
El
conocimiento será así caminar desde lo simple hacia lo
complejo, hasta la cima
de lo complejo para desde allí mirar todo el Universo y cada una
de sus partes.
Al contrario que en el análisis, mediante el que vamos
contemplando cada uno de
los sucesivos componentes de las cosas, aquí iremos contemplando
cada uno de
los envolventes de las cosas. Un envolvente es la estructura superior o
más
compleja que integra a una cosa en un significado que trasciende su
mero
significado individual o inmediato. Así llegaremos a una
síntesis final, a la
cima de significado y complejidad del Universo. Si esa cima es Dios, no
lo será
apartado del cosmos, a la manera del creador y su obra, sino
integrándolo,
englobándolo en su mismo ser en calidad de envolvente superior.
Las cosas son sólo
nuestros conceptos de una parte de la realidad. Una piedra es un trozo
de roca.
Si miro una piedra puedo intentar captar su significado y enseguida me
viene a
la mente su utilidad como martillo rudimentario o como proyectil. La
estoy
integrando en un uso, la estoy incorporando al mundo del hombre y
extrayendo su
significado de él. También puedo incorporarla a otros
contextos considerando su
proceso de individualización, su desgajamiento de la
montaña debido a los
agentes atmosféricos, lo que la sitúa en el espacio de
significado de la
compleja maquinaria impredecible de la atmósfera. También
puedo considerar su
formación, su compactación en un lecho marino
después de sedimentarse los
materiales de erosión superficial arrastrados por las aguas
hasta el fondo a lo
largo milenios, para finalmente alzarse ese suelo marino en
montaña
debido a la orogenia de la corteza terrestre. Así pues, esa
simple piedra es y
ha sido parte de complejos procesos, de historias dilatadas y de
significaciones múltiples. Y todo ello está reflejado y
contenido en la
aparente simplicidad de su estructura y de su forma. ¿Con
qué realidad
quedarnos como significativa o definidora de la piedra? Con todas desde
luego
aunque el significado común para las personas sea sólo el
de proyectil o
herramienta primitiva. Debemos quedarnos con todas y así
descubrir que una
cosa, una piedra por ejemplo, no existe en sí misma sino que
está imbricada en
todos los contextos del Universo. Porque reducir su naturaleza a la del
proyectil que lanza un hombre en un momento determinado es limitarla a
una
parte infinitesimal de toda su historia.
Indagando por este camino de la totalidad, observamos que la piedra es
un trozo
pequeño de Cosmos, de la historia del Cosmos. Quizás
cuando el Planeta se
destruya esa piedra se volatilice y pase a formar parte de la nube de
polvo que
algún día se vuelva a condensar formando una
estrella nueva, o un Planeta
de esa estrella; y de una de sus montañas se desgaje tal vez
otra piedra
semejante, o distinta en la forma e incluso en la estructura
química, porque
todas estas transformaciones no fueron definitivas y son solo
transformaciones,
estados transitorios del Todo que compone el Universo. Así pues,
la piedra
desaparecerá también como entidad antes o
después si contemplamos las
sucesivas envolventes de significado en que estará incluida.. La
significación
de la piedra vuelve a la nada, vuelve al origen. Por todas partes la
nada, por
el origen y por el final. Algo falla aquí en nuestro proceso de
conocimiento,
algo se nos escapa en la significación de ese origen que
aparentemente conduce
otra vez a la nada final, y además sin potencialidad, muerta
definitivamente.
Hemos llegado al verdadero objeto de conocimiento, al punto en que
deberemos
extraer la verdadera significación del Todo, del Universo.
Si el Universo siguiera expandiéndose, enfriándose en sus
partes, hasta llegar
un momento en que toda la energía estuviese tan dispersa que no
hubiera
posibilidad de fenómenos ni dinámica alguna, la totalidad
de la energía inicial
parecería haber desaparecido. Pero esa no es la marcha de las
cosas hasta
hoy. Todo es movimiento, energía, la misma energía
que se dispersó desde
el origen violento de la Gran Explosión aparecida desde la Nada
en un punto;
desde una Nada creadora que carecía de forma, de
concreción; desde una nada que
era sólo Posibilidad, Potencia pura. Desde ahí, la
energía se condensó o quedó
atrapada en equilibrios unas veces estables como la materia
inerte, otras
en equilibrios dinámicos como una galaxia o una estrella y otras
en formas
extraordinariamente complejas que no estaban básicamente
cerradas en sí mismas
como las anteriores, sino que requerían un intercambio
continuo de
materia y energía con el entorno para recrear
contínuamente su estructura. Eran
remolinos en equilibrio, con formas complejas y sutiles que se
mantenían
estables cierto tiempo. Eran los seres vivos, las estructuras
más complejas de
todas las formadas a lo largo del tiempo. Estos son los grandes
consumidores,
los centros de consumo y transformación de la energía. Se
han formado a
expensas de la energía de las estrellas y de la materia
aparentemente inerte de
los planetas. De esta última puede recuperarse la energía
condensada. El hombre
es el destinatario de esa energía que ya ha aprendido a
recuperar: la energía
de los átomos aparentemente inertes. La energía no se
crea ni se destruye, se
transforma, y el hombre está destinado a ser el gran
trasformador de la energía
primordial. Para ello deberá eludir la dinámica
cósmica natural que acabaría
dispersando la energía. El Hombre debe reconstruir el Universo,
debe crear un
Universo artificial que escape de la evolución natural
cósmica. Ya ha empezado
a crear, y sigue perfeccionando con avances y retrocesos, un Mundo
artificial;
y su siguiente paso, todavía remoto, será crear un
Universo artificial que
escape a la degradación cósmica natural y permanezca
complejo. Y aquí surge la
pregunta esencial: ¿Cuál es la significación de la
explosión inicial? Un
Big-Bang es una tentativa, un impulso creador que puede dar fruto o no.
Y el
fruto es la complejidad, la permanencia de envolventes crecientes de
conocimiento
sobre el cosmos. Como todo lo natural, los Big-Bangs tienen que
producirse en
grandes cantidades y algunos darán fruto y otros no, lo mismo
que las semillas
dispersadas por la tierra. No pensemos en un Sembrador de Universos,
que eso
sería en todo caso hacia el futuro, pues las primeras semillas
se produjeron de
manera natural en la Tierra hasta que el hombre aprendió a
recolectarlas y
sembrarlas. Un Big-Bang es algo natural en el Macrocosmos que engloba
todos los
Universos. Tampoco busquemos un origen a ese Macrocosmos, a la
Totalidad, ni
una serie encadenada de causas. Eso es sólo una visión
parcial del proceso. La
Totalidad existe desde siempre, se cierra en sí misma como un
circulo por el
hecho de ser Totalidad. Creámoslo así, es
condición necesaria. Si existe la
parte existe la Totalidad que engloba todas las partes, todos los
Universos.
Llamémosle Dios si queremos. Artículo de fe,
artículo esencial del
conocimiento. Si tenemos fe en el conocimiento, debemos tener fe en la
Totalidad. Es lo mismo.