Historias a media tarde
 
 
Todas las tardes café
 
 
El autor de la vida
 
 
 
Puedo decir (puedo decirlo, claro que puedo decirlo y no resultar un imbécil) que todos los días soy el hombre que abre las puertas del mundo. Nadie que me conozca sería capaz de llamarme cretino
 
Las cartas ya no llegan al desierto
 
 
La chica de la permanente cobriza se sentaba en la mesa 15, la mesa que casi quedaba anulada en cuanto aparecía un grupo de más de cuatro, porque en esos casos siempre le robaban las sillas. La
 
Comidillas
 
 
 
    Las sillas de la 16 no solían cruzar miradas con la silla izquierda de la 14, porque era un hecho bien demostrado que había tenido unas relaciones nada convencionales con otra silla de la 12, que
 
Yo quise ser Lord Byron
 
 
    Una silla de anea, un buen vaso de vino frío, la tarde muriendo bajo la fragancia de una parra no son, desde luego, las mejores condiciones para escapar de un griego hablador. Cuando entendí que
 
De repente la ciudad se hizo enorme, y vino el otoño
 
 
 
    No que el hombrecillo tuviera un aspecto raro (aunque muy normal no fuera), ni que lo hubiera atravesado con la vista al cruzar, lo que le incomodaba de verdad era haberse topado con él tres
 
Deguste la obra como lo hace con un café. Sin prisas. Luego déjese sorprender por los sabores que, horas más tarde, seguirá destapando en el paladar. Juzgue el lector por sí mismo si carecía de razón el artículo de Cuadernos para el diálogo (Ago. 2007) que situaba a Santiago Gª Tirado entre los que estaban destinados a encabezar el relevo generacional en la nueva literatura española. Tendrá, además, otra razón para entender por qué Ediciones Irreverentes se ha consolidado como la primera entre las contadas editoriales que se dedican a descubrir nuevos talentos.