Capítulo uno
Introducción.
Las abejas.
Las abejas componen la superfamilia Apoidea, orden Hymenoptera. Las abejas se dividen en una serie de familias, en gran medida en función de las características de sus piezas bucales, y de otras difíciles de apreciar sin recurrir a la disección. Aunque en su mayoría tienen una apariencia característica que permite distinguirlas, las subdivisiones fundamentales de la familia Apoidea son las subfamilias. La familia Colletidae difiere de todas las demás en que su glosa (lengua) es ancha y roma o bilobulada. En esto se asemejan a las avispas, y han sido consideradas las más primitivas entre las abejas. Todas las colétidas son solitarias.
Los miembros de la familia Halictidae reciben a menudo el nombre de 'abejas del sudor', ya que algunas de ellas son atraídas por el sudor. La familia de las Andrenidae se compone de abejas de lengua corta que hacen nidos consistentes en túneles con una serie de ramificaciones que terminan en una o más celdillas. Una de las principales características de la grande y ubicua familia Megachilidae es el cepillo para transportar el polen situado en la parte inferior del abdomen de las hembras (excepto en el caso de las formas parásitas).
La amplia y diversa familia de las Anthoporidae, o abejas de lengua larga, contiene tres subfamilias. La primera, Nomadinae, está formada por abejas parásitas. La segunda subfamilia, Anthophorinae, contiene un gran número de abejas robustas y peludas que, por lo general, son solitarias, pero en ocasiones son parásitas o comunales. Casi todas las especies de la tercera subfamilia, Xylocopinae, anidan en la madera o tallos de plantas, excavando sus propios túneles o aprovechando los hechos por generaciones anteriores.
La familia Apidae difiere de todas las demás abejas en que el cepillo del polen, limitado a la pata trasera, se reduce a una hilera de pelos largos que rodean un espacio libre de la tibia. Así pues, éstas son las únicas abejas en las que la estructura de transporte del polen está formada por largas cerdas curvadas que forman una especie de cesto (corbícula). La familia se divide en cuatro grandes grupos (tribus). El primero es el de las Euglossini, o abejas de las orquídeas, sólo presentes en los trópicos de América. El segundo grupo, Bombini, contiene sólo los familiares abejorros peludos y los Psithyrus, emparentados con ellos, que son parásitos sociales de los primeros. El tercer grupo, el de las abejas melíferas tropicales, eusociales y sin aguijón (Meliponinae), varía en tamaño desde la más pequeña de las abejas a especies más grandes que las abejas melíferas. El cuarto y último grupo de Apidae es el de las Apinae. Contiene sólo el género Apis, la verdadera abeja melífera, formado por unas cinco especies, todas las cuales son eusociales.
Las abejas comunales hacen nidos y celdillas similares, pero en su caso, cada nido (por un túnel excavado en el suelo) está ocupado por varias abejas. Las abejas semisociales y las eusociales más primitivas hacen también nidos y celdillas como los de sus parientes solitarias, pero la construcción y aprovisionamiento de éstas es, a menudo, una tarea conjunta. Las abejas altamente eusociales, unos pocos cientos de especies, forman colonias permanentes en las que la reina y las castas trabajadoras presentan estructuras muy diferentes, cada una de ellas especializada en una determinada tarea e incapaz de sobrevivir sin las demás. En las colonias de abejorros y de abejas altamente eusociales, las celdillas se elaboran, al menos en parte, con cera segregada por las abejas. Entre los abejorros y las abejas melíferas verdaderas la alimentación de las larvas es progresiva; es decir, las celdillas se abren tantas veces como sea necesario o se quedan abiertas para que las trabajadoras puedan atender a las larvas. Los abejorros y las abejas altamente eusociales son también los únicos grupos de abejas que almacenan miel y polen para consumo de los adultos, además de para las larvas.
Las abejas primitivas, como las avispas de las que surgieron, son solitarias. Cada hembra construye su propio nido y sus celdillas, y llena cada una de éstas con una masa de polen humedecido con néctar o aceite. Cuando en una celdilla hay alimentos suficientes para alimentar a la larva hasta que alcance la fase adulta, la hembra pone un huevo en su interior y luego la sella antes de construir una nueva celdilla.
Abeja melífera o abeja de miel, abeja social, productora de miel, reconocida como el insecto más valioso desde el punto de vista económico. Esta reputación se debe en parte a que produce miel y cera de abejas, y a la importante utilidad de la abeja melífera en la polinización de los cultivos de frutas, nueces, hortalizas y vegetales forrajeros, así como plantas no cultivadas que impiden la erosión del suelo, al fijarse en él e impedir que sea arrastrado a los océanos.
Las abejas, hacen su aparición en el mundo, en las postrimerías de la era terciaria, hace unos 150 millones de años, podemos decir entonces, que su presencia es anterior a la del hombre.
Desde tiempos remotos, merecieron la atención de éste, cuando descubrió que el fruto de su trabajo, la miel, era una sustancia dulce con la que pronto aprendió a mejorar sus alimentos. Todos los pueblos de la antigüedad las consideraron sagradas, viendo en ellas un símbolo de trabajo, pureza y ahorro.
Figuran en la mitología griega, siendo Aristeo el primer apicultor. Los romanos, los egipcios, los judíos, asirios e hindúes, las mencionan muy especialmente y la miel es uno de los componentes de recetas medicinales. Numerosas son las citas que de ellas hacen los libros sagrados; pinturas existentes en las paredes de tumbas y templos egipcios, dan una idea de que medios se valían entonces, para su extracción y distintos usos.
Usaron además a las abejas como emblema sagrado y estilizando su figura como motivo predominante en orfebrería. Aristófanes y Plinio se ocuparon de ellas, en uno de los cuatro libros de Las Geórgicas, Virgilio detalla su organización y sus costumbres. Hasta el descubrimiento de la caña de azúcar, cuyo consumo se intensificó en detrimento de la miel, ésta había sido durante muchísimo tiempo el único endulzante que había conocido la humanidad. La explotación de las abejas se hacía entonces en forma rudimentaria y no había llegado nunca a tener una significación mayor. Fue recién en las postrimerías del siglo pasado, en que estudiosos como Huber, Dzierzon, Sylviac etc. realizaron importantes observaciones, que se complementaron con la colmena movilista de Langstroth y la Dadant la que dio a la apicultura el verdadero impulso que la transformó en floreciente industria.
A partir de entonces numerosos inventos, modificaciones de métodos de trabajo, mejoramiento en el material apícola, permitieron un gran perfeccionamiento en la técnica. Todo esto trajo como consecuencia lógica, un gran progreso en la industria apícola.
En nuestro entorno rural podemos observar multitud de árboles y de plantas que en determinadas épocas del año se cubren de flores, que son la principal fuente de aprovisionamiento de néctar por las abejas, aunque en ocasiones lo recogen de las partes verdes de las plantas donde no las hay, es el denominado néctar extra floral. Toda esa cantidad de líquido azucarado sencillamente se evapora si no es recogido, pues existe una continua renovación en su producción, si las condiciones de humedad del ambiente y en la tierra son adecuadas.
Aprovechar esos recursos dio origen a una rama específica de la ganadería que se denomina Apicultura que se define como " Conjunto de conocimientos que tratan del cultivo de las abejas ".
He señalado en primer lugar por considerarlo principal la existencia de floraciones apropiadas en el lugar donde vamos a asentar nuestro colmenar, sea de forma prolongada en el tiempo, cuando se trata de practicar apicultura estante o bien de forma temporal al practicar la trashumancia.
En nuestro caso trabajamos con abejas negras de cepas que han vivido durante muchos años en colmenares estantes con muy pocas posibilidades de hibridación con otras estirpes de sitios alejados, pero puede ser por otro lado lo contrario: estirpes fuertemente hibridadas por realizarse fecundaciones entre colonias llevadas y juntadas temporalmente para aprovechar determinado pasto. En cualquier caso abejas adaptadas a su medio, poblando colonias fuertes, que son las únicas capaces de producir cosechas importantes.
Las colonias se situaran donde encuentren los recursos fácilmente y con abundancia, albergadas en colmenas bien diseñadas, cuidando al máximo las condiciones de vida del interior, conduciendo todo ello a la producción de un sobrante en alguno o varios de los productos que el colmenar proporciona, aunque las cosechas de miel y de polen son en general las de mayor importancia económica por su volumen de cosecha.
Existe una gran diferencia entre las colonias alojadas en huecos naturales o colmenas rústicas y otras que están en colmenas movilistas, en estas el apicultor ejecuta una serie de manejos y utiliza varios elementos materiales que son instrumentos que mejoran las condiciones productivas naturales de las colonias, basándonos en el hecho indiscutible de que las abejas no solo trabajan para procurarse su sostenimiento diario, sino muy al contrario constituyen una reserva para ser utilizada en aquellas épocas donde las condiciones del clima no les permiten salir al campo, tal es su afán de recoger que almacenan muy por encima de sus necesidades de consumo, pero no por ello dejaran de recoger, ni por tener alimento en abundancia consumirán más, lo que tiene como consecuencia última el disponer de un sobrante de lo que son sus necesidades de supervivencia que es la parte que cosechamos.
Se trata de llevar una apicultura activa, que implica exámenes periódicos de las colonias, para detectar posibles deficiencias e intervenir subsanándolas, dar los tratamientos convenientes preventivos de las enfermedades comunes que los necesiten y finalmente cosechar las producciones, todo lo cual equivale en cierto modo a dirigir el colmenar, pero sin apartarnos demasiado de las pautas naturales de comportamiento de las abejas. Diferenciamos esta apicultura de aquella pasiva que solo necesita de simples colmenas construidas con unas tablas clavadas por los cantos, y cuya práctica habitual consiste en recoger los enjambres naturales, los que sirven para reponer las bajas del año anterior y cosechar la miel realizando una corta de panales y liberándola por estrujado, siendo el manejo en ocasiones tan deficiente que para realizar la cosecha se recurre a la asfixia de las colonias.
Terminología apícola, especifica.
En apicultura, como en otras actividades, se emplean unos términos específicos para nombrar útiles o situaciones, los más comunes se citan a continuación:
Colonia, es el conjunto de todos los individuos que viven en un mismo lugar, están organizados para
sobrevivir y defenderse de los ataques de otras especies.
Enjambre, es el conjunto de abejas que parte de una colonia y va ha establecerse en otro lugar, se
hace extensivo a los conjuntos que prepara el apicultor.
Colmena, es el soporte material donde viven las abejas, puede ser preparada por el hombre o
puede ser un hueco natural.
Manejo, es la parte que el apicultor ejecuta sobre la colonia con el fin de mejorar alguna condición
natural.
Núcleo, es la denominación genérica de las minicolmenas que se usan en el transporte de
enjambres propiciados por el apicultor.
Operculado, recibe este nombre el hecho de cerrar las celdillas de donde nacerán las reinas,
abejas y machos y las de miel.
Desoperculado, recibe este nombre la operación de retirar o romper el opérculo que cierra las celdas de miel, cosa que se hace con varios útiles.
Realera, es la celda especial que sirve de cuna a la reina.
Metamorfosis, es el conjunto de cambios que se producen desde que la reina pone el huevo hasta que nace el individuo.
Injerto, es el hecho de colocar manualmente una realera en un panal haciendo previamente un
hueco o colocándola sin mas.
Cría, es el conjunto de huevos, larvas y ninfas presentes en la colonia. Se mide por el
número de cuadros completos que suma.
Puesta, es el conjunto de huevos y larvas de menos de tres días y que su presencia
determina la posibilidad de realizar realeras.
Feromonas, son sustancias que al ser emitidas por las abejas y por la reina sirven para
ejecutar toda la colonia determinados actos.
Útiles que emplea el apicultor.
Si bien la recogida de enjambres en general no presenta demasiadas dificultades en cuanto a agresividad, los demás manejos provocan irritación en las abejas motivándolas a atacar, necesitamos por ello de algún elemento que las produzca temor. Lo más conveniente es el humo producido por la combustión en un recipiente apropiado y que denominamos ahumador, de sacos, maderas secas o hierbas que una vez prendidas se mantienen encendidas sin dar llama durante periodos de tiempo largos, no se puede usar ningún tipo de combustible plástico que las provoca gran irritación por su toxicidad. El empleo del humo produce en ellas temor, manifestado al retroceder y agitar las alas para eliminarlo a la vez que llenan si pueden su buche de miel o néctar de los panales de forma tal que cuando se han saciado serán más tolerantes con nosotros, desgraciadamente en una populosa colonia son una minoría la cantidad de abejas que se sacian por ello, es nuestra necesidad el procurar el control de toda la colonia. Las abejas saciadas tienen un comportamiento similar al de la mayoría de las que forman un enjambre, que antes de partir consumen toda la cantidad de miel de que son capaces, lo que además de servirles en los próximos días para su sustento y para secretar la cera que utilizaran para la construcción de los nuevos panales coadyuva a que su agresividad natural sea menor.
El empleo del humo no debe ser nunca excesivo, lo que ocasionaría la salida del ganado por la entrada o piquera abandonando los panales, pero sí lo suficiente para tener nosotros controlada la colonia. Si durante nuestras revisiones a pesar del humo o como consecuencia las abejas abandonan los panales, significa que se hallan verdaderamente furiosas y procederán a atacar a personas y animales que se hallen en las inmediaciones. En plena primavera cuando la llegada del néctar es abundante son más dóciles facilitando los manejos, todo lo contrario sucede en el otoño cuando las flores ya escasean y se hallan más propensas al pillaje.
Con independencia de lo expuesto algunas razas son de por sí muy agresivas en cualquier ocasión y no hace falta tener un colmenar muy numeroso para constatar como alguna o algunas de nuestras colonias nos plantean más dificultades a la hora de manejarlas, no es conveniente mantener esas estirpes en el colmenar pues siempre dificultan los manejos y no siempre se controlan con el humo haciendo más largo e incómodo nuestro trabajo.
Es normal que las colonias que disponen de reinas nuevas puedan en ocasiones comportarse de una forma un tanto más a la defensiva de lo que suelen hacerlo las colonias con reinas más viejas, debemos por tanto distinguir claramente lo que es un comportamiento agresivo debido a la raza de lo que es el comportamiento totalmente natural de las colonias más jóvenes en el sentido de la edad de su reina.
Uno de los manejos más importantes de la apicultura es la selección de colonias para aprovechar mejor las cualidades que nos interesen, seleccionaremos para reproducir las colonias más tranquilas siempre que reúnan buenas condiciones de productividad, además de los demás aspectos que nos interesen. Es una gran ventaja trabajar con colonias tranquilas pero si en nuestro colmenar la mayoría son más bien agresivas procuraremos cambiar las reinas y comprobar que la nueva estirpe mantiene esa cualidad al cruzarse sucesivamente con los machos del entorno en los años que siguen al del cambio y que pude dar lugar a una pérdida de aquella cualidad. El uso correcto del humo es algo que se descuida completamente siendo como es el instrumento del que nos servimos para mantener una cierta calma en la colonia, en general se cree que dar una gran cantidad de humo es la clave para mantener sometidas las abejas y ello si bien en algunos puede no ser precisamente perjudicial, es el caso de la cosecha de panales de miel, en otros como puede ser cualquier trabajo en las cámaras ocasiona serios trastornos como consecuencia del abandono de las abejas de los panales de cría. Es absolutamente fundamental conocer y saber usar el humo correctamente si queremos realizar una apicultura no solo productiva, lo que es el fin principal, sino realizar nuestro trabajo con comodidad lo que no está para nada reñido con lo anterior. Un humo muy abundante y que nos evite soplar con fuerza sobre ellas no ayudará más que otra cosa a mantener el control de la colonia.
Si bien el ahumador es esencial en nuestro trabajo, otros elementos ayudan a realizarlo con eficacia. El útil más utilizado es la espátula, que es una pieza de metal doblada en ángulo recto en un extremo y que se utiliza para despegar todas las piezas de la colmena, desde el cubrepanales hasta los marcos. De uso frecuente es el cepillo usado para quitar las abejas de los panales, algunos manejos impiden por su propia naturaleza golpear los marcos, se cuidara que sea de fibras vegetales que causa menor irritación y lo podemos frotar con la hierba de la abeja o abejera (Ophrys Apífera), cuyo perfume disminuye el olor del veneno que le dejan las abejas cuando intentan pincharlo, en general el cepillo es rechazado y es frecuente retirarlo con abejas que intentan clavarlo a la vez que otras nos rodean enfurecidas, limitaremos su uso a lo imprescindible y si podemos lo sustituimos por una rama verde que hace la misma función con menor disgusto para ellas.
El apicultor hará bien en ir correctamente vestido en sus primeras experiencias hasta que conozca con todo detalle las reacciones de las abejas, en cuyo momento podrá descuidar algún detalle que por ahora son imprescindibles. Ello le exige utilizar la careta para protegerse la cabeza, los guantes para las manos y un buzo con que cubrirse el resto del cuerpo, bien cerrado por los bajos de los pantalones, para evitar que las abejas caídas al suelo suban por las piernas y pinchen al sentirse aprisionadas, colocar la careta por encima del buzo, de forma incorrecta ocasiona casi siempre la entrada de abejas dentro, lo que provocará un gran nerviosismo en el principiante, por ello debemos prever este accidente colocando siempre el buzo por encima de la tela de la careta. Si por un descuido alguna abeja consigue introducirse dentro debemos alejarnos rápidamente hasta una sonara o edificio próximo donde podremos quitarla, las abejas que entran dentro suelen estar más ocupadas en salir que en otra cosa, pero nunca debemos desprotegernos en presencia de las demás al lado de la colmena, nuestros movimientos las atraerán hacia nosotros y es seguro que nos pinchan. Cuando las abejas se hallan en alerta y furiosas rodean insistentemente al apicultor aunque se aleje del colmenar e intentan entrar dentro de la careta para agredirle en la cara, por ello si esto sucede debemos preocuparnos por asegurar nuestra protección. Si en algún manejo recibiéramos pinchazos abundantes en el buzo, guantes, o tela de la careta debemos proceder a su lavado antes de volver a utilizarlos, el olor del veneno aumentará la agresividad de no hacerlo a causa del olor que tienen.
Tres fechas clave en la apicultura activa.
En la añada apícola se nos presentan tres momentos en los que concentramos los más importantes manejos y cuyas fechas deducimos de la observación de la Naturaleza y de las colonias:
Inicio de las floraciones, coincidente con la salida del Invierno y comienzo de la actividad en el colmenar.
Llegada de las floraciones importantes del lugar, coincidente con los preparativos de enjambrazón y salida de los enjambres naturales.
Recogida de la cosecha, revisión de otoño y preparación a la invernada, coincidente con el fin de las floraciones y casi comienzo del reposo invernal.
Cuando las primeras flores de nuestro entorno empiezan a florecer las abejas empiezan a removerse e inician la cría de nuevas abejas.
La segunda fecha importante coincide con la llegada de las mejores floraciones en el lugar del colmenar y se produce con una cierta antelación a las fechas de partida de los enjambres naturales, más o menos coincidente con los preparativos de la enjambrazón, que como sabemos necesita de un lanzamiento importante en la producción de cría no solo de abejas también de machos. Durante este periodo es el momento de realizar los manejos más específicos: hacemos los núcleos de renovación y de venta, los cambios de reinas, cosechamos el polen o la jalea real y vamos dando a las colmenas la dimensión más apropiada para que puedan almacenar con holgura el néctar que en abundancia está llegando, cuidamos en suma de todos los detalles que nos favorecen a la hora de obtener una buena cosecha. Todos estos manejos se ven facilitados por las facilidades dadas por las abejas que estarán mas tranquilas y su número que está alcanzando el máximo posible nos permite hacer los enjambres forzados o paquetes de abejas, la cantidad de ganado que retiramos de cada colonia es repuesto en breve por las puestas de varios miles de huevecillos diarios por reinas entregadas totalmente a ese cometido. Debemos procurar que nuestros manejos coincidan con el nivel máximo de abejas en las colonias escogidas que se da precisamente en este periodo que consideramos.
En tercer lugar y cuando el Verano termina y el Otoño está próximo y por ese motivo las flores empiezan a escasear, la actividad que hasta hace poco era intensa se reduce notablemente y finalmente casi cesa, la posible cosecha ya está reunida y solo nos resta retirarla revisando de forma individual para que todos los nidos dispongan de la cantidad de miel que asegure la alimentación invernal sea cual sea la duración y la dificultad del Invierno. Siempre debemos considerar que este periodo de reposo o cese de la actividad se puede prolongar un poco sobre la Primavera retrasando la salida de las abejas que por ello consumirán un poco más de la reserva de miel que les hemos dejado, aunque debemos tener presente que una colonia iniciará con toda normalidad la recogida del néctar tan pronto las condiciones del clima les sean favorables, por tanto ese extra de miel que dejemos no será jamás considerado como merma de la cosecha.
En este periodo todas los colonias muy débiles deberán ser reunidas entre si o con las mas potentes pues tienen bastante difícil pasar el Invierno y sobretodo arrancar en la Primavera si logran llegar hasta ella.
Revisión de una colonia, forma simplificada.
Suponemos que nos hallamos en el principio de la temporada y la colmena no tiene aún colocadas las alzas. Escogemos un buen día de Primavera y observamos el movimiento de piquera que debe ser muy intenso y nos disponemos a realizar una revisión de una colonia de la forma más simple, más adelante nos pararemos en la forma detallada.
Lo primero que hacemos es echar unas bocanadas de humo en la piquera que al ascender por entre los cuadros las atemoriza y quitamos a continuación la tapa no dando golpe alguno y levantamos un poco el cubrepanales insuflando algo más de humo por la rendija, terminamos de levantarlo ayudándonos de la espátula y lo colocamos en la parte opuesta a donde vayamos a colocarnos para trabajar, procurando no golpearlo contra el suelo si está muy cubierto de abejas, es poco frecuente pero donde hay un pequeño montón de abejas puede estar la reina y nos caería al suelo, lo mejor es asegurarse y sacudirlo sobre los cuadros o si las abejas son muy pocas dejarlo a un lado simplemente.
Si tenemos un buen día las abejas permanecerán casi quietas sobre los panales y apenas subirán a su parte superior, con un poco de humo que vayamos echando en los sitios por donde vamos a coger los cuadros será suficiente, si el día no es tan bueno estarán breves momentos por debajo del nivel superior de los cuadros para subir rápidamente y abalanzarse sobre nosotros y nuestros vestidos en este caso la revisión será mucho más laboriosa, necesitaremos someterlas a intervalos muy cortos de tiempo, de lo contrario se echarán a volar muy furiosas y es seguro que harán todo lo posible para atacarnos y harán otro tanto con los animales que se hallen cerca, necesitaremos emplear el humo con mayor frecuencia.
Una vez a la vista de los panales, comenzamos sacando el situado en un extremo, para ello ahumamos esa parte con lo que logramos que las abejas se vayan y así apenas aplastamos, a continuación lo despegamos con la espátula, pero con suavidad sin dar golpes, una vez liberado del propóleos en ambas cabezas lo vamos levantando muy lentamente y lo más vertical que podamos, reduciendo la muerte de abejas que suele producirse al estar los cuadros fijados a las paredes de la colmena por anclajes de cera que si bien se sueltan de la cera del marco, no suele suceder lo mismo con la parte que esta pegada a la madera, que al final se convierte en un tope que causa la muerte a las abejas que van saliendo cogidas al cuadro es entonces conveniente quitar con la espátula todos los anclajes que podamos alcanzar para evitar en la medida de lo posible lo descrito, todo lo cual es válido y debe ser tenido muy en cuenta cuando al sacarlo le encontramos algo de cría pues entonces pudiera sucederle algo a la reina. Los casos en los que la cría llega hasta el cuadro más extremo no es frecuente en las colonias normales pero es fácil encontrarla en los núcleos que por alguna razón no hemos pasado aún a colmena. Si solo le vemos miel no debemos preocuparnos y una vez fuera de la colmena lo colocamos con suavidad en un lugar apropiado para evitar que nuestros pies maten algunas abejas que se desprenden y caen al suelo. Este hueco que ha quedado nos sirve para ir desplazando cada uno de los siguientes que van ocupando el sitio del precedente, no es conveniente en modo alguno sacar los panales de cría fuera de la colmena si estamos a principio de Primavera, no debemos permitir ningún enfriamiento y nos limitaremos a observarlos según los desplazamos o mejor: nos detenemos en el momento en que encontramos el primero que contiene cría y la observamos desde el exterior, si no vemos nada anormal y además no encontramos abejas muertas, apreciamos la cantidad de ganado y las posibilidades de cría observando simplemente el tamaño de la pelota de abejas, si sospechamos o vemos algo anormal es entonces cuando acometemos una revisión más a fondo, pero no antes. En esta revisión podemos encontrar humedades, desperfectos en los cuadros o alteraciones del hábitat que corregiremos para dotar a las colonias de las mejores condiciones de vida lo que redundará en una mejor cosecha.
Si la colonia a revisar al estar la temporada avanzada tiene colocadas una o varias alzas, las revisamos de forma similar a como hemos descrito la revisión anterior, pero tendremos en cuenta en este caso si deseamos inspeccionar una o varias de las alzas inferiores retirar la superior sin retirarle el cubrepanales y nos evitamos el aplastamiento de abejas al quitarlo y ponerlo de nuevo, para las alzas inferiores dispondremos de un trozo de tela de la medida que nos tape la parte superior, todas estas alzas que retiramos las colocamos sobre una mesa que improvisamos de tal manera que nos queden casi a la altura original. Nunca se deben superponer las alzas de la misma manera que están en la colmena, ello produciría muchas abejas aplastadas, se debe colocar encima de la primera dos listones de madera que las separen o cruzar las cajas para disminuir la superficie de contacto, la tapa invertida es una estupenda mesa. Se tendrá en cuenta que cada vez que levantamos un alza lo primero es echar unas bocanadas de humo por la rendija, la misma espátula colocada de forma vertical nos puede servir de separador, a continuación cogemos el alza y le damos un movimiento de rotación con lo que queda separada y suelta.
Llegado el momento de reponer cada cosa en su sitio damos abundante humo en las dos caras que quedaran juntas para desalojar la mayoría de las abejas y evitar muchas muertes. La realización y secuencia de las operaciones descritas son básicas en la apicultura activa y se debe el futuro apicultor familiarizar con ellas perdiéndoles el temor inicial, para lo que procurará acompañar a un profesional para adquirir los conocimientos básicos, más adelante se incorporarán otros manejos útiles en interés de la producción, de cualquier modo las revisiones fundamentales tienen un desarrollo en sus formas como el descrito, aunque su complejidad dependerá del fin concreto.
Consideramos para nuestro propósito colmenas de panales movibles y que agrupamos en dos apartados:
Horizontales.
Verticales.
Las primeras solo tienen un cuerpo que cobija en su interior todos los cuadros y según vayan siendo las necesidades de espacio lo van ocupando, la colmena representativa es la Layens que ha sido ampliamente utilizada aunque en la actualidad esta dejando paso a las verticales. Lleva el nombre del insigne apicultor que fue y que con sus publicaciones y con la visión practica de todo lo referido a las abejas no deja de causar admiración en cuantos se acercan a sus escritos.
Las colmenas del sistema vertical están basadas en los estudios iniciales de Langtroth y que son llamadas por ese nombre o por otros comerciales. Más tarde Dadant modifico sus medidas iniciales haciéndola considerable mayor. Ambos apicultores contribuyeron de manera decisiva a lo que es en la actualidad la apicultura moderna, sus estudios corroborados por los éxitos prácticos que lograron hacen de ellos dos maestros a los que hacer referencia constante sobretodo en las técnicas encaminadas a la obtención de cosechas abundantes.
La colmena Langtroth tiene sus cuerpos iguales y para que una colonia se encuentre a gusto en ella debe tener como mínimo tres alzas superpuestas que serán utilizadas totalmente.
La colmena Dadant tiene una cámara mayor y sus medias alzas son llamadas así por ser de altura mitad que su cuerpo inferior, se necesitan casi siempre tres medias alzas para satisfacer las necesidades de las abejas. Todo esto está referido a un colmenar ubicado en costa, en zonas de montaña donde el néctar es abundante se necesitarán más cuerpos adicionales. No debemos olvidar que el éxito apícola radica en disponer colonias muy potentes y nunca en su número. Menos colonias muy potentes nos darán más satisfacción que mayor número pero pobres de ganado.
Una característica a tener muy en cuenta es la posibilidad de superponer alzas o cámaras de los dos sistemas verticales, aprovechándonos que son de igual medida para el largo y ancho, y es recomendable hacerlo cuando disponemos de pocas alzas de un sistema y sí las tenemos del otro.
Es muy conveniente disponer de un cajón que nos sirva para colocar encima de una cámara baja y poder alojar temporalmente cuadros Dadant que son de mayor altura, ello nos resuelve un problema mecánico que se nos puede presentar en algún momento, si necesitamos colocar cuadros bajos en una cámara alta no lo tenemos pero debemos recordar que las abejas construirán por la parte inferior de la madera y ese trozo nos causará inconvenientes cuando intentemos retirarlo, pues seguramente estará pegado al fondo y arrancará algún trozo de cría, es necesario cuidar todos estos detalles si queremos manejar colonias muy populosas con la tranquilidad con la que lo haríamos en una colmena menor.
El despiece de la colmena es sencillo, consta de una base o soporte que sostiene el tablero de vuelo que es una prolongación de la anterior, en la cara que será entrada tiene luz desde el suelo formando la entrada o piquera, el suelo es mejor que tenga una inclinación moderada hacia delante. Sobre esta base descansa el primer cuerpo que llamamos cámara de cría y sobre él los necesarios, encima de ellos se coloca el cubrepanales y ya para terminar la tapa de lluvia.
Es conveniente resaltar que en la colmena Langtroth encontramos la cría situada en los dos cuerpos inferiores, en la Dadant estará en el cuerpo inferior y en ocasiones algo en los panales centrales del primer alza, cría que casi siempre es de machos; ocasionalmente si una colonia dispone de mucho sitio en sentido vertical no ocupará todo el ancho de su cámara sino es cuando ya está avanzada la temporada, esto es fácil encontrarlo cuando se usan cuerpos Dadant de cámara superpuestos lo que puede interesar en sitios de mucha producción y en donde la obtención de mieles monoflorales no sea atractivo, en caso contrario es obligado utilizar los cuerpos bajos.
En el interior de las cámaras y alzas se alojan los marcos de madera en cuyo espacio interior serán colocadas las láminas de cera que una vez estiradas por las abejas darán lugar a los panales, ya sean de cría, de miel o de ambas. El número de marcos puede variar según el lugar de la colmena donde se hallan, así en las cámaras están más juntos que lo deben estar en las alzas de miel. En el primer caso no es necesario otra separación que la llamada "espacio de la abeja", no sucede lo mismo en las alzas de miel donde la separación mayor hace que los cuadros de miel sean más gruesos lo que facilita el desoperculado. En cámaras de diez marcos es corriente encontrar alzas con ocho marcos o nueve. Cuando se manejan colmenas de diferentes fabricantes es de la máxima importancia verificar la compatibilidad de medidas y sobre todo la situación en que queda el marco por la parte inferior de su alza o cámara, así si nos queda a ras de la madera del cajón, el inferior tendrá sus marcos un cm. por debajo del nivel superior del plano de la madera, si esto no fuera así nos quedarían pegados los de abajo con los de arriba, circunstancia que no debe permitirse nunca. Lo correcto es que nos queden los marcos a ras del plano superior lo que facilita su levantamiento y los del cuerpo que irá encima estarán a un cm. por encima del plano inferior, para dejar un espacio por donde pasar las abejas. Si ya tenemos en el colmenar colmenas que no reúnen las condiciones descritas debemos procurar su cambio sin vacilar, el tiempo y el trabajo que empleemos se verá compensado a la hora de realizar los manejos.
Conveniencia del uso de colmenas movilistas.
La apicultura activa que debemos desarrollar nos exige realizar una serie de manejos o modificaciones en las condiciones de vida de las colonias, esto lo logramos con la mayor simplicidad con el uso de las colmenas movilistas. Los sucesivos exámenes nos permiten detectar anomalías tanto en la geometría del nido como en el aspecto puramente sanitario de la cría. Nos facilita la posibilidad de retirar una parte o toda la colonia según nuestras necesidades, o nos permite retirar los panales de los cuerpos superiores cuando necesitamos realizar tratamientos sanitarios y de este modo los preservamos de los posibles residuos que aquellos puedan dejar.
De las numerosas ventajas que encontramos en este sistema de colmenas hemos de destacar la que nos permite devolver a la colonia los panales que llenos de miel hemos vaciado y que ahora y una vez reparados y limpios de los residuos de miel por las abejas están dispuestos para recibir la nueva cosecha, se debe tener presente que construir panales no solo ocupa tiempo a las abejas sobretodo ocasiona un gran consumo de miel para fabricar la cera.
Constitución del colmenar movilista.
Cuando deseamos iniciar nuestro trabajo con colmenas movilistas optamos por recoger y cultivar los enjambres naturales en las colmenas de cuadros que tengamos disponibles y trasegamos los contenidos de las colmenas rústicas que nos interesen. La operación de trasiego es sencilla si está dirigida por un apicultor experimentado y como en los comienzos es normal no poseer los conocimientos y la tranquilidad necesaria debemos procurarnos la ayuda de un apicultor. El instalar las colonias en las colmenas de cuadros no tiene necesariamente que ser suficiente para proporcionarnos cosechas importantes, más bien es un medio muy importante pero que debe ir acompañado por un seguimiento y corrección de anomalías, teniendo muy presente que las abejas deben ser molestadas lo menos posible si queremos mantener la tranquilidad en el colmenar, las revisiones excesivas provocan agresividad inducida y estimulan el pillaje. Tendremos a nuestro favor el realizar el trabajo con más facilidad y en muchos casos las abejas apenas tienen porque notar nuestra presencia.
En las colmenas rústicas también se realizan simples manejos adecuados a la estructura de aquellas pero en modo alguno se pueden comparar a las posibilidades que nos permiten las movilistas, queda establecida una superioridad en todos los órdenes de estas, pero debemos ser conscientes que esta facilidad para acceder a los nidos y manipularlos sino es realizada con pleno conocimiento de causa causará un mayor daño pudiendo llegar a anular la estructura organizativa de una colonia lo que puede hacer inviable su futuro o causarle una ralentización que no podrá superar por si misma.
Pondremos nuestro interés en comprender los hechos que tienen lugar en el interior de la colmena donde la organización para el trabajo común es casi perfecta y donde nuestra acertada intervención se traducirá en cosechas verdaderamente admirables.
Es del todo necesario comprender que las abejas siguen una pauta natural fija y que nuestra intervención solo puede mejorarla cuando facilitamos su realización, pero nunca lograremos nuestro propósito cuando la torcemos. La abeja acepta el panal recto, cuando en plena naturaleza tiende y lo hace curvo, pero no aceptará una medida diferente del hexágono, logramos una gran ventaja con el primero que es la base de la moderna apicultura, pero jamás lograremos que las abejas críen en celdillas diferentes en medida que las que su instinto las marca, esto es extensible a un sinfín de actividades. Debemos desechar de entrada que doblegaremos su voluntad y tan solo nos centraremos en volver a nuestro favor aquello que ellas están dispuestas a aceptar. Los malos manejos no solo provocan tensión y nerviosismo en quien los realiza, ocasiona una gran muerte de abejas por aplastamiento y agresión, las abejas muertas no sirven para nada y los buenos manejos procuran a quién los realiza una tranquilidad que le permite prolongarlos durante horas. Si tenemos problemas de agresividad debemos revisar nuestra raza de abejas y además nuestra forma de trabajar pudiera ser que ambas coadyuven en sentido contrario a nosotros.
Cambio de la situación de las colmenas.
Todas las abejas cuando realizan los primeros vuelos fijan en su cerebro la situación de su colmena en relación con los objetos que la rodean, ya sean edificios árboles u otras colmenas. Todos estos objetos le sirven de referencia cuando regresa del campo y entra en la suya sin equivocarse, siempre hay algunas abejas que por diversas causas entran en colmenas diferentes a la suya, es lo que llamamos deriva, aunque su número no llega a ser significativo salvo en condiciones muy particulares de situación o bien por llegar cansadas y acogerse a las colmenas de las filas delanteras, el viento que las lleva a la piquera de la colmena vecina, etc. En cualquier caso ellas reconocen perfectamente el lugar que ocupa la suya y podemos suponer que cuando regrese del campo volverá a introducirse en ella. Esta particularidad hace que si cambiamos de lugar su colmena unos metros se organice un gran tumulto con todas las pecoreadoras posadas en los árboles y matas que pudiera haber donde se hallaba en principio, siendo en general mal acogidas por las colmenas vecinas que se hallan en alerta. Si el desplazamiento es pequeño como de medio metro pronto reconocen su colmena en el nuevo sitio y las primeras que la reconocen dan señal de llamada y pronto todas se reúnen.
Teniendo en cuenta estos hechos los desplazamientos forzosos que necesitemos hacer los iniciamos con un desplazamiento corto de treinta o cuarenta cm. y observamos la reacción de las abejas en un día de gran actividad porque dan una idea más exacta de lo que sucede, según la aceptación del cambio procedemos en los días sucesivos y podemos incluso aumentar la distancia teniendo siempre la certeza que el nuevo emplazamiento es encontrado con facilidad, no quedando al exterior abejas temerosas que morirían durante la noche.
En ocasiones especiales es posible cambiar el emplazamiento de una colmena por otra sin más, esto solo es útil cuando pretendemos un refuerzo considerable de pecoreadoras en una colmena débil, en general este manejo se realiza captando solo parcialmente las pecoreadoras de la más fuerte, mediante una aproximación de la más débil y un alejamiento de la más fuerte, da buenos resultados.
Los desplazamientos largos que se emplean para lograr algunos manejos como pueden ser núcleos o colmenas vivero, se realizan a distancias superiores a los dos km. evitando que las abejas pecoreadoras reconozcan el terreno y regresen a la colmena de donde los hemos obtenido, y sobretodo cuando los retornamos a nuestro colmenar sucede lo mismo podemos perder muchas pecoreadoras que regresaran donde están antes desplazadas.
Si por alguna razón no disponemos de un lugar tan alejado es conveniente dejar una colmena débil en medio de cada dos núcleos que nos llevamos para que recoja las pecoreadoras que puedan regresar y que pueden llegar a ser numerosas, cuando solo nos quede esta esperamos el invierno para que casi cese la pecorea y la retornamos, la pérdida de abejas será mínima.
Limitaciones en las revisiones de las cámaras.
Todos los manejos apícolas deben ser realizados con pleno conocimiento de las consecuencias directas que provocan, de este modo podremos evitar o paliar sus efectos y sobretodo prestaremos una especial atención a las consecuencias inducidas que se manifestaran muchos días después y que en casos extremos pueden tener consecuencias tan perjudiciales para las colonias que no es extraño que se pierda cosecha o la colonia misma.
Las consecuencias directas que cabe esperar de una manipulación frecuente suelen tener como principal resultado el incremento de la agresividad, lo que es causa de incomodidad y accidentes en el manejo. La dispersión y muerte de abejas cuando se cometen fallos en los manejos de reunión y permuta o bien en otros manejos son frecuentes en las etapas iniciales cuando todavía no se conocen en detalle las reacciones de las abejas.
Las colonias de propia iniciativa organizan la situación de las reservas de miel, polen y pan de abeja en los lugares más apropiados para ser consumidos. Las colonias más retrasadas reducen el espacio vital necesario, ocupando la mitad delantera del cuadro para cría y la trasera para miel, o bien realizan un pequeño nido en el centro de unos pocos cuadros. Es esta una situación anormal si la comparamos con la disposición de los nidos de las más potentes y nuestra intervención solo puede ser facilitar la captación de algunas pecoreadoras de una colonia vecina que ayudarán al crecimiento del nido en el futuro, es muy importante no remover sus cuadros pues el enfriamiento de la cría debe ser evitado por encima de todo.
Los movimientos de cuadros con cría dentro de una cámara con objeto de intercalar cuadros con láminas y motivar un incremento del nido no deben realizarse, excepto en el caso concreto de obtener larvas jóvenes que sirvan para la formación de las realeras, pues en este caso ya suponemos que lo haremos sobre la colonia más potente que calentará de forma casi inmediata el nido y procederá a estirar si procede la lámina que hemos colocado o bien la reina iniciará la puesta de huevos si le damos una lámina estirada. La expansión natural del nido obedece a pautas muy concretas y es realizado por el conjunto de la colonia siguiendo criterios muy estrictos no siempre valorados convenientemente por el apicultor y entre los que destacan la potencia de la colonia y el dinamismo propios, la situación de las floraciones del entorno y su evolución posterior de acuerdo con las fechas del calendario.
Todas estas causas aunque tengan diferente importancia en lo que serán las consecuencias finales son constatables por el apicultor y se pueden tomar medidas correctoras para disminuir sus efectos sobretodo para los nidos donde pueden notarse mas adelante, y causar de forma indirecta una repercusión mayor de lo que podemos en principio pensar como sería el caso de desencadenar una micosis. El problema principal que surge cuando se examina una colonia es el enfriamiento a que sometemos toda la cría al desmantelar el "escudo protector" de abejas que la protegían de las en general más bajas temperaturas del exterior. Una vez conocido que la temperatura de incubación de la cría es de 35º c. podemos considerar que en pocas localidades del Norte nos encontramos con temperaturas iguales o superiores aquella en el ambiente, el exponer los panales mientras los examinamos al aire que nos rodea irá produciendo en todos ellos una pérdida de calor que es finalmente agravada por las dispersiones de abejas que inevitablemente se producen. Como es de suponer en aquellos días donde la temperatura es particularmente elevada en nuestro lugar de trabajo se deben realizar las tareas de inspección y de aprendizaje que nos interesen, al disminuir, el efecto antes mencionado cuyas consecuencias sobretodo cuando no se tiene en cuenta y se admite como normal proceder a los exámenes cuando la temperatura exterior es de 12º ó 14º c. van a ser la alteración de los plazos de la metamorfosis lo que puede llevar a servir de inicio de una micosis. Las abejas tratan de llevar de nuevo al nido la temperatura normal necesaria reuniéndose y reiniciando la alimentación de las larvas interrumpido por nuestra llegada, ambas cosas requieren un tiempo durante el cual las condiciones de vida de las larvas es adversa.
Las inspecciones de cámaras cuando son necesarias para verificar la presencia de buena cría serán rápidas y solo nos detendremos cuando vemos cría alterada por alguna enfermedad o algún signo que nos haga pensar en ello, cosa que en la mayoría de las veces podemos apreciar desde el exterior, disminución del trabajo de pecorea, abejas muertas o larvas, etc.
Aquellas revisiones que se hacen a la salida del invierno y que tan solo tienen por misión comprobar el estado de la colmena y de la colonia valorando el tamaño de la pelota de abejas se harán sin desmontar ninguno de los cuadros de cría, para esto se retiran los cuadros laterales a los que tienen abejas y al llegar al primero que tiene cría se mira desde el exterior y se ve que aquella sea de obrera que sin sacarlo se reconoce, se reponen los demás en su sitio y se deja todo como estaba.
Visitas de inspección y de manejo.
Debemos distinguir en nuestro quehacer diario lo que son las visitas anuales de inspección y las eventuales de manejo.
Las visitas anuales se realizan al inicio de la actividad que va a coincidir con la llegada de la primavera, en ocasiones la bondad del tiempo al final del invierno aconseja realizar este primer contacto anual antes. Mas adelante se puede realizar una segunda visita de rutina en el momento de iniciarse las primeras floraciones importantes y ya la tercera tendrá lugar en el otoño cuando después de cosechada la miel preparamos las colonias y sus colmenas para pasar lo mejor posible en invierno.
La primera de las visitas anuales es importante, durante el invierno precedente las abejas han podido padecer algunos contratiempos, causados simplemente por el clima, como puede ser la entrada de agua en la colmena lo que obligó a la colonia a vivir en un ambiente húmedo, o causados por una preparación otoñal deficiente que fue causa de condensaciones de agua en las paredes de la colmena con unas consecuencias similares a las anteriores, la pérdida de ganado por alguna enfermedad de las que resultan favorecidas por el contacto más cercano de una abeja a otra, acariasis y nosemiasis o simplemente y aunque parezca poco menos que increíble, ganado que está muriéndose de hambre por la escasa provisión de miel que el apicultor tacaño dejo a las colonias. Todas estas causas cogidas tan temprano de la añada permitirá en muchos casos salvar o mejorar las condiciones de vida de las colonias teniendo siempre presente las limitaciones en el manejo de los cuadros de cría.
Más adelante cuando la actividad se incrementa de modo notable es necesario proceder a añadir las alzas necesarias, si este es nuestro sistema de trabajo, es un manejo que todos los años se ha de repetir y que haremos según la potencia de las colonias lo vaya exigiendo. Es posible y hasta recomendable que permanezcan sobre las cámaras las cajas de las alzas con sus panales cuando son devueltos para ser limpiados, ello permitirá durante la invernada una fácil evacuación hacia arriba del aire húmedo y cálido procedente del nido y que se va situando por encima de la pelota de abejas pues está a mayor temperatura que el ambiente y que en casos es conveniente desplazar el cubrepanales un tanto hacia adelante para facilitar su salida al exterior y evitar las condensaciones interiores, si es posible sacar el aire húmedo que rodea a una potente colonia dejando un ambiente seco jamás temerá al frío por muy baja temperatura que alcance en el exterior, el ambiente cálido y húmedo interior perjudica notablemente la vida de la colonia, solo es necesario pensar en las condiciones de vida de las colonias silvestres para darse cuenta del error que supone sobre proteger las colonias contra los fríos, lo que debemos evitar siempre es la humedad.
Durante el otoño procedemos a la cosecha de la producción de miel teniendo muy presente que en primer lugar debemos dejar una reserva suficiente para el consumo del invierno, lo que en un colmenar normal y bien dirigido no constituye problema alguno pues las abejas habrán cosechado tal cantidad de miel que esto no lo será y a continuación prepararemos las colonias para pasar este periodo dejándolas tranquilas hasta el año próximo.
Este conjunto de manejos básicos serán realizados todos los años pues constituyen la base de nuestro trabajo apícola y a esos se añaden aquellas visitas que es necesario realizar para comprobar las anormalidades que se puedan presentar en cualquier momento: presencia de cantidad de abeja muerta delante de la piquera, polvo fino en el piso, larvas muertas en la piquera, presencia de machos fuera de época, llegada muy escasa de polen en alguna colonia, todas estas causas exigen una comprobación para constatar cual es la causa y en caso necesario poner remedio.
Finalmente consideramos las actividades eventuales que responden a intereses concretos, la formación de colonias para la venta, la obtención de jalea real o de reinas para la venta o bien manejos similares pero para aumentar el número de nuestras colonias o proceder al cambio de raza introduciendo nuevas reinas. A diferencia de los manejos anteriores que realizamos al llegar un tiempo prefijado en el calendario estos últimos no solo dependen del calendario sino sobretodo del estado de la flora en el lugar, pues según se halle más adelantada o retrasada en el momento escogido tendremos que diferir por unos días en más o menos nuestros planes de trabajo.
Queda establecido que la apicultura activa exige dos tipos de actividades: las de rutina anual y las específicas de nuestro interés concreto, dependiente de la modalidad de producción escogida y que necesita un desarrollo diferente. Debe tenerse siempre presente no insistir en las revisiones, mas bien programarlas para molestar lo menos posible la actividad diaria de la colonia, la llegada de polen y la actividad exterior que vemos en piquera son indicios muy importantes que nos evitan muchas visitas innecesarias.
Consideraciones iniciales sobre los manejos apícolas.
En todo momento del manejo con abejas se tendrán en cuenta, para evitarlos, los dos factores que seguramente causan mayor agresividad inducida, esto es provocada por nosotros, y que son los movimientos bruscos de los objetos que se hallan a su vista y los golpes dados sobre la colmena.
La visión de la abeja con sus ojos divididos en multitud de facetas u ojos independientes y agrupados en forma convexa hace que las sensaciones de movimiento sean captadas con absoluta precisión y que vuelen rápidamente en la dirección en que se originan. Se evitaran esas provocaciones haciendo siempre los movimientos y desplazamientos de cualesquiera objetos con gran lentitud, nunca debemos marcar un tiempo para realizar determinado trabajo apícola lo mejor es iniciarlo sin preocuparnos por el reloj.
La percepción de vibraciones es muy desarrollada y así vemos como no solo son recogidas en el interior de la vivienda procedentes del exterior, sino y con más intensidad las generadas por nosotros al remover elementos lo que es causa de gran alarma y ataque hacia el que maneja, esto explica porqué las abejas se enfurecen cuando alguien realiza trabajos detrás de un muro y las abejas le atacan y con más motivo cuando se labra o cultiva algo cerca de las colmenas.
Todas las manifestaciones de cólera deben ser inmediatamente sofocadas con el empleo del humo que siempre será producido de manera abundante pero frío en el ahumador, para ello colocamos un puñado de hierba verde encima de lo que se quema y hace un poco de filtro, y estaremos vigilantes con las señales o signos visibles que en el transcurso del trabajo percibimos. Si las abejas insisten en subir a la parte superior de los cuadros a breves intervalos indican que hay una cierta alerta en la colonia y harán nuestros manejos más lentos al ser necesario obligarlas a permanecer por debajo del plano superior de los cuadros , si queremos evitar agresiones innecesarias. Cuando por propia iniciativa, en los buenos días, permanecen casi quietas sobre los panales sin intentar amontonarse en la parte superior quiere decir que se hallan más tranquilas y nuestro trabajo será más agradable, a poco que cuidemos su realización, no es de temer problemas en el control de la colonia considerada.
Descuidar el control y sometimiento de las abejas hace que estas después de situarse en el plano superior de los marcos emprendan a oleadas el vuelo y caen sobre el apicultor como una granizada acosándole sin cesar lo que hace inevitable recibir numerosas picadas. En estos casos es normal que las abejas nos persigan incluso cuando abandonamos el colmenar y nos atacan mucho tiempo después de haber dejado el trabajo cuando nos hallamos fuera de lo que en condiciones normales consideramos zona normal de agresividad, y que obviamente es lógico que esté localizada dentro del área del colmenar y muy pocos metros a su alrededor.
El empleo del humo en cantidad excesiva en forma de castigo hace que el ganado abandone la cámara o las alzas situándose al exterior, ello no es conveniente para los panales de cría, este abandono suele preceder a una importante irritación y ataque no se debe nunca llegar hasta este extremo ello denota muy poco control por el apicultor y le creará problemas constantes con las abejas.
Las premisas, con demasiada frecuencia olvidadas, que nos permitirán manejar las abejas con facilidad son:
No dar golpes innecesarios durante los manejos.
No hacer movimientos bruscos.
Controlar con humo la colonia-as inmediatas a la manejada.
Manejar el humo siempre con antelación a la agresión.
Al retirar los cuerpos los vamos colocando sobre mesas improvisadas o sobre las tapas, pero siempre con suavidad, si algún cuerpo queda descubierto por la parte superior se debe cubrir con un paño, sino lo hacemos esas abejas nos agredirán de inmediato.
Cuando iniciamos nuestro trabajo sobre el cuerpo que nos interese todos los movimientos bruscos que hagamos se traducirán en irritación y agresión, siendo el provocado al extraer los panales el mas importante, por esa razón siempre serán extraídos con mucho cuidado y lentamente, cada uno de ellos es en potencia causa de una gran alarma en la colonia y su manejo despreocupado, arrollando abejas al sacarlo o golpeando las paredes de la colmena, será causa inmediata de una reacción enérgica del grupo, la extracción de los panales se hará con la lentitud necesaria para dar tiempo a las abejas que lo cubre, si así lo desean, a abandonarlo y ubicarse en otra parte de la colonia, cuando los manejos tienen como fin el hallar la reina se deben extremar estas precauciones procediendo con total calma lo que se traducirá en que las abejas se mantendrán en forma de "película" sobre los panales y podremos hallarla con facilidad, un control total de una colonia permite sacar los cuadros de cría y en un día propicio la reina continuar poniendo en ellos rodeada de sus nodrizas, en la práctica diaria no es necesario llegar tan lejos pero una situación intermedia nos permitirá unos manejos muy agradables y para las abejas será beneficioso al disminuir de forma notable las bajas por aplastamiento y por pinchazos.
Nunca debemos manejar colonias pensando en el tiempo que vamos a emplear, el mismo trabajo puede ocuparnos mucho mas de lo normal si el día no es bueno.
Las colonias inmediatas pueden recibir las vibraciones producidas por nosotros y causar una gran salida de abejas que se tiran a atacar de inmediato, es bueno adelantarse a esa situación y darles por piquera un poco de humo que las calma.
El empleo del humo es el único medio de que se dispone para controlar la colonia su empleo es tan importante que de el depende en buena medida que nuestro trabajo se desarrolle de forma agradable, siempre se acomodará a las condiciones de agresividad de la colonia y lo emplearemos adelantándonos a las reacciones que cabe esperar de la colonia, desde que iniciamos el manejo y hasta que terminamos las abejas nos muestran varios síntomas que nos indican con antelación suficiente su reacción futura y si constatamos que va ser de agresión podemos evitarla en buena medida empleando el humo. No es garantía de practicar buena apicultura el hecho de estar nosotros muy protegidos, determinados manejos lo exigen por su complejidad pero otros deben ser realizados con una protección mínima si el colmenar está bien llevado, debe tenerse en cuenta que algunos manejos necesitan como condición inicial que las abejas permanezcan sobre los panales, si nuestro control de las colonias es deficiente no solo no lograremos ese objetivo, seremos pinchados muchas veces y si bien es cierto que nuestra protección nos pone a salvo del veneno debemos tener en cuenta que son abejas muertas aquellas que nos clavan y que podemos evitarlo.
Colonias muy potentes.
Manejo y control de las colonias.
Observación exterior.
Una colonia es considerada potente cuando reúne la cantidad de abejas suficientes para desarrollarse en el caso de los núcleos o bien producir una buena cosecha en el caso de las demás con el mínimo trabajo por parte del apicultor, todas las colonias mediocres necesitan mas cuidados que las potentes por ello deben ser reunidas sin mas. Un núcleo recién organizado contará con los cinco cuadros o como mínimo cuatro cubiertos de abejas, apenas un mes después dos de ellos estarán con cría de todas las edades. Las colonias potentes dispondrán a la llegada de las floraciones importantes de dos cámaras como mínimo llenas de abejas, para ello habrán tenido un lanzamiento inicial que las lleva de tener tres cuartos de cámara de abejas en pleno invierno a cuatro o cinco veces al inicio de las floraciones, en ese momento se deben añadir varias alzas para que sean llenadas de néctar, que ellas transformaran en miel. Es conveniente conocer la potencia melífera de nuestro asentamiento pues puede suceder que por alguna razón, mucha abeja en el campo, no se logren esos volúmenes, lo que si es claro que las abejas lo permiten a poco que las condiciones del campo sean buenas y debemos nosotros aprovecharnos de esa circunstancia.
El control de las colonias es necesario no solo para evitar la agresividad en nuestros manejos cotidianos, es imprescindible cuando realizamos algunos que exigen inexcusablemente que las abejas permanezcan sobre los panales, cosa que logramos si nuestro manejo es apropiado, nunca debemos estar pendientes del tiempo empleado.
Observación exterior de las colonias, si bien el examen interior nos permite valorar de forma exacta su situación no es menos cierto que cuando pasamos delante de las colmenas podemos apreciar sin mayores problemas cuales tienen una potencia mayor que otras.
Esto es particularmente interesante pues de esa apreciación podemos deducir varias cosas que nos evitará realizar exámenes detallados y de este modo evitaremos molestar a las abejas, cosa que debemos procurar siempre. Lo primero que debemos observar es la llegada de polen, debe de ser continua, casi todas las abejas que lleguen lo deben transportar, y ello con independencia de la potencia de la colonia, una débil pero con posibilidades de futuro enviará a recogerlo a las pecoreadoras disponibles y estas lo acarrearán con el dinamismo propio. De no ser así, con llegada irregular, deducimos una anormalidad, que puede tener lugar por múltiples factores pero cuya consecuencia final es la falta de cría. Esta situación se da cuando los núcleos están aún sin reina ponedora, tratándose en este caso de una situación circunstancial, es nuestro deber descartar las situaciones normales de las que no lo son. Otro dato que extraemos de la observación exterior es el poder ver la pelota de abejas por debajo del nido y que llegan hasta el piso del tablero, todas los colonias que la tengan se hallan en excelentes condiciones para realizar con ellas núcleos, por ejemplo, o deben llevar nuevas alzas si vemos que las que tienen están casi llenas. Una colonia con esta potencia llena un alza de miel en unos pocos días, sobretodo si se la damos estirada. La presencia de una pelota más pequeña nos indica una situación no tan favorable pero esperanzadora.
La presencia de abejas muertas y según su estado y cantidad nos informa sobre accidentes que pueden estar sucediendo, o han sucedido. Si va acompañado de polvillo fino en el piso es señal de algún pillaje o simplemente causa del consumo de miel interno, si detectamos la presencia de cera roída en trozos mayores podemos suponer la presencia de roedores, especialmente durante el invierno. Los desperfectos propios del deterioro de la madera de la colmena son detectados durante estas inspecciones.
Es fundamental para el bien de las abejas reducir al máximo las visitas de inspección que exigen el manejo de panales y cuyo único fin sea el de comprobar el estado de la colonia. Si se sabe llevar una buena observación exterior se puede de una forma cómoda conducir el colmenar, aunque siempre serán objeto de inspección detallada las dos o tres colonias más débiles y ello siguiendo las pautas que en estos casos debemos observar, como son disminuir todo lo posible el enfriamiento de los panales de cría, reduciendo a lo imprescindible su exposición al clima exterior, a no ser que tengamos una temperatura muy elevada y el enfriamiento se vea de este modo muy reducido.
En pleno invierno esta observación exterior permite detectar la presencia en el interior de la colmena de roedores que destruyen los cuadros estirados si la colonia ocupa pocos, cuando esto sucede aparecen en el piso trozos de cera a modo de migajas es importante retirar los cuadros sobrantes y guardarlos en las cámaras almacén que tenemos encima de las colonias potentes en donde estarán perfectamente hasta que los utilicemos.
Seguramente el aspecto más importante de cuantos podemos deducir de la observación de las piqueras es la presencia de abejas muertas, siempre que las encontremos debemos raer el fondo de la colmena con un palo a fin de descubrir la cantidad que han muerto, puede tratarse de una enfermedad pero pudiera tratarse sencillamente de hambre. Las colonias débiles tienen un consumo de miel en proporción mayor que las más potentes y pueden agotar sus existencias en un invierno largo, cuando la cantidad de abejas muertas es grande se impone el examen inmediato de la colonia, seguramente en las condiciones de frío ambiental de la estación nos permitan levantar el cubrepanales y observar la parte superior de los cuadros, si no vemos celdas conteniendo miel operculada la colonia padece hambre y si además vemos algunas abejas con los cuerpos introducidos en las celdas podemos deducir que la colonia se está literalmente muriendo de hambre, de inmediato se la debe alimentar con miel ligeramente calentada y si el día es muy frío se acomodan los panales en un núcleo normal y se llevan a una habitación caliente, las abejas hambrientas y con frío apenas tienen fuerzas para tomar el alimento y pueden seguir muriendo con el paso de las horas, para evitarnos molestias y dado el consumo previsible del pequeño grupo podemos llenar algunas celdillas de un panal inmediato al grupo con miel y tras cerrar el núcleo lo llevamos para calentarlo, al día siguiente lo ponemos en su sitio y podemos observar como el dinamismo a vuelto y las abejas se muestran muy ágiles, es el momento de darles algo más de miel en un cebador que bajaran rápidamente. Es conveniente saber si su reina vive pues en estos casos es frecuente que muera, al remover los cuadros procuramos verla y de estar, no escatimamos esfuerzos para salvar la colonia, la abrigaremos con láminas de porespan u otro material aislante del frío del entorno, más tarde deberá recibir un refuerzo de pecoreadoras para continuar su desarrollo, pero eso será dentro de varios meses, si la reina ha muerto debemos salvar las abejas para reunirlas con las de otra colonia débil cosa que podemos hacer tan pronto detectemos su orfandad teniendo en cuenta que durante el invierno la menor movilidad de las abejas puede hacer que no se reúnan permaneciendo cada grupo sobre sus panales, si esto sucede transcurridos dos días sacudimos de los panales un grupo para forzar la reunión que se hará sin problemas.
Acopio de la producción de miel, otras producciones.
Desde hace muchos años se considera la cosecha de la miel como el referente de la producción del colmenar, no obstante en la actualidad es posible obtener otras producciones asimismo interesantes aunque son en ocasiones distintivo de localidades concretas especializadas en su obtención. En cualquier caso la miel sigue siendo referencia obligada por su volumen y por su importancia económica.
Las colonias de abejas están especializadas en el acarreo de grandes cantidades de néctar de polen y de agua, y que posteriormente en el caso del néctar es elaborado en un proceso complejo y que una vez concluido y como en nada se parece al néctar original lo llamamos miel con toda propiedad. El hecho de almacenar es algo imprescindible para poder disponer de alimento en los días en que será imposible salir al campo a cosechar, por debajo de l0º c. las abejas no salen como tampoco lo hacen por debajo de una determinada luminosidad. Conforme la miel está siendo almacenada en las celdas apropiadas cada una de ellas la contiene en su estado óptimo y es entonces cerrada una a una con una capa muy fina de cera, hecho que llamamos operculado, y que asegura su conservación por un periodo de tiempo largo. La elevada concentración de azucares y el bajo contenido de humedad hacen imposible la proliferación de gran número de bacterias que pudieran estropear el producto o perjudicar la salud de la misma abeja al consumirlo. Bajo estas condiciones y si nosotros la extraemos de los panales asegurándonos que se hallan operculados con instrumentos apropiados no necesita de ningún complemento o aditivo o proceso industrial para mantenerse perfectamente durante varios años, aún después de la cristalización fenómeno que todos los años tendrá lugar. Una vez los panales operculados y separada la cantidad suficiente para la alimentación durante el periodo de reposo, solo queda proceder a la extracción de los panales y el envasado.
Podemos afirmar que la miel obtenida cuando se halla en los panales con el grado óptimo de humedad por haber sido elaborada completamente por las abejas, lo que quiere decir que aquellos estarán completamente operculados, nos asegura el disponer de un producto que correctamente envasado será estable durante muchos años sin necesidad de intervenciones de ningún tipo.
Todas las producciones diferentes de la miel son obtenidas forzando las situaciones, pues en condiciones normales solo sirven para el sustento de la colonia y no constituyen nunca reserva, a excepción del polen del que en las colonias suele haber una pequeña reserva. De este modo el polen que sería el alimento de la cría debe ser cosechado a la entrada de la colmena con trampas especiales, la falta del mismo en el interior hace que muchas más abejas de lo habitual se dediquen a recogerlo lo que multiplica su cantidad, pero se debe ser prudente para no provocar la muerte de la colonia, la jalea real se obtiene provocando una orfandad y cosechándola de las realeras que se formarán, el veneno se recoge en la piquera con la ayuda de útiles apropiados, la cera que es producida por las abejas para construir y reparar panales la obtenemos al fundir estos o los opérculos que quitamos de los panales de miel. La miel es el único producto del colmenar que es recogido tras ser almacenado en la colmena, los demás son obtenidos instalando trampas o simulando con nuestra intervención situaciones naturales proclives a su obtención.
Es conveniente recordar que las abejas son insectos salvajes cuyo instinto les dicta defender el nido contra cualquier agresión, cosa que ellas consideran de nuestra intervención aún cuando esta sea para ayudarlas a combatir una enfermedad, por ejemplo, Se deben extremar las precauciones cuando manejamos colmenas potentes que disponen de más de tres alzas, en todo momento debemos tener controlada la colonia y debemos tener muy presente que el exceso de humo nunca logra el control, lo que hace es hecharlas fuera de la colmena y se vuelven furiosas contra nosotros y los animales que pueda haber en un radio aproximado de cincuenta metros. Siempre utilizaremos humo abundante pero no soplando contra ellas sino dejando que las envuelva, es notorio que cuando durante un manejo las abejas se han vuelto agresivas y nos pinchan en cantidad nuestra reacción suele ser intentar terminar cuanto antes provocando con nuestra intervención apresurada nuevos golpes y el consiguiente enfurecimiento, en estos casos, y sobretodo cuando somos dos apicultores, se puede temporalmente abandonar el colmenar para deshacerse de las abejas que lo rodean, bien asperjándose agua en forma de niebla o desplazándose a un lugar cubierto donde las pocas que todavía insisten en pincharle terminan por marcharse. Es imprescindible mantener el control de las colonias y para ello es muy conveniente ir entrenándose con las más pequeñas que aunque tienen sin duda un peligro mucho menor se comportan de una forma similar, cuando se tenga una soltura en su control podemos empezar a aventurarnos con las mayores. En nuestros manejos siempre cubriremos las alzas que están descubiertas y en las que nosotros no trabajamos, para evitar que las abejas vean nuestros movimientos y nos ataquen. Insisto que el apresuramiento que se ve en los apicultores que manejan colonias descontroladas no logra otra cosa que enfurecer más todavía las abejas, se impone establecer el control, ahumando lo necesario para no echar las abejas fuera de las cámaras o alzas porque cuando esto ocurre son peligrosas, lo mismo sucede cuando en oleadas levantan el vuelo por la parte superior del cuerpo que en ese momento estemos inspeccionando.
Las polillas causan verdaderos destrozos en los panales, tienen una preferencia por aquellos que han tenido cría, tan pronto quedan desalojados de las abejas las mariposas hacen su puesta y pronto las larvas tejen sus capullos destruyendo los panales. En casos más extremos llegan ha hacer galerías en la misma madera. Todas las colmenas que queden desabejadas o su población muy mermada por cualquier circunstancia pronto se verán de este modo destruidas, siendo la pérdida económica muy notable.
Podrían usarse varios o algunos de los numerosos productos que hay en el mercado contra polillas, aunque en ocasiones no son eficaces en absoluto, cosa que no deja de ser sorprendente.
La forma más eficaz de preservar los panales que nos interesen de su ataque es sencillamente colocar el alza o cámaras que los contienen encima de una potente colonia que los mantendrá libres de peligro y perfectamente cuidados hasta que nosotros los vayamos a utilizar.
Alguna vez podemos ver en el arrea de la cría alguna galería más o menos larga en donde el gusano intenta sobrevivir, las abejas después de un tiempo roen su galería y lo sacan, pero si nosotros la vemos podemos romperla y sacarlo ahorrando a las abejas ese trabajo. En cualquier caso los desperfectos que las polillas causan a los panales son irreparables, no queda otra solución que limpiar los marcos y utilizar nuevas láminas de cera, debemos por tanto ser cuidadosos y preservarlos de sus ataques, siempre claro está que los panales estén en condiciones de ser utilizados.
Valoración de la potencia de una colonia.
Cuando se trabaja en el colmenar es necesario diferenciar con claridad la potencia de las colonias que se manejan pues no todas sirven para hacer los mismos manejos, esta diferencia se expresa cuantificándola por el valor de los cuadros de cría y por el tamaño de la pelota de abejas que ocupan la colmena.
En general es suficiente con examinar las abejas después de retirar el cubre para valorar con suficiente precisión su potencia en cualquier época del año.
La clasificación más lógica consiste en dividirlas en tres grupos:
las mejores, las más potentes y activas.
las medianas, activas pero algo retrasadas.
las débiles, incapaces de mantener una buena temperatura, pueden morir.
En todo colmenar bien llevado debe haber un predominio de este grupo, ellas son las encargadas de realizar la cosecha principal y pueden dar abejas para las nuevas colonias, alcanzan con facilidad el volumen máximo que en nuestro asentamiento se puede lograr de abejas; necesitan como mínimo las dos medias alzas industriales y en el caso perfección tres cuerpos.
Las medianas alcanzan a llenar un alza industrial sin problemas y obtenemos con ellas una cosecha algo reducida para las posibilidades de nuestra flora.
Las débiles no logran pasar de sus cámaras y es frecuente que no logren ni tan solo llenarlas, necesitan muchos cuidados pues por si mismas están con sus posibilidades muy limitadas, no deben ser mantenidas como rutina.
Todas las observaciones anteriores se toman del estado del colmenar cuando se halla en el periodo de producción, es posible establecer la misma valoración cuando nos hallamos a la salida del invierno, mirando la parte superior de las cámaras y contando los intervalos entre cuadros que ocupan las abejas, una colonia potente ocupará a la salida del invierno sobre siete u ocho intervalos, las medianas se quedan entre cuatro y cinco con la pelota de abejas agrupada hacia el centro del largo de los panales, las más débiles en este tiempo tan frío solo ocupan las dos caras de un solo panal, como tienen serios problemas para sobrevivir es normal que pierdan a su reina y se vuelvan zanganeras.
En plena campaña cada grupo tendrá un tratamiento práctico concreto de tal modo que no quepan equívocos a la hora de planificar la campaña que se inicia, desde el primer momento se dejará la producción de cosecha para las potentes a la vez las medianas pueden requerir cambio de la reina o ser reforzadas con las abejas de alguna más débil, todas las de esta categoría serán reunidas para evitarnos trabajo en mantenerlas y dudas sobre su viabilidad.
Picadas de abeja, efectos del veneno.
El conjunto aguijón como instrumento inoculante y la bolsa del veneno como depósito constituyen en el cuerpo de la abeja una parte fundamental, con ambos lleva a cabo su defensa. El aguijón tan pronto es clavado queda sujeto al objeto mediante unos arpones lo que impide a la abeja desclavarlo excepto que gire rápidamente sobre si misma, lo que no suele hacer, ello tiene como consecuencia que resulta arrancado junto con la bolsa del veneno del cuerpo y la abeja morirá horas después, la bolsa se contrae al entrar en contacto con el aire vaciando todo su contenido en el aguijón y este en el cuerpo donde se halla clavado.
Cualquier manipulación que lleve implícito apretar el sitio donde vemos clavado el aguijón suele tener la consecuencia de introducir su contenido, por tanto siempre procederemos rascando la piel, la verdad es que ese mecanismo de defensa de la abeja es tan perfecto que cuando nosotros terminamos de rascar ya tenemos suficiente veneno inoculado para producirnos consecuencias importantes en el organismo o por lo menos la zona afectada.
El veneno de la abeja constituye siempre su defensa pasiva, es decir lo usan cuando consideran que su vivienda o la colonia se hallan en peligro, y como quiera que se trata de ahuyentar a sus "enemigos" sus efectos tienen que ser notables y así la inoculación produce de inmediato dolor y una hinchazón muy notable de duración variable pero muy incómoda.
El manejo continuado nos expone a la posibilidad de recibir algún pinchazo en casi todos los manejos y cuyo efecto con el paso del tiempo va siendo menor para terminar por crear en el apicultor una inmunidad total, ya no existirá notable hinchazón y tan solo un pequeño dolor acompaña el pinchazo.
Aunque la evolución en el tiempo es hacia la inmunidad puede ocurrir que tras llevar un cierto tiempo con una tolerancia normal al veneno se produzca una inflexión y tras recibir algunas picadas se note una reacción muy notable con claros signos de alergia, esto suele suceder cuando recibimos muchas picadas seguidas en un periodo en el que todavía no somos totalmente inmunes. Si notamos efectos de alergia en algún momento que se manifiestan con picores generalizados, hinchazones desproporcionadas u otros síntomas anormales debemos proceder con mucha precaución en los siguientes trabajos a realizar en el colmenar y prever la posibilidad de sufrir contratiempos mayores que necesiten para ser resueltos la intervención del médico, es importante en estos casos no exponerse a las picadas estando solo por si fuera necesaria la ayuda de otra persona.
Debemos considerar que aquellas personas que nunca antes habían recibido pinchazos de las abejas la posibilidad de que presenten un cuadro de alergia que según su importancia pueden llegar a causar problemas cardiorespiratorios que precisan de asistencia médica sobre la marcha, por tanto en los primeros contactos con las abejas se debe trabajar con la seguridad de recibir muy pocas inoculaciones de veneno y comprobar de este modo la tolerancia de nuestro organismo a sus efectos, teniendo muy presente que la hinchazón de la zona afectada y que persiste por dos o tres días es una reacción totalmente normal que con el paso del tiempo irá disminuyendo hasta llegar a ser casi nula en un proceso completamente normal.
Debemos estar precavidos para evitar que las abejas nos alcancen sitios del cuerpo donde somos especialmente vulnerables, los ojos sobre todo y protegernos de forma adecuada, en determinados casos es posible trabajar desprovistos de la careta habitual pero es muy recomendable dotarse de protección para los ojos, puede servir una pantalla de las usados en la industria. La posibilidad de que nos inoculen veneno en una vena es también un serio contratiempo que nos puede causar un malestar inmediato notable, y en algunos casos sitios muy concretos del cuerpo y seguramente diferentes entre varias personas presentan una especial sensibilidad al veneno causando notables efectos sin alcanzados por las abejas, debemos cuidar la protección de esos sitios.
Los primeros contactos con las abejas deben ser siempre con nuestra protección completa, cuando vayamos conociendo los diferentes niveles de dificultad que presentan los manejos podemos utilizan una vestimenta más sencilla o más completa pero siempre adecuada al momento.
Tres fechas históricas de suma importancia apícola.
Año 1851 Lorenzo Larrain Langtroth inventa el cuadro móvil tal como lo conocemos en la actualidad y al año siguiente el 15 de enero lo patenta junto con la colmena que lleva su nombre y de la cual dice " sus panales se hallan dentro de cuadros móviles que no son pegados por las abejas a las paredes" había descubierto el denominado espacio de la abeja.
Año 1857 se fabrica la primera cera estampada por el alemán Weiss, con sucesivas modificaciones en las máquinas usadas hasta llegar a la prensa de rodillos ideada por Root. En la actualidad se siguen utilizando los mismos principios que le dieron origen.
Año 1865 el italiano Hruschka construye el primer extractor de miel basado en la fuerza centrífuga. Root introduce algunas mejoras e idea la posibilidad de colocar los cuadros en forma radial de la misma forma que son los extractores actuales.
Estas tres fechas históricas supusieron un cambio radical en la apicultura y contribuyeron de manera decisiva a la hora de facilitar la explotación racional de las colonias permitiendo toda una serie de manejos que no eran imaginables antes de disponer de esos tres logros prácticos.
George Layens fue laureado de la academia de ciencias de Francia, falleció en octubre del año 1897, es conocido por sus varios libros en donde recogía sus estudios y experimentos. Inventó la colmena horizontal que lleva su nombre con la que durante muchos años y hasta la actualidad se practica la trashumancia por su facilidad de manejo al carecer de alzas, no obstante esta ventaja está dando paso a otros modelos de colmena.
Lorenzo Langtroth nació en el año 1810, inventó la colmena que denominamos perfección, escribió varios libros y procedió a la importación de reinas italianas contribuyendo a su difusión en EE.UU. su contribución al desarrollo de la apicultura es fundamental.
Dadant nace en Francia el año 1817, emigró a EE.UU. a Illinois, modificó la colmena inventada por Langtroth haciéndola con una cámara mayor y dotándola de dos medias alzas, esta colmena es la que actualmente denominamos industrial y es muy apropiada para la producción intensiva en buenas floraciones, permite obtener mieles monoflorales con facilidad, las colonias que viven en ella pueden llegar ha alcanzar grandes volúmenes con facilidad lo que redunda en buenas cosechas.