COMPLEJIDAD
COMPLEJIDAD
FRACTAL

         

Desde la nada creadora de la Gran Explosión hasta nosotros, la materia y la energía han irrumpido en la existencia decantándose en formas distintas. Nebulosas cósmicas formadas de gas y polvo, de formas irregulares y pasivas; estrellas de forma esférica en las que la actividad no cesa y que se mantienen estables durante mucho tiempo; galaxias en las que las estrellas se ordenan y permanecen asociadas; planetas donde surge la vida... En los planetas con vida, debido a condiciones privilegiadas poco frecuentes, la materia se ha ido ordenando de manera espontánea en formas de complejidad creciente a lo largo del tiempo. Fueron reacciones químicas que daban lugar a compuestos que englobaban un gran número de átomos en primer lugar; después algunos tipos de estas moléculas complejas tuvieron la capacidad de asociarse por uniones de tipo físico y ordenarse espontáneamente en estructuras cerradas. Estas estructuras microscópicas globulares se convertía a veces en diminutos laboratorios que dejaban entrar otras moléculas  más simples para reaccionar en el interior, creciendo en tamaño. Cuando alcanzaban determinado volumen, se dividían en dos partes simplemente por necesidad física, conservando más o menos su estructura. Con el trascurso del tiempo aparecieron formaciones más y más complejas hasta llegar a las células, dotadas de una estructura interna diferenciada en orgánulos y con capacidad para replicarse de manera precisa. Espontáneamente surgieron las colonias o agrupaciones de células y después los organismos pluricelulares. En cada momento, partiendo de los seres existentes, y por el juego de sus posibilidades de asociación, se fueron organizando seres más complejos hasta llegar al hombre, a la sociedad actual, y en el futuro inmediato al mundo global.

            La aparente magia y milagro de todo este proceso ha consistido en el necesario aumento de complejidad que tiene lugar al construirse una nueva estructura con los seres de anterior estructura más simple. La estructura que emerge tiene nuevas propiedades diferentes de las de sus partes, es otro ser distinto. Y lo que puede parecernos verdaderamente mágico es que ese ordenamiento o estructuración de los seres surja espontáneamente. Es un acoplamiento  automático que se produce cuando tienen lugar determinadas condiciones del medio en que existen los individuos. Y esas condiciones incluyen el dinamismo del medio, la fluctuación de las condiciones, lo imprevisible. Es como si después de barajar las cartas nos diéramos un póquer por ejemplo. Existir, existe esa posibilidad, aunque quizás debamos barajar bastantes veces.

            La complejidad se forma superponiéndose sobre sí misma, englobando niveles anteriores, construyendo seres nuevos que tienen por elementos los seres antiguos. Pero el proceso no se da siempre, en cualquier tipo de seres, sino en algunos privilegiados que reúnen las características adecuadas y en un medio determinado. Todas las especies no evolucionan a mayor complejidad, sino que cuanto más alto es el nivel menor es el número de soluciones más complejas que pueden decantarse.

La pregunta esencial es: ¿Y por qué el aumento de complejidad es importante?¿Para qué sirve la complejidad? ¿No resulta todo este proceso un enrevesamiento inútil que no conduce a nada? La conciencia es lo que parece asociado a la marcha ascendente de la complejidad. Un estado de superconciencia universal parece ser el sentido final de todo el proceso; un estado que permitiría extender el conocimiento hacia el origen del Universo y la acción hacia su evolución futura o hacia la creación de otro Universo. La conciencia del estado final será una conciencia creadora, una conciencia que trasciende su propio origen, su Universo. Lo que haya más allá de él sigamos llamándole Dios de momento.


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