oriente) en forma de toro. Personalmente pienso que el culto a las diosas madres es, además de extenso en territorios y épocas, de una belleza y riqueza simbólica tal que se explica más detenidamente en otro apartado de esta web: las diosas- madre.

Diosa Parturienta del 6.000 a.C. sobre un trono, flanqueada por dos leones. Se encuentra en el momento del parto (pues sale una cabeza de entre sus piernas). Representación muy típica procedente de Çatal Hüyük (Turquía)

En el noroeste de Europa se desarrollaron aspectos nuevos en los enterramientos construyéndose dólmenes, menhires y cromlechs. Aparecen desde la Península Ibérica (sobre todo en su costa atlántica) por todo el norte de Europa Occidental hasta el Mediterráneo oriental dando idea de su importancia. Las tumbas megalíticas de todos los países tienen en común ciertos detalles técnico-arquitectónicos que muestran una unidad espiritual. Su complejidad se hizo cada vez mayor y revelan un conocimiento profundo e increíble del movimiento de los astros. Por todo ello también son tratados de forma especial en otro apartado: Megalitos y Arqueoastronomía.
También en Europa occidental numerosos hallazgos prueban la creencia de la magia como forma de poder sobrenatural, aunque fue en su centro donde se le dio más importancia. Se usaban algunas partes del cuerpo con este fin. Se han encontrado pequeñas pipas hechas de huesos humanos, cráneos aislados con fracturas y perforaciones que pertenecían a individuos que fallecieron de forma violenta. Parece que se los colgaban pensando que les conferían poderes mágicos. Así mismo se ha encontrado restos humanos dispersos que parecen proceder de festines antropófagos, es decir, canibalismo. Hay también cráneos trepanados tanto de personas que estaban vivas en el momento de la trepanación, por motivos terapéuticos, como de personas ya fallecidas quizás por llevar algún fragmento de hueso colgado. No se sabe a ciencia cierta. 

   En los palafitos suizos se descubrieron guijarros envueltos en corteza de abedul. Esta es una práctica muy parecida a la que realizan aún hoy los indígenas de Nueva Guinea, que envuelven el liber de árbol piedras mágicas y las dejan enterradas en los campos hasta la recogida de la cosecha. Las atribuyen poderes para favorecer los frutos de la tierra. 

Ídolo circular hallado en Los Millares

Foto: http://usuarios.tripod.es/losmillares/index.html

Ídolo placa del 3.500 a.C. encontrado en un dolmen de Vega del Guadancil (Cáceres)

Foto: www.evertype.com

   A parte de todo esto hay que decir que apareció una nueva cultura en el litoral mediterráneo de la Península Ibérica (la cultura de Almería) muy diferente a la existente e introducida por emigrantes. Poseía un arte de ídolos parecido al de los países del Mediterráneo oriental. Esta cultura se extendió por el sur de la península ibérica, donde se han encontrado diversos ídolos. 

Estos ídolos eran de hueso o piedra y se dividen en dos tipos, los planos y los redondeados, correspondiendo cada uno de ellos a una difusión geográfica distinta. Los planos se encuentran en el interior de la península y los redondeados en el litoral atlántico y mediterráneo. 

Estos nuevos pobladores también trajeron un nuevo estilo en las pinturas rupestres con trazos parecidos a los ídolos. Esta cultura alcanzó su apogeo en el calcolítico (edad del cobre) entre 2.500 y 2.000 años a. J.C. y se extendió por las regiones mineras del sur de España donde abundaba el oro y la plata. Vivían pues no solo de la agricultura sino también del comercio de los metales. 

Estas pinturas esquemáticas traspasaron lo Pirineos, llegaron al sur de Francia y se propagaron por muchos otros lugares asociándose con el arte megalítico del norte de Europa. En las rocas se pintaba al dios del cielo y el sol bajo la forma de demonio de la fecundidad o dios de las cosechas y puede que se reunieran entorno a el para hacerle ofrendas. 

   Al norte de Europa también llegó la arquitectura megalítica erigiéndose sepulturas colectivas con los grandes bloques de piedra dejados por los glaciares al retirarse, aunque preferían los enterramientos individuales sencillos. El enorme esfuerzo para colocar las piedras nos muestra la gran motivación y cohesión de grupo que poseían par llevar a cabo estas empresas aunque no fueran tan fastuosas ni complejas como las del sur de Gran Bretaña, Irlanda y norte de Francia. Junto a esto también desarrollaron el culto al cielo y al sol representándose con una rueda de cuatro rayos, pares de manos y pies, como en otras muchas partes de Europa. También existía un curioso culto al hacha, interpretado por los estudiosos como símbolo del sol y el rayo. El golpe del hacha se relaciona con el golpe y estrépito del rayo en la oscuridad. 

www.mirabosques.com

En la mitología germana tomó forma de divinidad Donar o Thor, dios del rayo, posteriormente los griegos y romanos también tuvieron sus dioses del trueno y el rayo, Júpiter o Zeus, representados blandiendo en su mano el relámpago y el martillo, símbolos de fuerza y poder.  En el fondo se ignora la relación de estas ideas religiosas aunque son muchos los hallazgos de estas hachas bajo los hogares de estos pueblos. Se trata de hachas de sílex colocadas en posición vertical en una especie de hoyo, algunas veces colocaban varias formando un rectángulo.  

Una vez terminada la cosecha, los agricultores solían ofrecer como agradecimiento los instrumentos de labranza utilizados y los enterraban en los campos. Puede que celebraran fiestas anualmente con danzas y juegos, algo que sigue aún latente en la Europa rural.

    Los sacrificios animales también eran comunes. Se ignora si con estas "hachas del rayo" bajo sus casas buscaban protección del dios del cielo, aunque en algunas regiones europeas existe aún la creencia supersticiosa de guardar en casa antiguas hachas para protegerse del rayo.

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