|
El
ser humano ha navegado desde su pasado más
remoto, aunque las pruebas directas más antiguas que nos han
llegado de ello correspondan al Mesolítico. A Australia se
llegó hace más de 40.000 años desde la costa
del Sudoeste cruzando cortos tramos de los estrechos, y muchos homínidos
tuvieron que atravesar ríos caudalosos y mares muchos miles
de años antes, con embarcaciones muy rudimentarias o simples
troncos, pero llegaban al otro lado.
Otras pruebas indirectas consisten en los restos encontrados
en algunos yacimientos de productos inexistentes en la
zona. Estos productos
tuvieron que viajar por mar para llegar hasta ahí. Por ejemplo,
la obsidiana encontrada en el golfo de Argos (Cueva de Franchthi,
Grecia) en un estrato fechado en 12.000 años, provenía
de unas islas del Mediterráneo (Melos). La obsidiana es un
tipo de roca inexistente en el continente, es decir, que se transportó a
través de 150 Km. de mar. De igual manera, en Escocia y Noruega
han aparecido restos de peces de aguas profundas, lo que indica una
actividad pesquera en alta mar, probablemente en verano.
A la isla de Creta se llegó por mar en el VII milenio a.C.
y restos de embarcaciones de la misma época se encontraron
también en Noyen-sur-Seine, Francia. Pero los barcos más
antiguos encontrados se encuentran en algunos depósitos fluviales
y lacustres del noroeste de Europa donde se hallaron restos de remos
y canoas. Piraguas realizadas a partir de troncos de pino vaciados
a fuego se han encontrado en Pesse (Holanda) y Star Carr (Gran Bretaña)
pertenecientes a esta época. Arcas con una estructura de mimbre
tejido y cubierta de cuero pudieron haberse utilizado también
que, aunque son poco versátiles para la maniobra y no podrían
adentrarse en mar adentro, si que permitían trayectos cortos
a islotes o tierras no muy lejanas. Para adentrarse algo más
en el mar tendrían que utilizar troncos atados con cuerdas
formando embarcaciones más sólidas, sin carecer tampoco
de riesgo. Algunas de estas embarcaciones fueron rescatadas de North
Ferriby a orillas del Humber, y en ellas se muestra cómo sus
constructores eran capaces de realizar naves hechas con tablas atadas
entre sí, de 15 metros de eslora y una manga de más
de 1,5 metros.
El tipo de navegación en aquellos tiempos se realizaba o bien
por aguas interiores o bordeando la costa, intentando evitar el adentrarse
en alta mar siempre que se podía. Lógicamente, también
la época del año era importante, la mejor era el verano
y, por las condiciones climáticas existentes, se desarrolló el
comercio, la navegación y difusión cultural de mejor
forma en las zonas templadas, donde la mayor parte del año
se podía navegar, es decir, a lo largo de todo el Mediterráneo.
Aún así, los riesgos se corrían, pues la introducción
de la cultura megalítica en Britania e Irlanda no pudo hacerse
más que por mar. Es curioso como la difusión de esta
cultura bordea toda la costa de la península ibérica,
del norte de la actual Francia, las islas británicas y más
allá. Al principio del Bronce las conexiones marítimas
eran regulares entre Irlanda y Escocia, Europa septentrional y, por
otro lado, Britania occidental y las costas francesas de Bretaña.
El Mediterráneo ya era por entonces un verdadero trasiego
de barcos que comunicaban unos "países" con otros
de forma fluida, sobre todo desde el IV milenio a.C., de esta forma
las cerámicas impresas cardiales se distribuyeron por toda
su cuenca.
El perfeccionamiento de las técnicas de carpintería,
el uso de nuevas herramientas metálicas y nuevos inventos
(espigones, mortajas y la vela) hicieron que la navegación
fura un arte que avanzara rápidamente. En el año 3.300
a.C. por el Nilo navegaban barcos de vela cuadrada que luego derivaron
en la vela triangular con el mástil en el centro de gravedad
del barco.
Pero, no solo la navegación sirvió para el transporte
de cerámicas, metales, etc., sino para también transportar
tropas y facilitar las conquistas. En el norte de Europa existen
barcos grabados sobre piedra en escenas de combate naval en la Edad
del Bronce. Así, como el verano era la mejor época
para navegar, también lo era para guerrear. |