ROSTRO
LA REALIDAD DEL TODO
TODO

Cuando salimos de nuestro mundo imaginario, en el que conseguimos vivir bastante confiados hasta que la proximidad de la muerte nos despierta, nos encontramos perdidos en el Misterio. Misterio que muchas veces hemos advertido hacia la estructura más pequeña y elemental de la realidad que se nos escapa de la mente, y Misterio hacia la estructura más grande e inabarcable que tampoco conseguimos encerrar en el pensamiento. Desconocemos desde qué ínfimas partes  empieza a construirse lo real y cual es la inmensa arquitectura total de todo ello. Dada la imposibilidad de descubrir estos extremos con nuestro pensamiento racional deberíamos abandonar la búsqueda en esos términos e intentar otro tipo de conocimiento distinto del analítico y mecanicista. Desconocemos también si existe un solo Universo o existen muchos, engendrados a partir de explosiones iniciales como la del nuestro. Desconocemos qué o quién pudo generar esas explosiones iniciales creadoras, pero uno está tentado a pensar en una ingente cantidad de sucesos semejantes por analogía con lo que observamos en la parte del TODO conocida, es decir, en nuestro Universo superpoblado de estrellas y galaxias. Nos parece que en la realidad no se dan sucesos únicos, sino una multitud de sucesos semejantes.

También siente uno la tentación de pensar que todo está conectado, que todo se produce en conjunto de manera necesaria respondiendo a un único fin, como están conectadas todas las ramas y hojas del árbol al servicio de su fin. Todo se interconecta a distintos niveles, unos dentro de otros, desde lo más pequeño a lo más grande, quizás siguiendo un esquema semejante. La visión separada del conjunto inmenso de estrellas y galaxias como masas y energía dispersadas a partir de una explosión, que siguen por inercia su expansión hasta enfriarse, y que por un azar casi improbable ha engendrado vida en algunos planetas extraños, nos parece no sólo una visión desolada de la realidad sino una ceguera mayúscula hacia lo que sucede en la parcela del TODO que contemplamos. Si nosotros, nuestro planeta y estrella somos una parte del TODO, ¿cómo no habían de producirse en éste  fenómenos de la misma naturaleza que los que observamos nosotros? ¿Cómo no habría de producirse vida y conciencia por doquier en el Universo, hasta el punto de afirmar que lo mismo que estrellas de una luz determinada hay infinidad de civilizaciones planetarias por todas partes? Y si nosotros en este planeta hemos roto las barreras de las distancias y establecido comunicaciones de todo tipo entre los lugares más remotos, ¿cómo no estar seguros de un futuro en que se comunicarán estas civilizaciones estelares?

Habrá que concluir que le Universo está o estará impregnado de conciencia por todas partes y que surgirá en él una conciencia global o cultura universal que recogerá toda la historia y prehistoria de cada lugar. Y que este bagaje se trasmitirá hacia delante en el proceso universal. El saber universal se desplegará, como en la Tierra,  no sólo hacia el futuro, profundizando en el conocimiento creador, sino hacia el pasado, profundizando en la historia. Porque la realidad es una y unificada, un todo que abarca el principio y el final. La realidad de un proceso es todo su conjunto.

Respecto a los posibles Universos además del nuestro, que de existir serán también innumerables como las estrellas, ¿qué tipo de conexión habrá entre ellos? Si un Universo se crea por fluctuación de la nada, parece que detrás del conjunto de Universos está la Nada creadora, Dios, el creador de Universos. Y que esta acción creadora forma parte de su naturaleza divina. Los Universos son el rostro de Dios.


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