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Los seres humanos, utilizando su cerebro y sus manos, fabricaron
herramientas cada vez más complejas para poder controlar
su entorno y sobrevivir. Había que inventarlo casi todo
porque los conocimientos adquiridos de este tipo eran escasos.
La experimentación con nuevos materiales, su tratamiento
y uso era constante. La piedra, el hueso, la madera, los tendones
de animales, la resina, los metales, las fibras vegetales...
prácticamente todo podía servir para algo. Los
restos encontrados dicen mucho de cómo se las ingeniaban
para hacerse la vida un poco más
fácil. Cada herramienta, según la función
que se la quería dar, requería un material, un
tratamiento específico con una secuencia determinada
de pasos. El uso de herramientas y el estudio del desarrollo
del cerebro han estado muy unidos porque en ellas se ven las
intenciones, los modos de hacer del fabricante, una mente con
un objetivo y una planificación estructurada. Al ver
una herramienta también nos podemos hacer una idea de
cómo era el individuo que la realizó
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