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“Fue
en 1962, en el Concilio Vaticano II, que conocí aquel que, dieciséis años más
tarde, se convertiría en el papa Juan Pablo II. El papa me recibía cada año en
audiencia privada y en esas ocasiones me ponía a pensar en las pruebas de su
vida: había perdido a su madre en su infancia, a su padre y su único hermano en
su juventud. Y me decía: busca una palabra para alegrar, e incluso consolar su
corazón, hablándole de la esperanza que descubrimos en muchos jóvenes,
asegurándole la confianza que nuestra comunidad tenía a su persona.”
“Consumido por el fuego del amor de la Iglesia y
de la familia humana, Juan-Pablo II hacía todo lo posible para comunicar esa
llama. Dio un soplo a la universalidad de la Iglesia, yendo a la mayoría de los
países del mundo encontrando a los seres humanos, a veces interpelando, a menudo
expresando la compasión de Dios. Sus más de cien viajes permanecerán como la
clara expresión de un alma atentísima a preparar un porvenir de paz.”
Más información sobre la
visita del papa Juan Pablo II a Taizé.
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