SAN CIPRIANO DEL CONDADO
EN LAS REPOBLACIONES DEL SIGLO IX
o
EL ANTIFONARIO MOZÁRABE EN LA PARTIDA DE NACIMIENTO DE UN PUEBLO Laurentino-César
López Sánchez
PRESENTACION
Durante la década de los 70 estuve destinado en esta parroquia. Me hacía
ilusión que este fuera el "San Cipriano" del Antifonario y
pronto encontré argumentos y pruebas que lo confirmaban. Para mí
era suficiente, pero había que demostrarlo y hacerlo público.
Sin embargo, mientras viví en el pueblo me ocupé más de
promocionarlo, en lo que alcanzaba mi competencia. Alguno recordará las
clases nocturnas que terminaban con un viaje donde siempre había algo
que aprender, o aquella compañía de teatro infantil que actuaba
en el entrañable "Club de los Leones".
Ya entonces, restaurando la ermita de "Las Mercedes", y atando algunos
cabos. que mantiene la tradición descubrimos Villarejo. Allí recogimos
restos de cerámica que quedaron expuestos -algunos- en el pequeño
Museo Parroquial, el cual, aunque insignificante, figuró en la lista
de museos de la provincia y mereció la visita de periodistas que lo dieron
a conocer en la prensa de la época y en alguna publicación mayor
Pero fue en 1991 cuando la Exposición "Las Edades del hombre"en
la catedral de León dio un relieve especial al Antifonario Mozárabe.
Entonces desempolvé los apuntes recogidos años antes y elaboré
este trabajo que salió, muy resumido, en el Diario de León, el8
de enero de 1992. Dada la brevedad sólo se podía decir que el
tan importante códice se había escrito para el abad de un monasterio
que existió en un pueblo real, localizado e identificado, que se puede,
visitar hoy. En el trabajo completo descubrimos el nacimiento de este pueblo
y sus primeros pasos por la Historia.
Agradezco a la Dirección del Centro Superior de Estudios Teológicos,
del-Seminario Mayor de León, que lo haya incluido en el número
39 de Studium Legionense dedico esta separata, con el mejor de los recuerdos,
al pueblo de San Cipriano del Condado; a los que estaban allí en la década
de los 70 y a 1os que viven y lo dirigen hoy, con el deseo de que sigan promocionándolo
como se merece. Que otro complete la historia de estos primeros mil años
y, entre todos, lo dispongan para que viva un nuevo milenio de progreso y prosperidad.
Laurentino-César López Sánchez
I
PRIMERAS CAUSAS
E1 nacimiento del pueblo de San Cipriano del Condado está directamente
ligado a la existencia, desde su fundación, de un monasterio del mismo
nombre que, en la Alta Edad Media, estuvo asentado a las orillas del río
Porma.
Con el tiempo fue capaz de elaborar obras y documentos que han llegado hasta
nosotros y que incitan a la investigación histórica, e incluso
a la arqueológica, para descubrir su ubicación. Pero su documentación
es tan tardía que, para datar su origen, tenemos que acogemos a la generalidad
de lo que ocurría en todo el reino. Don Claudio Sánchez Albornoz,
en "Documentos Inéditos del Reino de Asturias" comentando los
documentos de la fundación del monasterio de Tobiellas el 18 de noviembre
de 822, y del monasterio de Asia el 18 de enero de 836, dice: Las escrituras
nos describen el sistema por el que surgieron docenas y docenas de monasterios
particulares en todo el solar del reino asturleonés, desde el valle del
Ebro hasta las rías de Galicia. Un presbítero, un abad, un hombre
temeroso de Dios o una mujer piadosa levantaban en su heredad una iglesia en
honor de un santo, construían junto a ella un claustro, atraían
a sí algunos gasalianes o compañeros, dotaban al nuevo cenobio
con sus bienes, y la nueva comunidad religiosa iniciaba una vida de comunidad
y de trabajo. Estos monasterios ayudaron mucho a la repoblación y colonización
del país. Pero, nacidos como fruto de la inquietud espiritual de un siglo
turbado por una sacudida de fervor torturante, esos cenobios fueron muchas veces
flores místicas que perduraron sólo lo que tardó en volver
por sus fueros la humana flaqueza de la sensualidad. No pocos lograron, sin
embargo, salvar la hora inexorable de la crisis y llegaron a perpetuarse en
comunidades de larga y gloriosa historia; y bastantes acabaron por sufrir los
efectos de la atracción religiosa o económica de los grandes claustros
y por incorporarse a ellos1 .
A este respecto dice José María Fernández del Pozo: A lo
largo del siglo IX y primera mitad del X; la meseta del Duero se fue repoblando
y la vida administrativa cobró de nuevo auge en un proceso largo en el
que participaron, por un lado los monasterios, roturando campos que estaban
en torno al mismo y estableciendo campesinos capaces de colaborar intensamente
en la puesta en valor de los campos, haciéndose posible, con ello, la
aparición de nuevas fuentes de riqueza2
Empezamos, por tanto, volviendo la vista al siglo IX, y muy al principio, para
situar la fundación del Monasterio de S.Cebrián, en Porma, que
dio lugar a una de tantas populaciones que se originaron al mismo tiempo y de
la misma forma y que constituyeron el principio de muchos de los pueblos que
hoy existen.
Algunos ostentan el nombre del monasterio o iglesia a cuya sombra nacieron;
otros conservan este recuerdo sólo en el titular de la parroquia, porque
su asentamiento tomó el nombre del topónimo ocupado; y otros,
por fin, perdieron la memoria histórica y, por falta de documentos, nunca
podrán volver a sus raíces.
San Cipriano pertenece al primer grupo y, aunque el monasterio se extinguió
a finales del siglo X, tuvo la suerte de contar con un personaje importante,
vinculado a una obra de categoría excepcional. El personaje es el abad
Ikila, y su obra, el Antifonario Mozárabe de la catedral de León.
Apoyados en estos dos puntos queremos demostrar que el actual S. Cipriano del
Condado es el mismo al que se refieren antiguos documentos que le asignan la
poco definida determinación de en Porma, o sobre el río Porma,
y al mismo tiempo acercamos al nacimiento y encontrar las raíces de un
pueblo que ya lleva más de mil años de andadura.
II
EL ANTIFONARIO MOZÁRABE
El Antifonario Mozárabe de León es un códice miniado, del
siglo X, de gran valor por el material abundantísimo sobre liturgia y
canto de la antigua iglesia española. Un monje, llamado Totmundo, lo
copió para Ikila, abad, en los primeros años del siglo X, utilizando
otro, posiblemente toledano, de los siglos VIII ó VII con referencias
andaluzas y pacenses3.
Consta de 306 folios escritos en letra mozárabe, 22 de ellos enriquecidos
con preciosas miniaturas, que no entusiasma demasiado a D. Manuel Gómez
Moreno4, pero que hace decir a Pilar Yáñez Cifuentes: Es el más
precioso de los manuscritos conocidos del canto mozárabe. Es el catálogo
más completo de las fiestas celebradas por la antigua iglesia española
presentando, además, el interés de reflejar en las diversas interpolaciones
sufridas en el núcleo primitivo del códice, el natural desarrollo
que la liturgia hispánica debió tener durante los primeros siglos
de la Reconquista5.
La valía de este códice ha motivado que se le estudie desde todos
los ángulos, iluminando, de paso, cuestiones como la que nos ocupa. De
no haber sido por él a nadie hubiera interesado localizar en el espacio
y en el tiempo a un personaje cuyo nombre, de origen visigodo, aparece muy raras
veces en la documentación medieval; y los documentos relacionados con
él seguirían durmiendo el sueño de los siglos en los archivos
sin que nadie se acercara a desempolvarlos6.
Hasta que, por razones litúrgicas, se descubrió que tiene interpolaciones
se pensaba que el autor del Antifonario fue un amanuense gallego llamado Arias,
que da una fecha en el folio 26 que puede corresponder al año 1066. Sin
embargo, lo que hace el copista, que es un hombre honrado, es poner fecha al
cuadernillo y demás notas que él introduce, para no atribuirse,
indebidamente, el trabajo y el arte puestos por un autor anterior.
Queda, pues, sin fecha el Antifonario y la primera noticia que se tiene de él
está en un testamento recogido en el Tumbo de la Catedral de León,
folios 349-50, en que el 26 de junio del año 917 el abad Ikila lo dona,
junto con otras pertenencias, al monasterio de Santiago de León. Queda
demostrado que el códice existe en este momento, 146 años antes
de que el gallego Arias añadiera su cuadernillo.
En cuanto a su confección y teniendo en cuenta argumentos históricos,
paleográficos, y literarios, el P. Luciano Serrano en el prólogo
a la edición del Antifonario que hicieron los Benedictinos7, defiende
que esta joya de la catedral leonesa debe situarse en los comienzos del siglo
X; y más adelante, en otro lugar que cita Pérez de Urbel8 asegura:
Este códice no pudo escribirse antes del último tercio del siglo
IX ni después del primer tercio del siglo X.
III
EL ABAD IKILA
Iquila era el abad y propietario del monasterio de S. Cipriano, situado a orillas
del Porma -posiblemente el núcleo primitivo del actual S.Cipriano del
Condado-. Era persona de prestigio ya que su firma aparece en muchos documentos
leoneses conservados en el archivo catedralicio y también en algunos
de los Cartularios de Eslonza y de Sahagún9.
Pérez de Urbel dice que el nombre de Iquila aparece muy rara vez en nuestra
documentación medieval; no obstante lo encontramos en las cartas de la
primera mitad del siglo X y precisamente en esta tierra leonesa. Aparece por
primera vez en una carta
de donación que lleva fecha de 26 de junio del año 917. El donante
es él mismo; lleva el nombre de abad, y por otros documentos, averiguamos
que es el abad y propietario del monasterio de S. Cipriano, situado junto al
río Porma.10
En esta donación que se considera la Carta Fundacional del Monasterio
de Santiago en la ciudad de León, se incluye el Antifonario Mozárabe
copiado y confeccionado para Ikila algunos años antes.
El primer folio, vuelto, del Códice tiene una miniatura con dos personajes:
uno está de pie sobre un estrado, bendiciendo con la mano derecha y con
un báculo en forma de T en la izquierda; sobre su cabeza está
escrita la palabra ABBA (abad). El otro personaje, también de pie, en
el suelo, ofrece un libro pintado en oro y ribeteado de minio. Sobre su cabeza
se lee la palabra ILLE (él). En la parte superior del folio y en un latín
enrevesado figura una dedicatoria, un tanto ingenua, que nos aclara quién
es el abba y quién es el ille. Pérez de Urbella traduce así11:
¡Oh gracia (de Dios)! Grande es el don que recibiste, abad Totmundo: aquí
habitas con todos los buenos y en el futuro te alegrarás con los ángeles
y tú, oh abad Ikila, que por tu espíritu brillas a tanta altura,
ya ves realizada, según tu deseo, la obra por tí planeada. Contempla
el libro pintado y dorado para utilidad de tantos, y que yo merezca ser ayudado
por tus oraciones. Recordadme a mí, el escritor que por vuestro nombre
tomé este trabajo.
Aunque el epigrama pueda parecer un cúmulo de elogios gratuitos, nos
da pie para descubrir la realidad en que se basa. Dirigiéndose a Iquila
dice: y tú que, por tu espíritu, brillas a tanta altura: seguramente
no exagera porque sabe que el cenobio que el abad recibió en herencia
o en una donación anterior fue, en principio, un monasterio familiar;
uno de tantos fundados en la Espacia Visigoda y que, en muchos casos, fueron
flor de un día, desapareciendo cuando se apagó el fervor de la
familia fundadora. En este caso se superó a sí mismo. Tal vez
Iquila, como S. Fructuoso, era de procedencia aristocrática y, bajo la
influencia del patriarca del monaquismo español, se acogió a la
Sancto Conmunis Regula y abrazó la Regla de S. Benito para la dirección
del monasterio. Esto le permitió elevar la categoría del personal
acogido en sus claustros y rodearse de hombres de relevante cultura y espíritu
brillante. Suponemos que en el cenobio existió un Scriptorium con varios
amanuenses que dominaban el arte y el estilo del momento y estaban en contacto
con otros artistas ultrapirenáicos -carolingios y otónicos- por
los que se dejaron influenciar12.
Pérez de Urbel asegura que el Antifonario presenta un aspecto europeizante13.
Dirigía el equipo de copistas y miniaturistas el abad Totmundo, que además
de ser hombre de arte y de letras brilló con otras dotes que le llevaron
a ser obispo de Salamanca hacia el año 960. Se presenta como autor del
antifonario cuando dice: "Recordadme a mí, el escritor, que por
vuestro nombre tomé este trabajo". Y nos deja el testimonio de que
se trata de un monasterio en la mejor línea cuando se felicita a sí
mismo porque "habita con todos los buenos", es decir que vive en una
comunidad observante que le asegura una eternidad en la alegría de los
ángeles.
Esto nos invita a creer que el abad Iquila preside un monasterio y una comunidad
donde se proyectan y realizan obras culturales de la más alta consideración
y al mismo tiempo se cultiva la formación espiritual de los monjes, algunos
de los cuales serán llamados al episcopado. Y aún debemos elevar
la consideración de su valía personal cuando le vemos resolver,
a la manera de S. Fructuoso, una realidad que no le debía agradar demasiado:
era abad, por donación o por herencia, de un Monasterio Dúplice.
IV
EL MONASTERIO DE SAN CIPRIANO
En ningún documento donde aparece el monasterio de S. Cipriano se determina
su ubicación geográfica. Se despachan con un genérico "en
Porma" (año 917), "sobre el río Porma" (a. 948),
"en Porma" (a. 970)
Pero el río Porma, que no es más que un río de montaña,
tiene unos 80 kilómetros de recorrido, y en sus riberas existieron varios
monasterios.
Los autores que estudian el Antifonario no se deciden a determinar la localización
más allá de lo que expresan los documentos medievales. Sólo
Yáñez Cifuentes, ya citada, se atreve a insinuar: el monasterio
de S. Cipriano, situado a orillas del Porma -posiblemente núcleo primitivo
del actual S. Cipriano del Condado; pero todos los demás abundan en el
mismo genérico: "S. Cipriano de Porma", "en aguas del
Porma", en las riberas del Porma".
Sin embargo hay razones para que, de una vez por todas, se determine la situación
geográfica del monasterio que produjo obras que le han superado en más
de mil años de existencia.
Y esas razones señalan a San Cipriano del Condado como único e
indiscutible sucesor de la comunidad que se originó en torno a aquel
cenobio y que, con seguridad, ya existía al empezar el siglo X.
La primera es el mismo nombre de "San Cipriano" y la constatación
de estar situado "en Porma", o "sobre el río Porma".
Una segunda razón es de tipo litúrgico. En toda la cuenca del
Porma hay tres parroquias -que pudieron tener origen en otros tantos monasterios-,
cuyo titular es San Cipriano. Son Valdefresno de la Sobarriba, S. Cibrián
de la Somoza y S. Cipriano del Condado. Los dos primeros, que no están
en los márgenes pero sí "sobre el río Porma"
y a él dan aguas, tienen doble titularidad: S. Cipriano y S. Cornelio.
Sólo el tercero celebra a S. Cipriano Mártir, sin compartir con
ningún otro santo.
En el monasterio de S. Cipriano, para cuyo abad se compuso el Antifonario Mozárabe,
se celebraba solemnemente la fiesta de este santo y se ignoraba a S. Comelio.
Lo sabemos porque el folio 234 contiene el oficio litúrgico de la fiesta
con música para las antífonas y una página de lujo con
una miniatura alusiva, como hace en las grandes solemnidades. Representa al
santo vestido con túnica de color de minio, manto azul, larga estola
y tocado puntiagudo de obispo. que ofrece la cabeza a un sayón descalzo,
con calzón bombacho, ropa corta ceñida a la cintura y una pequeña
clámide colgando. Con la mano derecha señala a la víctima
y en la izquierda blande una larga espada.
A S. Cornelio ni lo cita. Los feligreses de la parroquia, a lo largo de los
siglos, vienen celebrando, como los monjes medievales, sólo a S. Cipriano,
Obispo y Mártir.
El último y definitivo argumento para situar en S.Cipriano del Condado
el monasterio del abad Iquila se apoya en la arqueología y en la tradición.
La edificación situada en el ángulo nordeste del caserío
es la iglesia parroquial que todavía conserva una pila bautismal de época
mozárabe. Al norte de la misma se extiende un extenso praderío,
hoy muy repartido, que según el Catastro de Ensenada pertenecía
a la iglesia en 1752 y siguió siendo de su propiedad hasta la desamortización
de Mendizábal en 1835, como consta en el Archivo Parroquial. En algunos
tramos de sus límites aparecen todavía los cimientos que sostuvieron
el cenobio hace mil años. La memoria histórica del pueblo sitúa
en él un convento, sin más precisiones. Y es suficiente. Pero
aún va más lejos, porque en el extremo noroeste del praderío
persistió, hasta época reciente, entre zarzas y espinos un pedrizal.
La memoria colectiva de la gente sitúa en esta zona un monasterio femenino.
Coincide exactamente con lo aducido por los documentos escritos: el rico abad
de S. Cipriano era propietario de un monasterio dúplice.
El monaquismo de la Alta Edad Media, donde tuvieron gran importancia los monasterios
familiares legisló convenientemente para delimitar y aclarar campos y
responsabilidades.
Las fundaciones realizadas por familias que ingresaban, a veces, al completo,
con sus servidores incluidos, dio lugar a varias modalidades. Una que la Iglesia
no aprobó nunca, fue la de monasterios mixtos, donde hombres y mujeres
compartían el mismo edificio viviendo en única comunidad y que,
en ocasiones, cuando se apagaban los fervores religiosos del fundador o desaparecía
el cabeza de familia, produjeron situaciones poco ejemplares.
Otro tipo fue el dúplice, en que un mismo monasterio albergaba una comunidad
de varones y otra femenina, colocadas bajo la misma autoridad, pero netamente
separadas la una de la otra.
Y podía tratarse, por fin, de verdaderos monasterios diferenciados entre
sí, independientes, aunque vecinos y anejos el uno del otro14. En este
caso se daba lo que llamaban tuitio (protección), ejercida por un praepositus
virginum, rodeado de un pequeño grupo de compañeros, pauci et
perfecti (pocos y perfectos), que le auxiliarían en su cometido15.
Dúplice era el monasterio de las orillas del Porma, y no era la situación
que más agradaba a su abad. Por eso Ikila, que se había ganado
fama de espíritu elevado y sostenía una comunidad observante,
tomó otra determinación para las mujeres piadosas que se habían
ido reuniendo en torno a su monasterio en el cenobio femenino. El, que se había
acogido a la Sancta Conmunis Regula de S. Fructuoso, quiso -como hizo éste
con la virgen Benedicta y las mujeres con ella congregadas- construir un nuevo
monasterio in alia solitudine (en otra soledad)16. Sólo que el abad de
S.Cipriano no buscó esta solitudine en el campo abierto, sino al abrigo
de los muros de la ciudad regia17. Así, el 26 de junio del año
917, el año tercero del reinado de Ordoño 11, el Abad Ikila firma
la donación del Monasterio de Santiago de León. Le asistía
el obispo Fruminio, la reina Elvira, esposa de Ordoño, los presbíteros
Vicente y Olimpio, los diáconos Maruano, Gaudio, Benedicto y Félix
y los testigos Vermudo Nigro, Garvisio, Maurelo, Arsendo y Abzuleiman, actuando
como notario el diácono Hanno18.
Esta donación, que por otra parte es una Carta Fundacional en toda regla,
supone la extinción de la comunidad femenina de S.Cipriano, llevada a
cabo antes del 26 de junio del 917 y la aparición de un nuevo cenobio,
sólo para mujeres, en la ciudad de León.
La primera abadesa de este
monasterio19 es Felicia -por otro nombre Monoya-, que recibe la nueva fundación
como una donación. El abad Iquila preside la tuitio de la nueva comunidad
y, como fundador, comparte el abadengo con Felicia-Monoya.
El monasterio de Santiago, del que no queda ni el recuerdo, está sin
embargo, perfectamente localizado por la abundancia de documentación
conservada. Estaba asentado sobre el solar donde hoy se levanta el Seminario
Mayor y parte del Palacio Episcopal. Pilar Yáñez Cifuentes, que
lo estudió exhaustiva mente dice: Si en pleno siglo X hubiéramos
preguntado por el lugar de emplazamiento del Monasterio de Santiago de León
hubiéramos recibido contestaciones como éstas:
"edificatum suburbio Legionensis, intus civitatis, iusta aditus "Sanctae
Mariae Virginis ",
"non longe ad aulam Sancte Mariae Virginis, "secus sede episcopi legionensis,
"discurrente kalle de Porta Episcopi.
Estas indicaciones son suficientes para señalar sobre un plano actual
la situación aproximada del monasterio medieval: ocuparía el mismo
espacio que el Seminario y quizás algo del palacio episcopal20.
De él habla varias veces Sánchez Albornoz en su evocación
del León medieval: "Una ciudad de la España cristiana hace
mil años"21.
Gracias a la documentación existente sobre el monasterio de Santiago
podemos llegar, con garantía, al de S. Cipriano.
Iquila era un monje rico
-tal vez pertenecía a la aristocracia-, que había recibido en
herencia el monasterio del Porma, probablemente fundado por sus antecesores.
Cuando lo dona a la abadesa Felicia para fundar Santiago, lo ofrece por su alma,
la de sus padres y bienhechores. Y termina con una frase frecuente en documentos
de la época, que era como un aviso a posibles parientes defraudados:
si alguno tuviera la tentación de atentar o mutilar esto que yo hago,
bien sea yo mismo o alguno de mis parientes, desde el primer momento sea maldito
de Dios y con Judas traidor llore sus penas en la condenación eterna22.
Que el de S. Cipriano era un monasterio rico se supone cuando es capaz de producir
obras como el Antifonario; pero la donación del Abad al nuevo cenobio
de Santiago lo confirma. Ofrece porque posee:
"Una corte cercada que está junto al nuevo monasterio, con todos
los utensilios de las casas23.
Ajuar de casa que, como se ve, es de calidad distinguida:
Tres lechos completos, con colchones y almohadas forrados de tapicería
y cobertores finos de tapiz.
"Un mortero de bronce. Una olla de cocina y dos calderas para calentar
agua. Tres escudillas de plata. Una taza cilíndrica.
"Para la iglesia:
"Un sagrario y una cruz de plata, dos incensarios, uno de plata: otro de
bronce, dos casullas, una de tapiz y otra de seda, un velo fino para el iconostasio.
"Un candelabro de bronce, dos ciriales, un candelabro para delante del
altar.
"Libros tres: Un Antifonario (que es el que ha llegado hasta nosotros)
"Un Psalterio (colección de salmos para cantar en coro). "Una
Regla24.
"Bienes inmuebles y derechos jurisdiccionales:
"En el Porma: el monasterio de S. Cipriano con su corte cerrada casas,
tierras, viñas, prados, tres molinos, montes, fuentes, un lagar todo
lo que pertenece a la casa.
"Sobre el río que llaman Cea: la iglesia de Santa María (del
Monte de Cea), con su corte cerrada, con todas sus casas y prestaciones, tierra
viñas, fuentes, una pesquera y todo lo perteneciente a dicha iglesia.
"En otro lugar que llaman Oncina: una corte cerrada con sus casas tierras,
viñas, prados, huertas y un lagar.
"En Bercianos del Páramo, tres villas: parte de La Mata del Rey
parte de Fontecha y parte de Royuelos (hoy despoblado), con la jurisdicción
sobre sus habitantes. "En Monte Aureo, ocho viñas.
"En el Torío, un molino, tierras y huertas.
"En Pajares (de los Oteros), la iglesia de S.Martín, con sus tierras
viñas, prados y su fuente, todas las cosas en su integridad.
"En Lampreaba -provincia de Zamora-, cinco pausatas25 (posadas pero no
de huéspedes sino casas que sólo tienen vivienda, sin relación
a labranza. huertos ni huéspedes).
Como se ve, el monasterio del Porma posee cuantiosos bienes que le permiten
acometer una nueva fundación cuya subsistencia queda asegurada sin perjuicio
de los monjes que viven en S. Cipriano que no pueden esperar retribución
de la sociedad por su trabajo apostólico.
V
ORIGEN DE LA COMUNIDAD SEGLAR
En el monasterio no sólo viven los monjes que se dedican al estudio,
la oración y apostolado, que solían ser pocos, dada la abundancia
de casas conventuales26.
Estos ocupaban el cuerpo del edificio donde estaban el claustro, la iglesia,
el escritorio, la biblioteca, la sala capitular, el refectorio, la cocina y
las cellas, o celdas, individuales para cada uno de los monjes.
Al lado y en tomo a un patio con pozo, sobre cuyo brocal se alza la típica
armadura de hierro que sostiene el cubo27, se hallan las cortes, casas, villas
y pausatas que ocupan los laicos que participan en la vida del monasterio.
De éstos, unos pocos eran, posiblemente, siervos personales del abad
que servían como criados o domésticos. Otros eran patronos, descendientes
de los fundadores, que velaban por el buen orden material del monasterio y tenían
derecho a recibir ración -se llamaban racioneros- sobre todo en caso
de necesidad, y a gozar de especiales beneficios espirituales28. Podían
estar los mílites monasterii que tenían la misión de protección
y la obligación de defender (fonsado) los derechos y los bienes monásticos
frente a enemigos exteriores. También éstos tienen derecho a recibir
ración, si la necesitan, y a participar de beneficios espirituales, sepultura
y ventajas materiales de diversa índole29. Los demás. hasta formar
el núcleo de lo que empezaba a ser el pueblo eran colonos tributarios.
Estos se establecieron extra muros del monasterio al suroeste del mismo, formando
el pequeño y compacto barrio entre la iglesia y la fuente del oeste,
al norte del camino que va a León.
Los colonos eran, generalmente, hombres libres (ingenuos), acogidos a la benefactoria
de un patrono; eran los hombres de behetria. Unos eran juniores de hereditate
u homines mandationis, que son dueños de su libertad pero están
atados a las heredades del señor, en este caso del monasterio. Existía
también una clase de juniores de capite o de cabeza, constituídos
por los hijos de aquellos, que por ser jóvenes, no tenían tierra
a su nombre.
Los colonos poseían la tierra en diversidad de contratos. Unos las tenían
en censo: se comprometían a pagar una cantitad de los frutos que pueden
recoger al año (solía ser la cuarta parte). Otros las poseían
ad laborandum, que se usaba en la plantación de viñas o frutales:
el dueño cedía una tierra al labriego para que la plantara y al
cabo del número de años acostumbrado, la viña o el huerto
se dividía por mitades entre el propietario y el aldeano. Otros, por
fin, las disfrutaban en precaria, y el precarista se comprometía a pagar
la renta determinada30.
A veces el patrono -en este caso el monasterio-, se reservaba unas tierras cuyo
producto era exclusivo pero las trabajaban los colonos en sernas, jornadas de
trabajo obligatorias y sin retribución.
Además de las donaciones que recibió el monasterio en su fundación,
éste, e incluso los colonos libres, podían adquirir nuevos terrenos
en scuallum o praesura31, que se iban roturando y con los que se ampliaba la
explotación. Esto hace aumentar la territorialidad y exige más
población y más caserío.
Los reyes favorecían estas repoblaciones donando terrenos y cediendo,
a veces, los derechos que tenían sobre la totalidad de algún pueblo
que pasaba a pertenecer al monasterio y a sentirse protegido por él.
Este pudo ser el caso y
el momento en que Villarejo se funde con el núcleo seglar de S. Cipriano32.
Por este motivo es necesario ampliar el casco del pueblo y el caserío
empieza a extenderse hacia mediodía en dos calles, más o menos
paralelas y relativamente distantes que ya existían y eran frecuentadas
por los colonos. Una tenía algunas edificaciones, alma- enes de hierba,
paja y hoja seca de las abundantes choperas, que se reservaban para el alimento
de los ganados -bueyes, vacas, ovejas, asnos- n el invierno. No la asignaron
ningún nombre; era, sencillamente, la calle de los pajares.
La otra iba, perpendicular al camino del río, en dirección a los
molinos.
Tres molinos figuran en la donación del año 917. Estaban convenientemente
separados para que la única muela de cada uno pudiera ser movida por
la misma agua, tomada con una presa en la margen derecha el río, bastante
más arriba del pueblo. Es posible que uno de ellos estuviera adaptado
para moler linaza, del lino que se cosechaba, abundantemente en Las Linares,
al oeste del caserío. En una rasera de la presa las mujeres ponían
en remojo las mannas de lino que después majarían y cardarían
ellas mismas, hasta sacar el hilo que se tejía en los telares.
El molino y el horno eran privilegio de los señores. No se necesitaba
molinero. Cada vecino tenía derecho a usarlo unas horas o días
de cada mes, pagando un censo o maquila33.
En la calle de los molinos se sitúa un nutrido grupo de vecinos -tal
vez les animó la proximidad a Villarejo-. Se unen al núcleo inicial
y a los Pajares, mediante una calle transversal, al sur de las edificaciones
monacales. La entrada a la iglesia -común para todos-, queda más
o menos equidistante de las dos calles. En forma de gran U, complicada con pequeñas
travesías en sus respectivos barrios, se conformó el pueblo con
una estructura que se mantiene hasta el día de hoy. Prolongando la callle
transversal -que con el tiempo vino a llamarse Real- hacia el Este, se llega
al río donde había una barca para comunicar con los pueblos del
otro lado: S. Vicente, Membrillar, Villarejo y Cañizal. En dirección
Oeste, es el camino de León, que pasando por Represa deja a la derecha
el de poblado de Villavirtut34 y Villamayor.
Saliendo en esta última dirección y dejando atrás ricas
tierras de linares y cereales se llega a una zona alta y seca, de terreno escaso,
cuyo topónimo nos habla de monte bajo, abundante en urces: Candajo35.
Estas tierras tomadas en scuallum o praesura, convenientemente roturadas y cedidas
a los colonos en régimen ad laborandum, se poblaron de viñas que
producían vino a medias para el monasterio y para los colonos. Estos
transportaban las uvas hasta el único lagar que existía intra
muros del monasterio y del que se servían todos. A pesar de ser único
era un lagar más bien pequeño, cuya viga exprimía las uvas
con el esfuerzo físico de los siervos que movían el huso. Todo
se hacía a fuerza de músculos. A medida que aumentaba el número
de colonos se hizo insuficiente el lagar conventual y se fueron instalando en
las casas otros más pequeños llamados torcularios, adecuados a
las necesidades de una familia particular36.
El monasterio contaba, también, con un horno que, en la Edad Media, era
privilegio de los grandes señores. Todos los habitantes del dominio tenían
que cocer sus panes en el horno del señor, que cobraba por el uso un
censo llamado fornaticum. En León, tierra de hombres libres, el oficio
de panadero pudo ser ejercido, independientemente de los grandes propietarios,
por gentes de humilde condición37, por lo que pronto irían apareciendo
pequeños hornos en las casas particulares.
Otro servicio común que ofrecía el monasterio, y que se mantuvo
hasta este siglo, fue la fragua. Es verdad que había un ferrario o ferrero
que realizaba los trabajos más especializados, pero cualquiera podía
usar la fragua, si sabía trabajar en ella. Anejo a la fragua, y con el
mismo sistema, estaba el potro para herrar animales38.
Común era, asimismo, el taller donde se encuentran los telares para tejer
el lino y la lana que también tendría una persona especializada
en la colocación de las tramas, la disposición para los dibujos
y los teñidos.
Especialista tenía que ser el carpintero que, si no es dueño del
taller, trabaja con dedicación plena. Tiene que hacer puertas para cada
casa que se construye y armar los teliatos de las casas materacas (techos cubiertos
de tabla para colocar teja); algunas casas son territas y van cubiertas de tapín
o césped. Tiene que hacer lectos tornátiles -lechos torneados-
para las celdas de los monjes; cátedras y mensas -sillones y mesas, para
el refectorio; sedilias o sellas -sillas- y scriptorios -pupitres- para la biblioteca
y el scriptorium, y scannos -escaños-, banquetas, alhacenas, y lectos
para los vecinos; y para unos y otros haría cubas para las apotecas (bodegas)39
y féretros para la sepultura.
Así se fue desarrollando, en comunidad, un núcleo humano, donde
todos dependían de todos, que al principio se identificaban con el monasterio
y que, desaparecido éste, no tuvo inconveniente en seguir ostentando
el mismo nombre, para perpetuar su memoria, incluso, entre las brumas del olvido.
VI
EL FINAL
Ni el principio ni el fin del monasterio de S.Cipriano tienen fecha escrita.
Hay que volver a los documentos de Santiago y, por ellos, entrar en la Historia
y salir de ella.
La donación del monasterio del Porma en favor del de Santiago supuso,
de inmediato, su fin. Sin embargo, dice Yáñez Cifuentes, no está
claro cuándo los bienes donados pasaron a ser propiedad efectiva de la
abadesa de León. Por lo menos, por lo que toca al monasterio de S. Cipriano,
hay que pensar que la acción jurídica no tendría cumplimiento
pleno hasta la muerte de Iquila, que sigue apareciendo en los documentos. como
abad del monasterio donado hasta el año 952. Ambos debieron, desde luego,
quedar vinculados de alguna manera, existiendo entre ellos cierta comunidad
de bienes, esto debía ser cosa sabida por todos en su época, porque
en el año 948, el obispo de León, Oveco, donaba a ambos monasterios,
y a Iquila y a Felicia, sus abades, la iglesia de Santa Maria de Cea40. Se puede
suponer que es a la muerte del abad Ikila cuando el
prolífico monasterio de S. Cipriano se eclipsa. Pero aún vivió
varios años más, siendo entonces tributario de Santiago en lo
económico y en lo espiritual. Sus miembros, cada vez más escasos,
se sentirían atraídos por la pujanza del cenobio situado sub aula
Sanctae Mariae semper Virginis, sedis antiquissima, como se le nombra a veces.
El 29 de enero del año 970 lo encontramos por última vez: la abadesa
Felicia, por sobrenombre Monoya, que lo había recibido de Iquila 53 años
antes como propiedad personal, lo dona ahora en su testamento, al monasterio
de Santiago, y va citando, una a una, las propiedades de aquel como ella las
recibió41.
Se puede entender que en 970 S. Cipriano conservaba su identidad y se mantenía
en lo que había sido anteriormente. Pero muerto el abad Ikila unos dieciocho
años antes, lenta y silenciosamente, en este último tercio del
siglo X, deja de existir. La fecha del 29 de enero del año 970 es su
última documentación.
Podemos suponer que, al menos, empezó su andadura mediada la novena centuria
y superó el final de la décima, y podemos asegurar que la comunidad
que dio origen al pueblo que hoy existe ya estaba allí cuando empezó
el siglo X.
El monasterio de Santiago no le superó excesivamente. Para el año
1116, sin que se sepa desde cuánto tiempo antes, ya había dejado
de existir.
El Concilio de Coyanza, del año 1055, dictó normas sobre el "aggiornamento"
de la Iglesia en España. Se dirigió duramente a los monasterios
de fundación particular como S. Cipriano y Santiago- y dispuso que se
vincularan a las sedes episcopales correspondientes42. Sin que conste cuándo,
pero a partir de este Concilio, el monasterio de Santiago se adhirió
al obispado de León y se sometió a su autoridad. Lentamente, como
tantos otros, se fue extinguiendo y sus bienes pasaron a formar parte del Señorío
del Obispo.
Un siglo después de la devastación de León, por Almanzor,
la ciudad no se había repuesto. Dice López Ferreiro, refiriéndose
a Galicia, que las iglesias llegaron a tan mísero estado que en algunas
no quedaron más que paredes, como para señalar hasta dónde
llegaba el recinto sagrado. Otras, por falta de recursos, estaban cubiertas
de paja, como si fueran chozas43.
El Tumbo de la catedral de León recoge un documento muy expresivo, firmado
el 8 de enero de 1116. El obispo D. Diego describe la desolación de la
Iglesia de León que ha sufrido multitud de injurias y calamidades de
parte de propios y extraños en cantidad de infelices acontecimientos
y que ha llegado a un estado de suma pobreza por negligencia de sus inmediatos
responsables. Compadecido de la situación y de acuerdo con la reina Doña.
Urraca y con todos los clérigos de su Iglesia, dona a la. Iglesia de
León todos los monasterios e iglesias que le pertenecen y que están
situados en el Arcedianato de Pedro García. Empieza la lista de bienes
donados por la iglesia de Santiago -y no dice que sea monasterio ya no lo es-,
con sus posesiones, que coinciden con las que históricamente se le conocían44,
pero, sorprendentemente, no aparece el monasterio de S.Cipriano en Porma. Para
estas fechas no sólo había dejado de existir sino que se había
perdido su memoria quedando reducido a una ex villulis et hereditatibus Sancti
Iacobi.
Si Santiago tuvo un fin glorioso, sirviendo de apoyo y sustento a la sede leonesa,
que se lo reconoce citándolo en primer lugar, el cenobio del abad Ikila
se apagó en la noche de los tiempos en el más absoluto desconocimiento.
Pero no tuvo una existencia ni un final inútil; además de una
obra inmortal, había dado a luz un pueblo que, mil años más
tarde, sigue ostentando el nombre de su progenitor: San Cipriano.
VII
DESPUÉS
Tras la muerte o la ida del último abad del monasterio, quedó
un pueblo perfectamente organizado que, al principio, fue tributario de Santiago
Poco después y como consecuencia de la legislación emanada del
Concilio de Coyanza empieza a aparecer como uno de los lugares que campean en
el título de los obispos de León:"Conde de Colle y señor
de las Arrimadas y otros lugares".
Así lo encontramos en el Becerro de la Catedral escrito dos siglos más
tarde: Sant Cebrián. De la mesa del Obispo. E lieva ende la meatad del
diezmo; e tienla agora el Prior; e da un maravedí en procuración.
e no da carnero45. Esto quiere decir que pertenece al obispo, personalmente.
Pero no era el obispo quien se beneficiaba con la mitad del diezmo a que tenía
derecho, sino la Catedral por aquella cesión del obispo D. Diego en 1116.
El Prior del Cabildo tenía el derecho de presentación de los párrocos
de esta parroquia y el derecho a percibir parte de los diezmos: la mitad. La
parroquia pagaba también, simbólicamente, un maravedí en
procuración (para la visita pastoral), y no pagaba ningún otro
foro ni censo.
Una vez extinguida la autoridad monacal e implantado el Señorío
Episcopal, los antiguos colonos pasaron a ser propietarios de sus tierras mediante
un régimen enfitéutico: es decir, se transformó el préstamo
en foro, por lo que el nuevo propietario puede comprar o vender las fincas,
que están gravadas con un foro fijo, o renta, que el señor no
puede aumentar.
Este sistema fue beneficioso para los antiguos colonos porque nunca el señor
podría explotarlos imponiéndoles nuevas cargas. Como fue beneficioso
igualmente que ostentara el Señorío la Dignidad Episcopal, porque
nunca cayeron en el vasallaje de señores de horca y cuchillo que, a veces,
tiranizaron a sus pueblos con leyes humillantes.
A mediados del siglo XVIII volvemos a encontrarlo como lo dejamos en la Edad
Media. El Catastro del Marqués de Ensenada, firmado el 7 de junio de
1752, nos presenta los nombres y la situación en ese momento. En el primer
folio dice: Copia de las respuestas generales de San Zibrián. Todavía
queda algo de aquel Sant Cebrián medieval, a pesar de que en algún
mapa o nomenclátor provincial hemos visto que lo llaman San Cipriano
del Monte.
Sin embargo a la primera pregunta del cuestionario responde que la población
se llama San Cipriano del Condado46. y para que quede claro, a la segunda, contesta
que no es de realengo por ser su señorío propio de la Dignidad
Episcopal de la Ciudad de León, con solo el arbitrio de nombrar un Juez
Ordinario, sin contribuirsele, por esta razón, cosa alguna47.
Ante la 15ª pregunta afirma que los derechos impuestos sobre este terreno
son los de diezmo, que se reparten sólo entre la Dignidad Episcopal y
el párroco, por mitad. (lo mismo que decía el Becerro en los siglos
XIII Y XIV). También se paga, por las fincas que están al otro
lado del río, la parte que corresponde a un beneficiado, el capellán
de la ermita de la Virgen de las Mercedes. La respuesta 26ª completa a
ésta diciendo También se pagan a la Dignidad Episcopal de León
catorce cargas de centeno, cada año, como señor del dominio directo
en el terreno de Nuestra Señora de Villarejo y S.Juan de Villavirtud,
y no se paga otra cosa48.
La pregunta 23ª hace referencia a los bienes comunales y dice que el común
no tiene propiedad alguna. Se entiende al haber tenido origen en una colonización.
Sin embargo, mientras existió el régimen de colonos había
terrenos que no fueron repartidos -la Huerta del río, entre otros- y
que ahora se disfrutan comunalmente pagando a la parroquia cien ducados.
El régimen enfitéutico, adoptado por la Dignidad Episcopal en
su relación con los antiguos colonos, les beneficia una vez más
al abolirse los privilegios con la unificación del Derecho en el s. XIX.
El propietario no pierde la propiedad, pero el señor pierde el derecho
a sus foros o censos con lo que las fincas quedan libres de gravámenes
y sus dueños exentos de rentas. Los bienes que no han sido repartidos
se convierten en comunales.
En otro sistema, el señor habría seguido siendo el dueño
absoluto y el colono sería un arrendatario que no habría ganado
nada. Así se formaron y se sostienen los grandes latifundios del Sur.
Pero aún tenía que venir, también en el siglo XIX, la Desamortización
que desposeyó a la Iglesia de sus bienes propios y legítimos.
La parroquia; de S. Cipriano, heredera del solar y sernas del antiguo monasterio
perdió todas las posesiones que había mantenido en propiedad y
que trabajaban en renta, vecinos menos pudientes. Otros más poderosos
accedieron a la Subasta que hizo el Estado y las compraron a bajo precio dejando
a los primeros y a la parroquia en indefensa pobreza49.
Así terminó, mediada la decimonovena centuria, la vinculación
con la Iglesia de un pueblo que nació mil años antes, a mitad
del siglo IX, a la sombra del monasterio que el Abad Ikila poseía en
las orillas del Porma
Sin perder la relación espiritual el pueblo, hoy del Condado, sigue,
identificándose con el nombre de San Cipriano.
LAURENTINO-CÉSAR LÓPEZ SANCHEZ
1 Claudio SÁNCHEZ
ALBORNOZ, Documentos inéditos del reino de Asturias
2 José María FERNÁNDEZ DEL POZO, ALFONSO V, rey de León.
El nuevo poblamiento, pag.125, en León y su Historia, V, de Archivos
Leoneses
3 Fr.Justo PÉREZ
DE URBEL, El Antifonario de León, Archivos Leoneses, 1954, pag. 135 y
ss.
4 Manuel GÓMEZ MORENO, Catálogo Monumental de la provincia de
León, 1925, pág, 135 ss.
5 Pilar YÁNEZ CIFUENTES, El Monasterio de Santiago en León, 1972,
Fuentes y Estudios de Historia Leonesa, pag. 38.
6 Sobre el Antifonario de León hay abundante bibliografía: Antifhonarium
Mozarabicum de la Catedral del León, 1928. El Antifonario de León
y el culto de Santiago y el nº 1954 de Archivos Leoneses.
7 Antifhonarium Mozarabicum, León (Burgos) 1928
8 PÉREZ DE URBEL, OB. CIT. PAG. 140
9 Pilar YÁNEZ, OBRA CITAD, PAG. 55.
10 PÉREZ DE URBEL, El Antifonario de León, Archivos Leoneses,
1954, pag 131.
11 PÉREZ DE URBEL, ibi.pag.130.
12 GÓMEZ MORENO, Catálogo monumental, pag. 156-159
13 PÉREZ DE URBEL, Ob.sit.pag.143.
14 J.ORLANDIS, Estudio sobre instituciones monásticas medievales, Ediciones
Universidad de Navarra, 1971, pag. 167-201.
15 J.ORLANDIS,Ibid. pag. 19.34.
16 S.F.C.Nock, The Vita Sancti Fructuosi, Washinnton, D.C. 1946, XV, 20-25
17 Pilar Yánez, El Monasterio de Santiago, pag.55.
18 Tumbo de mla Catedral de León, fol. 325, r y v.
19 En el noroeste del praderío al norte de la iglesia queda el topónimo
"la monja", que lo recuerda. En esa misma zona existió, hasta
principios de este siglo una ermita que el pueblo recuerda como "ermita
de la gallega" en alusión a la última santera, que tenía
esa procedencia. Por el archivo parroquial sabemos que estaba dedicada a S.
Matías Apóstol y que a ella perteneció un pequeño
retablo dieciochesco que se conserva en la parroquia. Tiene tres tallas, no
exentas de gracia, que representan a S. Matías, S.Juan Bautista y S.José,
más un crucifico, de mejor factiura, del s. XVI. Apuntamos la hipótesis
de que esta ermita fuera el testigo del cenobio femenino trasladado a la ciudad,
que perdió la titularidad de S. Matias a favor de Santiago el mayor,
muy popular en aquel momento a causa de las peregrinaciones por el recién
estrenado "camino de Santiago.
20 YAÑEZ CIFUENTES,Ob.cit.pag.45.
21 SÁNCHEZ ALBORNOZ, Una ciudad de la España cristiana hace mila
años, Rialp, Madrid, 1985, 11ªedición. Pag.38, 133 y otras
22 Tumbo de la catedral de león, folio 325, r y v.
23 Una corte era un solar cercado que tenía dentro varias casa y un patio
común; a veces un huerto.
24 Es probable que fuera la de S. Benito, aunque también pudo ser una
compilación de todas las reglas conocidas en España, que se estilaba
a veces en los monasterios, y éste, que tenía scriptorium propio,
podía tenerla.
25 Tumbo de la Catedral de León, folio 325, r y v.
26 Los miembros del monasterio de Santiago no pasaban de 15, según dice
Pilar Yánez, en la obra citada, pag. 54.
27 SÁNCHEZ ALBORNOZ, Una ciudad de la España cristiana hace mil
años, pag. 121
28 José ORLANDIS,Estudio sobre las instituciones monásticas medievales,
pag 344 -346.
29 José ORLANDIS, pag, 347-350.
30 SÁNCHEZ ALBORNOZ, Ob.cit.pag.28, 112 y 113.
31 Scuallum se refiere a tierras descuidadas, salvajes, seguramente por ser
de mala calidad y preaesura es igual a "apropiamiento". Eran tierras
de nadie que pasaban a ser primi capientis, es decir, pasaban a ser propiedad
del primero que las acotaba y cultivaba.
32 Villarejo -o Villorex en algunos escritos- es un despoblado situado al sureste
de San Cipriano cuyos terrenos están, íntegramente, en la margen
izquierda del río Porma. Lo que planteamos es una hipótesis, ya
que no disponemos de documentos escritos, tan solo referencias o silencios en
la documentación eclesiástica. Proponemos que todo el pueblo -una
diminuta comunidad de aldea-, se trasladó a S. Cipriano y se acogió
a la protección del monasterio, conservando sus propiedades y su iglesia
que siguieron cuidado y visitando. Extinguidas las generaciones que conocieron
aquella comunidad y arruinadas sus casas, los descendientes y sucesores siguieron
trabajando sus tierras y cuidando la iglesia que se iba reduciendo a una pequeña
ermita, cuya fiesta principal siguieron celebrando cada 2 de agosto, fiesta
litúrgica de Nuestra Señora de los Ángeles. Posteriores
herederos olvidaron que sus bienes allende el río, habían tenido
entidad civil propia y se pasaron, con armas y bagaje, a la jurisdicción
del pueblo adoptivo. Así se explica la extensión de la territorialidad
por la margen izquierda del río que llega hasta los límites de
Cañizal y Castrillo. Para sostener la devoción a la Virgen que
quedaba en el pueblo se estableció una hermandad con el nombre de "Cofradía
de Nuestra Señora de Villarejo". Algún hecho extraordinario
y olvidado que ocurrió en el siglo XVI y que tuvo relación con
las guerras de Argel y la redención de cautivos hizo que en la ermita
se celebrara. con solemnidad, la fiesta de la Virgen de la Merced, acudiendo
no sólo los cofrades. sino todo el pueblo y pueblos de la zona. Desde
entonces y hasta el día de hoy se viene celebrando esta fiesta con el
mismo movimiento de devotos. Pero la ermita y la Virgen, que adquirieron el
sobrenombre de "Las Mercedes"-y que la imagen sufrió en el
siglo XVIII una transformación para convertirla en el modelo tradicional
de "La Merced"- no han perdido su ancestral nombre de "Villarejo",
ni los fieles han dejado de celebrar -aunque lo hagan en tono menor-la fiesta
patronal del pueblo desaparecido el día de Nuestra Señora de los
Ángeles. Hoy la imagen de la Virgen ha sido convenientemente restaurada
y ha vuelto a mostrar su encanto gótico. (Para mayor seguridad recibe
culto en la iglesia parroquial, quedando en la ermita una réplica sin
valor artístico).
El Becerro de Presentaciones de la Catedral de León, escrito en el s.
XIV pero copiando otro del s. XIII. no cita a Villarejo ni siquiera como despoblado,
porque hace siglos que ha deja- do de figurar en el nomenclátor diocesano.
Sin embargo en el acta de una visita pastoral realizada en 1568 y conservada
en el Archivo Parroquial se ordena a Antonio Rodríguez, clérigo
de León. beneficiado de la ermita." que la repare ya que cobra sus
diezmos", porque tiene Pila y Campana y demuestra que fue iglesia parroquial.
Con detalle le especifica las obras que debe hacer llegando. incluso, a recomendarle
que cuide la olmeda y que se protejan las Virgultos. (Hasta una reciente epidemia
hubo negrillos -olmos- en las proximidades de la ermita). Estos datos. y que
en torno a la ermita se advierten desniveles que si se excavaran resultarían
cimientos y restos de edificaciones, y que se encuentran tejas y cerámica
sin necesidad de remover la tierra más allá de lo que hace el
arado, explican y dan fuerza a la hipótesis que puede aceptar- se con
bastantes garantías de seguridad.
33 En principio, la explotación
de molinos, hornos, lagares y presas era monopolio real. Por concesiones del
monarca, los nobles empezaban a disfrutar del mismo privilegio dentro de su
territorio, y lo mismo pasó en los dominios eclesiásticos. En
el molino, señorial o monástico, en el horno y en el lagar del
dueño de la tierra, se realizaba la molienda, la cocción y la
fabricación del vino, no sólo del señor o de los monjes,
sino de todos los que trabajaban bajo su jurisdicción, que pagaban por
esto una cantidad al dueño: maquila, fornáticum, etc. Con el tiempo
esa cantidad se convirtió en un censo fijo que los siervos tributaban
a sus señores, usaran o no los molinos, hornos o lagares. La posesión
de los bienes útiles era, por tanto, una saneada fuente de ingresos,
mientras que su mantenimiento costaba muy poco al que disfrutaba de semejantes
privilegios. (tomado de El monasterio de Santiago, de Pilar Yánez, Pág.
78,que a su vez cita a García de Valdeavellano, Historia de España,
de les Orígenes a la Baja Edad Media, Madrid. 1955,2' parte, pago 300-305.
34 El Becerro de la Catedral sitúa aquí un pueblo llamado Villavírtut,
que existía en el s. XIV. Ahora es un despoblado desconocido. José
Antonio Fernández Flórez en El Becerro de Presentaciones, Códice
13 del Archivo de la Catedral de León, publicado en "Fuentes y Estudios
de Historia Leonesa", pag 404, lo sitúa al oeste de Santa María
del Monte del Condado, pero según el Catastro de Ensenada este pueblo
fue anexionado a S. Cipriano que en 1752 paga a la dignidad episcopal de León
catorce cargas de centeno, como señor del dominio directo en el terreno
de Nuestra Señora de Vil/arejo y S. Juan de Villavirtud (folio 170).
Teniendo en cuenta que el Becerro 10 coloca cerca de Santa María, deducimos
que estuvo situado en el territorio que S. Cipriano posee al noroeste, entre
Villamayor y Villanueva
35 De la raíz preindoeuropea KAND que da voces con relación a
rama, leña, blanco, quemado, etc. Javier García, El significado
de los pueblos de León, 1992, pag. 123.
36 PILAR YÁNEZ, El monasterio de Santiago de León, pag. 77.
37 PILAR YÁNEZ,Ibid. Pag. 77.
38 Laurentino-César LÓPEZ SÁNCHEZ, Vegaquemada, Mil años
en la historia de un pueblo, León 1997, pag 54 y 55.
39 SÁNCHEZ ALBORNOZ, Una ciudad de la España Cristiana hace mil
años,Capítulo "Una casa y una corte", pag 61,62.
40 YAÑEZ CIFUENTES, ob. cit. pag.61,62.
41 Tumbo de la catedral de León, folios 334 r y v, 335 r.
42 García Gallo, El Concilio de Coyanza, AHDE,XX,1950.
43 LÓPEZ FERREIRO, Historia de la Iglesia de Santiago, II, pag 437.
44 Tumbo, ff 100 r y v y 101 r y v.
45 Becerro, fol. 12 r y en José Antonio Fernández Flórez,
El Becerro de Presentaciones, Códice 13, obra ya citada, en la pág.
401.
46 Adquiere el apellido del Condado porque pertenece a la Jurisdicción
Civil de Vegas, pero nunca perteneció al Señorío que los
Guzmanes tenían en la zona y cuya capitalidad ostentaba la villa.
47 Catastro de Ensenada, San Cipriano del Condado.
48 Ibidem.
49 Aunque ha tenido varios propietarios, los ancianos recuerdan a quién
pertenecía durante la primera parte de este siglo.
Bibliografía
Archivo Catedral de León.
Archivo parroquial, S. Cipriano del Condado. Archivo Provincial de León.
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Códice 13. León y su Historia, V. León 1984.
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