Megalitos y arqueoastronomía

Megalitos y Arqueoastronomía

 
Uno de los misterios arqueológicos más importantes en la actualidad, y que más explicaciones sobrenaturales ha provocado, ha sido el de las construcciones megalíticas. Enterramientos, culto a los muertos, observaciones astronómicas, misteriosos ritos y ceremonias… todo se funde y mezcla en los megalitos. Se distribuyeron por toda Europa occidental, tanto en la costa atlántica como en algunos puntos del Mediterráneo.

   ¿Por qué nos fascinan tanto?, en primer lugar por las grandes dimensiones de los bloques de piedra con los que están construidos, parecen en verdad obra de titanes. Tuvieron que emplear mucha fuerza, organización y pericia para transportarlos y levantarlos. En segundo lugar, la forma o disposición en que están colocados hace que nos sorprendamos de los conocimientos que poseían en materia astronómica. Los que han llegado hasta nuestros días han demostrado que las piedras no están en círculo o filas porque sí sino que cada una de ellas está colocada siguiendo un patrón y orden preestablecido. Tanto el Sol como la Luna fueron claves para establecer los solsticios y la orientación de estos monumentos, algo que no deja lugar a dudas en el dolmen de Newgrange o Stonehenge, por ejemplo. También el paisaje o lugar donde eran enclavados era muy importante, como cuenta Juan Antonio Belmonte en su libro "Las leyes del cielo".

   Se tomaron muchas molestias para construirlos. Tanto los enterramientos allí encontrados como por todas las características que los definen está claro que forman parte de un fuerte sistema de creencias que motivaba todos estos esfuerzos por parte de un gran número de personas trabajando de forma coordinada.

Foto: Amics dels Museus de Banyoles

La construcción de megalitos está asociada a una revolución social importante que comenzó unos 5.000 años antes de J.C. Se trata pues del principio del fin  de la Prehistoria en muchos lugares, como por ejemplo en las cuencas de los ríos Tigris, Eufrates, Nilo, … donde las primeras civilizaciones ya están surgiendo. En Europa occidental las cosas toman otro cariz y el Neolítico perduró más tiempo hasta que las culturas del Mediterráneo oriental fueron cobrando mayor importancia.

 La tradición megalítica se extinguió hace unos 4.000 años. Sólo el impresionante complejo de Stonehenge siguió ampliándose, pero también tuvo su fin. No ha existido ninguna continuidad o eslabón que nos oriente sobre su posible significado. El máximo apogeo de esta cultura llegó alrededor del 3.000 antes de J.C., época de construcción de los más importantes como el ya citado Stonehenge (Inglaterra), Newgrange (Irlanda) y los alineamientos de Carnac (Francia).

  Pero, ¿qué es lo que llevó a la construcción de estas obras ?, en realidad todo comenzó con otro cambio climático con todo lo que suponía. Los habitantes del continente europeo tuvieron que variar su estilo de vida de tal manera que se llegó a una situación en la que el sistema de creencias fue muy importante para sostener a una sociedad distinta a la de antaño y se manifestó con la construcción. En otras culturas más alejadas este cambio se manifestaría de forma diferente. Vamos a ver de forma más atenta en qué consistieron todos esos cambios.

Cuando acabó la última glaciación el entorno fue cambiando de forma  rápida. Los bosques avanzaban hacia el norte y colonizaban tierras donde antes solo había hielo y el suelo estaba congelado (permafrost). Los seres humanos debían aprender a sobrevivir en un medio diferente, adaptando las técnicas de caza practicadas antes en las estepas. Así, se desarrollaron las hachas (que servían entre otras cosas para talar árboles) el arco y las flechas. Estas últimas eran proyectiles más pequeños que las lanzas y podían deslizarse mejor entre el frondoso bosque. Estos avances fueron generales, es decir se dieron en territorios muy extensos, desde el norte de África hasta Escandinavia, pero los pueblos de la costa atlántica además comenzaron a construir megalitos.

Círculo de Er Lannic en Britania (Francia)

Photo courtesy Diego Meozzi/Stone Pages

 Como consecuencia del cambio climático las costas se modificaron. Inglaterra e Irlanda se convirtieron en islas y se redujo en general la superficie terrestre. Eso no supuso muchos problemas de abastecimiento, al revés, se crearon multitud de bahías, ensenadas y lagunas salobres que conformaron un ecosistema rico que proporcionaba alimentos de sobra y sin esfuerzo a los habitantes de las costas. Este casi imperceptible círculo de piedras de la izquierda estaba cerca del mar. Con el deshielo de la última glaciación el nivel de las aguas aumentó. Los yacimientos, cuevas y monumentos muy próximos a la costa quedaron sumergidos.

Estos grupos se fueron haciendo sedentarios por la seguridad de su suministro mientras que pueblos del interior tuvieron que adquirir la agricultura y hacer horas extra para poder subsistir.  Los pueblos de la costa  podía acceder a alimentos desde los asentamientos en menos de un jornada a pie. De esta manera la población fue aumentando cada vez más en un mundo lleno de abundancia y estabilidad.
Cuando un grupo humano se hace sedentario su forma de vida y sus relaciones cambia mucho y muy rápidamente. Uno de los cambios tiene que ver con el reparto del trabajo, la especialización en la fabricación de utensilios y redistribución de bienes y servicios. La organización del grupo debía ser mayor y, al aumentar cada vez más la población, los recursos fueron haciéndose más escasos, se comenzarían a reivindicar con más ahínco territorios como propiedad siendo posiblemente el origen de algunas disputas. 
La Cova d'En Daina (Girona) Los asentamientos encontrados albergaban grandes cantidades de mejillones y ostras sin abrir, agujas de asta de ciervo, adornos de dientes de cachalote en las tumbas,… se trataba de pueblos principalmente cazadores-recolectores pero que comenzaban a dedicarse a la cría de ganado y a la agricultura. Es probable que en las primeras fases del Neolítico europeo existieran sociedades agrícolas gobernadas por jefes de aldea. Los megalitos constituyeron así un papel fundamental aglutinador y distribuidor de la población entre los diferentes grupos que colaboraron en su construcción, reforzando así los lazos de solidaridad. 
Hacia el año 5.000 a de J.C. aparecieron los primeros campos de enterramientos en el sur de Escandinavia: Borm y Skatholm (Suecia) y Bogebakken (Dinamarca). Unos siglos después, en Irlanda, tienen lugar enterramientos más complejos con piedras sobre los difuntos, comenzaba así la era de los megalitos. 

   Vinculados a ellos también se desarrolló un arte particular como grabados, hachas, cruces, estelas, ídolos, estatuas menhires,… muchos de estos monumentos fueron reconstruidos y ampliados en varias ocasiones, lo que muestra que fueron utilizados durante largos periodos, desde el Neolítico hasta la Edad de Bronce.

   Cuando el megalitismo estaba en todo su esplendor la agricultura se había hecho muy fuerte, ya no existía tanta abundancia porque la población era muy elevada, de hecho, para construir estos monumentos se necesitaba a muchas personas (solo en la construcción del túmulo Silbury Hill se calcula que tuvieron que intervenir 500 personas durante 10 años sin interrupciones). La mayor densidad de población hizo que los bosques vírgenes fueran talándose para extender los cultivos, la presión sobre los recursos aumentó y obligó a saber utilizar mejor los territorios disponibles. La tecnología agrícola mejoró, inventándose el arado, el carro de dos ruedas y usando el caballo como montura y animal de carga. Todas estas innovaciones eran consecuencia del grado de influencia de otras culturas orientales más avanzadas en la agricultura y la domesticación de animales.

La Choza de la Hechicera (Álava)
Como consecuencia de todo esto, los conflictos entre grupos vecinos se hicieron cada vez más frecuentes y violentos, se comenzaron a construir asentamientos fortificados a desarrollar las hachas y las flechas se usaban para matar a los adversarios. Existen montones de pruebas de este cambio en las relaciones entre las sociedades neolíticas como esqueletos con flechas de sílex incrustadas, episodios de canibalismo, fosas comunes de personas claramente asesinadas  y sacrificios. Hasta una de las hipótesis de la muerte del Hombre del Tirol es que huía de un campamento hacia las montañas debido a un ataque de otros pueblos vecinos. Su cuerpo tiene los signos de las flechas recibidas por la espalda.
Tanto el canibalismo de individuos (puede que de tribus enemigas) como los sacrificios constituían hechos cruciales en todas las sociedades megalíticas y dan que pensar en que la agresión era considerada  necesaria para poder garantizar la continuidad de la existencia, y que en todo ello formaban parte las ceremonias religiosas.

   El culto a los antepasados parece crucial en todas estas culturas durante el gran espacio de tiempo que se mantuvo la tradición megalítica. Se piensa que las diferentes tumbas y los menhires representan a los antepasados cuyos espíritus se consideran siempre presentes y que participan en las ceremonias. Los sacrificios podrían servir para apaciguar a los antepasados o para garantizar el ingreso en el reino de los muertos, por ejemplo. La tumbas con entradas de corredor, como si la entrada a una cueva profunda y misteriosa se tratase, parece la puerta al reino de los muertos o la morada de la Madre Tierra.

   Pero todo acaba, y la época de la construcción de megalitos también llegó a su fin. Se habla del hundimiento económico y social como explicación. Los cambios sociales en todo el continente fueron enormes, las poblaciones se movían, las invasiones eran cada vez mayores por pueblos venidos del este montados a caballo y con armas más fuertes. La búsqueda de zonas donde encontrar metales para fabricar dichas armas, apropiarse de cosechas y tierras de cultivo fueron la tónica general que daría pie a una edad de los metales en Europa con un cariz violento. En el apartado de "Los metales y el cambio del mundo" lo explico algo más.

   Hacia el año 2.800 a C. Dejaron de construirse monumentos de piedra en Europa, muchos de estos monumentos han perdurado hasta nuestros días. Después de tantos miles de años, todas estas construcciones parecen a los ojos de sus descendientes obras de gigantes, y desde la antigüedad han despertado un temor supersticioso. Todavía en el siglo XVIII se pensaba que estos monumentos eran obras de tribus gigantes que vivieron antes del diluvio. En Holanda y Alemania se les conoce con el nombre de “camas gigantes”e incluso algunas leyendas los relacionaban con cultos demoníacos. De alguna forma se mantienen hoy a día recuerdos del pasado religiosa  que rodeaba a estas construcciones, sobre todo en lo que se refiere a los ritos de la fertilidad. 

   En el siglo XIX se aceptó que fueron obra de hombres pero su interpretación estaba llena de especulaciones y fantasías románticas. El gran parecido, e incluso la coincidencia total, entre las tumbas templos y construcciones de piedras gigantescas, la repetición de ciertos signos, ídolos y rituales sagrados en territorios tan distantes entre sí como Oriente Medio y norte de Europa ha sido interpretado como un indicio de la lenta expansión de ciertas creencias religiosas y del estilo arquitectónico unido a éstos. Los rasgos más destacados de esta religión han sido los enterramientos colectivos, el culto a la muerte y a los antepasados, a los cuales había que asegurarles una vida eterna con una vivienda indestructible, íntimamente relacionados con la adoración de la Gran Madre. Las primeras tumbas de corredor bretonas datan aproximadamente del IV milenio a. de C. y la isla de Malta tiene los templos más antiguos del mundo.

   Es difícil pensar en una aparición y desarrollo totalmente independiente de manifestaciones casi idénticas en el campo del culto y de la arquitectura, tanto en Oriente como en Occidente. Se desconoce a ciencia cierta en qué dirección tuvo lugar esta influencia, si este-oeste o viceversa, lo que sí es cierto es que las culturas megalíticas tuvieron una mejor expresión en el oeste: Malta, Península Ibérica, Francia, Irlanda, Gales, Escocia  e Inglaterra. Se piensa que los portadores de esta cultura venían del este, pero el  apogeo de la misma se dio en el oeste.

En parte porque las religiones posteriores los han considerado como algo semi-sagrado o misterioso, las imponentes piedras han seguido impresionando a generación tras generación. Muchos de ellos se destruyeron o se utilizaron como “canteras” como los megalitos de Carnac, y hoy en día son tan populares que hasta aparecen en historietas de cómic como las de Asterix y Obelix, e incluso existen grupos que dicen ser druidas que realizan "ceremonias" de lo más folklórico en Stonehenge, como la que realizaron durante el último eclipse total de sol visto en Europa en agosto de 1999. 

   Después de ver y comprender el entorno del momento, estamos listos para ver en qué consisten estas construcciones de forma más detallada, y lo más misterioso de todo, su conexión con conocimientos astronómicos nada simples. Para continuar y conocer Stonehenge, Malta, Los Millares y otros conjuntos megalíticos, pincha la flecha de avance.

Megalitos y arqueoastronomía II

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