El    fuego
El    fuego


 

 

Hablar del dominio del fuego por nuestros antepasados es aventurado porque no hay pruebas, ni numerosas ni claras. Se conocen sin embargo hogares con sus fechas aproximadas y las técnicas que se pudieron usar para encenderlo. 

Los Homo erectus fueron los primeros seres humanos hasta la fecha cuyos restos están asociados con el fuego, es decir, se sabe que lo manipularon, cocieron alimentos y realizaron agujeros en el suelo para instalarlo.  Pero el fuego podía deberse únicamente a los rayos de las tormentas, la erupción de los volcanes, gas natural, materias orgánicas en descomposición... provocados siempre por la naturaleza y utilizado luego por los humanos.  No se puede decir cómo fue aquel proceso de conocimiento del fuego.  Los grandes incendios naturales provocarían muertes, pero también una oportunidad para capturar animales saliendo de sus escondrijos u otros ya muertos cuando las llamas se apagaran. 

Al remover las cenizas aun calientes con un palo se puede prender el extremo de éste. Sin duda, si lo hizo algún erectus, se daría cuenta que podría tener cierto "dominio" sobre ese fuego al poder transportarlo y encenderlo en otro lugar. Poco a poco el fuego se vería como algo, además de peligroso, útil;  la curiosidad, siempre de la mano del valor, hizo que el miedo se fuera superando para conseguir utilizar ese fuego en beneficio propio. 

   Puede que fuese aquí cuando surgiera una obsesión, la de conservarlo por encima de todo, porque los incendios, rayos o erupciones volcánicas no tenían lugar todos los días. Para transportarlo sin que se apagase en los desplazamientos deberían de ingeniar algún tipo de estrategia. Con respecto a esto podemos decir que los pigmeos actuales tienen como norma el que uno de ellos se ocupe  de cuidar y llevar un tizón encendido.

   Hay  dos épocas en las que aparecen pruebas de la combustión del fuego: la primera hace 1,5-1,2 millones de años en Kenia y Etiopía, y otra hace entre 400.000 y 350.000 años en Etiopía, Zambia y Sudáfrica. Entre ambos momentos hay un espacio muy prolongado de 800.000 años.  Pero en realidad hay muchas dudas de que en la primera época se produjera un uso intencionado del mismo, y casi todos los especialistas hablan de fuegos naturales. Hay indicios de fuego en Zhoukoudian, un yacimiento de China, donde vivió el Homo erectus. 

                 Foto: www.guardabosques.net

Según Eudald Carbonell "antes de esta fecha es posible que hubiera un aprovechamiento esporádico de llamas obtenidas en incendios naturales. Es decir, antes de la fase de producción hubo probablemente una fase de carroñeo del fuego". La segunda opción es la más verosímil de ser cierta. Pero las pruebas reales de fuego están fuera de África, en China, Hungría y Francia, algo que es lógico, pues el frío era más intenso en estas latitudes. 

La necesidad crea el avance, y está claro que para sobrevivir era más importante ingeniárselas en hacer fuego en lugares fríos que en los cálidos. En Terra Amata (sur de Francia) hay signos claros del uso sistemático del fuego por erectus hace 400.000 años. 

Pero, sin duda alguna, uno de los descubrimientos más importantes de la humanidad ha sido poder crearlo en el momento y lugar elegidos. Siguiendo las palabras de Eudald Carbonell: "El fuego tuvo un impacto brutal. El fuego cambió para siempre las sociedades humanas. Cambió la alimentación, cambió el modo de protegerse del frío, cambió el modo de comunicarse entre los miembros del grupo, cambió la demografía... Lo cambió todo. Fue un progreso fundamental porque permitió otros progresos que a su vez abrieron la vía a otros progresos. Fue el punto de origen de una reacción en cadena que ha llevado hasta nosotros."

   Hay muchas formas de producir fuego. Uno de ellos consiste en golpear o frotar un trozo de óxido de hierro o pirita contra otro de sílex (percusión) para obtener chispas que caigan sobre la yesca preparada (hongos secos, estiércol...). De este método solo hay pruebas seguras de hace entre 10.000 y 15.000 años. También se puede crear por fricción, frotando dos palos secos de diferentes durezas, ya sea con la ayuda de un arco o de las manos.

   Aprendiendo con Munúa a hacer fuego. Talleres de arqueología experimental del Museo de Altamira.

Duro y lento: frotar con ambas manos el palo

Fácil y rápido: mover con un "arco" el palo a frotar

El más eficaz: golpear pirita con pedernal y sacar chispas

¡Ya tenemos el fuego!

Lámpara de tuétano. Su llama puede alcanzar la altura que se indica en la foto.

 

Las ventajas del fuego, de todas formas, eran muchas en primer lugar porque la cocción de los alimentos eliminaba parásitos y toxinas de la carne, haciendo comestible lo que antes no lo era. Además la carne es más tierna y los ancianos y niños se aprovecharían de ello, alimentándose mejor. 

También se podían conservar muchos alimentos para el invierno ahumándolos, así se podía aprovechar el verano cazando y pescando con la garantía de que toda esa comida no se estropearía. En los crudos inviernos se evitarían muchas muertes por hipotermia o pulmonías, sobre todo de los niños. 

Así mismo, muchas plantas medicinales se podían aplicar gracias a infusiones y otros preparados cuya base era el fuego. Las puntas de palos, las astas de ciervos, la piedra... podían endurecerse más y trabajarse mejor si se calentaban. 

En la caza también se podía emplear par aprovocar estampidas o atemorizar a los animales. Muy posteriormente, para la realización de la cerámica era imprescindible el uso del fuego, y más tarde aún, para trabajar metales y hacer aleaciones.  

Pero sobretodo, el fuego tuvo que ser un importante elemento en la cohesión del grupo. Su uso y manejo requería una organización cada vez mayor del mismo. Por la noche, al acabar la jornada, podrían comunicarse de forma relajada, comentar lo sucedido, hacer planes, contar historias, alimentar mitos.... Alargar las horas de luz suponía tener más calidad de vida y además se podía trabajar en algo: cocinar, raspar pieles, tallar piedra,etc.

   Según pasa el tiempo encontramos más y más pruebas de fuegos y hogares, sobre todo durante el Musteriense. El resto más curioso es el encontrado en Pech de l'Azé (Francia). Se trata de un asador de piedra, un plancha para asar carne, y por lo que parece fue usado muchas veces.

 

   Muchos conocerán la película "En busca del fuego" (1982, de Jean Jacques Annaud). Este film recrea la vida del pleistoceno y el protagonista es, como su título indica,  el fuego. En ella aparecen cuatro tipos de homínidos coexistiendo al mismo tiempo y muy próximos unos de otros. Saben usar el fuego, pero no crearlo. La búsqueda desesperada de este bien y las aventuras y desventuras que sufren los cuatro personajes centrales conforman su argumento.

   Como todas las películas sobre la prehistoria, ésta también revela cual era la visión que en los años '80 se tenía de la evolución humana. En su realización intervinieron Desmond Morris, un estudioso del comportamiento animal ("El mono desnudo", 1967), y Anthony Burguess, novelista y lingüista ("La naranja mecánica", 1962).

   Ambos crearon un sistema de comunicación verosímil al del hombre primitivo de acuerdo con la teoría lingüista que prima al indoeuropeo como lengua ancestral común. Elaboraron una "lengua" primitiva que combinaba palabras, gestos y señales de comunicación entre primates. A lo largo de la película puede verse como dicen "Atra" para referirse al fuego y "Tri" para los animales. 

   Los gestos eran copia de pueblos tribales actuales: señales de dominio (mirada fija) y sumisión (desvió de la mirada); también tomaron algunas de los monos y simios: ruidos de los labios, castañeo de dientes y prácticas de aseo social, como despiojarse mutuamente el pelo.

 

     Quizás algunos pensaréis que no he mencionado una de las más importantes ventajas que para la humanidad tuvo el fuego y que siempre hemos tenido presente, como es la de la defensa de los animales durante la noche. Siempre nos han dicho que el fuego nos protegió de las fieras y que eso supuso el éxito de nuestra especie, pero... ¿realmante fue eso así?. Desde luego nada mejor que irse a un safari por África para comprobarlo o bien preguntar a los guías de estos safaris qué opinan al respecto (opción más simpática para la mayoría). En uno de sus viajes por Tanzania, el arqueólogo y escritor Jordi Serrallonga describe su conversación con un guía acerca de la protección real que ofrece el fuego en medio de las llanuras donde campan a sus anchas leones, hienas y otros animales potencialmente peligrosos. Parece ser que el fuego no es ningún impedimento para que merodeen por las tiendas y el campamento provocando un nerviosismo generalizado entre los pobres turistas. ¿Es que no funciona lo que nos han contado?. Pues no exactamente. El problema radica, según Jordi, en que muchas veces los teóricos no van al terreno a comprobar las cosas y todos les creemos a pies juntillas.

 

El problema del fuego y el temor que provoca en las fieras es básicamente cultural, es decir, los animales aprenden a asociar el fuego a peligro si cuando se acerca a éste son atacados. Después lo aprenden de sus progenitores y dicha conducta se mantiene. Esto es teoría de aprendizaje pura y dura, y algo que los guías de safaris saben muy bien por experiencia. A continuación os pongo un pasaje del fantástico libro de Jordi Serrallonga, Los guardianes del lago (Ed. Mondadori), para que es sus propias palabras entendáis este asunto:

 

 

"Cabe que los leones del Serengueti, en un principio temerosos del fuego (lo cual se ajustaría a la tesis de que éste sirviese como elemento disuasorio durante la Prehistoria), poco a poco hubiesen aprendido a vencer este posible miedo. Y digo posible porque, vista la experiencia, me atrevería a apuntar que los fuegos prehistóricos, más que disuadir por sí mismos a los predadores, sirvieron para advertir a los carnívoros de dónde había una concentración de homínidos; estos primeros humanos habrían desarrollado complejas estrategias de cooperación social que, junto con armas cada vez más eficientes, quizás harían posible –gracias a la luz de las hogueras- la defensa del grupo frente al ataque de sus enemigos naturales. Después de una serie de combates con bajas por ambos lados los felinos habrían aprendido la lección y se habrían dedicado a la captura de otros animales, los numerosos herbívoros, que –como mínimo- no les presentarían una batalla tan compleja. Habiendo perdurado este aprendizaje entre los predadores durante cientos de miles de años, llegaron los sonjo o los maasai y, teniendo en cuenta la presencia de arcos entre los primeros y potentes lanzas y machetes entre los segundos, los leones habrían continuado asociando la presencia de fuegos a “Peligro, humanos sueltos”. Por el contrario, con la llegada de los turistas, temporada tras temporada los leones de las nuevas generaciones vieron que aquellos humanos más claros que los maasai y de olores corporales muy diferentes (alguien debe haberse preguntado cómo deben de estar afectando los perfumes y eau de toillette a los olfatos sensibles de estos felinos), no representaban ningún peligro… Todo lo contrario, incluso los dejaban jugar con sus botas y calentarse a la vera de sus fuegos.”

Más información: www.cienciayaventura.com