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La vida en las costas

Acantilado de Asturias     La riqueza del mar es muy elevada. Los pueblos que vivieron en las costas siempre tenían algo que comer. Muchos de los asentamientos en la línea de costa están ahora bajo el mar a causa del aumento de nivel que se produjo cuando se derritieron los hielos de la última glaciación. A pesar de todo, en alguna zonas han quedado bajo las aguas multitud de yacimientos Existen cuevas submarinas con pinturas rupestres, concheros y monolitos semihundidos. A pesar de ello todas las pruebas muestran hasta que punto fue importante la vida en las costas, que posteriormente se convirtieron en puntos de partida para el comercio con pueblos costeros más alejados. V
ivir en las costas suponía poder sobrevivir tanto con los recursos terrestres como diversos frutos, jabalís, bisontes, ciervos, etc como con moluscos, marsopas, bacalao, caballa y otros peces que aportaban mayor riqueza a la dieta de estas personas.

La presencia de asentamientos en las costas es escasa debido al deshielo. La prueba más asombrosa de uno de ellos es el de la cueva de Cosquer. Henry Cosquer era un buceador profesional que se introdujo en una cueva inundada por el mar a 37 metros de profundidad, entre Marsella y Cassis (sur de Francia). En esta gruta existe una cámara de aire sobre el nivel del mar y en sus paredes hay numerosas pinturas rupestres de caballos y bisontes, prueba de que esta cueva fue habitada por nuestros antepasados.

Pero los restos que más nos ayudan a entender cómo era la vida en las costas son los denominados concheros. Un conchero es un montículo formado por conchas desechadas de moluscos comestibles junto con otros desperdicios. Podría decirse que un conchero es una especie de basurero prehistórico, en él se arrojaban cosas o deshechos de comida que nadie quería. Por ello no tenían ningún tipo de significado mayor de lo que realmente son: basureros. Pero las conchas de moluscos son muy numerosas en ellos, lo que indica que poseían una dieta que se basaba también en los recursos que proporcionaba la mar. Un ciervo, por ejemplo, proporcionaba tantas calorías como 50.000 ostras, pero sus restos serían insignificantes al lado de los de las conchas. 

Lo importante de los concheros es que muestran los restos de otros alimentos consumidos y dan una idea de cómo era la vida en las costas. Se han investigado dos importantes grupos de concheros, los de Dinamarca y en Portugal, países de importantes asentamientos costeros ocupados de forma ininterrumpida.

   En Dinamarca, los estudios han indicado que algunos de los asentamientos eran ocupados durante la mayor parte del año, es decir, eran prácticamente permanentes, lo que indica que había tal cantidad de comida que no hacía falta viajar para encontrarla sino que estaba a su disposición durante todo el año. Durante el invierno, las partidas de caza se adentraban en el interior para cazar ciervos y jabalís y otros animales.  Mientras, otros grupos permanecían en la costa cazando aves y mamíferos marinos, así como moluscos y en verano los peces constituían la parte fundamental de la dieta.                                                         

Playa de Valdoviño (La Coruña).

Foto de su  galería personal en: www.fotonatura.org

En Portugal la situación era algo diferente. Los grupos pasaban el invierno en campamentos base situados en tierras cercanas a los grandes estuarios y cazaban ciervos y jabalís además de comer moluscos. En primavera y verano se trasladaban a campamentos más cercanos al mar abierto, cazaban grandes mamíferos, conejos y pesaban peces como el boca de oro (de gran tamaño). La importancia de todos estos recursos fue crucial. Cuando el deshielo se hizo más patente, las aguas comenzaron a cubrir grandes extensiones de tierra sobre la que se cazaba y vivía, convirtiéndola en marismas, lagos de agua salada, y cantidad de hábitats ricos para poder vivir sin problemas de hambruna tanto en invierno como en verano.

La jornada laboral ocupaba unas cuantas horas a la semana, el alimento abundaba. Cuando llegó la agricultura a estos lugares de la costa tardaron en utilizarla puesto que no la necesitaban para subsistir, y durante mucho tiempo la compaginaron con sus métodos tradicionales de subsistencia, hasta que el aumento de la población obligó a tener que trabajar la tierra para poder comer.

De todas formas, estos pueblos poseían una alimentación de más calidad que sus vecinos del interior del continente, que dependían de las estaciones y del crecimiento de los cereales, teniendo una alimentación más deficitaria según pasaban los milenios. La frase “trabajar de sol a sol” comenzó a hacerse más palpable, la presión demográfica obligaba a ello, el fin del paraíso había llegado.