REALIDAD
REALIDAD O ILUSIÓN
REFLEJO

¿Percibimos la realidad del mundo o sólo lo que nos interesa?  ¿Y lo que nos interesa es realmente así o es sólo una idea que construimos mentalmente para poder actuar sobre ello? Los conceptos que tenemos de las cosas son simplificaciones utilitarias. Una cuchara es más que un instrumento para comer, aunque nosotros, en general, como comensales, la identificamos con su función. Para un extraterrestre que se alimentara succionando por una boca en forma de tubo, sería un objeto absurdo, incomprensible. Pero la cuchara es un objeto creado por el hombre, claro, aunque los demás objetos identificados por él apuntan también a su utilidad. Una rama de un árbol puede verse como un palo, o como leña, o como materia prima para hacer un utensilio. Todo depende de quien la corte para sus fines específicos. En realidad una rama no existe en sí misma, es sólo la mirada del hombre la que la aísla anticipando en ella una utilidad. Lo que existe como un todo es un árbol, y la rama seria un trozo, una parte inseparable del árbol. Al separar la rama del árbol la destruimos como árbol, tanto en la práctica como mentalmente. El concepto o idea de una cosa separada de su todo nos lleva a una percepción errónea desgajada de la realidad. Por eso el conjunto de palabras, ideas, conceptos con los que nos referimos al mundo, es una creación bastante irreal, preñada de intencionalidad utilitaria; es un mundo construido por nosotros y para nosotros, para nuestras necesidades. Pero aparte de lo anterior, que encierra un error de intencionalidad, los sentidos de que disponemos tampoco nos informan de toda la realidad , sino sólo de lo que interesa a nuestra supervivencia. Aquí se pone de manifiesto la estrategia evolucionista de la especie para sobrevivir en el todo que la rodea, de manera que también hay una intencionalidad genética de supervivencia en la información que nos dan nuestros sentidos sobre lo real. Las cosas no son de un color u otro, ni huelen bien o mal, aunque a nuestro organismo le interesa distinguirlas e identificarlas de alguna manera. Los sentidos de los animales son distintos en intensidad y también diferentes según las especies, lo que nos está diciendo que las cosas no son de una manera u otra, sino que al ser en cuestión que las percibe le interesa destacar uno u otro aspecto de ellas. Nuestra ciencia pretende ser objetiva y describir lo real con toda precisión, haciendo acopio de todos los conocimientos que sobre el mundo se han ido descubriendo para explicar los distintos fenómenos y propiedades de  las cosas. Pero la ciencia también arranca de ese mundo imaginario creado por el hombre, contaminado de intencionalidad. Aún así, llega a predecir con mucha exactitud los fenómenos que se observan en ese mundo imaginario. Todo sucede como si la realidad se situara por detrás del mundo, de “nuestro mundo” y todos nuestros esfuerzos por desvelarla sólo consiguieran una mejor estructuración de nuestras ideas y procedimientos de actuación sobre ella, a los que responde de una manera más previsible y exacta en los escenarios de actuación planteados. Así hemos ido construyendo una teoría del mundo con palabras, signos y fórmulas que no consiguen expresar más que el comportamiento de la realidad pero no la realidad en sí misma, que es inexpresable. Cuando se habla de expresar la realidad, estamos hablando de traducir la realidad a un lenguaje, sea éste del tipo que sea, y todo lenguaje hace referencia a un observador y a sus limitaciones. Si la realidad no tiene en sí misma propiedades sensitivas (color, tacto, etc), que son del hombre, tampoco tiene signos ni fórmulas matemáticas ni teorías, que también son del hombre.


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