TOTALIDAD

CONOCIMIENTO Y  TOTALIDAD
CIRCULO
        El análisis de las cosas nos lleva a la nada. La materia se escurre hacia la nada cuando la analizamos en sus partes más pequeñas, lo cual es lógico, ya que analizar es dividir, disgregar, desestructurar. El enfoque adecuado del conocimiento consiste en invertir el proceso y des-analizar las cosas después, restituirles su ser contemplándolas hacia arriba y no hacia abajo, hacia lo más complejo que las incluye y les da sentido y no hacia lo más simple que las divide y se lo quita. Un objeto es una abstracción parcial de la realidad y debe observarse inserto en ella, en la totalidad, que es lo que le presta su último significado. Las relaciones de unas cosas con otras, y sobre todo las relaciones de ellas con lo que las engloba, es el camino de conocimiento que devuelve a cada cosa su significación y su verdadera naturaleza. 

El conocimiento será así caminar desde lo simple hacia lo complejo, hasta la cima de lo complejo para desde allí mirar todo el Universo y cada una de sus partes. Al contrario que en el análisis, mediante el que vamos contemplando cada uno de los sucesivos componentes de las cosas, aquí iremos contemplando cada uno de los envolventes de las cosas. Un envolvente es la estructura superior o más compleja que integra a una cosa en un significado que trasciende su mero significado individual o inmediato. Así llegaremos a una síntesis final, a la cima de significado y complejidad del Universo. Si esa cima es Dios, no lo será apartado del cosmos, a la manera del creador y su obra, sino integrándolo, englobándolo en su mismo ser en calidad de envolvente superior.

                Las cosas son sólo nuestros conceptos de una parte de la realidad. Una piedra es un trozo de roca. Si miro una piedra puedo intentar captar su significado y enseguida me viene a la mente su utilidad como martillo rudimentario o como proyectil. La estoy integrando en un uso, la estoy incorporando al mundo del hombre y extrayendo su significado de él. También puedo incorporarla a otros contextos considerando su proceso de individualización, su desgajamiento de la montaña debido a los agentes atmosféricos, lo que la sitúa en el espacio de significado de la compleja maquinaria impredecible de la atmósfera. También puedo considerar su formación, su compactación en un lecho marino después de sedimentarse los materiales de erosión superficial arrastrados por las aguas hasta el fondo a lo largo milenios, para finalmente  alzarse ese suelo marino en montaña debido a la orogenia de la corteza terrestre. Así pues, esa simple piedra es y ha sido parte de complejos procesos, de historias dilatadas y de significaciones múltiples. Y todo ello está reflejado y contenido en la aparente simplicidad de su estructura y de su forma. ¿Con qué realidad quedarnos como significativa o definidora de la piedra? Con todas desde luego aunque el significado común para las personas sea sólo el de proyectil o herramienta primitiva. Debemos quedarnos con todas y así descubrir que una cosa, una piedra por ejemplo, no existe en sí misma sino que está imbricada en todos los contextos del Universo. Porque reducir su naturaleza a la del proyectil que lanza un hombre en un momento determinado es limitarla a una parte infinitesimal de toda su historia.

               Indagando por este camino de la totalidad, observamos que la piedra es un trozo pequeño de Cosmos, de la historia del Cosmos. Quizás cuando el Planeta se destruya esa piedra se volatilice y pase a formar parte de la nube de polvo que algún día se vuelva a condensar formando una estrella  nueva, o un Planeta de esa estrella; y de una de sus montañas se desgaje tal vez otra piedra semejante, o distinta en la forma e incluso en la estructura química, porque todas estas transformaciones no fueron definitivas y son solo transformaciones, estados transitorios del Todo que compone el Universo. Así pues, la piedra desaparecerá  también como entidad antes o después si contemplamos las sucesivas envolventes de significado en que estará incluida.. La significación de la piedra vuelve a la nada, vuelve al origen. Por todas partes la nada, por el origen y por el final. Algo falla aquí en nuestro proceso de conocimiento, algo se nos escapa en la significación de ese origen que aparentemente conduce otra vez a la nada final, y además sin potencialidad, muerta definitivamente. Hemos llegado al verdadero objeto de conocimiento, al punto en que deberemos extraer la verdadera significación del Todo, del Universo.

            Si el Universo siguiera expandiéndose, enfriándose en sus partes, hasta llegar un momento en que toda la energía estuviese tan dispersa que no hubiera posibilidad de fenómenos ni dinámica alguna, la totalidad de la energía inicial parecería haber desaparecido. Pero esa no es la marcha de las cosas hasta hoy.  Todo es movimiento, energía, la misma energía que se dispersó desde el origen violento de la Gran Explosión aparecida desde la Nada en un punto; desde una Nada creadora que carecía de forma, de concreción; desde una nada que era sólo Posibilidad, Potencia pura. Desde ahí, la energía se condensó o quedó atrapada en  equilibrios unas veces estables como la materia inerte, otras en equilibrios dinámicos como una galaxia o una estrella y otras en formas extraordinariamente complejas que no estaban básicamente cerradas en sí mismas como las anteriores, sino que requerían un intercambio continuo  de materia y energía con el entorno para recrear contínuamente su estructura. Eran remolinos en equilibrio, con formas complejas y sutiles que se mantenían estables cierto tiempo. Eran los seres vivos, las estructuras más complejas de todas las formadas a lo largo del tiempo. Estos son los grandes consumidores, los centros de consumo y transformación de la energía. Se han formado a expensas de la energía de las estrellas y de la materia aparentemente inerte de los planetas. De esta última puede recuperarse la energía condensada. El hombre es el destinatario de esa energía que ya ha aprendido a recuperar: la energía de los átomos aparentemente inertes. La energía no se crea ni se destruye, se transforma, y el hombre está destinado a ser el gran trasformador de la energía primordial. Para ello deberá eludir la dinámica cósmica natural que acabaría dispersando la energía. El Hombre debe reconstruir el Universo, debe crear un Universo artificial que escape de la evolución natural cósmica. Ya ha empezado a crear, y sigue perfeccionando con avances y retrocesos, un Mundo artificial; y su siguiente paso, todavía remoto, será crear un Universo artificial que escape a la degradación cósmica natural y permanezca complejo. Y aquí surge la pregunta esencial: ¿Cuál es la significación de la explosión inicial? Un Big-Bang es una tentativa, un impulso creador que puede dar fruto o no. Y el fruto es la complejidad, la permanencia de envolventes crecientes de conocimiento  sobre el cosmos. Como todo lo natural, los Big-Bangs tienen que producirse en grandes cantidades y algunos darán fruto y otros no, lo mismo que las semillas dispersadas por la tierra. No pensemos en un Sembrador de Universos, que eso sería en todo caso hacia el futuro, pues las primeras semillas se produjeron de manera natural en la Tierra hasta que el hombre aprendió a recolectarlas y sembrarlas. Un Big-Bang es algo natural en el Macrocosmos que engloba todos los Universos. Tampoco busquemos un origen a ese Macrocosmos, a la Totalidad, ni una serie encadenada de causas. Eso es sólo una visión parcial del proceso. La Totalidad existe desde siempre, se cierra en sí misma como un circulo por el hecho de ser Totalidad. Creámoslo así, es condición necesaria. Si existe la parte existe la Totalidad que engloba todas las partes, todos los Universos. Llamémosle Dios si queremos. Artículo de fe, artículo esencial del conocimiento. Si tenemos fe en el conocimiento, debemos tener fe en la Totalidad. Es lo mismo.


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