
El
Universo es un todo repleto de
ritmos diferentes que tienen lugar dentro del
proceso básico de expansión de las galaxias a partir de
la explosión original, que es el ritmo continente de todos los
demás. Dentro del tiempo del
Universo, cuyo fin se desconoce en forma y tiempo por el momento,
tienen lugar los ritmos de las estrellas, de diferente duración
y
sobre las que no tenemos dudas respecto a su aparición y muerte
al cabo de
cierto tiempo inmensamente largo. Los ritmos medios podemos
encontrarlos en los
seres vivos, como el hombre y los animales o los árboles. Son
ritmos unas cien
millones de veces más pequeños que los primeros. Los
ritmos rápidos, como la
vida de un microbio o una célula, o incluso de alguna fase de
insecto, pueden
durar un solo día. Si contemplamos el mundo desde una vida tan
corta, poco
podemos llegar a conocer. Todo discurre tan lentamente a nuestro
alrededor que
los seres de ritmos medios nos parecen eternos, que no cambian, lo
mismo que a
nosotros nos parecen eternas las estrellas y el Universo. Si
contemplamos la
vida desde el Universo, suponiendo que tuviésemos una conciencia
desplegada en
él, la vida de un hombre sería tan insignificante que
escaparía a nuestra
conciencia Universal lo mismo que escapa la vida de un microbio a
nuestra
conciencia verdadera. Desde esa dimensión, la vida de un hombre
común no es
nada, ni siquiera la de una estrella
común dentro del número ingente de astros del Universo.
Pero hay estrellas
privilegiadas como la nuestra, que alberga un planeta con vida
consciente,
capaz de llegar a contemplar el Universo desde dentro. Y hay vidas
humanas
privilegiadas que son capaces de hacer esos descubrimientos que
iluminan
progresivamente la conciencia de los humanos. Hay en marcha pues en
nuestro
planeta una conciencia supraindividual que trasciende el ritmo vital
del
individuo, una conciencia que tiene ritmo planetario. Para el
desarrollo de esa
conciencia ha hecho falta el desarrollo de la comunicación entre
los hombres,
la estructuración de una sociedad. A nivel universal, en caso de
existir
planetas conscientes por doquier, cuando exista la comunicación
y
estructuración adecuada entre ellos, se potenciará de
manera increíble la
conciencia global del Universo. Pero todo esto corresponde a una
época tan
lejana del tiempo presente que es imposible imaginar el nivel alcanzado
por
nuestra cultura. Es evidente que la comunicación en tiempo real
con otras civilizaciones
galácticas tiene que venir precedida de descubrimientos que nada
tienen que ver
con el grado de desarrollo actual de las ciencias. No se desecha, sin
embargo,
la posibilidad de comunicaciones en
base a la tecnología actual terrestre desde otras galaxias, que
provendrían de
épocas remotas en el tiempo pero correspondientes a
civilizaciones algo más
avanzadas que la nuestra actual ya en dichas épocas pasadas. Se
produciría así
un salto cultural, una mutación cultural. Lo que no
podríamos advertir, de
existir, son las comunicaciones en tiempo real con tecnología
ultraavanzada, ya
que carecemos de ella y lo que parece ya más difícil es
que alguien o algo
venga aquí desde esas galaxias a regalarnos receptores
adecuados. El
desplazamiento material a esas distancias
es mucho más improbable que la comunicación de
información. Así pues,
podríamos estar en un Universo superinteligente y no
percatarnos, como no se
percata el microbio de toda la inteligencia que planea sobre él.