Madera
Madera, fibras y pieles


El trabajo en madera fue sumamente importante, así como la obtención de fibras vegetales para realizar cuerdas y tejidos, pieles para abrigarse, tendones de animales para hilos... todo valía para algo. El conocimiento del medio junto con la innovación al probar elementos nuevos hizo que los objetos cotidianos fueran cada vez más ricos y variados. La conservación de estos restos no es buena, como la de la cerámica, piedra o metales, pero los que nos han llegado muestran una gran pericia y a veces buen gusto. 

Las tumbas en ataúdes de roble de la Edad del Bronce halladas en Dinamarca dan gran información sobre el estilo de vida de aquellas gentes, pero lo más curioso es su vestimenta. Los hombres vestían con taparrabos y amplias capas.

En una de esas tumbas, la de una mujer de 20 a 25 años, la indumentaria aún cubría sus huesos. Llevaba un jersey en forma de poncho y una falda hasta las rodillas sujetada por un cinturón. Pero los tejidos de este tipo solo son “el último episodio” del increíble uso de elementos como los tendones animales, la madera, las fibras vegetales y el pelo de animales, así como las pieles para fabricarse ropa y herramientas.

Existen especies vegetales que por su carácter fibroso o filamentoso dan lugar a elementos flexibles y resistentes con los que realizar trenzados, entrelazados o tejidos, cordeles, etc. Estas fibras llenaban la vida cotidiana de nuestros antepasados, pero por su carácter orgánico y poca dureza han llegado hasta nuestros días un número muy reducido de estos elementos fabricados con ellas. Su uso se deduce de las piezas sobre las que estaban formando parte, piezas de sílex y otros, como las cerámicas, cuyas perforaciones indican por donde pasaban cordeles para colgar. Las puntas de flecha de sílex delatan la existencia de marcas de sujeción a madera con cuerdas y los raspadores o raederas, así como los dietes de hoz, delatan su soporte también de madera para poder trabajar. Agujas de hueso indican la existencia de hilos y las pesas de telar tejidos.

Las pieles y el cuero se han utilizado desde el Paleolítico Inferior para confeccionar ropajes con los que guarecerse, zurrones y bolsas, correas, cubiertas de cabañas…

Pieles y cuero

El tratamiento de las pieles y el cuero es indispensable para evitar el endurecimiento natural, rigidez y resquebrajamiento. La preparación más simple consiste en secar la piel o el cuero de los animales al calor del fuego y eliminar los restos de grasa y carne con raspadores o raederas. Posteriormente la piel se flexibiliza mediante el contacto con el agua, se golpea con una piedra redondeada y se cubre con grasa con la finalidad de impermeabilizarla. También pueden tratarse mediante sustancias vegetales (corteza de sauce o roble empapada en agua) o animales que contienen ácido tánico, que es el auténtico curtidor de la piel.

Los vestidos se elaboran una vez el cuero conseguía la flexibilidad óptima, se adaptaba a la persona y se cortaba con cuchillos de piedra. Los extremos de la prenda se agujereaban para poder ajustarla al cuerpo y coserla con estrechas tiras de cuero sin curtir. Se han encontrado muchos útiles de costura, como perforadores, agujas, cuchillas líticas, etc. Los agujeros para pasar la aguja se realizaban previamente con instrumentos más duros, los perforadores. El cadáver de Hauslabjoch (Otz, Austria) u hombre del Tirol llevaba una bolsita de cuero que debía ir sujeta a un cinturón de cuero, un carcaj de cuero, etc. 

Aunque no hay evidencias de indumentaria, podemos hacernos una idea mirando pueblos esquimales, cuyas ropas son similares a las que pudieron haber tenido nuestros antepasados de la era de las glaciaciones. En algunos enterramientos esquimales de tiempos más recientes se han encontrado restos de indumentaria que poco difieren de las paleolíticas: chaquetas, pantalones, botas y gorros de piel de foca cosidos con cuero, chaquetas forradas de piel de ave, medias de piel de caribú y hierbas secas entre la media y la bota para protegerse mejor del frío. 

  En las pinturas rupestres hay también pruebas de la indumentaria de estas épocas, figuras vestidas y calzadas aparecen frecuentemente, sobre todo en el arte levantino.  

El uso de pieles para las techumbres se remonta al Paleolítico Inferior, en el vestíbulo de la cueva de Lazaret (Niza) se encontró una cobertura de pieles unidas entre sí por tiras de cuero crudo fijadas al suelo mediante bloques de piedra. También la corteza de algunos árboles y la madera trabajada sirvieron para este fin. Durante el Paleolítico, antes de la invención de la cerámica, la piel sin tratar, moldeada, precedió a esta último en forma de vasos y otros recipientes. 

 El cuero también se utilizó con fines bélicos, escudos, cinturones, fundas para espadas, hachas y dagas, equipamientos de jinetes… y muy importante fue para los primeros herreros y mineros, en una mina de sal de los Alpes austriacos se encontró una bolsa de cuero con los agujeros de las correas para el transporte de dicho elemento y en La Tène (Suiza) se encontró otra bolsa de cuero que contenía 27 herramientas que pertenecieron a una artesano de la piel. Muy posteriormente, en la Edad del Bronce, las pieles más utilizadas para todos estos usos están realizadas a partir de animales como la vaca o de oveja. 

La cestería

El trenzado de las fibras, tanto para hilo como para la cestería, requería tratamiento previo de las mismas para dotarlas de textura y poder darlas la forma deseada. Cordeles y cestas se realizaban con esparto, una herbácea propia de climas mediterráneos. El esparto se arranca a mano, se seca al sol, luego se sumerge en agua, se seca de nuevo y se vuelve a mojar, así hasta obtener una fibra mucho más dúctil y resistente, flexible, con la que confeccionaron también paños trenzados, alfombras, sandalias, etc.

 En Madrid son conocidas las bases de cestería de los fondos de cabaña del Cerro de Cervera. Las marcas del trabajo de trabajar la cestería quedaron improntadas en el suelo arcilloso. Hasta hace bien poco en muchas localidades se ha seguido haciendo así por parte de las mujeres, las verdaderas artífices de estas labores de fabricación de utensilios y herramientas durante generaciones. También se usaban para abrigos, por ejemplo la zamarra del hombre del Tirol es un ejemplo de abrigo realizado con fibras de hierbas y paja que le cubría el cuerpo desde el cuello hasta las rodillas. 

La madera

La madera fue indudablemente importantísima, aunque los objetos llegados hasta nosotros han sido muy escasos por su facilidad en deteriorarse. En este caso las pruebas indirectas nos brindan su apoyo porque no es posible la punta de flecha de sílex sin un soporte para la misma, al igual que para muchas otras herramientas. A veces se encuentran los moldes de lanzas, como las del yacimiento Abric Romaní (Capellades, Barcelona), que datan del paleolítico medio. También de estas fechas son las lanzas, de punta endurecida al fuego, de Schöningen (450.000 años). Su buen acabado indica que se trataba de una tecnología sobradamente conocida y dominada ya en aquellos tiempos. Los útiles de caza, y en general todo tipo, han sido los máximos beneficiarios de este bien tan preciado que es la madera y sin la que hoy en día tampoco podemos pasar. En algunos lugares y épocas fue muy escasa, como durante la glaciación, en las estepas por ejemplo no existía ni un solo árbol y este territorio era muy extenso. La facilidad del  trabajo con la madera y la variedad de la misma la hizo aplicable a cualquier fin, y nuestros antepasados sabían perfectamente qué tipo de madera era la adecuada para cada cosa y de qué manera había que trabajarla para conseguirlo: postes, vigas, empalizadas de pino o haya, soporte de cuchillos, raspadores y dientes de hoz para recoger las primeras las cosechas, vainas, ataúdes, empuñaduras, cuerpos de escudos, embarcaciones...

Tejo Elasticidad y gran resistencia, difícil de astillar Uso ideal: arcos
Fresno, encina y haya Menor elasticidad Uso ideal: enmangues de hachas y azuelas.

Las telas

Posteriormente vinieron las telas. Aquí las fibras se agolpan ordenada y uniformemente generando una superficie continua y para ello hay que disponer de un telar. Este mecanismo se extendió en gran variedad de formas y complejidad, comenzando en Oriente Medio hasta Europa y Asia. El tejido es difícil de encontrar porque se desintegra muy fácilmente, pero sí se han encontrado muchas piezas de telares, como pesas, peines de cardar o fusayolas. El lino y la lana son las fibras del mundo vegetal y animal, respectivamente, más utilizadas. En Çatal Hüyük (Turquía) se han encontrado evidencias claras de estas actividades en torno al 6.500 a. C y en Europa desde el 3.500 a. C. El tejido indica las condiciones climáticas de cada lugar, no solo por las características finales que adopta, como la forma o densidad) sino por las fibras de los animales y vegetales disponibles. Al tejido y al cuero también se les añadía colores que se obtenían de moluscos, insectos y plantas.