DE
CAMINO Estamos
en
la era de la tecnología creadora. Una rama esencial de ella es
la tecnología
genética. El hombre modifica los genes de los futuros
bebés para que nazcan y
crezcan sin enfermedades, sin defectos, bellos y apolíneos, muy
inteligentes.
Hay una ética basada en la estructura social del conocimiento, y
la sociedad elige
entre las distintas arquitecturas genéticas disponibles las
más adecuadas en
función de la predisposición natural del bebé y
las necesidades del
conocimiento global. Por ello, un bebé puede nacer con
acrecentada capacidad
artística, científica, literaria, religiosa, etc., y ello
respetando las
necesarias proporciones demandadas socialmente, de la misma manera que
antiguamente se determinaban las plazas disponibles para ejercer las
diferentes
carreras universitarias.
Se
progresa tan deprisa, que a lo largo de la vida de una persona tienen
lugar grandes cambios en el conocimiento y la tecnología, por lo
que vivir es
asistir a un continuo espectáculo creador. Esta es la actividad
principal, la
de creación, y después le sigue la de conocimiento
cósmico. El escenario
cósmico no se conoce completamente todavía, pero dada la
aceleración del
conocimiento creador no preocupa demasiado, ya que hay tiempo
suficiente para
desplegar un cambio tal en el mundo que el hombre del futuro
será una especie
de ser divino con capacidades asombrosas, y muy capaz de resolver todos
esos
misterios del Universo. Es por esto que la principal tarea creadora de
la
Humanidad es la ingeniería genética, la tarea de crear al
ser superinteligente
y superconsciente en el futuro. El hombre ha adquirido tal conciencia
de su
capacidad, que ha confiado a la sociedad humana, estructurada
políticamente a
ese fin creador, las esperanzas que antes confiaba a los dioses. Hoy el
Dios es
la sociedad humana, absorta en pleno proceso de creación. La
política es
política científica, ampliamente participativa, plasmada
en la definición del
proceso creador, que luego es desarrollado fielmente por las
instituciones, las
cuales cuentan con la actividad de todas las personas. El trabajo de
subsistencia y servicios está confiado a robots y a
instituciones automáticas.
El mundo se ha convertido en una gran máquina que actúa
de manera programada en
tiempo real, en virtud de las decisiones que van surgiendo en cada
momento y
que afectan a todos los mecanismos de subsistencia de la sociedad. Lo
único que
no es automático es la labor creadora, y es ahí donde las
decisiones de las
personas tienen su protagonismo esencial, si bien están
asistidas en ello por
los grandes ordenadores que almacenan una ingente cantidad de
información y
ayudas a la toma de decisiones. Realmente, las decisiones parciales son
tomadas
por los ordenadores en base a las directrices creadoras de la sociedad.
El
principal logro ha sido hacer inteligible el proceso creador a todas
las
personas, de manera que todas intervengan en él. Es el papel que
se ha
reservado la Humanidad para sustituir al azar, a la variedad, al caos
creador
de la naturaleza.
La vida se
ha prolongado muchísimo y además se envejece sin los
trastornos
de la edad que eran habituales antiguamente. El problema del dolor y el
sufrimiento es cosa del pasado, y la muerte se ha instituido como
“aplazamiento”. Cuando una persona hace cesión de su vida, en lo
cual es
aconsejada por las instituciones, su existencia queda aplazada hasta el
futuro
-momento indefinido todavía- en que será resucitada. No
se sabe todavía, dada
la aceleración del progreso, cuando tendrá lugar esa
resurrección, pero se
intuye que será en el momento en que se hayan alcanzado
condiciones
estacionarias y sostenidas para la existencia humana; condiciones de
plena
felicidad y eternidad garantizada. Las personas accederán
así a otra vida
eterna y gloriosa, aunque tendrán que pasar por un proceso de
adaptación y
glorificación para existir en esa vida. Lo que sí se ha
comprobado es la
viabilidad del proceso, haciendo resucitar a personas cesadas hace
décadas que
se han integrado fácilmente a la vida, superando en poco tiempo
las necesarias
adaptaciones al presente. Hay que decir que los resucitados
conservarán la
memoria de su vida anterior completa, y que eso no plantea
ningún problema,
sino que al contrario dará una dimensión de perspectiva a
la conciencia global
de la Humanidad.
Una de las
principales tareas iniciales de esta nueva era de la creación
ha sido la proliferación social en equilibrio planetario, la
coexistencia de
una inmensa población en equilibrio ecológico con el
planeta. No fue fácil,
pero ello ha permitido la reproducción en masa de la Humanidad
sin deteriorar
el medio. Los alimentos ya no son un problema, ni la
contaminación. Hay
recursos ilimitados, y el oxigeno y la energía a partir del agua
de mar
presentan un limite que está todavía muy lejos de
alcanzarse. Las inteligencias
de las personas y su estructuración en el proceso creador es la
principal riqueza
del planeta, por lo que la superpoblación es un bien esencial.
Hay que decir
que las reservas de oxigeno han aumentado espectacularmente debido a la
plantación masiva de selvas por todo el planeta y que la
gestión global del
agua ha sido una labor meritoria. Además de la energía
por fusión fría a partir
del agua de mar, se utilizan todas las energías alternativas en
gran profusión,
como la solar y la eólica, y se han explotado extensivamente los
ciclos del
agua en el planeta. Actualmente se investiga una fuente de
energía
sorprendente, inagotable, a partir del vacío. Es la
energía de la creación
espontánea original, del big-bang. Naturalmente es una
investigación difícil y
duradera, y su tecnología será muy delicada; no
podrá utilizarse más que en reducidas
proporciones inicialmente, ya que el proceso podría irse de las
manos y acabar
en un cataclismo de proporciones universales. Pero cuando en el futuro
se
consiga controlar esta fuente primordial, la Humanidad se estará
acercando a su
estado final universal, al estado de Dios, y podrá influir en la
evolución
cósmica e incluso crear otros universos. Pero eso es hoy
día un historia
religiosa, de creación-intuición solamente. Ahora nos
tenemos que contentar con
la creación a niveles modestos y planetarios.
El futuro es
el Dios de nuestros días, y el conocimiento creador su
religión. Han pasado las eras oscuras, las épocas de
desconcierto y
desorientación que hasta no hace mucho atenazaban a la
Humanidad. Honor y
gloria en el recuerdo a los santos y mártires científicos
y religiosos de todos
los tiempos que han ofrecido definitivamente su vida dedicada al
conocimiento y
al espíritu, por el futuro divino de la Humanidad. Amén.