
Yo
aparecí en una historia,
en un cuento interminable que se cuenta a lo largo de
los siglos. Yo también, a lo largo de los años,
aprendía a contar ese cuento;
pero al principio, antes de aprender a hablar, cuando aún no
entendía los relatos
y apenas pronunciaba algunas palabras sueltas, mis
ojos veían la luz y se
maravillaban; mis oídos se emborrachaban con los sonidos de las
palabras y de
las cosas, y todavía recuerdo el olor acre de la higuera que
había en mi patio y el profundo aroma del lilo; y recuerdo muy
bien su color hipnotizante cuando se
llenaba de racimos de flor. Todas estas cosas no estaban en el cuento,
pero aún
se aviva mi conciencia de manera muy especial cuando las recuerdo.
Luego empecé
a entender las historias, y a interpretar mi papel en el cuento eterno.